El show debe continuar

Persecución contra un mapuche por los incendios del verano

“Uno a propósito no arriesga su vida”, dice Héctor Caliqueo Llancaqueo.

 

El Estado de Chubut centró la persecución penal contra un hombre mapuche, sobreviviente a las quemaduras de uno de los focos de incendios del verano de 2025, mientras una gran mayoría de la población local cuestiona la estrategia estatal de prevención, ataque y mitigación de incendios en áreas rurales. Héctor Quilaqueo Llancaqueo, integrante de la comunidad Nahuelpán, será juzgado como supuesto autor de un incendio intencional provocado para dañar al campo de un estanciero vecino, según el planteo del Ministerio Público Fiscal de la Circunscripción de Esquel, que pide una pena de cinco años de prisión efectiva. En una audiencia prevista para el 27 de marzo se definirá la fecha del juicio y la integración del tribunal, así como la lista de testigos y las pruebas de cada parte. El hombre mapuche arriesgó su vida y estuvo en coma 15 días por las quemaduras que sufrió intentando apagar el fuego iniciado dentro del territorio de su comunidad, en el espacio conocido como “La tapera de Llancaqueo” en memoria de su tatarabuelo.

María Bottini e Ismael Cerda, de la Fiscalía de Esquel, aseguran que se trató de un atentado contra el campo de la familia Aguado en el marco de un conflicto territorial. Al parecer, exhuman hechos sobre los que ya se expidió la justicia local. Un fallo firme de 2024 rechazó la pretensión de la Fiscalía de desalojar de “La tapera” a seis integrantes de Nahuelpán –entre ellos a Héctor– en favor de la familia Aguado, que había comprado el espacio en una maniobra fraudulenta con el Estado provincial. El fuego se inició a unos 300 metros del alambrado perimetral que limita el campo de la familia Aguado con el territorio Nahuelpán, detalló Héctor.

 

 

En otro legajo, estos mismos fiscales acusan a Victoria Núñez Fernández, Vic, de la lof Pillan Mahuiza de Corcovado, de participar en el ataque incendiario contra la estancia Amancay, ubicada al sur de Esquel, también durante el verano del 2025. Todo indica que languidece la causa contra Vic, con plazo de investigación hasta agosto de este año. El sábado a la madrugada del 18 de enero de 2025 ocurrió el siniestro en Amancay; ocho días después, el domingo 26 al mediodía, se inició el fuego en “La tapera”. Ese mismo verano docenas de vecinos de Epuyén perdieron todo en otros focos. Nuevos incendios los afectaron durante el verano que termina.

 

Chivo expiatorio

Héctor tiene 52 años, cuatro hijxs, dos nietitas. Estira un brazo para peinarse y toda la piel quemada le duele. Sigue recuperándose de las lesiones graves que sufrió y del daño emocional de la persecución política y judicial, de la mentira. Depende de su cuerpo para trabajar, así es que por ahora anda a medias.

“Soy del campo. El lugar es grande. Siempre se sale a recorrer, a mirar los animales. Uno se preocupa cuando no los ve. Es común hacer una seña a los demás. Si aparece un perro muerto o envenado, un animal mortecino, lo quema”, explicó las formas tradicionales de manejarse en el territorio, las prácticas que desconoció el fiscal Cerda en su interpretación de los hechos.

Ese fin de semana Héctor recibió la visita de uno de sus hijos y sus dos nietitas. El domingo 26 de enero a la mañana salió a caballo a buscar unos animales perdidos. Salió solo. En ese lugar casi no queda monte nativo, sólo pasto bajo y ralo, a lo mucho alguna mata de calafate o neneo, arbustos propios del lugar. Quiso avisar que había encontrado lo caballos perdidos pero el viento complicó todo. No pudo controlar la señal de humo. Pudo ser charcao (planta nativa) lo que ardió.

Fue a la casa del puestero más cercano a buscar una pala y le avisó del foco. Con la pala y su cuerpo intentó sofocar el fuego. Respiró el humo caliente hasta que no pudo más. “Hice lo que pude para tratar de apagar, solo, luchando”, rememoró, confiando en que la verdad se imponga. “El humo me perjudicó, no podía respirar”. Dejó la pala, montó a caballo, volvió a avisarle al puestero que no pudo con el fuego y regresó a su ruka. Allí, con su hijo y las nietitas tomaron la camioneta. Manejó más de cincuenta kilómetros con el ardor en la vista, los brazos en carne viva sobre el volante y las piernas agarrotadas por el dolor. No fue directo al hospital; primero avisó a la policía del incendio y después recién fue a recibir asistencia sanitaria. Recién entonces perdió el conocimiento. Supo que estuvo en coma porque se lo explicaron después.

“Uno a propósito no arriesga su vida”, reflexiona.

 

Elenco estable

Bottini y Cerda son parte del equipo de leales de Héctor Iturrioz, ministro de Seguridad y Justicia, que conduce en los hechos el Ministerio Público Fiscal a través del procurador general Jorge Miquelarena. Antes de asumir en Seguridad con la administración Ignacio Torres, Iturrioz fue fiscal general, jefe directo de Bottini y Cerda. Ella es fiscal jefa de Esquel; él, procurador de la Agencia de Delitos Complejos.

El 27 de enero del año pasado, ambos compartieron una conferencia de prensa encabezada por el gobernador, cuando individualizaron a los supuestos incendiarios del verano 2025, justificando la razzia por cinco comunidades del pueblo mapuche del noroeste de Chubut y la detención de Vic. Cuando Héctor permanecía en coma en un hospital, el propio gobernador lo señaló como autor de un incendio intencional en declaraciones a La Nación+, agregando que él mismo le ordenó al intendente de Esquel, Matías Tacceta, que le diera de baja como empleado público en un área de servicios.

En la audiencia del 9 marzo, Bottini aseguró: “No soy empleada de Nacho Torres”, molesta porque la defensa argumentó que la Fiscalía no es objetiva, ya que prejuzgó al participar en la conferencia de prensa encabezada por el Ejecutivo.

 

Fiscal Ismael Cerda.

 

Dentro de la jurisdicción del noroeste de Chubut, Cerda tiene una activa intervención en la criminalización de las comunidades del pueblo mapuche en su demanda territorial. Así fue quedando lejos su paso controvertido por la unidad fiscal de Puerto Madryn, sobre la costa atlántica, cuando en 2019 se trenzó a golpes y puñetazos con un subcomisario provincial en una carnicería. Al parecer, mantenían una disputa de intereses de cuando ambos eran policías. Cerda se desempeñó 17 años en la policía provincial, llegando a ser comisario en Tecka, según él mismo relató en aquel momento.

Las trayectorias personales pueden ayudar a comprender hechos puntuales, como el incendio del mediodía en “La tapera de Llancaqueo”, lo que vale tanto para el acusado como para el acusador.

 

 

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