Por si las moscas

Una unión transitoria de afectos y cuidados entre dos mujeres, contada por Claudia Piñeiro

 

Sin pausa y con bastante prisa, desde Tuya a Catedrales, sumando títulos de mucha resonancia como Las viudas de los jueves, Betibú y este último, El tiempo de las moscas, Claudia Piñeiro se fue perfilando como la que ya es, una eficaz creadora de atractivas intrigas policiales, mezcladas con críticas de costumbres a conductas de clases sociales acomodadas y con decorosas proporciones de dolor y sangre, de amor y de ironía. La autora admitió que el nuevo libro recupera antecedentes de Tuya, su primera novela que luego se convirtió en película dirigida por Edgardo González Amer.

Casi en otra vida, Inés Pereira, mujer al fin, se hace cargo de mocos sentimentales de Ernesto, su marido (infiel, border psiquiátrico) y tras liquidar a la verdadera amante de su pareja va a parar a la cárcel. Termina de cumplir con largos, interminables 15 años de encierro. En la prisión, quien ahora se llama Inés Expereira (fina ironía) se hizo amiga de La Manca, un personaje delicioso con quien uno se sentaría a tomar un café. Ambas en libertad generan una especie de unión transitoria de afectos y cuidados mutuos, sociedad en la que no quedan afuera otros sentimientos trascendentes: admiración, confianza, incondicionalidad. Lejos de las rejas Inés se ha convertido en una experta en plagas, fumigaciones y productos para exterminar bichos menores. A la par, La Manca da rienda suelta a su espíritu investigador, que casi nunca falla. Detective tiempo completo, se mueve con soltura y convicción disimulando su brazo invalidado y va de un lado a otro montada en una catramina que solo por el escandaloso ruido de su escape merece recibir el nombre de moto. Inés recupera su libertad por buena conducta, pero no habrá nada capaz de restituirle ese largo tiempo entre paréntesis, conociendo poco o nada de la vida de su hija que, además, la convirtió en abuela. La Manca la abraza sin un brazo e Inés consiente esos cuidados amistosos, solidarios y, desde La Manca, secretamente amorosos. Aún con discrepancias, Inés y La Manca son la una para la otra, seres que buscan y encuentran eso que cualquiera merece por lo menos una vez en la vida: una segunda oportunidad.

 

Algunos ejes

  • Aunque ofrezca permanentemente la fachada del servicio de fumigación (en el que, además, parece ser muy solvente), la nueva vida de Inés está expuesta a tentaciones y riesgos que no siempre propicia pero de los que deberá responsabilizarse. Hasta el fin de sus días será un a ex reclusa que tendrá que ser, y parecer, absolutamente refractaria a recaídas.
  • Hay algo insoslayable de su pasado, que le pesa tanto más que el tiro del final que disparó, y es su hija, a la que no ve hace tiempo, que ya es grande y tiene hijos. Esa situación familiar, de muy compleja solución, la acosa y le da culpa.
  • Del mismo modo en que trabajó Catedrales con médicos, psiquiatras y expertos en seguridad, aquí también se asesoró sobre plagas, insecticidas y especialmente sobre moscas. Cada tanto reaparecen, como en un inesperado muestrario, las moscas más comunes y las especies más desconocidas o repulsivas; en ocasiones, como metáfora extensible a la sociedad, a los cambios en la condición femenina e incluso a un problema físico que cada tanto atormenta a Inés: una mancha ocular que se mueve para aquí y para allá como si fuera una fastidiosa mosquita.
  • En el libro se advierte un original recurso de escritura desde el que la autora aprovecha para sentar posiciones, para contarnos en qué lado de la vida está y hasta para bajar línea. A lo largo del libro se suceden numerosas discusiones internas, refrendadas por citas de firmas prestigiosas del feminismo y de las ideas, que discurren con nombre y apellido y con frases oportunas que no distraen la tensión literaria. A través de Inés, Piñeiro aparece preguntándose y respondiendo tópicos muy actuales y sobre debates sin resolución completa (feminismo, géneros, machismo, desigualdades, maternidad). Así como en Catedrales uno de los sub-temas dominantes era el del aborto, aquí una de las puntas conflictivas es la de un adolescente en plena reconversión sexual. Esos soliloquios son muy ricos y toman forma de asamblea en cada final cuando se preguntan “¿votamos?” u ordenando “se vota”.

 

Claudia Piñeiro, sentando posición en la Feria del Libro.

 

 

Advertencia para no quedarnos papando moscas. A la novela más reciente de Claudia Piñeiro (probablemente con destino audiovisual, como varias suyas) no hay que echarle flit. Es entretenida, con zonas de misterio difíciles de desentrañar. Personalmente, me atraía mucho saber cómo terminaba, aunque, a la vez, eso significara que el libro se había terminado.

Eso sí: me sorprendió que el ex marido de Inés (un auténtico bicho mayor) casi no aparece en la trama. Escuché una explicación de Piñeiro asegurando que se trató de una decisión deliberada con el claro objetivo de que la mayor parte del campo narrativo y argumental le perteneciera a Inés. Puede ser. Y otra cosa. En la contratapa del libro (editó Alfaguara), Inés y La Manca son caratuladas como “la Thelma y Louise del Conurbano”. Aunque esas duplas tengan rasgos de incorrección comunes, las del libro no tienen el menor propósito de huir, volar y estrellarse, como les ocurre a las heroínas de la película que dirigió Ridley Scott y que se estrenó en la década del ‘90. Al contrario: toman la decisión de permanecer y sobrevivir, de mantener los pies sobre la tierra, cuidando de no atropellar a nadie, pero sin dejarse chocar, como nuevas mujeres que son.

 

 

 

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