El peronismo y el indulto perpetuo

Del bombardeo de 1955 a la deuda de Macri con el FMI

 

Este artículo pretende desarrollar el interrogante de un compañero más sabio y con algunos años más que yo. Su pregunta es desde cuándo y desde dónde surge en el peronismo la actitud de indultar a los responsables de las grandes tragedias sufridas por nuestro pueblo y por tantos compañeros, en manos de la oligarquía. El objeto de este breve análisis es encontrar explicaciones históricas y del presente respecto a la gratuidad del perdón que se les otorga.

La oligarquía a través del tiempo va mutando en diferentes formas y modos, pero si uno va al detalle puede observar apellidos que se repiten y acciones que son constantes a lo largo de la historia.

Nos remontamos como hito referencial de este análisis al bombardeo de Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, quizá la tragedia más grande de nuestro pueblo, no valorada ni difundida como tal. Allí se bombardeó con aviones de la marina, en día hábil, una plaza colmada de civiles y niños, con el objetivo de derrocar el gobierno peronista y matar al General Perón.

Han transcurrido casi 67 años de aquella fecha tan cruel como fundante de nuevos tiempos de terror y odio, que fue barrida debajo de los sótanos de la historia. Hoy los argentinos y viejos peronistas nos preguntamos: ¿Por qué tanto odio para sembrar la semilla del terror que marcó nuestro pasado hasta el presente?

No sé si el mundo tiene antecedentes de semejante atrocidad. Recordamos el fusilamiento del General Valle, los asesinatos de los basurales de León Suárez y un rosario de vejámenes cometidos por los canallas. Todos estos hechos se suceden a la par de un saqueo feroz de la riqueza nacional en favor de algunos grupos nacionales e internacionales y en perjuicio de las mayorías locales.

Quizá en el perdón concedido por parte del peronismo ante semejantes atropellos hayamos convalidado y perpetuado la conducta destructiva de estos grupos. Nunca olvidemos que la impunidad empodera a los cobardes. Ellos no han tenido la menor consideración con nuestro pueblo y menos con nuestros compañeros/as, nuestras familias, nos han difamado, perseguido encarcelado y fusilado.

Si estos traidores a la Patria hubieran sido condenados, seguramente no hubieran existido los desaparecidos, ni las torturas sistemáticas, ni la violación del Estado de Derecho, que se sucedieron con el golpe militar de 1976.

En la impunidad que se otorga, algunos de los nuestros, por intereses mezquinos, cobardía o claudicación se pasaron al bando enemigo. Pero no solo se trató de delitos contra las personas, violando todos y cada uno de los derechos humanos. También se apropiaron de bienes y sociedades de quienes perseguían. Instalaron el endeudamiento externo y la fuga de divisas como la mayor herramienta de dominación y pérdida de soberanía. Cuántas similitudes se observan con la Gestapo de hoy, aunque ya no opere con Falcon verdes.

Vuelto el peronismo al gobierno, no castigó a nadie por estos crímenes. El abrazo de Menem con almirante Isaac Rojas es el símbolo brutal de lo ocurrido.

Hoy estas tropelías se llevan adelante con formatos más “civilizados”, pero siguen con la misma metodología de persecución en lo político y saqueo en lo económico, recayendo sus consecuencias sobre la desgracia de la mayoría del pueblo argentino. Y nuevamente, cuando el peronismo llega al gobierno, atempera y niega los castigos. La dirigencia peronista concede ilegítimamente el perdón en el nombre de las víctimas: el pueblo argentino.

Es así que a través de décadas se consolida este círculo perverso y los victimarios siguen en las suyas. Podríamos argumentar que a través de los grupos armados generados en la Resistencia y luego con las organizaciones armadas en los años ’60 y ‘70 se pretendió llevar adelante de manera irregular ideas de cambio y de justicia.

En realidad fracasan estas acciones, que son utilizadas por la derecha como justificativo para una profundización de la entrega económica con el soporte del terrorismo de Estado. Pero no se explica por qué desde el ejercicio del poder del Estado, obtenido a través del voto de manera democrática, el peronismo no utiliza todos los resortes del Estado para terminar con este ciclo en el que siempre pierden los más débiles.

Es necesario revisar y corregir esta actitud del Movimiento Nacional. Se debe actuar de manera categórica para castigar estas acciones con absoluta decisión y con la legitimidad que da el ejercicio del gobierno en el marco de la Constitución Nacional y las leyes vigentes.

En las gestiones de gobiernos populares, las acciones deben ser respaldadas por la movilización del pueblo argentino. La movilización popular en las calles es la única herramienta de lucha que los factores oligárquicos y sus operadores, muchos de ellos enquistados en los diferentes poderes del Estado, no gobiernan.

De no modificarse este ciclo trágico que marca la historia de nuestra Nación es probable que este tipo de desmanes, como el que llevó adelante Macri, en particular con el endeudamiento externo, se repitan indefectiblemente.

 

 

 

* Los autores son afiliados peronistas.

 

 

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