Que vivan las brujas

Más de 700.000 mujeres, lesbianas, travestis y trans marcharon por Buenos Aires

 

“Hoy estamos acá porque construimos juntas un segundo paro internacional feminista. Paramos contra los despidos, el ajuste del gobierno y por aborto legal, seguro y gratuito. Paramos porque venimos a decirle basta a las violencias femicidas y travesticidas y a las violencias económicas y estatales que las sustentan”. Así comienza el documento que se leyó en el acto final de la movilización masiva del 8 de Marzo.

Más de 700.000 mujeres, lesbianas, travestis y trans nos movilizamos, paramos y marchamos en Buenos Aires, conformando un nosotras con el que ocupamos las calles de las grandes ciudades del mundo.

Hubo un momento de la humanidad en que la historia empezó a contarse de otro modo, de hecho algunos entienden que allí se inició la historia como tal. Cuando el hombre se descubrió como sujeto histórico, heredero y parte de acciones de otros hombres, y entendió al presente como consecuencia del pasado y disparador de un futuro. En tiempos trágicos de nuestra historia, Rodolfo Walsh denunció que “nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Que cada lucha deba empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores; la experiencia colectiva se pierda, las lecciones se olviden. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. Así como existió aquel momento, esta es la etapa en que las mujeres y las disidencias sexuales nos constituimos y reconocemos como sujeto político colectivo.

El feminismo no nace hoy. La lucha por la igualdad de derecho no nace con Ni Una Menos. Lo trascendente de este momento histórico es que hoy nosotras podemos reconocernos en las luchas que nos antecedieron, en luchas que se dieron en otros siglos, en otros continentes.

Hoy tenemos la potencia de lo colectivo, de la masividad de las luchas que damos, y ello se debe a que peleamos por nuestras propias doctrinas –que son miles en diversidad, porque el feminismo es diverso—, peleamos por reivindicar a las heroínas que la historia, propiedad privada del patriarcado, borró y eliminó: hablo de Micaela Bastidas, de Bartolina Sisa, de Juana Azurduy, de Juana Ramírez, de Manuela Sáenz, de Macacha Güemes, solo por mencionar a algunas.

Hoy entendemos que los derechos que gozamos y las posibilidades de una vida más plena se las debemos a miles de mujeres que murieron en la hoguera, a las que fueron perseguidas y encarceladas por la lucha de nuestros derechos políticos y el acceso al voto; a las que fueron perseguidas, encarceladas e, incluso, murieron quemadas por luchar por los derechos laborales; a las millones que murieron y mueren por la violencia machista; a las mujeres de todo el mundo que vivieron y murieron, la mayoría habiendo parido hijos, sin tener un sólo orgasmo.

Del mismo modo, el día de mañana, cuando una mujer pueda acceder a interrumpir un embarazo en un hospital sin ser discriminada ni criminalizada, sabrá que por esa lucha murieron miles en abortos clandestinos.

A la vez, cada una tiene en su propia biografía a mujeres –muchas sin reivindicarse feministas— que nos fueron pasando la posta para poder pensarnos hoy como parte de este nosotras. Mi abuela Josefa, gallega casi analfabeta, que a sus 20 años abandonó su España natal para no contraer matrimonio con quien su familia quería. Mi vieja quien cumplió todos los mandatos del patriarcado pero me educó en libertad. Lucila Larrandart, mi Maestra, quien me trasmitió que el derecho puede ser una herramienta de lucha, y fue una de las primeras, sino la primera, docente de derecho penal en la Universidad de Buenos Aires. Milagro Sala, primera presa política del macrismo, a quien tengo el honor de defender. Y claro, las Madres y las Abuelas que son mi faro, mi refugio y mi inspiración.

Nosotras tejemos vínculos, nos relacionamos de modo horizontal, cooperativamente, conocemos de la sororidad. Y es por eso que al reconocernos en un solo nosotras, decimos que mientras haya un aborto clandestino, todas abortamos. Cuando acosan a una, nos sentimos todas acosadas y cuando la violencia machista mata a una, todas estamos muriendo.

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