Eunuco no. Único

La música que escuché mientras escribía

Alfred Deller

Una tradición medieval, que la Iglesia Católica conservó durante siglos, fue la de los castrati, es decir  los castrados. Eran cantantes que no faltaban en los coros eclesiásticos, hombres pero con una voz más aguda que la de las mujeres. Los sacerdotes  propiciaban la castración de los niños seleccionados, de modo que al llegar la pubertad, las cuerdas vocales en su laringe no se engrosaran ni se alargaran por ausencia de testosterona. Pero el desarrollo pulmonar hacía que tuvieran la potencia correspondiente a la edad biológica del cantante. Esas voces agudas pero potentes también reemplazaron a las femeninas, desde la prohibición dictada en el siglo XVI por el Papa Paulo IV, para que mujeres no volvieran a cantar en las iglesias.  Esa fue su interpretación de la epístola de Pablo a Los Corintios. Allí, el Apóstol dice que en la iglesia las mujeres no deben hablar, y si quieren aprender algo deben esperar el regreso a casa para preguntárselo a sus esposos.

Recién en 1901, el papa León XIII prohibió la emasculación de los niños con fines musicales.

 

Paulo IV y León XIII y sus prohibiciones

 

El último castrato del que quedó un registro fonográfico fue Alessandro Moreschi, quien fue famoso con el apelativo Farinelli. Podés escucharlo en esta grabación realizada entre 1902 y 1904, con el coro de la capilla Sixtina, cuando tenía 45 años y ya no estaba en su mejor forma. Los estudiosos señalan sin embargo que algunos ataques que parecen defectuosos en realidad corresponden a la técnica de la época, distinta a la contemporánea a la que estamos acostumbrados.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, las partes que durante siglos cantaron los castrati, fueron asumidas por hombres. El primero que se presentó en público, en 1946, fue Alfred Deller, hijo de un profesor de gimnasia del ejército, que fue un caso excepcional desde la niñez. En sus apuntes biográficos, Nicholas Clapton narra el asombro del médico de Margate, en la costa británica de Kent, cuando  una enfermera lo llamó de urgencia porque su bebé chillaba como un  marrano  y no había forma de hacerlo callar. Luego de examinarlo, el médico la tranquilizó:

-- Lo único que tiene son unos pulmones excepcionales y quiere usarlos. Llora por llorar.

Cuando tenía 9 años, su maestro le encargó que cantara unos versos del Cherry-ripe, una canción folklórica de doble sentido, que alude a la primera relación de una joven y a la roja sangre de su himen.

"La canté, y mientras lo hacía tuve consciencia por primera vez de que mi voz sonaba distinta a la de los otros pibes. Y con ella llegó también un inmenso placer, un sentimiento de felicidad y alegría. El hecho de estar cantando solo de esa manera, y las cosas que sentí, me afectaron en forma muy profunda. No hubiera podido describirlo en palabras. Aquí podés escuchar versiones de Alfred Deller sobre canciones de Bach y sobre poemas de Shakespeare, la mayoría de autores anónimos.

 

 

 

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