BOLSONARO CONTRA NATURA

Lo denunciaron ante la Corte Penal Internacional (CPI) por ecocidio

 

Por sexta vez en sus escasos 34 meses de gestión, el Presidente de Brasil fue acusado ante la CPI, con sede en La Haya, Países Bajos. En esta ocasión, en la segunda semana de octubre, la ONG austríaca All Rise lo denunció por ecocidio —genocidio ecológico— y caratuló la causa como crimen de lesa humanidad.

Apenas siete días antes, el martes 5 de octubre, la profunda crisis del agua volvía a ser noticia de primera plana internacional a raíz de un nuevo informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en Ginebra, Suiza.

Calentamiento global, catástrofe amazónica —con el gobierno de Bolsonaro como uno de los principales responsables— y crisis del agua se entremezclan en un laberinto que parece no tener salida. Y que hace más actual las previsiones de los científicos y analistas, que desde ya hace algunos años vaticinan que las próximas guerras serán por la disputa del vital líquido en un planeta donde el agua dulce aprovechable constituye solo el 0.5% de los recursos hídricos disponibles.

 

 

Radiografía del espanto

En 2020, 3.600 millones de personas carecieron de un servicio de saneamiento gestionado de forma segura y 2.300 millones no contaron con servicios básicos de higiene.

En 2018, fueron 3.600 millones las personas que al menos durante un mes al año no contaron con el acceso adecuado al agua potable. Según el Informe sobre el estado de los servicios climáticos en 2021: agua (https://public.wmo.int/es/media/comunicados-de-prensa/se-advierte-que-urge-tomar-conciencia-de-la-inminente-crisis-del-aguaque acaba de publicarse en Ginebra, se prevé que de aquí a 2050 esta cifra superará los 5.000 millones.

 

La agricultura industrial a gran escala generó el 70 % de la deforestación en América Latina. Foto FAO.

 

En las últimas dos décadas, los depósitos continentales de agua, los cuales incluyen todas las aguas sobre y debajo de la superficie terrestre (tanto en forma líquida, como de humedad del suelo, nieve y hielo) se han reducido a un ritmo de 1 centímetro por año. Las mayores pérdidas se están produciendo en la Antártida y en Groenlandia. No obstante, otros lugares en diversas latitudes, con alta densidad de población, también registran reducciones considerables aun cuando se trata de zonas que, tradicionalmente, han sido fuentes de abastecimiento.

En este mismo período ha explotado la frecuencia de los peligros hidrológicos. Así, por ejemplo, partir del año 2000 se registra un aumento de un 134% en los desastres causados por las crecidas, en comparación con los decenios anteriores.  Y, en paralelo, el número de sequías y la duración de las mismas también creció un 29%.

A pesar de algunos avances logrados, la OMM considera que 107 países están lejos de cumplir el objetivo de gestión sostenible de sus recursos hídricos. Y concluye que, en términos generales, el mundo se encuentra considerablemente atrasado en lo que respecta a la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 –de los 17 aprobados en 2015 por las Naciones Unidas—, el cual consiste en “garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos”.

En 75 países se registraron niveles de aprovechamiento eficiente de los recursos hídricos inferiores a la media, y en 10 de ellos los niveles fueron sumamente bajos. El ritmo de progreso actual debería cuadruplicarse para lograr las metas mundiales propuestas para el 2030.

 

 

Nada es casual

Según la OMM, el aumento de las temperaturas está generando cambios en las precipitaciones a nivel general, lo que provoca variaciones violentas en la distribución de las lluvias y las estaciones agrícolas. Calentamiento global e irregularidades meteorológicas con repercusiones directas y nefastas tanto para la seguridad alimentaria como para la salud y el bienestar general de los seres humanos.

Por ejemplo, durante el 2020 se han registrado numerosos fenómenos extremos, todos ellos relacionados entre sí. En Asia, lluvias extraordinarias causaron inundaciones masivas en el Japón, China, Indonesia, Nepal, Pakistán e India. Millones de personas se vieron obligadas a desplazarse y centenares de seres humanos perdieron la vida.

 

 

 

 

Sin embargo, las graves perturbaciones provocadas por las inundaciones no se limitaron a los países en desarrollo. También en Europa ocasionaron muertes y daños generalizados.

En contraposición, el cambio climático acelerado en otras regiones ha provocado sequías. La falta de agua continúa siendo uno de los principales motivos de preocupación para muchas naciones, especialmente en África. Según ese mismo informe, más de 2.000 millones de personas viven en países que sufren estrés hídrico y carecen de un suministro de agua potable y servicios de saneamiento.

 

 

El caso de Brasil

A fines de septiembre, el nivel de las reservas de agua en las centrales hidroeléctricas de Brasil, las cuales generan lo esencial de la energía del país, había descendido a un 23 %, según datos del Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS) de ese país. Las previsiones son aún más preocupantes: para fin de año ese nivel podría llegar al 12 %. A modo de comparación, en 2001, cuando Brasil atravesó un grave periodo de restricción energética, las reservas bajaron a un 34%. La energía hidroeléctrica abastece más del 63% del consumo de esa nación sudamericana.

Un reciente estudio publicado por la plataforma brasilera MAPBIOMAS, la cual aglutina universidades y especialistas medioambientales, destaca que en la región semidesértica nordestina de Caatinga, en los últimos 35 años se ha registrado una pérdida de la superficie de agua de más del 8 % y, en consecuencia, de una buena parte de la vegetación nativa ( https://mapbiomas.org/desmatamento-queimadas-e-retracao-da-superficie-da-agua--aumentam-o-risco-de-desertificacao-da-caatinga).

En agosto pasado, esta misma plataforma publicó un informe nacional en el que da cuenta de la reducción de casi un 16% de la superficies de agua dulce. Dicho informe subraya que la actual crisis hídrica es la peor de las que Brasil ha atravesado en los últimos 90 años. El impacto de la misma tiene consecuencias regionales, dada la importancia de la Cuenca del Amazonas compartida con otros siete países, y la Cuenca del Paraná, común con Argentina. Este mismo informe insiste en que los períodos de lluvias e inundaciones no compensan más los de profunda sequía. Hecho trascendente para un país que concentra el 53% de la reserva de agua dulce del continente sudamericano y el 12% de las reservas planetarias.

 

 

El talado masivo destruye el ecosistema. Foto FAO.

 

 

Según especialistas medioambientales, las causas de esta crisis se encuentran en el cambio climático, que provoca más sequías con el inevitable aumento de la temperatura y temporadas de lluvias más breves. También inciden significativamente la deforestación amazónica para facilitar la ganadería extensiva, ciertos monocultivos de agroexportación, la extracción ilegal de madera y minerales.

 

 

Nuevamente acusado

La reciente acusación del crimen de ecocidio contra Bolsonaro argumenta que la política del Ejecutivo brasileño representa un "ataque generalizado contra la Amazonia, contra los que dependen de la selva y también contra los que la defienden".

Según All Rise, la ONG austríaca que lo denunció formalmente, la acción del Presidente, un consumado vocero de la extrema derecha, ha provocado situaciones de persecución, asesinatos y sufrimiento inhumano en la región y el resto del mundo. Dado que la Amazonia es todavía el pulmón del planeta, su destrucción afecta a todos, subraya All Rise.

Un análisis publicado por la BBC en febrero de 2020 señala que la Amazonia perdió más de 1.7 millones de hectáreas de bosque primario en 2019. Dicho análisis retomó datos elaborados por el sistema de monitoreo de la Universidad de Maryland y publicados por Global Forest Watch. Para visualizar la amplitud del desgaste ambiental, se calcula que la pérdida de selva en 2018 equivale a tres campos de fútbol de bosque virgen talados por minuto.

La ONG ambientalista Greenpeace afirma que en la década de los '90 esta selva absorbía 2.000 millones de toneladas de CO2, cifra que en la actualidad se reduce a la mitad. La tendencia es preocupante: se acerca el momento en que este pulmón ambiental producirá más CO2 del que logrará absorber.

Los seis millones de kilómetros cuadrados de la Amazonia brasileña representan dos tercios de la selva aún existente y constituyen el hábitat de más de 35 millones de personas.

Según All Rise, el gobierno de Bolsonaro es responsable de la deforestación de más de 4.000 km² de selva amazónica cada año, lo cual representa el aumento de la tasa de deforestación del 88% desde que asumió su cargo. También lo acusa de haber intentado "sistemáticamente" debilitar o deshacerse de las leyes y organismos oficiales que regulan estas prácticas, así como eliminar a los activistas de la protección del medio ambiente. Y subraya el muy preocupante aumento de los incendios forestales y las consecuencias nefastas de la actividad ganadera a escala industrial en la Amazonia.

Como lo señala un artículo del periódico Brasil de Fato el segundo martes de octubre (https://www.brasildefato.com.br/2021/10/12/bolsonaro-e-denunciado-pela-6-vez-no-tribunal-penal-internacional-relembre-todas-as-acusacoes), la actual es la sexta acusación contra el mandatario ante el alto tribunal internacional en menos de dos años. La primera, en noviembre de 2019, fue promovida por un Colectivo de defensa de Derechos Humanos. En cada caso, las denuncias fueron por crímenes de lesa humanidad ligados a su actividad ejecutiva, concretamente sus políticas agresivas hacia los pueblos indígenas, el medio ambiente, o en relación a la gestión cuasi criminal de la crisis pandémica del Covid-19.

Brasil se inflama, ecológica y socialmente. Su selva, patrimonio planetario, se pincha como un pulmón canceroso. Las voces acusatorias aumentan, trascienden las fronteras del país sudamericano y movilizan, incluso, al viejo continente. Bolsonaro es el acusado aunque no es el único, ya que la denuncia también alcanza al sistema multinacional extractivo y agroexportador que está transformando, aceleradamente, la mayor selva del mundo en una estepa con rasgos desérticos.

 

 

 

 

 

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