Derecho a disfrutar

La cultura y el goce como patrimonio público

 

A pocos días de cerrar la temporada de verano 2023, Axel Kicillof pronunció su discurso en la 151° apertura de sesiones legislativas ordinarias y festejó el récord turístico en la provincia, que recibió 16 millones de visitantes, un 29,2 % más que en 2019, el último año de gestión de María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. El gobernador reivindicó el derecho a disfrutar de toda la ciudadanía, criticando a quienes cuestionan la inversión en cultura por tener una visión restringida del esparcimiento y el descanso como patrimonio de determinados sectores sociales y no como un bien público al que toda la ciudadanía debe poder acceder. Refrescó, asimismo, que el turismo representa la quinta actividad en el ingreso provincial, por lo que ostenta un peso específico considerable a nivel de generación de empleo y de incentivo a la producción.

“Más de 1.200.000 de personas visitaron los cinco paradores ReCreo, se realizaron 1.500 talleres, tuvieron lugar unos 243 shows musicales y recitales totalmente gratuitos”, enumeró Kicillof y puntualizó: “Apostamos por los artistas bonaerenses en destinos bonaerenses”. También ponderó la participación masiva de jóvenes (y no tanto) en la Feria de Industrias Creativas (FINDE) y la dinámica virtuosa que significó para los productores culturales de la región, ya que involucró a “1.800 bandas, 150 editoriales y librerías independientes, 350 diseñadores y 120 desarrolladores de videojuegos”. La agenda de verano se extendió por el territorio bonaerense a 70 municipios no turísticos con más de 600 shows y espectáculos, lo que implicó la contratación de 2.500 trabajadores de la cultura.

El goce colectivo estival tuvo sus puntos más álgidos en el Festival Verano Bonaerense el 19 de enero en Mar del Plata, donde tocaron la orquesta La Delio Valdez, el referente de cumbia RKT Callejero Fino y la artista local Shitstem, al que asistieron 200.000 personas; y en las celebraciones por el 203° aniversario de la provincia el 11 de febrero en el Estadio Único Diego Armando Maradona de La Plata, que contó con la performance de Damas Gratis, Guasones, Las Pelotas, El Mató a un Policía Motorizado, Lara 91K, Alika y Carmen Sánchez Viamonte y tuvo más de 50.000 concurrentes. El acceso libre y gratuito a bandas mainstream da cuenta de un convite del Estado provincial a popularizar la experiencia artística. En la contracara, la administración mercantil del disfrute tiene cláusulas cada vez más excluyentes, como queda de manifiesto en el festival Lollapalooza —cuyo público promedio suele ser alrededor de la mitad del que confluyó para el evento provincial en Mar del Plata— que se está desarrollando este fin de semana en el Hipódromo de San Isidro, con entradas cuyo valor oscila entre los $27.000 y los $50.000 por día. El combo se completa con un suntuoso cargo por envío (caso contrario, hay que realizar largas colas para retirar los tickets); la compra anticipada de comida o bebida cargando dinero en pulseras, ya que el lugar no es posible usar efectivo; y el carácter “personal e intransferible” de la entrada, que hace imposible dársela a alguien más si por algún motivo no se puede asistir al evento. La espiral esclavizante de un negocio cuasi extorsivo.

 

 

Postales del goce popular: festivales de la PBA en Mar del Plata y La Plata

 

 

 

 

Identidad(es)

“Democratizar el acceso a la cultura, valorar a los artistas bonaerenses, invertir en infraestructura son pasos para seguir construyendo la identidad bonaerense”, valoró Kicillof al concluir su alocución en la Legislatura bonaerense. No es la primera vez que el gobernador enfatiza la necesidad de avivar el sentimiento de pertenencia respecto a la provincia; menudo desafío para un territorio que, aunque es más extenso que Italia y cuenta con 17 millones de habitantes —superando la población total de países como Bolivia, Camboya o Suecia—, acarrea una larga historia de ocultamiento a raíz de una narrativa dominante que favorece al centralismo porteño. Sus figuras y tradiciones se han visto eclipsadas por relatos que hablan del país desde la Capital.

Los discursos identitarios que conforman el imaginario de una comunidad construyen la realidad y, al mismo tiempo, la tergiversan. En los símbolos que circulan sobre el ser nacional se amalgaman múltiples mitologías que explican quiénes somos desde imágenes estereotipadas. La dicotomía simbólica capital/interior se convierte en un obstáculo para pensar ordenamientos territoriales más justos y equitativos y, como dilucida Alejandro Grimson, “dificulta pensar y asumir nacionalmente el espacio negado por esa oposición simplista: el Gran Buenos Aires, que no es ni capital ni interior, donde habita casi un cuarto de los argentinos” (2015: 122) [1]. El antropólogo esquematiza tres líneas de acción para contrarrestar este influjo: escapar del pintoresquismo cuando se difunde lo que sucede en zonas alejadas del país, federalizar la producción informativa de modo que uno pueda conocer la temperatura local cuando encienda el televisor y lograr que crezcan voces que se proyecten nacionalmente desde todas las regiones culturales.

Las identificaciones no solo constan de una serie de atributos con los que un grupo se reconoce o es reconocido por otros, sino que también funcionan retrospectiva y proyectivamente. La identidad, entonces, lejos de ser una construcción de sentido estática, es procesual y tiene la doble función de ofrecer explicaciones sobre el origen de una comunidad y de movilizar la acción colectiva. “Tenemos que conocer quiénes somos para saber hacia dónde vamos. Participar de la reconstrucción de la identidad bonaerense implica encontrarnos en nuestra diversidad para tener un horizonte común como provincia”, definió la presidenta del Instituto Cultural, Florencia Saintout, en ocasión del lanzamiento de un concurso de fomento a las producciones audiovisuales que promuevan el ser bonaerense.

¿Desde qué lugar puede interpelarse esa diversidad comprendida en 135 municipios con realidades geográficas, económicas y socioculturales tan disímiles? Construir la membresía de la sociedad a una identidad común y delinear trayectorias de acción para el conjunto requiere de una labor discursiva a la que Ernesto Laclau y Chantal Mouffe llamaron “práctica articulatoria: Se trata de fijar relaciones entre posiciones de sujeto que son heterogéneas, porque “para equivalerse, deben ser diferentes (de lo contrario se trataría de una simple identidad). Pero, por otro lado, la equivalencia solo existe en el acto de subvertir el carácter diferencial de esos términos” (2011: 171) [2]. Hace falta un proyecto que las englobe y las contenga.

Este pareciera ser un ejercicio de dimensiones mayúsculas (y, sin dudas, lo es), pero se trata de una habilidad que cultivamos diariamente. Pedro Saborido, en un panel titulado “Debates y desafíos en torno a la identidad” realizado en la última Feria del Libro, lo planteó de este modo: “Parece raro, ¿cómo si somos distintos podemos estar juntos? Fíjense ustedes mismos: ustedes son la unidad en la diversidad”. El escritor consideró que pensamos y actuamos de distintas maneras según las circunstancias y los estados de ánimo y bromeó: “Cada uno de nosotros es un Frente de Todos. A veces nos levantamos Albertos, a veces estamos más Cristinas. Hoy me levanté Berni, pero al mediodía estaba más Vicky Donda, por suerte. Y ahí vamos, administrando la tensión”.

 

 

 

Pedro Saborido, acompañado de Axel Kicillof, Florencia Saintout y Araceli Bellota: “¿Cuál es uno? ¿El que quiere hacer dieta o el que se quiere clavar el tiramisú?”

 

 

En la última edición del festival FINDE se inauguró la muestra “135: Parque de la Identidad Bonaerense” en la que los municipios armaron stands para exponer las actividades características de su localidad y compartir sus productos culturales y gastronomía. También se montó un domo inmersivo, en formato 360°, en el que un personaje animado en 3D recorría el mapa de la provincia y conectaba sus paisajes naturales y urbanos, visitando la costa atlántica, las sierras de Tandil, el Conurbano bonaerense y la ciudad de La Plata. Ambas propuestas apuntaron a un reconocimiento de la identidad común, sin perder de vista que para generar compromiso hace falta una adhesión emocional: es preciso que haya un horizonte de goce para el nuevo enlazamiento al que se invita. “Hay que entender que, de la armonía de esas identidades, quizá, va a surgir una identidad que tenga que ver con una provincia que esté buena para vivir —sintetizó Saborido—. Nadie ama aquello que le hace mal. Entonces, si tenemos una provincia que nos hace bien, una provincia en la que vamos a poder vivir bien, vamos a tener una identidad. Vamos a amar lo mismo y amar lo mismo también es una identidad”.

 

 

 

Participación, representación y expresión

No existe la autopercepción en el vacío. Por el contrario, la identidad siempre es dialógica y se inscribe de manera relacional, porque está obligada a significarse en los términos que la otredad pueda interpretar. Los símbolos instituidos son un límite (que, por supuesto, se puede correr) para la “comunidad imaginada”. Por eso, la realidad no puede transformarse sin modificar a la vez la lengua que la nombra (es el caso de las conquistas respecto a las identidades de género y la creación paulatina de nuevas categorías para nombrarnos: trans, no binarie, cis, etcétera). Toda práctica cultural envuelve un encuentro con un otro diferente, en lo que no es tanto del orden de un “hecho de conocimiento” como de una “lucha por el reconocimiento”.

Las políticas públicas tienen una incidencia nodal en los procesos de significación en tanto en ellas, como señala Pierre Bourdieu, subyace “la magia performativa de todos los actos de institución” (2008: 104) [3]. Cuando el Estado habla, impone un derecho de ser y de deber ser. Pero el hechizo pierde efectividad si no logra ligar el involucramiento de la ciudadanía a través de tres instancias: la participación, la representación y la expresión.

Un ejemplo de construcción participativa de una identidad bonaerense son los Encuentros Regionales de Cultura a través de los cuales el Instituto Cultural de la provincia convoca a funcionarios, artistas, trabajadores y gestores culturales a debatir cuáles son las políticas que deben promoverse para el sector. En 2022 se realizaron cinco jornadas en las localidades de Pehuajó (abril), Carmen de Areco (mayo), Mar de Ajó (julio), Tapalqué (agosto) y Guaminí (octubre). En dichos espacios se escucharon las problemáticas específicas de los representantes de bibliotecas y editoriales, patrimonio y museos, teatro, música independiente, centros culturales y de las áreas municipales de cultura y se recalcó en la importancia de la creación de corredores culturales para compartir agendas, optimizar recursos y realizar instancias de capacitación conjuntas.

 

 

El gobernador Axel Kicillof y la presidenta del Instituto Cultural, Florencia Saintout, en el 203° aniversario de la provincia.

 

 

La exposición de Axel Kicillof en la Legislatura trajo novedades en el plano de la representación de las identidades en las imágenes que circulan en una sociedad, puesto que anunció que próximamente enviará un proyecto de Ley de Promoción de la Industria Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires, para el que solicitó pronto tratamiento. La normativa buscará fomentar la producción, distribución, exhibición y comercialización de contenidos audiovisuales bonaerenses en toda su cadena de valor y desarrollará estrategias para la construcción de nuevas audiencias, ampliando y mejorando las salas, los festivales y las plataformas digitales donde se divulguen los contenidos. También prevé la realización de acciones de formación, actualización tecnológica y la protección de las obras y los derechos creativos de los realizadores.

Finalmente, un hecho reparatorio de la veta expresiva del patrimonio artístico provincial está próxima a ocurrir: el mes entrante se formalizará la reapertura de la sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata, un ícono cultural que fue abandonado, castigado por la falta de mantenimiento y finalmente cerrado en 2017 por el gobierno de María Eugenia Vidal. Se trata de la sala de mayor capacidad —con butacas para 2000 espectadores— y del escenario donde transcurrían las representaciones de los cuerpos estables del teatro (coro, orquesta y ballet).

 

 

Este tipo de intervenciones estatales apuntan a extender un proceso de reflexión crítica de la ciudadanía que redunda en la apropiación de lo instituido y en su potencial defensa si acontecieran retrocesos en su ejecución. A la vez, revertir las desigualdades materiales (generadas por la distancia territorial, el desfinanciamiento de producciones propias o la desinversión a nivel de infraestructura) que cristalizan una distribución inequitativa de los bienes simbólicos es un acto de justicia cultural.

 

 

Falta

En la teoría lacaniana es la “falta de ser” —el deseo— la que posibilita la transformación de las identidades. Como somos sujetos incompletos, nuestra identidad permanece abierta a lo nuevo y nos arrojamos al mundo para asirnos a significantes que nos hagan sentir la ansiada plenitud.

Lo que aún falta es sede de la lucha por construir esos futuros que nos enamoren. Necesitamos más política del deseo.

 

 

 

 

 

[1] GRIMSON, Alejandro (2015). Mitomanías argentinas: Cómo hablamos de nosotros mismos. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
[2] LACLAU, Ernesto y MOUFFE, Chantal (2011 [1987]). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Madrid: Siglo XXI.
[3] BOURDIEU, Pierre (2008). ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Madrid: Akal.

 

 

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