8 ½ ambiente

Diferente problemática económica de las tasas de natalidad que disminuyen o que aumentan

 

Hacerse una idea de qué tan eficaz será la respuesta de la política exterior argentina a la incumbencia en la agenda del crecimiento argentino de los avatares de la población mundial y del entrevero geopolítica y cambio climático –tal como se manifestaron en las reuniones en buena parte simultáneas del COP27 en Egipto y del G20 en Indonesia, finalizadas esta semana– sugiere pispear los elementos que hacen a su formulación. En vista de que los gobiernos pasan, pero que no debería ocurrir así con los objetivos plasmados en la política exterior, ya que son estratégicos, el comportamiento de oficialismo y oposición en cuanto a los desafíos de las relaciones exteriores resulta clave para el grado de eficacia con que sea servido el interés nacional.

El martes 15 de noviembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció que, de acuerdo a sus proyecciones, 8.000 millones de humanos viven en el planeta Tierra. Con esta cifra estimada de población, la ONU quiere llamar la atención sobre la aguda asimetría que se verifica en la vida de la humanidad, habida cuenta de que no parece que se puedan alcanzar alguna vez los muy loables objetivos del milenio. El mismo martes, en llamativa coincidencia, comenzó la cumbre del G20 en el balneario indonesio de Bali. Estas veinte economías son las más grandes del planeta, significan el 80% de la economía mundial y dos tercios de la humanidad y reflejan bien la distribución asimétrica del bienestar humano. Del total de la población del conglomerado, también dos tercios viven en condiciones acentuadamente modestas. Entre ellos, nosotros.

Ahora bien: los 8.000 millones de habitantes de hoy, según las simbólicas proyecciones de la ONU, son el resultado –para ilustrar simplificando– de que el promedio de los seres humanos vivan mejor durante más tiempo, de que hayan disminuido las tasas de mortalidad infantil y materna y de los tratamientos efectivos encontrados para enfermedades que eran mortales. Eso sí, como un todo, la humanidad no ha dejado de ser pobre, aunque lo sea en menor grado. No es muy feliz esgrimir como un gran logro que la proporción de personas que viven en la pobreza extrema (menos de 2 dólares diarios por persona con posibilidad de ser gastados) ha caído del 44% en 1974 al 10 % de estos días. Algo es mejor que nada y ese algo es muy importante para la vida miserable. ¿Cómo que no?

Pero al mismo tiempo, no hay que olvidar que el muy derechista, muy monetarista, pero buen historiador que fue Angus Maddison calculó en alrededor de 700 dólares anuales como promedio mundial un largamente estancado ingreso per cápita, que persistió alrededor de ese valor entre al menos el siglo X d.C hasta bien entrado el siglo XIX. La Edad Media en el siglo XXI es una mejor opción que el Paleolítico o la Edad Antigua, pero deviene en un crudo recordatorio de cuan largo y entreverado es el camino hacia la igualdad. De acuerdo a datos de distintos organismo multilaterales, 2.700 millones de seres humanos no tienen acceso a Internet, 2.200 carecen de algo tan decisivo para la vida como el agua potable, 828 millones de personas están pasando hambre al punto de llevarlas a la tumba y 775 millones de seres humanos viven sin electricidad.

 

 

 

El sube y baja

En 1925 había 2.000 millones de humanos. En 1974, 4.000 millones. La ONU proyecta que la población mundial alcanzará alrededor de 8.500 millones en 2030. Esta duplicación del número de seres humanos en menos de 50 años (1925-1974) se ralentiza hacia 2050 con 9.700 millones. Se espera que la población mundial alcance su punto máximo en la década de 2080 con 10.400 millones de personas, permanezca allí durante unas pocas décadas y luego caiga a principios del siglo XXII. Actualmente, de los más o menos 192 países en que está parcelada la geografía mundial, la mitad de la población todavía vive en sólo siete naciones: China, India, Estados Unidos, Indonesia, Pakistán, Nigeria y Brasil. La población de la India podría superar a la de China en cualquier momento.

Para algunos países, el problema ahora y mediato es el generado por las descendientes tasas de natalidad. Muchas naciones no están produciendo suficientes bebés para mantener el crecimiento demográfico. Para otros países es al revés. De acá a un siglo prevalecerá la disminución, pero en el mientras tanto, ocho países (africanos los primeros cinco): Nigeria, Congo, Etiopía, Tanzania, Egipto, Pakistán, Filipinas e India, representarán más de la mitad del aumento de población proyectado para 2050. Un crecimiento demográfico tan vertiginoso puede agotar los recursos y dificultar la reducción de la pobreza y la educación, dice la ONU.

El análisis demográfico de la problemática región de África subsahariana indica que al crecer la población al 2,5 % anual triplica el del promedio de toda la humanidad. El promedio mundial actual de nacimientos es de 2,3. En África subsahariana es el doble: 4,6. Allí se bate el récord mundial de niños nacidos de madres menores de 20 años, dando cuenta el año pasado de alrededor de la mitad de las pariciones en este rango etario en todo el planeta. Sirva de parámetro tener en cuenta que de acuerdo a los datos del Ministerio de Salud argentino, en nuestro país la fecundidad de las menores de 20 años declinó 55% entre 2014 y 2020.

Considerando el deletéreo aumento de la pobreza durante el mismo lapso, es todo un avance cultural. ¿Qué decían los gorilas desaforados que iba a pasar con la demografía por la Asignación Universal por Hijo (AUH)?

Este cúmulo de factores asociados a la fecundidad explica el grueso del crecimiento poblacional africano. La otra parte se debe a un ligero aumento en la Esperanza de Vida al Nacer (EVN). En la Revisión de 2017 de las proyecciones de población de la ONU se confirma “que se han logrado avances significativos en la esperanza de vida en los últimos años. A nivel mundial, la esperanza de vida al nacer aumentó 3,6 años entre 2000-2005 y 2010-2015, o de 67,2 a 70,8 años. Todas las regiones compartieron el aumento de la esperanza de vida durante este período, pero las mayores ganancias se produjeron en África, donde la esperanza de vida aumentó 6,6 años entre estos dos períodos después de aumentar menos de 2 años durante la década anterior. La esperanza de vida en África en 2010-2015 se situó en 60,2 años, frente a 71,8 en Asia, 74,6 en América Latina y el Caribe, 77,2 en Europa, 77,9 en Oceanía y 79,2 en América del Norte”. En esta última región talló Canadá. La desviación negativa de esta tendencia se dio en los Estados Unidos, donde la EVN bajó.

El contraste del avance demográfico viene dado por la previsión de que en 61 países disminuya la población al menos un 1% para 2050. Europa del Este sufrirá las mayores pérdidas. Conforme las proyecciones de la ONU entre 2017 y 2050, se enlistan los veinte países con más caída poblacional, graduadas de mayor a menor:

  • 1-5: Bulgaria (disminución del 23%), Letonia (22%), Moldavia (19%), Ucrania (18%), Croacia (17%).
  • 6-10: Lituania (17%), Rumania (17%), Serbia (15%), Polonia (15%), Hungría (15%).
  • 11-15: Japón (15%), Georgia (13%), Portugal (13%), Bosnia y Herzegovina (13%), Estonia (13%).
  • 16-20: Líbano (11,0%), Grecia (11%), Corea del Sur (10%), Albania (9%), Bielorrusia (9%).

 

La tasa global de fecundidad (TGF), el promedio de hijos por mujer en edad fértil (franja de los 15 a los 49 años de edad), oscila entre 1,3 y 1,6 entre los 10 países en que se reducen más rápidamente sus poblaciones. La llamada tasa de reemplazo es de 2,1 hijos por mujer, lo que implica crecimiento poblacional cero: ni sube ni baja la cantidad de habitantes. Si se toma como referencia nuestro país, los datos gubernamentales informan que la tasa global de fecundidad en la Argentina en 2020 fue de 1,54 hijos promedio por mujer en 2020. En 2001 era de 2,54. Se calcula que en 2050 la Argentina tendrá 55 millones de habitantes y hacia 2100 declinará a 54 millones.

Los países –en general– están económicamente ateridos por poblaciones que envejecen. Las estimaciones de la ONU apuntan que en 2050 la cantidad de personas de 65 años o más será más del doble de la cantidad de niños menores de cinco años. La despoblación en marcha redunda en falta de mano de obra calificada y, en algunos casos rompe el baremo de la insensatez con políticas de inmigración restrictivas. La tasa de natalidad de Alemania es casi exactamente la misma que la de Bulgaria, pero se está reduciendo mucho más lentamente porque Alemania está recibiendo inmigrantes. El avance de los partidos anti-inmigrantes de extrema derecha en regiones con poblaciones cada vez más reducidas no deja de ser una lamentable ironía. No encuentran quién asee a bajo costo a los ancianos en los geriátricos superpoblados, pero igual rechazan a los refugiados.

Con la población humana máxima en el horizonte, es de esperar que la disminución demográfica se convierta en un problema de política más prominente. Menos niños significa menos trabajadores que contribuyan a la economía y, al mismo tiempo, las crecientes filas de adultos mayores requerirán apoyo financiero. La carta de los robots, hasta donde se la pueda jugar y en el juego que se la pueda jugar, es un complemento, nunca un sustituto. Simple: sería irracional comprar estás máquinas tan refinadas para abastecer una demanda que se empequeñece. En el sistema capitalista se trata de vender a como dé lugar, para lo cual es obvio que tiene que haber compradores. Bueno, no tan obvio, si se considera que el ofertismo cunde y que su emblema de que hay que ahorrar (dejar de consumir) para crecer, en vez de ser apreciado como una pretensión ridícula, es tomado como prueba irrefutable de seriedad.

 

 

 

Sharm el-Sheij

El lunes 14, recién arribados a Bali, se reunieron en la previa del G20 los Presidentes Joe Biden y Xi Jinping durante tres horas, para despejar el humo de los fuegos artificiales geopolíticos arrojados por uno y otro país, tanto por las midterms norteamericanas como por la reelección del mandamás chino. Menos difusión se le dio a la reunión el mismo lunes en Ankara, Turquía, entre el director de la CIA, Bill Burns, y su par ruso Sergei Naryshkin, informada por la Casa Blanca, que sostuvo que la reunión en Turquía se hizo para advertirle al ruso sobre el uso de armas nucleares. Es de suponer que no lo sabían. Curioso. Se trata del primer contacto entre esta clase de jerarcas que se hizo público. En la prensa internacional se dejó trascender que el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, también se viene reuniendo con sus pares rusos para encontrarle la punta al ovillo del cese del conflicto ruso-ucraniano.

En cualquier caso, obliga a observar a la retirada de las fuerzas rusas de Kherson (que la ocuparon en marzo) ocurrida la semana pasada con una lente más enfocada, cuando se van posicionando las climáticas fuerzas rusas del despiadado General Invierno. Ni la provocación de la supuesta bomba sucia lanzada por los rusos el mes pasado, que no fue tal, ni la muerte de dos personas el martes en la ciudad polaca de Przewodów, a pocos kilómetros de la frontera con Ucrania (aparentemente causadas por misiles rusos) hacen mella en este proceso. Rusia dijo que no tiene nada que ver con el incidente y Biden sostuvo en una reunión de emergencia sobre el tema en Bali que la información preliminar sugería que era “poco probable” que las armas hayan sido disparadas “desde Rusia”. Después se comprobó que fue un misil extraviado de las defensas ucranianas. El miércoles, el Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky insistió en que “este no es nuestro misil”.

Al mediodía del martes, la timba financiera global acusaba el golpe en baja pronunciada. Al cierre ya estaban revirtiendo y yendo al alza. Los índices bursátiles vienen tonificándose porque la inflación en baja en los Estados Unidos alentó entre los inversores el rumor de que la Reserva Federal norteamericana (FED) va a atenuar el ritmo de aumento de las tasas de interés. Las materias primas siguen subiendo. Los metales como el aluminio y el cobre se empinan y el oro subió casi un 10% en las últimas dos semanas. Algunos suponen que esto se debe a la distensión geopolítica, lo cual le permitirá a chinos y norteamericanos maniobrar mejor para apuntalar su crecimiento. Otros creen que la enorme caída en la cotización de las criptomonedas, disparada por la quiebra de FTX –una empresa emblemática del rubro, que derrumbó el volumen del mercado que en su punto máximo fue de tres billones de dólares y ahora declinó a un billón de dólares y en baja–, impulsa la búsqueda de cobertura y control de daños justamente en el mercado de materias primas. Eso explicaría materias primas al alza con dólar revaluado, cuando lo corriente es el viceversa, de que si sube uno, baja otro.

Con este escenario geopolítico como mar de fondo transcurrió la COP27 en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij. La Conferencia de las Partes (COP: sigla inglesa por Conference Of the Parties) es la 27° Cumbre Anual que realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), donde se reúnen los 196 países más la Unión Europea que conforman las Partes. El transcurso de la 27 fue pactado originalmente entre el 6 y 18 de noviembre. El final se extendió más allá del viernes 18 porque los países más desarrollados que explican casi toda la contaminación no se ponían de acuerdo con la periferia en cuánto financiar el cambio que se pretende. Durante la reunión, los grandes contaminadores (los países desarrollados) acordaron –cosa que ratificaron en el cónclave del G20 a instancias de los dos más grandes contaminadores: los Estados Unidos y China– que el calentamiento global no pase del 1,5 grado centígrado. Es un avance respecto del acuerdo de París, donde la meta se fijó en 2º C. Desde antes de la Revolución Industrial inglesa de principios del siglo XIX hasta la actualidad, la atmósfera en promedio se calentó 1,1º C más. Con cada fracción de grado de calentamiento, los fenómenos meteorológicos extremos se vuelven más comunes e intensos.

Lula da Silva se hizo presente en Sharm el-Sheij a pesar de que asume el 1° de enero próximo, puesto que el 60% de la Amazonia está en territorio brasileño y es clave que se pare el desmonte allí para bajar la temperatura. El organismo de medio ambiente de la ONU estableció que si estos acuerdos fallan en alcanzar los objetivos de bajar la temperatura que se propusieron, el mundo continuará por el camino donde estaba: un aumento de la temperatura de entre 2,4º C y 2,6º C para 2100. Por caso, ¿podría colapsar mucho antes por la sequía endémica la Pampa húmeda? Podría. De manera que lo más interesante del G20 parece ser haberle dado fuerza al COP27. El resto fue la diplomacia de siempre con los resultados de siempre: el desarrollo desigual goza de excelente salud.

La respuesta de política exterior de nuestro país a este difícil y convulsionado estado de cosas para maximizar beneficios y controlar daños, como toda respuesta de política exterior, depende de cómo se conjuguen las variables del régimen político, los valores culturales y del régimen de acumulación. La malaria reinante, la deuda externa y el FMI sugieren detenerse en el régimen de acumulación. Con el producto bruto minimizado, todo se empelota. Las circunstancias provocan especular que los opositores y el gobierno mismo parecen expresar dos similitudes y dos agudas diferencias con Guido Anselmi, aquel director y guionista protagonizado por Marcello Mastroianni en la película 8 ½ de Federico Fellini, estrenada en 1963. La saga cuenta las angustias y el tortuoso recorrido del proceso creativo, tal como son procesadas en el paraíso onírico. El soliloquio de Guido se articula en la frase sin sentido “Asa-Nisi-Masa”. Todo el sufrimiento existencial no fue en vano y se capitaliza cuando comienza a filmar una nueva película. La similitud con la dirigencia argentina es que soñar, sueñan, tal como se constata en la más sonada coincidencia entre opositores y parte del oficialismo, que comparten la creencia de que a la inflación la impulsa la financiación monetaria del déficit fiscal. La aguda diferencia del alter ego de Fellini (de eso va Guido Anselmi) con partes sustanciales de la clase dirigente argentina es que objetivamente la imaginación no les da para impulsar al alza los salarios, sacar una razonable renegociación del endeudamiento externo y poner en caja la inflación, que no tiene relación con la financiación monetaria del déficit. Coyunturalmente, coinciden en el soliloquio articulado alrededor de la frase “Asa-Nisi-Masa”. La notable diferencia parece ser que no se espera que ninguna obra del arte de la política nazca desde allí para que el interés nacional saque el mejor partido de los 8.000 millones de habitantes y la crisis del medio ambiente.

 

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