El oro indómito

Las reservas salen del país sin autorización ni control

Discrecionalidad, irresponsabilidad y opacidad total sobre el uso y destino del principal activo del Banco Central.

 

América del Sur fue desde su “descubrimiento” un inmenso espacio repleto de tesoros a ser encontrados por quienes se aventuraran por territorios inhóspitos. Hubo numerosos expedicionarios que, tentados por relatos cargados de fantasías y avidez de riquezas, se animaron a la aventura. Algunos tuvieron éxito, otros fracasaron, perdiendo dinero invertido en la expedición y muchas veces la vida misma.

Julius Popper no era un aventurero más sino un joven rumano, destacado ingeniero en minas, graduado en la Universidad Politécnica de París, quien luego de recorrer el mundo decidió venir a la Argentina, atraído por sugerentes crónicas sobre el oro en la Patagonia más austral. Hijo de familia acaudalada de un rabino judío, ni bien llegó en 1885 se contactó con personas de la élite de poder que lo invitaron a exponer su proyecto de exploración, producción e industrialización de oro en los salones del Instituto Geográfico Nacional y en la Sociedad Rural Argentina. Consiguió de esa manera dineros de individuos que se cautivaban con semejante emprendimiento y se le asociaban en procura del oro.

Encontró el metal, aunque mucho menos de lo que había previsto. Llegó a acuñar monedas de oro de uno y cinco gramos (las que denominó “popper de oro”). Recibió acusaciones de haber cometido genocidio de aborígenes durante la expedición. Murió en Buenos Aires en 1893, a los 36 años. Cuando, para despejar conjeturas acerca de su muerte súbita, se quiso hacer la autopsia, el cadáver había desaparecido.

 

La moneda de oro de Popper.

 

El llamado “rey de la Patagonia” había conseguido de autoridades nacionales la concesión de grandes extensiones territoriales donde realizar su proyecto. Se nacionalizó argentino, introdujo instituciones de avanzada en la región (por lo cual fue celado tanto por el gobernador de Tierra del Fuego como por ganaderos fueguinos) y protegió la soberanía argentina de chilenos buscadores de oro.

Una personalidad tan rica y exótica como la de Popper, con semejantes claroscuros, chocó con otras más convencionales (de poderosos intereses) que rivalizaron con él, se ocuparon de denostarlo y utilizarlo de chivo expiatorio de matanzas de indígenas que presuntamente habían compartido, mientras opacaban aspectos más que destacables y envidiables del ingeniero rumano.

 

El oro robado

No tan lejos en el tiempo, en 2023, en una mina de la Patagonia Gold situada en medio de un paraje despoblado de Santa Cruz, ocurrió un robo de oro por valor de un millón de dólares. En semejante lugar, adonde suelen llegar tan pocos forasteros, parecía un hecho insólito.

“Estamos totalmente shockeados y angustiados (sic) por lo que sucedió. Es una operatoria realmente fuera de contexto en la historia minera argentina. Sí existen situaciones como estas en otros países, como en Chile o Brasil. Pero en ningún lugar de la Argentina había pasado algo de esta naturaleza”, aseguró el representante de la empresa, ya que “la vulneración a la seguridad es un hecho totalmente inédito”. “Hay un único camino oficial, que es el ingreso a la mina. Como sucede en todos los proyectos en Santa Cruz, ese ingreso tiene un puesto de seguridad. Ese camino seguro no lo usaron, por ahí no entraron. Existen muchos caminos alternativos. Esto está en medio de la estepa patagónica, hay caminos vecinales, rutas alternativas, pueden entrar a campo traviesa o por caminos no utilizados. Aunque exactamente qué vías utilizaron no tengo referencia”, explicó el gerente de Patagonia Gold.

 

La mina de Patagonia Gold en Santa Cruz.

 

Sin embargo, confidencialmente, un oficial local de la policía provincial aseguró que en esos días ni siquiera recibió indicaciones especiales de sus superiores; que no es la primera vez que sucede este tipo de robo de oro y plata en la provincia (nunca se aclaran y varios ni siquiera son formalmente denunciados) y que la empresa hace años exporta dichos metales con apenas un permiso de exploración, no apto para la explotación.

O sea, los metales preciosos de la Patagonia ya no son robados por forajidos furtivos, sino que desaparecen misteriosamente (sin siquiera dejar rastros) desde las pocas firmas extranjeras que los explotan.

 

El oro hundido y desaparecido

No menos extraño es el misterio que rodea el hundimiento en 2009 del barco pesquero chileno Polar Mist, cargado de oro y plata de Patagonia Gold Argentina por un valor de 18 millones de dólares, abandonado por la tripulación en medio de una tormenta. Aparentemente, es esa una historia de piratas sin final a la vista. Al respecto, John Wilson, representante en la Argentina de Lloyd's, la aseguradora del cargamento, decía pocos días después del incidente: “Nadie sabe nada. Nadie sabe quién lo tiene reasegurado. Acá hay algo raro, pero nadie sabe qué es. He averiguado por todos lados, nadie sabe nada”, repitió a la agencia AFP como una letanía.

Las pericias navales solicitadas entonces por la justicia argentina indicaron que “se trató de un naufragio provocado por la mano del hombre, demostrando impericia y negligencia, y no por las inclemencias de la tormenta que lo castigó dos días antes de sumergirse”.

 

El oro administrado all’uso nostro

Bastante más sutil es lo que sucede desde 2017 con miles de millones de dólares en lingotes de oro del Banco Central que viajan al exterior sin registro de movimientos, autorizaciones, ni se conoce siquiera el motivo cierto de semejantes traslados. Federico Sturzenegger, cuando estaba al mando del Banco Central durante la gestión de Mauricio Macri, envió en secreto lingotes al exterior por el equivalente a 462 millones de dólares, que terminaron en el Banco de Inglaterra. El argumento invocado: ¡obtener rentabilidad en el mercado internacional! Jamás se pudieron ver registros de esos movimientos presuntamente especulativos.

A su vez, en 2024 el ministro Luis Caputo reconoció haber enviado oro al exterior por 5.000 millones de dólares. Sin embargo, en 2025 el mismo Caputo dijo que desconocía esos envíos por ser ello asunto exclusivo del Banco Central. Esto muestra la discrecionalidad, irresponsabilidad y opacidad total respecto del uso y destino del principal activo del Banco Central. Sólo se sabe que los envíos salieron de la Argentina, sin papeles (contratos).

Resulta notable cómo los gobernantes de turno manejan a piaccere las reservas de oro de la Nación, sin rendición de cuentas a pesar de requerimientos expresos del Poder Judicial y la Auditoria (AGN). Pasan los años y las reservas de oro continúan saliendo del país sin autorización legal ni control alguno.

La Argentina es gran productor y exportador de oro. A semejanza de conocidas maniobras –complejas y oscuras– con exportaciones agrarias por muchos millones de dólares, en el país también suceden curiosos acontecimientos relacionados con el preciado metal. Últimamente, los movimientos de lingotes de oro del Banco Central (una fracción significativa de las reservas de la Nación), que requieren ser debidamente autorizados, registrados y fehacientemente informados por los funcionarios a cargo, son movilizados hacia el exterior “como Pancho por su casa”.

Según las crónicas del siglo XVI de Bernal Díaz del Castillo (La verdadera historia de la conquista de la Nueva España), los aztecas poseían un cuarto secreto del palacio de Axayácatl repleto de esculturas y armas hechas principalmente de oro. En cierto momento, los conquistadores decidieron tomar dichas riquezas para la producción de lingotes, pero en la calzada que salía de Tenochtitlan fueron descubiertos, causando tanta indignación en la ciudad que ello desencadenó la Noche Triste.

Ciertamente, el oro ha dado lugar en América a historias de diverso tipo y envergadura. En nuestro país sigue dando que hablar, aunque –debido a las sutiles sofisticaciones de la sociedad contemporánea– no ha generado mayor preocupación entre los pueblos, que en la producción del mismo dejaron y continúan dejando sangre, sudor y lágrimas.

 

 

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