La semana pasada escuchamos las canciones de Bach y las que diversos autores compusieron sobre la poesía de Shakespeare, interpretadas por el contratenor británico Alfred Deller. Una tradición medieval, que la Iglesia Católica conservó durante siglos, fue la de los castrati, es decir los castrados. Eran cantantes que no faltaban en los coros eclesiásticos, hombres pero con una voz más aguda que la de las mujeres. Los sacerdotes propiciaban la castración de los niños seleccionados, de modo que al llegar la pubertad, las cuerdas vocales en su laringe no se engrosaran ni se alargaran por ausencia de testosterona. Pero el desarrollo pulmonar hacía que tuvieran la potencia correspondiente a la edad biológica del cantante. Esas voces agudas pero potentes también reemplazaron a las femeninas, desde la prohibición dictada en el siglo XVI por el Papa Paulo IV, para que mujeres no volvieran a cantar en las iglesias. Esa fue su interpretación de la epístola de Pablo a Los Corintios. Allí, el Apóstol dice que en la iglesia las mujeres no deben hablar, y si quieren aprender algo deben esperar el regreso a casa para preguntárselo a sus esposos. Recién en 1901, el papa León XIII prohibió la emasculación de los niños con fines musicales. La semana pasada también escuchamos al único castrato del que quedó un registro fonográfico, de 1901 o 1902.
La señora francesa que creyó que Deller era un eunuco, seguramente no lo había visto junto a su hijo, Mark Deller, contratenor como su padre, con quien formó el Deller Consort. Aquí podés escucharlos.
Además de Bach, y de sonetos de Shakespeare, Alfred Deller también cantó baladas y canciones folklóricas inglesas, con una dulzura que apabulla.
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