Tenía la esperanza de ser un poeta y un militante dignos de llevar esos nombres. Así lo dijo en una entrevista que dio en 1973 en la cárcel de Villa Devoto, donde estaba preso por su militancia. Pero Francisco Urondo fue también narrador, periodista, gestor cultural, guionista de cine y televisión. Y autor de teatro, la parte menos conocida de su obra, la única que no ha sido reeditada.
En Santa Fe, donde nació el 10 de enero de 1930, Urondo había tenido una experiencia inicial como parte de El Retablillo de Maese Pedro, la compañía de títeres de Fernando Birri y Miguel Brascó que daba funciones en plazas públicas, en la calle, en canchas de fútbol de los barrios. Pero su debut como dramaturgo fue Sainete con variaciones.
La obra subió a escena el 22 de agosto de 1966 en Gotán, un boliche de Juan Carlos Cedrón que funcionaba en un sótano de Talcahuano 360, y se representó en forma alternada junto a La ñata contra el libro, de Roberto Cossa. Ambas compartieron además el elenco encabezado por Luis Brandoni, Federico Luppi y Zulema Katz, y el director, Luis Macchi.
Sainete con variaciones contrapone los personajes de Míster Pepe, ejecutivo estadounidense de una multinacional, con El Muchacho, una figuración del militante revolucionario. En medio de la acción irrumpe desde el exterior un hombre herido, perseguido por la represión policial de una movilización. La violencia se traslada a la escena, donde Míster Pepe se convierte en jefe de una especie de tropa y decide fusilar al Muchacho. Este militante da voz a la revuelta antes que al sacrificio: “No quiero morir, quiero vivir, vivir y no aceptar cualquier destino… y mucho menos cuando el destino está manejado por gente como ustedes”, dice, a sus adversarios.
Dos meses después del golpe militar de Juan Carlos Onganía y poco antes del asesinato del estudiante Santiago Pampillón durante el ataque policial a una asamblea en Córdoba, el 7 de septiembre de 1966, Sainete con variaciones tiene buena recepción del público y la crítica. Pero también enfrenta incidentes: “En las dos semanas en que la obra estuvo en cartel, afuera se estaba golpeando a la gente –declara Urondo a la revista cubana Conjunto (1968)–. Incluso había policías que querían entrar, dispuestos a parar el espectáculo a la mitad de la representación”.
El dramaturgo Urondo se propone “que la gente no se sienta espectadora sino autora de lo que está ocurriendo” y su obra se inscribe en una etapa de intensa actividad: escribe guiones para películas de Rodolfo Kuhn (Pajarito Gómez, 1965; Noche terrible, 1967; Turismo carretera, 1968); entre 1965 y 1972 trabaja como periodista para Clarín, Panorama, El Diario (publicado en Mendoza pero producido en Buenos Aires) y La Opinión; publica poesía y narrativa y en 1969 se incorpora a las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En la siguiente obra, Muchas felicidades, Urondo retrata a una familia tradicional a través del contrapunto entre una madre que expresa valores convencionales, una tía que explicita con acidez la hipocresía de la clase media y un padre que apacigua los conflictos y es el sostén ideológico del hogar. En 1968 recibe una mención en el concurso de teatro de Casa de las Américas por Veraneando, obra que no fue llevada a escena ni publicada en la Argentina.
En dos actos, Veraneando relata el pasaje de los protagonistas desde el simple inconformismo a la acción revolucionaria. “Si hacés algo que pueda servir a otra persona, y eso que hacés no es un pretexto para aprovecharte de esa persona, para explotarla o para fabricarte una buena conciencia, sin duda estás haciendo algo como la gente; te estás labrando un porvenir –escribe Urondo–. Para mí el porvenir consiste en poder compartir algo en el presente”. Lo que antes era indirecto se vuelve explícito: en el desenlace los personajes empuñan armas y apuntan hacia el público, y es entonces cuando “el espectáculo recién comienza”.
El mismo año en que se integra a las FAR concluye Homenaje a Dumas. El propósito –declara Urondo a Panorama– es entonces “rescatar las lecturas de infancia y adolescencia e intentar, mediante otra vuelta de tuerca, desmitificar los corajes sin dirección, la valentía por la valentía misma y las pasiones absurdas”. El homenaje tiene rasgos de sátira y despliega una sucesión de referencias a la literatura popular y los folletines del siglo XIX. El narrador explica que no pretende enjuiciar la obra de Dumas sino vivirla “como si fuera una de las mejores aventuras posibles; esas que se identifican con la vida, que también mezclan acciones y sentimientos, pensamientos y peleas, pesares y alegrías, erotismo y amor, odios y errores, ganas y miedos”; el monólogo final explicita una cierta desilusión: “Cuando niños creíamos en las aventuras sin dolor, en el regocijo de las acciones buenas (…) pero eso no anduvo, no era suficiente: no conocíamos el destino de nuestra acción, su grandeza. Era una pelea sin amor”.
El ciclo concluye con Archivo General de Indias, llevada a escena el 10 de mayo de 1972 con dirección de Laura Yusem y un elenco integrado por Zulema Katz, Graciela Martinelli y Arturo Maly, entre otros. La acción transcurre en una escuela primaria durante la celebración del Día de la Raza; el título alude al organismo que centralizó la documentación de las colonias españolas y la obra, compuesta por escenas ambientadas en distintos momentos, plantea una versión contestataria de la historia política de América Latina.
Escrita entre Buenos Aires y La Habana, Archivo General de Indias es un llamado a tomar las armas. El caudillo Felipe Varela aparece como modelo insurgente y la violencia es comprendida como una opción que legitima la Historia. El desenlace alude a la conferencia de Bolívar y San Martín en Guayaquil y reinstala el programa de los próceres, un futuro en el que “otros hombres conquistarán las otras libertades”.
Urondo fue asesinado en un operativo represivo el 17 de junio de 1976, en Mendoza, donde había sido enviado por la dirigencia de Montoneros. “El golpe militar de 1976 no sólo dictaminó la muerte del militante, sino que procuró borrar todo vestigio del creador”, escribe la investigadora tucumana Mariana Bonano en su tesis de doctorado, dedicada a la obra. No hubo estudios ni ediciones en ese período e incluso Urondo fue excluido de la antología Literatura Argentina de Vanguardia. El movimiento Poesía Buenos Aires (1950 1960), pese a haber sido un miembro notorio de esa revista. Las únicas excepciones al silencio fueron las menciones que hicieron Jorge Lafforgue, Daniel Freidemberg y el Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz en distintos fascículos de la Historia de la literatura argentina que publicó el Centro Editor de América Latina.
En 1999 Adriana Hidalgo editora comenzó un plan de reedición integral con la novela Los pasos previos. Después siguieron la obra poética, narrativa y ensayística de Urondo; La patria fusilada, la entrevista con los sobrevivientes de la masacre de Trelew grabada en la víspera de la amnistía de Héctor Cámpora a los presos políticos; y una recopilación de entrevistas y artículos periodísticos.
Falta el teatro de Urondo, que además es ignorado en las historias literarias y los textos críticos. Según informó la editorial ante una consulta para esta nota, esa obra que ilumina una etapa trascendente en la trayectoria del autor y aporta claves de su época “no está en los planes de publicación”.

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