El paro fue total y contundente

O el gobierno cambia rotundamente de rumbo o la jornada del lunes 25 se convertirá en rutina

Es la primera vez desde los tiempos de Saúl Ubaldini que todos los sectores del movimiento sindical construyen un paro de esta dimensión.

La adhesión a la convocatoria de las tres centrales sindicales demuestra que la convocatoria hecha en el masivo acto del 21 de febrero recorrió un arduo camino de resistencia y movilización que culminó en un paro general que marca un nuevo punto de partida. Desde muy temprano se fue comprobando un gran acatamiento en todo el país de todos los sectores de trabajadores. En muchos lugares, como Córdoba y Rosario, fuertes movilizaciones del movimiento obrero organizado y los sindicatos que forman parte de la CGT y las CTA marcaron presencia en las calles durante toda la mañana. Los discursos de los diversos dirigentes en esos actos señalaron la necesidad de un plan de lucha sostenido, haciendo eje en la unidad del movimiento obrero. En Córdoba fueron muy importantes las columnas de los maestros nucleados en UEPC y los trabajadores de Luz y Fuerza, que continúan de paro en contra de la privatización de la Empresa Provincial de la Energía (EPEC), frente a un gobierno provincial que no cede en su plan pergeñado junto a la Fundación Mediterránea.

En Rosario la convocatoria fue llevada adelante por el Movimiento Obrero Santafesino y el Movimiento Sindical Rosarino, ambos nucleamientos integrados por la CGT y la CTA, que marcan un camino hacia donde se debe orientar la unidad en todo el país. Es notoria la composición de trabajadores sindicalizados que se pudo observar en la calle. Las organizaciones sociales y los pequeños empresarios ligados al mercado interno acompañaron. Pese a los dichos del triunviro Acuña de que el paro sería sin movilización y que sólo movilizarían los movimientos sociales, la realidad mostró que en muchos lugares del interior los que movilizaron fueron los sindicatos que tienen representación nacional. Este aspecto es lo más novedoso de la jornada. Lo que nunca se había logrado desde la ruptura de la CGT en 1988 en el Teatro San Martín lo hizo posible el gobierno de Macri con el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Una nueva etapa se abre para el movimiento obrero y el desafío viene tomando fuerza desde abajo hacia la cúpula y desde el interior hacia el centro. El debate sobre la unidad no refiere ya a acuerdos superestructurales sino que debe centrarse en la apertura de un cauce para este proceso que se viene construyendo desde el comienzo del actual gobierno.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, vidriera principal de la panorámica nacional, las calles lucieron más vacías que un día domingo cualquiera. Atrás quedaron los pronósticos de cada funcionario nacional descalificando la iniciativa. Es indudable que habrá un día después. Un gobierno que llama al diálogo pero solo acata lo que le dicen desde afuera, demuestra que se le agotó el discurso mediático. No convocará a todos los sectores de la producción con voluntad de modificar políticas esenciales y verá repetirse cada vez más asiduamente imágenes como la que construyeron en este día 25 el conjunto de trabajadores. Es probable que intente nuevamente acordar treguas con algunos dirigentes sindicales siempre dispuestos a hacerlo, pero el margen de eficacia que pueden pretender será cada vez más exiguo. Si no hay respuesta a cada demanda de las que desde hace meses se vienen sosteniendo en las diversas luchas no habrá resultado durable. Si no detienen la ola de despidos y suspensiones que amenaza a todos los trabajadores públicos y privados no habrá diálogo social.

El silencio de las calles vacías en las principales ciudades marca un compás de espera, pero el tiempo no es eterno. Esta jornada fue reclamada y esperada desde hace muchos meses: ahora urge una respuesta continuada y sostenida. O el gobierno cambia rotundamente de rumbo o la jornada de hoy se convertirá en una rutina desde aquí hasta las elecciones de 2019. El plan económico basado en el déficit para el endeudamiento y la fuga llevado adelante con la velocidad del vértigo está dejando a la Argentina al borde del abismo. El panorama que se presenta es de ajuste y más recesión. Este es el eje discursivo de sendas conferencias de prensa realizadas en la calle Piedras por parte de ambas CTA y en la calle Azopardo por parte del triunvirato cegetista.

El camino se inicia nuevamente y la contundencia de este paro nacional, al que deben sumarse las masivas movilizaciones que se realizaron en los últimos meses, promete un futuro cercano de virulentas convulsiones sociales. Atrás quedaron las ilusiones de que el Mundial de Rusia hiciera olvidar las penurias del presente. Si una imagen conecta el presente deportivo con la dura realidad es que las cosas que sucedan no dependen ni de la dirección técnica del seleccionado ni de las contradicciones de la máxima dirigencia sindical. No queda demasiado margen para acuerdos que no sirvan para dar respuestas a los problemas concretos de los millones de argentinos que dependen de su trabajo para sobrevivir.

Un gobierno que repite un plan que ha fracasado hace apenas dos décadas no puede esperar de la historia otra respuesta que la que está recibiendo en el presente. Ahora el protagonismo será de los trabajadores y de los diversos sectores populares.

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