El coronel retirado Pablo Guillermo Quiroga, formado en la inteligencia del Ejército, está con prisión preventiva desde noviembre pasado, acusado de planear la exportación aérea de sustancias prohibidas por las autoridades sanitarias. Se llegó a él a partir del rastro de un narco con varias entradas y mucha suerte.
Hace diez años, Martín Asci era comparado con un protagonista de Breaking Bad cuando fue descubierto con casi 7.500 mezclas antidepresivas en pastillas con forma de fantasma y una W impresa. Se parecía al éxtasis, pero sus componentes aún no estaban tipificados como ilegales, por lo que siguió en libertad.
A fines de 2015, cuando la gobernación quedó a cargo de María Eugenia Vidal, su ministro Cristian Ritondo nombró jefe de la Policía Bonaerense a Pablo Bressi, quien venía de tener “una deshonestidad en un secuestro”, por lo que sería radiado. Después “fue a Estados Unidos y se relacionó con la DEA”, contó Felipe Solá hace años a El Cohete. Ante la advertencia del ex gobernador, Ritondo se justificó: “Fue un pedido de la Embajada”. Se refería a la de Estados Unidos, donde su esposa tiene una red de propiedades millonaria en dólares, mientras él figuraba como el diputado más rico, según un cotejo de Chequeado.
Ritondo se fotografió en 2019 sobre el yate incautado en Nordelta donde Asci fue detenido, en su mansión de 600 metros cuadrados, cuando Vidal aspiraba a ser reelecta. Ese último procedimiento había sido ordenado por un juez de Tres de Febrero que perseguía una red de narcomenudeo. Otra vez, Asci terminó zafando.

Volvió a caer en 2024, en el operativo “Los Reyes del Norte”, que secuestró objetos con la esvástica nazi. Fue entonces que la jueza Sandra Arroyo Salgado accedió a su celular, cuyo análisis permitió hallar vínculos ya no con la policía sino con un coronel del Ejército, que pasó a ser investigado por el fiscal federal de San Isidro, Fernando Domínguez, hacia mayo de 2025.

Desde entonces, según consignó Virginia Messi para Clarín, hubo varias filtraciones. Para agosto, cuando la auxiliar de investigación era la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Asci supo por su mujer que el coronel estaba en la mira: “Me dijeron que yo tenía agendado a Pablo, que sabían nombre, apellido, que sabían bien clarito quién era”.
Con la PSA desplazada, en octubre, Asci también supo. Desde el teléfono de la cárcel oyó a Felipe Stanga: “Llegó la confirmación de que hay una brigada de la Policía Federal haciendo la investigación y las averiguaciones de los coches... Está hasta las pelotas también Gastón”. El tal Gastón es Herrero, que se profugó. Stanga quedó con prisión preventiva. Los presuntos cómplices fueron detenidos antes de lo planeado porque la jueza quiso asegurarse de que las filtraciones no le frustraran la causa.

El coronel
Después de una carrera en inteligencia del Ejército, el coronel Pablo Guillermo Quiroga (62 años) se retiró. Puso una agencia privada de investigaciones, que le sirvió de pantalla para justificar su último viaje a Perú. “Fui por trabajo”, dijo al ser detenido en el aeropuerto de Ezeiza, en noviembre. En su casa de Nordelta tenía cinco armas sin declarar.
Fue acusado de integrar una banda que planeaba llevar cocaína a Francia y Australia escondida en un avión, cuya bodega había sido filmada gracias a sus contactos en la PSA, infiere la jueza. Además de un embargo en cien millones de pesos, fue procesado con prisión preventiva por “tenencia ilegítima de armas” (entre 2 y 6 años de prisión) y “confabulación para el contrabando de drogas” (entre 1 y 6), ya que no llegó a concretarse. Ahora deberá expedirse la Cámara Federal de San Martín, a pedido del defensor del coronel, que se declaró inocente.
Su abogado es Raúl Alberto Rosa, otro hombre de inteligencia. Entró a la SIDE promovido por el represor Luis Patti durante el menemismo, en 1993; califica a Miguel Ángel Toma como “el mejor jefe que tuvo el organismo”. Con el macrista Guillermo Montenegro (ministro entre 2007 y 2015), participó de la inteligencia criminal de la Policía de la Ciudad. Fue coautor del proyecto de Ritondo que creó la Dirección de Inteligencia Criminal en la Policía Metropolitana (2009). Durante la presidencia de Mauricio Macri, en diciembre de 2017, abrió un expediente ante el juez Sergio Torres para decir que él había descubierto el narcotráfico vía Southern Winds (2005) al aeropuerto madrileño de Barajas, pero que los malditos kirchneristas lo habían presionado para que callara y renunciara. En el último año de la gestión de Macri salió a despotricarlo desde la tapa de la revista Noticias, presentado como “El primer arrepentido de la SIDE K”.

Vueltas de la vida: quien denunciaba el narcotráfico aéreo hacia España ahora defiende al acusado de narcotráfico aéreo hacia Francia.
No es el primero
La relación entre militares y narcotráfico se remonta a la última dictadura. El 25 de abril de 1978, el almirante Emilio Massera recibía en el Puerto de Rosario cientos de kilos de cocaína enviadas desde Bolivia por otro dictador, Hugo Banzer, camuflados como azúcar, recuerda Carlos Del Frade, el mejor periodista santafecino: “Al recibir ese cargamento, Massera y la dictadura inauguraron un negocio paraestatal, ilegal y multinacional. Es el origen del narcotráfico como lo conocemos; bancado por Estados Unidos bajo el Plan Cóndor”.
Aquel día, Massera estaba acompañado por dos altos mandos bolivianos, Luis García Meza y Luis Arce Gómez. Rosario era la cabecera del Segundo Cuerpo de Ejército, cuyo jefe era Leopoldo Galtieri, quien habría de enviar al oficial Juan Daniel Amelong a México para matar a Mario Firmenich.
El plan narco fue confirmado por Gustavo Bueno, del Servicio de Informaciones del Ejército (SIE), dependiente del teniente coronel Oscar Pascual Guerrieri, como parte de su declaración testimonial del 30 de noviembre de 2009 ante el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario. Su presidente, Otmar Paulucci, viajó a Brasil, donde Bueno había sido detenido por Interpol en el marco de la causa Guerrieri-Amelong, el protegido de Victoria Villarruel.
Otros militares argentinos a las órdenes de Mohamed Seineldín entrenaron a los contras nicaragüenses en Honduras, financiados por dólares narcos como parte de una triangulación conocida como Irán-contras, cuya historia fue llevada al cine protagonizada por Tom Cruise, como se recordó la semana pasada aquí.
Desde entonces, la relación ha sido recurrente. Hace seis meses, en Chile, seis suboficiales de la II Brigada Acorazada Cazadores de Iquique fueron dados de baja del Ejército tras ser detenidos durante la incautación de 192 kilos de cocaína y pasta base valuada en tres millones de dólares, que ingresaban desde la frontera con Bolivia.
El gendarme antidroga
En el reciente caso del coronel, Arroyo Salgado terminó por apoyarse en la Gendarmería, aunque esa fuerza también tiene sus claroscuros, ya que nunca explicaron la extraña muerte del subalférez Pablo Torrilla Diel (27 años), ya relatada por El Cohete. Trasladado al Escuadrón 50 de Posadas, hacia abril de 2018, Torrilla Diel esperaba un operativo antidroga que se suspendió. Salió por la suya y cayó en la cuenta de qué se trataba. Tomó fotos que le envió a otro gendarme por WhatsApp: un vehículo repleto de paquetes.

“Esto casi me cuesta el puesto –escribió– 350 de mari. Yo entraba a patrullar de 19 a 7. Tipo 00.30 mandaron a todos a dormir. Decidí hacer un patrullaje. Y lo enganchamos a ese. Era carga de mi J2. Por eso nos mandó a dormir”. “Mari” remite a ladrillos de marihuana y J2 a Segundo Jefe.
Desde entonces comenzó a ser hostigado, según supo su madre, Patricia Diel. Enviado a 17 kilómetros, “fue encontrado en un malezal con una herida bajo el mentón y otra arriba de la cabeza, junto a un arma”. Suicidio, dictaminaron.
Un gendarme que aceptó revelarle cosas a la madre, Ramón Alarcón, fue detenido acusado de vender mercadería incautada. Según Patricia, fue una extorsión para que no ampliase lo que le había adelantado en charlas que guarda. Uno de esos temas sería la muerte de más gendarmes.
Al mes, en la ceremonia por los 80 años de la fuerza, cuando la ministra de Seguridad Patricia Bullrich estaba en la Escuela de Gendarmería en La Matanza, la mamá del subalférez fue sacada del acto por gendarmes y policías que le dejaron moretones y heridas.
Ese fue el único aporte de la dirigente del PRO a quien clama por esclarecer la relación entre el narcotráfico y algunos uniformados, cuya impunidad permite que más coroneles no tengan quién los detenga.

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