Ushida, Gould, Tureck

La música que escuché mientras escribía

Un pasatiempo agradable es escuchar distintas versiones de la misma obra, en un intento de captar el aporte personal de cada intérprete. Creo que en esta página te hice escuchar por lo menos siete versiones de las suites de Bach para cello solo, comenzando por la que amo, de Pau Casals, quien además fue el que descubrió la partitura perdida durante siglos y el primero que la grabó, y las de Mstislav Rostropovich, Misha Maisky, Yo Yo Ma, Paul Tortelier,  Pierre Fournier y Pieter Wispelwey. La semana pasada te conté lo que me ocurrió el siglo pasado con Mitsuko Ushida, la pianista japonesa que sin conocer su nombre supe que era una mujer la primera vez que la escuché. La probabilidad de acertar es altísima, 50%, igual que si lanzás una moneda al aire. Lo mismo me pasó con Rosalyn Turek, con las partitas de Bach. No tiene mucha gracia, porque era la versión que sonaba día y noche en mi casa de infancia en la provincia de Buenos Aires. Me bastaba escuchar unos compases para reconocerla y es, también, como Casals, quien más me gusta.

Hoy se me ocurrió como un juego cotejar las versiones de Ushida y de Turek con las de Glenn Gould. En una sonata de Mozart y en una partita de Bach. Sin moralejas ni conclusiones, sólo por placer, acompañame a escuchar a estos maravillosos artistas. Uno hace tantas boludeces en la vida, que esta es de las más inofensivas.

 

Sonata 14, Köchel 457 de Mozart, por Matsuko Ushida.

La  misma, por Glenn Gould

Partita N° 1, Bach-Werke-Verzeichnis 825

 

Y la misma, por Glenn Gould.

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