Escaleras y ascensores

Los salarios pierden contra la inflación en consumos indispensables

 

Con menor repercusión política y periodística que la otorgada al índice general de inflación que publicó el martes 10 y a la previa renuncia de su titular, Marco Lavagna, el INDEC circuló el jueves 12 tres estudios que complementan el retrato de la economía actual desde números oficiales.

Dos de los relevamientos refieren al ritmo en que ingresos y consumos cerraron el año pasado y abrieron el actual, con el examen sobre el comportamiento de los salarios en diciembre de 2025 y el cálculo de las canastas que fijaron las líneas de pobreza e indigencia de enero desde el Gran Buenos Aires.

El tercero de los informes publicados el segundo jueves de febrero ilustra el momento industrial, con una utilización de la capacidad instalada que apenas supera el 50% en el cómputo general, pero rondó el tercio en fábricas textiles, automotrices y de productos de caucho y plástico. Más de la mitad de los rubros cayó en la comparación entre diciembre de 2025 y el mismo mes de 2024, lo que avala el pronóstico de la dirigencia sectorial sobre las empresas que quedarán en el camino del programa económico que, sin embargo, apoya.

 

La inflación de los pobres

El relevamiento con datos más frescos, que corresponden a enero último, es el de las canastas de consumo medidas en el Gran Buenos Aires:

  • la básica total (CBT), que traza la línea de pobreza, aumentó 3,9% respecto de sus valores de diciembre; y
  • la alimentaria (CBA), que establece la de indigencia, subió 5,8% durante enero.

Los porcentuales implican saltos entre uno y tres puntos superiores al nivel general de inflación admitido por el INDEC, que fue de 2,8% en el mismo territorio y de 2,9% en el ponderado del país.

La variación interanual de la CBT fue 1,1 puntos inferior al 32,7% que el organismo calculó como índice inflacionario general para el Gran Buenos Aires. En cambio, el encarecimiento de la canasta de alimentos imprescindibles fue casi cinco puntos superior, ya que se incrementó en un 37,6% en comparación con enero de 2025. En otras palabras, para una persona indigente la vida se encareció más que para quien añade a los consumos de supervivencia los de recreación y esparcimiento, entre otros que exceden a los alimentarios.

El dato confirma la tendencia de deterioro de poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, en comparación con estratos superiores. Como reflejó El Cohete, el gobierno de Javier Milei enfocó sus ataques en las clases medias en su primer año, cuando se interrumpió la dinámica inflacionaria de su antecesor y los incrementos en alimentos corrieron por debajo de la inflación general. En 2025 la distancia comenzó a atenuarse, y ambos índices terminaron prácticamente empatados. El primer mes de 2026 evidencia un comportamiento de productos esenciales que será necesario seguir en lo que resta del año, que no es electoral. El salto mensual de las canastas básicas por encima del nivel general se diferencia de lo ocurrido doce meses antes, cuando habían cerrado más de un punto por debajo. De momento, el incremento de la CBA en enero superó a todos los registros de 2025, excepto el 5,9% de marzo.

El alza reconocida por el INDEC en el rubro alimenticio en el Gran Buenos Aires contribuye además a matizar el nivel general de inflación calculado para el primer mes del año: la región metropolitana donde atiende Dios representa un 44% de la ponderación utilizada para el cómputo nacional, influyendo notablemente en su resultado final, pero es aquella en que menor peso relativo se asigna a los precios de alimentos.

Es un punto no demasiado explorado en el debate en torno a la confección del índice para el conjunto del vasto territorio argentino. El Gran Buenos Aires y la región pampeana explican el 78,9% del porcentaje nacional, y cada zona tiene a su vez ponderaciones diferentes en sus rubros. El de alimentos pesa en las zonas más pobres, el noroeste y el noreste, alrededor de doce puntos más que en el GBA.

 

Diciembre en caída

También según el INDEC, los salarios del sector público aumentaron en diciembre un 1% nominal, mientras que los del sector privado registrado lo hicieron en 2,5%. Los acumulados del año fueron de 28,9 y 28,7%, respectivamente.

De esa manera,

  • crecieron por debajo de la inflación mensual de 2,8% y de las canastas básicas de consumo, que aumentaron 4,1% en ambos casos;
  • lo mismo ocurrió en relación a los acumulados anuales de la inflación, admitida en 31,5%, y de la canasta básica alimentaria, que cerró en 31,2%; y
  • sólo superaron a la canasta básica total, cuyo acumulado anual el INDEC estimó en 27,7%.

El índice de salarios que el INDEC publicó el jueves 12 agrega un dato sectorial: entre trabajadores y trabajadoras del ámbito público, quienes se desempeñan en la órbita nacional recibieron en 2025 incrementos salariales nominales de un 20,2%, once puntos por debajo de los niveles anuales de la inflación general y de la canasta básica de alimentos. El INDEC excluye del grupo al personal de las universidades, que no sufrió podas menores a la del conjunto de asalariados del Estado nacional.

 

En el camino

Una semana antes de conocerse la actualización del índice de uso de la capacidad instalada en el sector, el diario El País publicó una entrevista con el presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, quien dejó un vaticinio que fue título en Madrid.

 

 

La estimación de diciembre empeoró el dato previo. La capacidad instalada cayó del 57,7 de noviembre al 53,8%, el segundo peor registro en un lustro. Sólo en marzo de 2024 fue inferior, por cuatro décimas. La caída del final de 2025 resultó de casi tres puntos en comparación con diciembre del año anterior.

 

Lustro sin brillo. Fuente: INDEC.

 

 

De acuerdo a la medición oficial, la utilización de la capacidad instalada apuntó caídas interanuales en siete de los doce rubros relevados. En algunos de ellos, los retrocesos fueron notables:

  • en la industria automotriz se contrajo trece puntos;
  • en el resto del sector metalmecánico cayó 8,8;
  • en la fabricación de caucho y plásticos se redujo 8,6, producto sobre todo de una caída de 57,3% en la producción de neumáticos; y
  • en textiles, el desplome fue de 7,9 puntos.

Esos cuatro rubros rondan el tercio de uso de su capacidad instalada, con el 31,2% de la industria automotriz como extremo inferior y el 38,9% de la metalmecánica como superior. Por ende, se ubican debajo del nivel general, junto a otros tres sectores, que no tuvieron retrocesos o los lamentaron en menor cuantía: productos minerales no metálicos (51,1%), los de edición e impresión (46,5%) y los del tabaco (38,6%).

Una mirada de más largo plazo sobre las mismas actividades indica que en el bienio de gobierno de Milei

  • las del caucho y el plástico vivieron en diciembre su peor mes bajo el anarcocapitalismo;
  • las textiles sólo habían tenido registros inferiores en los dos meses previos y en enero de 2025;
  • las de metalmecánica únicamente utilizaron menos capacidad instalada en el trimestre inicial del mandato presidencial y en enero de 2025; y
  • las de la industria automotriz tuvieron apenas un registro peor, el 25,7% de enero de 2024.

En noviembre de 2023, durante el último mes completo de gobierno del Frente de Todos, el índice general de utilización fue de 66,5% y ningún rubro se ubicó por debajo de la mitad de la capacidad disponible.

 

Último mes del FdT contra el segundo diciembre completo de Milei. Fuente: INDEC.

 

En la entrevista que concedió a El País, el presidente de la UIA caracterizó a la situación como heterogénea. Lo ejemplificó con el sector minero, rubro que conoce: su grupo, que lleva el apellido del parafraseado prócer liberal Juan Bautista Alberdi, se apresta a participar en Mendoza del proyecto San Jorge para la extracción de cobre. El modo en que lo tramitó el gobierno provincial de Alfredo Cornejo despertó cuestionamientos científicos ante posibles impactos en la salud y la economía y derivó un fuerte rechazo de la comunidad, saldado con represión.

En términos más generales, Rappallini consideró que “la apertura económica que se aplica ahora es más dificultosa para el sector industrial porque tenemos que competir con el mundo mientras seguimos conviviendo con las distorsiones del pasado”.

De ese modo, enfocó su explicación en el guion acostumbrado: presión fiscal, costo financiero y rigidez del sistema laboral. No resulta incoherente que, en la misma entrevista, haya resaltado que la UIA participó “muchísimo” en la redacción del proyecto de ley que pasada la medianoche del viernes alcanzó –con algunas modificaciones del original– la media sanción en el Senado. No se ha informado de una participación equivalente de los sectores obreros, a los que presuntamente beneficiaría la norma redactada por las patronales.

 

 

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