La verdad es un concepto complejo y multifacético que ha sido debatido durante siglos por filósofos, científicos y teólogos. En general, se refiere a la correspondencia entre una afirmación o creencia y la realidad. Pero hay una verdad bien argentina: la verdad de la milanesa, validada y garantizada por todos en esta tierra. Una verdad casi teórica, ya que para muchos no representa materialidad en las mesas de su hogar.
Macri y Milei se juntaron hace un tiempito a cenar milanesas, mientras urdían la trama política y económica del país. Dos fulleros en una partida de naipes rebozados en pan, tratando de saciar sus apetitos y convencerse mutuamente, con su verdad de la milanesa.
El gobierno actual es experto en manejar estadísticas improbables. Dicen haber reducido la pobreza en 12, 14 o 15 millones de personas, según el día y el funcionario que repita el sonsonete. Números inexactos para tratar de dibujar un logro.
Próximo a salir, el nuevo informe de la consultora Ex Quanti compara la evolución de la cantidad de personas en situación de pobreza en la Argentina a lo largo de distintos períodos de gobierno, utilizando
- Cantidad estimada de pobres (en millones);
- Proyecciones trimestrales de población total del INDEC; y
- Porcentajes de pobreza trimestral calculados para 31 aglomerados urbanos, usando bases de datos del INDEC.
Así es posible tener una estimación de cálculos netos de pobreza (aumentos o reducciones) entre momentos clave.
El informe se separa en los siguientes tramos:
- Macri (inicio de gestión, mejor momento, último dato);
- Pandemia;
- Alberto Fernández (post pandemia, distintos trimestres); y
- Milei (suba inicial y luego baja).
El informe arranca en el segundo trimestre de 2016 con alrededor de 14 millones de personas pobres. Allí hay una baja marcada que los datos del informe señalan como “el mejor momento” del gobierno de Macri (tercer trimestre de 2017), en el que la cifra cayó a unos 11 millones. Desde ahí revierte hacia el final de su gobierno, en 2019, cuando los pobres estimados treparon a más de 17 millones: un deterioro importante respecto de ese piso previo.
En el segundo trimestre del 2020 aparece un valor superior a los 21 millones de pobres, uno de los picos de toda la serie, producto del impacto económico del párate total: la pandemia. El informe lo identifica como un “neto pandemia”. Este salto de ninguna manera puede atribuirse a un gobierno, sino a la crisis que afectó al mundo.
Luego de la pandemia, con Alberto Fernández como Presidente, se observa una reducción significativa: la cifra baja a alrededor de 15 millones en 2022. Pero no se sostiene y vuelve a verse un aumento, llegando a 18 millones hacia 2023. Una recuperación parcial tras el shock pandémico, pero con fragilidad y sin volver a los niveles más bajos de la serie.
La verdad de la milanesa es indiscutible: Macri prometió pobreza cero y la aumentó en términos netos, Alberto Fernández —si no se considera la pandemia como su responsabilidad— la bajó en términos netos.
Ya en el ciclo de Milei, primero se generó un salto muy fuerte que arrastró a la pobreza a 26 millones de personas en el primer trimestre de 2024: el crecimiento más espectacular en tan poco tiempo y más alto incluso que en la pandemia. Después hay una baja pronunciada hacia 2025, cercana a los 15,5 millones.
Tomando los “netos” de personas pobres y separando la pandemia como un shock externo, la comparación queda bastante clara en términos numéricos.
El informe ayuda a entender la verdad de la milanesa en materia de pobreza. Ordenando según los “netos” de personas pobres, este sería el resultado:
- Macri (2016-2019): +3,26 millones → empeora.
- Alberto postpandemia: –3,27 millones → mejora.
- Milei (desde el pico inicial a 2025): –2,55 millones → mejora, pero no tanto como Fernández.
Hoy tenemos un 41% más de personas pobres que en el mejor momento de Macri y atravesando los tres últimos gobiernos.
Basado en datos oficiales de INDEC y de acuerdo al informe de Ex Quanti, próximo a salir, nos enteramos de este verdadero horror. La gente no entiende lo que pasa con las estadísticas y suma desazón a su angustia. El gobierno no es claro, confunde y miente. Los números nos ayudan a ver, si vamos al dato crudo y oficial.
La verdad de la milanesa es, además, un equilibrio fiscal falso, en el que algunos datos —como la deuda y el pago de intereses— no figuran. Y aquí aparece Toto Caputo, con su eterna metodología para que la deuda pública siga creciendo, emitiendo bonos apetecibles para sus amigos. No hay equilibrio fiscal: es falso. La bola del endeudamiento crece y crece. Caputo nos endeuda para pagar intereses, al FMI le importa el ajuste, no que hagamos las cosas bien. Lo importante es no salir de la rueda de la fortuna… de ellos.
Macri, en 2019, haciendo gala de cierta actitud preventiva, le advirtió a su equipo: “Cuidado, que yo conozco los mercados: un día no te dan más plata y nos vamos todos a la mierda”.
La verdad de la milanesa es el convenio de aranceles recíprocos con Estados Unidos: un acuerdo a lo “Pato trabaja en una carnicería”, donde lo tuyo es mío y lo mío es mío, como nos advierte la letra chica, tal como antes lo hiciera Moris en su inoxidable canción. La verdad de la milanesa es la apertura comercial y desregulación a ciegas, que profundizan cierres de empresas y desempleo, con una reforma laboral regresiva en ciernes.
El gobierno propuso cambiar la forma de medición del IPC, durante dos años se trabajó para lograrlo, pero se dio cuenta de que afinar ese instrumento traería complicaciones. Consultoras privadas lo probaron y vieron que el numerito se iba para arriba. Hoy la inflación es del 3% y en alza mensual, desde hace ocho meses. El gobierno, en un salto desesperado, decidió mantener la metodología actual, que tiene 40 años y contempla consumos como los VHS o el precio del fax, como en los países serios.
Entonces, vuelve el problema de la verdad y de cómo creer. Para eso se crea un nuevo organismo, una oficina de respuesta oficial o un Ministerio de la Verdad orwelliano, al cual acudir para saber la verdad de la milanesa.
Reconocer formalmente al INDEC para publicar sus datos sin necesidad de autorización política previa es una verdad de la milanesa; como también lo es que jamás lo hará. Lo está demostrando.
La autonomía en métodos y presentación de resultados; el reconocimiento formal de la autoridad estadística para publicar sin autorización política previa; los calendarios y procedimientos transparentes que evitan manipulaciones; la separación entre la producción de estadísticas (tarea técnica) y la interpretación política de esas cifras… Toda esta lista es la verdad de la milanesa del manual de Naciones Unidas y sus recomendaciones. También es la que defienden los trabajadores del INDEC.
Pero hay más verdades de la milanesa, como la protección que le otorga Trump a este gobierno, donde se desvanecen los manuales. ¿Por qué se asustaría un gobierno que no cumple con la Constitución y no pasa la toma de empréstitos por el Congreso?
¿Por qué se escandalizaría el FMI, si siempre les presta a los mismos y viejos conocidos?
Hannah Arendt lo formuló con una lucidez que sigue generando incomodidad: “El mal moderno no siempre se presenta como transgresión consciente, sino como normalidad administrativa. No grita, no se exalta, no se vive a sí mismo como un mal. Se ejecuta”.
En el barrio, lo irrefutable era la mano del carnicero que tomaba un pedazo de carne para quien deseaba algo rico, para la compra. Entonces, en voz alta y actoralmente, vociferaba:
—¡Mire, doña! ¡Esta es la verdad de la milanesa!
Y esa aseveración se correspondía con la degustación de esa exquisitez, hoy ausente de muchas mesas familiares. Así se validaba y se volvía a esa carnicería, que tenía la verdad en sus manos.
Esta es la verdadera historia de la verdad de la milanesa.
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