El caso de la leche afectada por la toxina cereulida ha generado una cascada de denuncias a nivel internacional luego de que la organización de protección al consumidor Foodwatch revelara, a mediados de enero, que unas diez fábricas de la multinacional Nestlé en Países Bajos, Francia, España, Suiza y Alemania habían utilizado aceite de cacahuete contaminado con la bacteria Bacillus cereus en la fabricación de fórmulas lácteas para bebés. El bacilo culpable, que causa diarreas, vómitos y otros serios problemas entre los lactantes, contaminó un aceite rico en ácido araquidónico (una fuente de omega-6) procesado en China por Cabio Biotech. Además de los productos comercializados por Nestlé (Guigoz, Nidal), también se vieron afectados los de Danone (Blédilait, Gallia), Lactalis (Picot), Vitagermine (Babybio) y Popote, entre otros. En total, unos ochocientos productos en más de sesenta países, en su mayoría europeos, aunque también hay siete latinoamericanos (Argentina, Chile, Brasil, México, Perú, Paraguay y Uruguay).
El impacto mediático de esta revelación se ha dejado sentir de inmediato. En Francia, la misma Foodwatch está promoviendo una campaña de denuncia y exigiendo el rápido esclarecimiento de los hechos. Pero esto es solo una cara de la moneda. La otra, y seguramente la de mayores consecuencias, tiene que ver con la lentitud con que Nestlé, con sede en Vevey, Suiza, decidió retirar su fórmula del mercado. Según Foodwatch, “Nestlé sabía de la contaminación al menos desde principios de diciembre, e incluso les informó a las autoridades neerlandesas el 9 de ese mes”. Y en Austria ya se habían producido retiros “silenciosos” de productos en torno a la Navidad, aunque sin informárseles a los consumidores. El retiro masivo de la fórmula recién comenzó en enero del año en curso.
“Retardar la información a los consumidores sobre productos sensibles para bebés es inaceptable”, argumentó críticamente Foodwatch. Y explicó que se trata de hechos “particularmente graves” debido a que estas fórmulas contaminadas con cereulida se destinan mayormente a menores de seis meses —en algunos casos, prematuros— y, por lo tanto, particularmente vulnerables. Foodwatch le reprocha a Nestlé y a otros fabricantes del sector el que hayan demorado demasiado entre las primeras alertas emitidas y la decisión de retirar sus productos de las estanterías.

Proceso en marcha
Según un artículo reciente del cotidiano suizo Le Temps, Foodwatch ha seguido muy de cerca la situación de nueve lactantes enfermos en ocho familias en diferentes sitios de Francia. Esos niños presentaron síntomas “alarmantes” que no desaparecían con un tratamiento “simple” contra la gastroenteritis, como vómitos, diarreas persistentes, fiebre y dolor abdominal. A fines de 2025, mucho antes del retiro masivo de la formula todavía en venta, algunos de ellos tuvieron que ser hospitalizados. Casos similares se dieron, además, en varios países europeos, como Gran Bretaña, España, Bélgica y Suiza.
Siempre según Le Temps, la denuncia de Foodwatch alega varias infracciones, como poner en peligro y afectar la integridad de los lactantes, cometer fraude agravado, comercializar productos peligrosos, no cumplir con requisitos de seguridad, no notificar y exportar alimentos en condición de riesgo. Y hace referencia a las declaraciones iniciales de François Laforgue, el abogado que representa a Foodwatch y las ocho familias involucradas: “La responsabilidad de las empresas señaladas en la denuncia de [mis representados] nos parece establecida, pero la investigación lo confirmará. Estos fabricantes no podían ignorar sus obligaciones de seguridad sanitaria. Exigimos la mayor firmeza en este asunto que afecta la salud de los lactantes”.
En un caso separado, la fiscalía de la ciudad de Burdeos ha abierto una investigación criminal de la fórmula de Nestlé en el caso fatal de un bebé a principios de enero. Según el periódico suizo AGEFI, “una muerte tras el consumo de leche de [la marca] Guigoz retirada del mercado por posible contaminación con Bacillus cereus, aunque por el momento no se ha establecido ningún vínculo”. En paralelo, se está investigando en Angers el fallecimiento de un bebé en circunstancias similares.
Para Foodwatch, el escándalo de la fórmula infantil plantea serios interrogantes sobre el cuidado con el que los fabricantes garantizan la seguridad sanitaria de los menores, controlan a sus proveedores, inspeccionan los ingredientes y, fundamentalmente, cómo responden cuando se hace imperioso retirar productos contaminados del mercado. La trazabilidad de los productos contaminados debe ser instantánea, insiste Foodwatch. En otras palabras, tolerancia cero, pues es inadmisible dejar que pasen meses antes de descontinuarlos, cuando el daño ya es irreparable.
Semanas perdidas
Una cronología detallada de esta crisis refuerza el alegato de que los fabricantes de la fórmula actuaron irresponsablemente en varios frentes.
A fines de noviembre de 2025, según el cotidiano Le Monde, Nestlé detectó la presencia de cereulida en sus productos. Sin embargo, esperó un análisis de riesgos para la salud antes de notificar a las autoridades semanas más tarde.
En Italia, el 1 de enero de 2026 las autoridades sanitarias ya contaban con resultados de laboratorio que confirmaban la presencia de esa bacteria en fórmulas infantiles, y doce días más tarde compartieron esa información con el resto de la Unión Europea.

El 9 de diciembre, Nestlé les informó a las autoridades neerlandesas acerca de la contaminación luego de controles internos en su fábrica de Nunspeet. Sin embargo, ni las autoridades ni Nestlé decidieron una retirada pública de productos ni alertaron a los otros países de la UE a través de la red europea de alerta. Las razones siguen siendo totalmente desconocidas.
En Francia, el 11 de diciembre se retiró solamente un lote de leche de la marca Guigoz, producto a la venta desde mayo. Ese mismo día, Foodwatch alertó, por su parte, a las autoridades europeas e inició una investigación. Ya era evidente un nuevo escándalo en ciernes, y con serias repercusiones internacionales.
En Bélgica, el 12 de enero el periódico De Standaard informó que, según Nestlé, fue el 23 de diciembre cuando esta corporación recibió información más completa sobre la contaminación. “Fue la inspección alimentaria austríaca”, señaló el medio belga, “la que detectó la presencia de cereulida en la leche de otras fábricas”.
El 24 de diciembre las autoridades francesas respondieron a las preguntas de Foodwatch y confirmaron la presencia de cereulida, especificando que Nestlé “había sido alertada por su proveedor e iniciado operaciones de retirada y recuperación”.
Finalmente, la primera semana de enero se generalizó la descontinuación de fórmulas infantiles de Nestlé, con repercusión en más de sesenta países. Fue en esos mismos días que Foodwatch reveló la magnitud del problema: el ingrediente “culpable” —ácido araquidónico— se estaba utilizando en unas diez fábricas de la multinacional y los productos afectados se estaban distribuyendo por todo el mundo.
Problemas que se repiten
En noviembre 2025, una investigación de la ONG suiza Public Eye (Mirada Ciudadana) sobre la adición de azúcar a los alimentos infantiles de Nestlé en África sacó a la luz un nuevo escándalo, prácticamente simultáneo con el de la formula infantil. Mediante una carta abierta del 17 de ese mes, una veintena de organizaciones de la sociedad civil de trece países africanos le reclamaba a Nestlé que pusiera fin al doble estándar denunciado por la ONG suiza. “En África, los cereales infantiles que vende Nestlé contienen altos niveles de azúcar añadido, mientras que estos productos no contienen azúcar en Suiza y el resto de Europa. Todos los bebés tienen derecho a una alimentación saludable, independientemente de su nacionalidad o color de piel. Todos los bebés son iguales. Hagan lo correcto. No mañana. No el año que viene. Hoy. El mundo está observando”.

Otro escándalo, no menos importante, se había denunciado un año antes sobre el tratamiento ilegal de agua “natural” que Nestlé comercializa en Francia, pero la multinacional argumentó que los tratamientos utilizados son necesarios para garantizar la seguridad del producto. Sin embargo, según especialistas y medios de prensa independientes, parte de esos tratamientos, algunos de los cuales datan de 1993, “no cumplen en absoluto con ‘las necesidades’ de seguridad sanitaria”.
También en 2024 diversas organizaciones, Public Eye entre ellas, habían denunciado la política abusiva de Nestlé con respecto a la adquisición de café producido por cafetaleros mexicanos. Según Public Eye, aun cuando Nestlé prometió que a partir de 2025 también ella sería “líder del sector desde el punto de vista ético [ya que] el 100% de su producción iba a ser ‘responsable’”, de todos modos, continuó aplicando un régimen de compras despiadado, sobre todo de su café soluble, el famoso Nescafé. Pero nada ha cambiado para los agricultores locales, que tienen que aceptar precios bajísimos, aseguró Public Eye tras investigar el problema en la región cafetalera del Soconusco, al sur de México, donde se produjeron airadas protestas contra la multinacional suiza. La ONG tituló su investigación “Esperanza pulverizada. Cómo Nestlé está llevando a la ruina a los caficultores”.
Poco antes, en 2021, se denunció a Nestlé por la contaminación de una parte de sus Pizzas Buitoni, que causó graves enfermedades.
Y en la década de 1970, en lo que constituye uno de los precedentes históricos del mal comportamiento de esta misma multinacional, cómo olvidar su campaña publicitaria en África desmotivando la lactancia materna para impulsar la venta de su fórmula infantil. La misma fue enérgicamente denunciada, en su momento por la organización suiza Declaración de Berna, convertida hoy en Public Eye.
A lo largo de esta extensa serie de escándalos que marcan momentos críticos de unas de las principales empresas mundiales de la alimentación, Nestlé casi siempre ha tratado de dar respuestas. A veces, mostrándose cooperativa y transparente; a veces, incluso disculpándose por lo que pudieron haber sido “errores”. En algunos casos de serias acusaciones, o de demandas judiciales, logró que la sobreseyeran total o parcialmente. Sin embargo, ninguno de sus históricos reflejos y argumentos de auto-justificación ha podido despejar las enormes dudas que amplios sectores de la sociedad civil internacional siguen teniendo con respecto a su tan mentada integridad y transparencia. Al igual que la gran mayoría de las multinacionales del sector, el hambre ilimitada de beneficios de Nestlé continúa imperando sobre su “ética” de producción y comercialización.
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