Desde que despegó El Cohete todos los domingos comparto con vos la música que escuché durante la semana. Pero la selección musical entre nota y nota en la radio corre por cuenta de Marcelo. Tenemos gustos distintos pero parece que nos complementamos, porque nadie se queja. Yo soy más egoista que él, porque escucho y le hago escuchar lo que se me canta, aunque no haya cantor. Marcelo, en cambio, es atento conmigo. Después de más de 40 años de relación y ocho al hilo juntos en El Cohete, conoce bien mis gustos y con cierta frecuencia me sorprende con Gardel, Berón o Lidia Borda. La semana pasada fue el turno de Raúl Berón, que es mi segundo cantor preferido. Tenemos historia recorrida, porque yo di mis primeros vagidos, cuando él empezaba a cantar en la orquesta de Lucio Demare, a quien tuve el privilegio de conocer dos décadas después. Pianista y compositor extraordinario, llegué a él a través de su hermano menor Lucas, el director de cine con quien tuve una relación más constante.
Con letra de Homero Manzi, Demare compuso uno de los tangos canónicos, Tal vez será su voz, y lo grabó con Raúl Berón. El título original era Tal vez será mi alcohol, pero los militares que tomaron el gobierno en junio de 1943 practicaban su moralismo censurando las letras de los tangos más populares y mi alcohol se convirtió en su voz. Así Los dopados fueron Los mareados, y el Cafetín de Buenos Aires se olvidó de la vieja y pasó a parecerse a mi madre.
En 1943, Demare y Homero Manzi, además de Malena compusieron la milonga Luna, que cantó Berón.
También. El barco María.
En 1944, Miguel Caló le hizo una de esas ofertas que no se pueden rechazar y Berón, que tenia 23 años, la aceptó. También allí sus registros fueron antológicos. En la orquesta del bandoneonista Caló, el piano estaba en manos de Osmar Maderna y tocaba el violín Enrique Francini.
Escuchá algunas de las joyas que nos regalaron, entre ellas las Tristezas de la Calle Corrientes, que un año antes Troilo grabó con Fiore, otro monstruo que taladró el cerebro de mi generación. Otras son Al compás de un corazón, de Domingo Federico y Homero Expósito; Jamás retornarás, de Caló y Maderna; La abandoné y no sabía, y Corazón no le hagas caso, de Armando Pontier. El que habla antes de Tristezas es Homero Expósito, paisano de los Berón en la zona de Zárate-Campana.
Pocos cantores fueron tan disputados por las mejores orquestas, porque los negados no sobrevivían en un mercado tan competitivo. Berón también pasó por la formación de Pontier y Francini, con quienes compartió los palcos que magnetizaba Caló. Con esa orquesta no solo grabó sino que también filmó Cafetín, de Argentino Galván y Homero Expósito. Era como un seleccionado con Messi, Maradona, Riquelme y Bochini.
Como Tú, de Francisco Lomuto y José Rótulo.
La culpa es mía.
Uno y uno.
Recién al comenzar la década de 1950, Berón y Troilo se dieron el gusto. Malena ya estaba por cumplir diez años cuando Pichuco, aliado con Berón, desafió su propia versión con Fiorentino. Ambas son maravillosas.
Un momento, de Chupita Stamponi.
Medianoche.
De vuelta al bulín.
Discepolín, de Troilo y Manzi.
Es una pena que estos tipazos vivan tan poco. Berón no pasó de los 62, y cada vez que lo escucho me enojo por esa brevedad.
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