Tantas veces te llenamos

La Plaza de los 50 años del golpe y las movilizaciones del Conurbano

Donde los protagonistas son todos. Foto: Ayi Cesare.

 

Dedicado a la periodista Lila Pastoriza (ex ANCLA), que parece haber esperado hasta este 24 para dejarnos.

 

Tres Madres y dos Abuelas llegaron a apreciar la madurez de una construcción popular de medio siglo, lista para ser heredada, según declararon.

A lo largo de estos 50 años, las formas adoptadas para erigirse en lo que se constató este 24 de marzo han ido variando en los modos, los contenidos, los temperamentos y hasta las emociones, desde la primera concentración importante a la salida de la dictadura, a la que asistió una persona por cada desaparecido, hasta la actual, diez veces más grande, que el ex juez Baltasar Garzón admiró con sana envidia al compararla con la exigua cantidad de jóvenes movilizados en la península europea.

En esta tierra con tres siglos de coloniaje, el intendente de una zona isleña constató “cómo miles de jóvenes, trabajadores y familias se movilizan para reafirmar el compromiso con la democracia”. Es habitual que Julio Zamora se exprese en ese sentido desde Tigre (sitio tan querido por Rodolfo Walsh, desaparecido un 25 de marzo) donde descubrió una placa en los jardines del Palacio Municipal luego de plantear que “vivimos en una sociedad que tiende al individualismo, pero la democracia implica que haya lugar para todos. La justicia, si no es social, no es justicia; es fundamental que todos estén incluidos en la comunidad. Cuando hay sectores que quedan afuera, nuestro compromiso es trabajar para que puedan ser parte”.

 

El contrato social más amplio de la postdictadura.

 

Sería tan fácil como tranquilizador quedarse en el pasado. Quizás esa ilación con el trabajo presente en torno a un mejor futuro sea lo que fastidia a quienes cuestionan la cifra de desaparecidos o la validez de las luchas armadas.

En tren de discutir, también la cifra de asistentes puede ser menoscabada u olvidada, aunque quedará la evidencia de la entrada y salida de quienes cumplieron con sus consciencias para ir, aunque fuera por un rato, al acto central de las cuatro de la tarde, proseguido por el de las organizaciones de izquierda y precedido por una vigilia desde antes de medianoche.

 

Tigre.

 

Encuentros análogos se dieron en otras provincias y en el Conurbano bonaerense. En el Cruce Varela, desde las once de la noche, lo hicieron los vecinos de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui.

 

Berazategui, en el Cruce con F. Varela 

 

Desde días antes, la jefa comunal interina Eva Mieri y la actual diputada Mayra Mendoza llevaron al ministro bonaerense de Justicia y Derechos Humanos, Juan Martín Mena, para mostrar cómo reacondicionaron los ex centros clandestinos de detención de su distrito que siguieron funcionando como dependencias policiales hasta este siglo.

En lo que Puesto Vasco (Pilcomayo 69, Don Bosco), donde tuvieron secuestrado a Jacobo Timerman y a los dueños la empresa Papel Prensa que allí les fue quitada, ahora funciona un Espacio de Memoria que el municipio reparó para abrirlo a la comunidad.

 

 

En el ex Pozo de Quilmes (Alison Bell y Garibaldi), desde donde liberaron a los pocos sobrevivientes de La Noche de los Lápices, descubrieron una placa y el mural Memoria en Marcha, tarea del Consejo Provincial de Asuntos Indígenas, realizada por los artistas originarios Lucas Quinto y Sergio Condori (Cóndor Vuela).

Mayra participó de la Carrera de Miguel, en homenaje a Sánchez, único atleta federado desaparecido, vecino de la zona de Berazategui, donde participaba Jorge Bonafini (h).

Después, con La Cámpora, pasaron a visitar a Cristina, sobre la que se mantiene una avanzada judicial de proporción inversa a la que rige sobre los genocidas.

 

Acuerdan visitas por medio de [email protected] o al 11 7895 5656.

 

En La Matanza, organizaciones de Derechos Humanos y la comunidad con coordinación municipal organizaron la 11ª vigilia, desde la tarde del lunes 23, en San Justo, con una caravana hacia el ex CCD de la Brigada San Justo –sitio de memoria desde 2013– y un acto en la Plaza de San Justo, como parte de las actividades de reflexión que realizarán durante 2026.

El 24, la matancera Verónica Magario y Axel Kicillof, gobernantes de la provincia más poblada, visitaron la Casa de las Madres de Plaza de Mayo junto a Fernando Espinoza, presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM), e intendentes que luego continuaron la marcha hacia la Plaza.

 

La Matanza.

 

En el mar verde de este 24, el intendente de Pilar, Federico Achaval, explicitó que “ser conscientes de nuestra historia nos permite pensar el presente y proyectar el futuro que queremos para todas las generaciones de nuestro país. Le decimos Nunca Más al terror y a la violencia y abrazamos la idea de una Argentina con respeto, inclusión y con oportunidades para todos”.

 

 

Todos avanzaban en un espacio adornado con imágenes contra Donald Trump y los bombardeos en Gaza, bajo globos gigantes con frases como “Dice Karina que son 29.100”, “Dice Norita que la verdad se milita”; “Dice Hebe que es del pueblo lo que se debe” o lo que decía Maradona respecto de pegarle los jubilados.

Bajo ese espectro multicolor, el jefe comunal de Merlo, Gustavo Menéndez, reflexionó: “Hay historias que siguen hablando en cada paso que damos. En cada derecho, en cada voz, en cada abrazo colectivo. No miramos al pasado para quedarnos ahí, sino para construir un presente más justo. La memoria no es un recuerdo: es una responsabilidad”.

 

 

Entre la multitud, un sobreviviente del primer acto terrorista de Estado, el bombardeo de 1955, dio un ejemplo del mejor modo de perdurar:

 

 

De otro modo lo había dicho un poeta que sería asesinado por la dictadura:

“Nos vamos a morir, nos juguemos o no. El problema no consiste en morir joven sino haber vivido al pedo”.

 

También de “Paco” Urondo fue la idea que cerró la nota central de esta semana en revista Hecho en Buenos Aires (con la que se ganan unos pesos los desocupados), coincidente con la que terminó el discurso en la Plaza:

“Que todo sea como lo soñaron, como lo soñamos”.

Encuadrados en organizaciones o asistentes por la libre, se abrazaron para saltar y cantar Jijiji, del Indio Solari, al grito de “no lo soñéeee, y se ofreció mejor que nunca”.

Se lo perdieron quienes se aferran a una minoría con pretensión de originalidad al diferenciarse de las mayorías. Seguirán sin entender qué querrá decir la evidente comunión de sentires entre artistas, desclasados, ancianos y militantes de derechos humanos.

A medio siglo del último golpe de Estado, ¿qué otro movimiento –sin palidecer en la comparación– puede esgrimir esta proeza de creciente supervivencia?

 

Cuando las cinco del pañuelo no estén, el relevo de un pueblo maduro está asegurado.

 

 

 

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