Etchecolatz, por Timerman

Un recuerdo personal sobre el Señor de la Vida y de la Muerte

 

Almorzaba con el periodista, luego secuestrado y desaparecido, Rodolfo Fernandez Pondal en julio de 1977, cuando mi hermano menor entró a decirme que mi padre y ex director del diario La Opinión, Jacobo, había sido secuestrado y desaparecido por segunda vez. Lo curioso es que el nuevo secuestro se había producido del Departamento Central de la Policía Federal, donde había llegado luego de que lo blanquearan del primer secuestro en abril de 1977.

Otra diferencia, no menor, era la angustia de la familia, en especial de mi madre, que temía que se repitieran los tormentos de los cuales fue víctima durante los 40 días en que fue un preso clandestino. Mi madre nunca se recuperó y años después murió de tristeza.

Apenas mi hermano me dio la información fui al Departamento de Policía donde me dijeron que se había presentado un grupo de policías bonaerenses y se lo había llevado sin una orden de traslado. Mi padre había dejado la Biblia que le había regalado el rabino Marshall Meyer con una notita que decía: “Donde vuelvo no necesito una Biblia”.

El coronel Ramón Camps había ordenado que lo volviesen a secuestrar y lo llevasen a sus catacumbas. El encargado del traslado y las torturas fue Miguel Osvaldo Etchecolatz. Amo y señor de la vida y muerte de miles de detenidos desaparecidos.

A los pocos días recibí una llamada de la secretaria de Echecolatz citándome para el viernes siguiente. Nunca sentí tanto miedo. Iba a entrar en la cueva del asesino en una ciudad, La Plata, arrasada por la represión. Le pedí a mi novia que me acompañase. Ella esperó en un bar. Si en dos horas no volvía debía regresar a la Capital y avisarle a mi tío. Ahora que escribo este relato me doy cuenta el peligro que corría una joven de 20 años, en un bar a unas cuadras de las oficinas de Camps y Etchecolatz.

Me hicieron pasar a una oficina en una esquina del patio de la Jefatura de Policía de La Plata. No se escuchaban voces ni entraban o salían personas. De pronto pasó delante mío la persona que comandó el secuestro de mi padre de su hogar. Imposible olvidar su cara. Sin prestar atención a mi presencia abrió la puerta del despacho de Etchecolatz y comenzaron los gritos. Habían matado a alguien sin autorización. Etchecolatz gritaba que él decidía quien vivía y quien moría y que su interlocutor era un pelotudo que no entendía la estrategia diseñada por el coronel Camps.

Ahí fue cuando la secretaria se dio cuenta de mi presencia y me dijo que mejor fuese a esperar al patio.

Ese día me permitieron ver, junto a mi madre, que mi padre estaba vivo. Golpeado y asustado pero vivo. Lo vimos en una comisaría del conurbano donde fue llevado luego de nuestra llegada.

Tiempo después conocimos la razón del segundo secuestro. Etchecolatz y Camps deliraban que un comando estadounidense-israelí había llegado a la Argentina para sacar a mi padre del país. Me pregunto cuánta gente fue asesinada por delirios de esa naturaleza.

Héctor Timerman es ex canciller argentino
7 Comentarios
  1. Isabel Steinberg dice

    Héctor Timerman. Eras aquel adolescente que me traía a mi trabajo en SHA artículos del exterior sobre el secuestro de tu padre y sobre los centros clandestinos de detención. Yo tenía acceso a lo fotocopiadora en horarios donde no había gente en la oficina, de modo que, adolescente yo también, fotocopiaba y no preguntaba. Intercambio cómplice de sonrisas. Siempre recordé ésto con cariño y después te admiré en tus gestiones.Fuerza!

  2. Enzo dice

    Tremendo Héctor. Fuerza!!!

  3. A que cantidad impresionante de Argentinos,…Argentinos ?, no les importan absolutamente nada estos hechos,…….y son la medula de la injusticia social que a imperado en 185 años de los207 de La Patria…………..grrrrrrr

  4. Soria dice

    Como es posible reparar semejante injusticia cometida contra padre y contra hijo? Imposible ser indiferente.

  5. guada dice

    Verguenza e impotencia la maldad de estas bestias que deberian repodrirse en carcel sin ningun beneficio.
    Fuerza hector.sera justicia.
    Gracias por tanta verdad

  6. Lia dice

    Si, cuanto retroceso, y que angustia estamos viviendo! Pero no vamos a permitir que esta prision domiciliaria sea gratuita.
    Y quiero enviarte un fuerte abrazo fraterno Héctor Timerman

  7. Gustavo dice

    Cuanto dolor generaron estas bestias a nuestro pueblo! Es increíble que este monstruo este preso en su domicilio.-

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