La movida más aceitada

Crónica de un rutilante crecimiento

Marcha contra Ley Bases al Congreso, abril 2024. Prensa SOEAR-Tomá Viú

 

Los trabajadores que primero intervienen en los procesos industriales de los granos provenientes del campo y los tornan productos exportables, se congregan en los gremios aceiteros. Producen harinas, pallets, separan las semillas y, como su nombre lo indica, aceites. En la industria textil, los desmontadores son los encargados de separar la fibra del algodón de la semilla y las vainas de la planta, por lo cual constituyen el primer eslabón de la cadena industrial. Semejanza de labores e intereses suficiente para que desde mediados del siglo pasado convivan en una misma entidad sindical. Escasos afiliados y representatividad, por ende endeble capacidad de acción y contacto con gremios de otras ramas, cuatro décadas atrás permanecía naturalizada la idea de que todo trabajo obrero incluía la proliferación de necesidades básicas.

En los años '90, aún con el recuerdo fresco de la feroz represión dictatorial a cualquier asomo reivindicativo, una nueva generación de trabajadores asumieron con valentía los incipientes reclamos por mejores salariales y condiciones laborales. Tradicionalmente las patronales restringían la incorporación de la sindicalización, tercerizando idénticas funciones hacia gremios de menor incidencia salarial y paupérrimas exigencias horarias, de salubridad, vestimenta, francos, seguridad, etc. Comenzado el nuevo siglo, buena parte de esa dirigencia —formal o n— cayó en la cuenta de que nada de las condiciones laborales mejoraría si las demandas objetivas no corrían paralelas a un estado de conciencia de clase, con la huelga como cúlmine herramienta de lucha. En ese camino buscaron y encontraron que ya existían mecanismos idóneos para obtener mejoras en los salarios y en las formas de vivir dignamente, como la disposición constitucional al salario mínimo vital y móvil, así como en la mismísima Ley de Contrato de Trabajo. Instituciones, dicho sea de paso, que incluían la huelga en tanto derecho inalienable.

 

Pablo Waisberg, el autor.

 

Monumental reconstrucción histórica llevada cabo por el periodista Pablo Waisberg (Buenos Aires, 1974) en más de cuatrocientas páginas, Aceiteros, una lucha por el salario, la democracia obrera y la conciencia de clase constituye un documento claro, intenso, completo y ejemplar. En especial en estos momentos de intento de retorno a la mita y al yanaconazgo que ataca la clase obrera. Afiatado en la investigación biográfica (sus libros Pedro Barraza y el caso Vallese, Rodolfo Ortega Peña y el Estatuto del Periodista, entre otros, resultan paradigmas del género), aplica los rigurosos fundamentos de esa técnica al amplio espectro sindical. Al final de cada capítulo el autor instala pormenorizadas referencias de fuentes y testimonios, lo que agiliza la lectura previa y evita suspicacias.

Lo corrobora la síntesis de antecedentes generales que encabezan estas líneas, dentro de un más amplio marco histórico. Si bien la secuencia avanza con indispensable cuidado cronológico, Waisberg resalta la participación conjunta de los colectivos convergentes. Por un lado, fundamental, el crecimiento de la actividad gremial aceitera —y demás fuerzas sumadas en sucesivos tiempos—, no sólo en los notables logros obtenidos, asimismo en las discusiones políticas sectoriales y su correlato, el avance en la formación ideológica de bases y conducciones. En otro orden y coordinación con lo anterior, el inestimable aporte de los abogados laboralistas en la paciente tarea de transmisión del bagaje legal y experiencias previas. Luego, el recurso de los investigadores y analistas económicos (Universidades Nacionales, centros especializados de gremios aliados. etc.), cruciales durante las traiciones del licenciado Moreno y Vicentín, en la evaluación del poderío financiero de la patronales y en las alternativas realistas de las reivindicaciones, siempre minimizadas por el empresariado lloriqueante. Esto último se aleja de toda metáfora: ya hace quince años la exportación de soja y aceite abarcaba el 60% del mercado mundial. Multinacionales como Cargill de cada $100 de ventas declaradas destinaba $0,58 al pago de salario, mientras Dreyfus cursaba $0,23 a los sueldos. Ganancias que por cierto se han incrementado.

 

Abogado Horacio Zamboni.

 

En cuanto a la contribución del asesoramiento legal, a lo largo de todo el libro emerge la experiencia del abogado Horacio Zamboni (Rosario, 1942- 2012) y su equipo, quien, al decir de Daniel Yofra, principal dirigente del sector, “nos ayudó a ver la potencialidad que teníamos. No porque fuéramos grandes dirigentes sindicales, sino porque podíamos repetir el recorrido de los petroquímicos de los '60 y los '70, y de los metalúrgicos de los '70. Él pensaba que podíamos ser los aceiteros del 2000”.

Expectativa hoy al alcance de la mano, desata cierta envidia entre el espectro gremial al conquistar los más altos salarios y mejores condiciones de trabajo en las sucesivas paritarias, sin temor a utilizar la movilización y el paro. Gremio comparativamente chico en número de afiliados, se enclava en geografías y productividad estratégicas, al procesar la casi totalidad del grano proveniente del campo argentino. Controla, entre otros puntos dispersos, la principal vía navegable, el corredor fluvial estratégico del río Paraná de 3400 km (mal denominada Hidrovía) que conecta Argentina con Brasil, Paraguay, Bolivia y Paraguay, por donde se exporta el grano y sus subproductos. Fuente constante de dólares para lo que hoy se convirtieron en las multinacionales agrícolas, codiciosas por si mismas no menos que por los sucesivos gobiernos.

Es curioso, o no tanto, que en las escuelas técnicas de nivel secundario (a menudo subvencionadas por las industrias vecinas), en raras oportunidades se impartan los derechos laborales. En lo específico de los trabajadores aceiteros, especializados en esa formación para incorporarse a la complejidad de las máquinas industriales, en la gestación de la actividad gremial un salto cualitativo resultó, sin ir más lejos, el estudio del  artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Por lo general auspiciadas por las empresas, la escuelas técnicas omiten la protección de las leyes sobre el trabajo: condiciones dignas y equitativas, jornada limitada, descanso y vacaciones pagas, salario mínimo vital y móvil; igual remuneración a igual tarea, participación en las ganancias, control de la producción, protección ante el despido arbitrario, organización sindical libre y democrática, implicando que el delegado gremial es representante de los trabajadores ante éstos, la patronal, el Estado y el sindicato mismo, etc. El conocimiento de tales derechos modificó para los aceiteros el concepto de negociación paritaria, comenzando por el salario mínimo vital y móvil como la mínima remuneración sin cargas familiares, que adecúe alimentación, vivienda digna, educación, vestuario, salud, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión.

 

Obreros aceiteros.

 

Parámetros que acompañan la lucha aceitera sin escatimar instancias de acumulación política, instalándolos en la vanguardia de la lucha de clases. La batalla cultural durante los últimos veinte años, en este sentido apunta a combatir la idea de “nos quieren hacer creer que los trabajadores tenemos que ser pobres”, que no tiene por qué ser así y es posible vivir dignamente sin mella en las ganancias de las empresas. En esta coyuntura el movimiento impulsa un frente sindical capaz de organizar a la clase trabajadora y dar la pelea con la huelga como herramienta fundamental, incluyendo un paro por tiempo indeterminado. Ello implica extender el concepto de salario mínimo vital y móvil, hacer realidad plena ese derecho constitucional para el resto de la clase obrera cuya posición es endeble.

Aceiteros..., el libro de Pablo Waisberg, alberga un historial pletórico en experiencias, marchas y contramarchas, colectivas e individuales, triunfantes y socializadas, capaces de ser replicadas tanto como respuestas, pasibles de concretarse en proyectos de acción. Como en 1945 cuando desde una ignota Subsecretaría de Trabajo comenzó a forjarse un movimiento de aspiraciones revolucionarias, las luchas populares intermedias habilitadoras de la restauración democrática o la irrupción de un grupo de Madres socavando las prepotencia genocida, es desde los márgenes donde crecen las alternativas de un renovado poder popular.

 

 

FICHA TÉCNICA

Aceiteros. Una lucha por el salario., la democracia obrera y la conciencia de clase

Pablo Waisberg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2025

404 páginas

 

 

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