La palabra ‘pogromo’ (que deriva de la estructura fonémica de la voz ‘devastación’ en ruso) fue acuñada en el siglo XIX para designar los actos de violencia por linchamiento y destrucción de bienes, ejercida contra los judíos en el Imperio Ruso. En 1881 el zar Alejandro II fue asesinado en San Petersburgo por una bomba falsamente atribuida a un judío. El episodio dio lugar a una oleada de violencia que provocó la emigración de alrededor de dos millones de judíos a Estados Unidos y a la Argentina en el período comprendido entre 1880 y 1920. Desde entonces a los judíos en la Argentina, en tono afectuoso, se los denomina ‘rusos’, en un uso extensivo del gentilicio, que lleva también a que los emigrantes árabes reciban el nombre de ‘turcos’. Posteriormente la palabra pogromo se ha aplicado para referirse a la violencia ejercida por grupos civiles contra cualquier minoría étnica. Por este motivo, el uso de la palabra pogromo para denominar los actos de violencia ejercida por los colonos judíos contra los palestinos que habitan en los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este, resulta apropiada por tratarse de una violencia racial execrable, la ejecute quien la ejecute.
Además de los ataques directos sobre las personas, en Cisjordania los palestinos soportan la destrucción de olivos, talados o incendiados por los colonos; la demolición de hogares, así como la instalación de nuevos puntos de control y portones de hierro que aíslan a los agricultores de sus tierras, provocando la pérdida de muchas cosechas por la imposibilidad de acceder a los cultivos. La ONU ha documentado unos 9.600 ataques de colonos, solo en 2025. Esta violencia forma parte de una estrategia que busca la acelerada anexión de territorios en Cisjordania por parte de Israel. Es una estrategia abiertamente reconocida por los ministros de los partidos mesiánicos del gobierno de Netanyahu, que han expresado sin ambages la intención de anexar toda Cisjordania y desplazar forzosamente a la población palestina.
Los asesinatos
Según la ONU, los israelíes (ya sean militares o civiles) han asesinado a 2.076 palestinos en Cisjordania desde 2008. Desde octubre de 2023 la violencia tanto de colonos como de las Fuerzas Armadas de Israel, han acabado con la vida de más de 1.000 palestinos mientras el resto ha venido sufriendo desplazamientos debido a los ataques, restricciones de movimiento y demoliciones de viviendas.
En los últimos días, a raíz de la guerra contra Irán, recrudecieron los ataques contra familias palestinas. El 14 de marzo un padre, una madre y dos de sus hijos murieron a causa de los disparos de las fuerzas israelíes en la ciudad de Tammun, en Cisjordania. Khaled, el hijo mayor que sobrevivió al incidente, contó que los seis miembros de su familia estaban en su coche cuando les dispararon. Dos de sus hermanos murieron en el acto, y su padre y su madre fallecieron poco después.
El 17 de marzo decenas de colonos israelíes enmascarados irrumpieron en el pequeño pueblo de Qusai Abu al-Kebash en plena noche. Agarraron a Abu al-Kebash, lo ataron de manos y piernas y lo desnudaron. Luego le sujetaron los genitales con bridas y lo pasearon por su comunidad mientras lo golpeaban. La agresión sexual parece ser un arma nueva en el arsenal de intimidación de estos colonos, lo que apunta a un inquietante nuevo nivel de violencia.
Otro episodio adquirió gran repercusión debido a que el ejército detuvo y amenazó a un equipo de CNN que investigaba más casos de violencia en Cisjordania. Soldados de la brigada yihad judía con una insignia del Mesías en sus uniformes, amenazaron con sus armas y detuvieron a los periodistas. Los soldados admitieron que lo que estaban haciendo en el área era una venganza personal por la muerte de Yehuda Sherman, un colono de un puesto fronterizo, atropellado cuando robaba ovejas en una finca palestina. “Toda Judea y Samaria pertenece a los judíos", explicaron los soldados a los periodistas.
Esta violencia contra los palestinos no se produce de forma aislada. A menudo ocurre en presencia del ejército, que no interviene. Luego no hay detenciones, ni investigaciones efectivas, ni procesamientos. Los incidentes son considerados meras anomalías pese a que responden a un patrón recurrente. Cuando la violencia se produce con regularidad, sin la intervención de las fuerzas del orden, es evidente que estamos ante decisiones políticas deliberadas.
Según Meir Margalit, en su ensayo El delirio de Israel (Ed. Catarata), “la derecha religiosa mesiánica se ha infiltrado y domina el ejército y el Partido Likud. Círculos mesiánicos interpretan el ataque del 7 de octubre de 2023 como un signo inequívoco de la inminente llegada del Mesías. Varios rabinos de esta corriente consideran que se ha producido una llamada celestial que les exige aprovechar esta oportunidad para conquistar Cisjordania. En su libro Torat Hamelech (2009), los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur sostienen que todas las guerras de Israel lo son por la supervivencia del pueblo judío y, por lo tanto, tienen un componente celestial que no distingue entre enemigos activos y enemigos potenciales. La ley judía, afirman estos rabinos, permite matar civiles e incluso niños dado que los descendientes de Amalek “heredan el odio” de sus padres y, por lo tanto, representan un “peligro futuro”.
Los colonos judíos amenazan a familias palestinas con "quemarlas vivas" si no se marchan de Cisjordania: hay al menos una docena de heridos palestinos por palizas y golpes
Informa @Laura_chiclana pic.twitter.com/B0lhfC4DNn
— Noticias Cuatro (@noticias_cuatro) March 22, 2026
Oposición a los pogromos
Un grupo de 85 países miembros de la ONU publicaron el pasado 18 de febrero un comunicado conjunto en el que condenan la campaña de Israel para expandir su “presencia ilegal” en Cisjordania, exigen su reversión “inmediata” y rechazan “cualquier forma de anexión” del territorio palestino ocupado. La iniciativa, a la que se han sumado la Unión Europea y la Liga Árabe, defiende la creación de un Estado palestino como el único camino hacia la paz.
Por otra parte, decenas de ex embajadores y altos funcionarios israelíes han firmado una carta pública para pedir al gobierno de Israel el fin de la “violencia contra los residentes palestinos de Cisjordania”, así como el castigo a “los autores de estos actos atroces”. El grupo de firmantes, formado por 93 ex cónsules, ex embajadores y altos funcionarios del Servicio Exterior, considera que “esta violencia intolerable, que se ha intensificado al amparo de la guerra, es diametralmente contraria a cualquier valor de gobernanza y moralidad, y constituye una violación flagrante del derecho internacional y del derecho israelí”.
Los altos funcionarios israelíes también critican “la participación, en ocasiones, de soldados uniformados y el uso de equipamiento suministrado por el Estado” y alertan de “la continua erosión de la reputación global de Israel, las consecuencias de esta violencia para las relaciones exteriores de Israel y el daño que está causando a nuestro país”. “La ausencia de una respuesta adecuada por parte de los dirigentes solo puede interpretarse como un apoyo tácito”, sostienen, por lo que instan al gobierno israelí “a erradicar sin demora este fenómeno vergonzoso”.
El Presidente de Israel, Isaac Herzog, también recibió una petición firmada por más de 1.000 judíos de la diáspora, integrantes de The London Initiative, una red centrada en promover la democracia liberal en Israel, así como la paz en Oriente Medio. Instan al Presidente a usar su cargo “para poner fin a la abominación del terrorismo judío extremista y a la era de impunidad de sus perpetradores”. Herzog aseguró en respuesta a la petición de los líderes judíos de la diáspora que estaba manteniendo conversaciones con las autoridades gubernamentales, militares y policiales para poner fin a la creciente violencia de los colonos contra los palestinos en Cisjordania, que describió como “un crimen contra inocentes”.
El trasfondo
Según la columnista del diario israelí Haaretz Dahlia Scheindlin, no hay que confundir estas declaraciones con fisuras reales en el férreo apoyo de Israel a los asentamientos, la expulsión y la anexión de los territorios ocupados.
El problema es que las leyes, las instituciones, los ministerios y todas las ramas del gobierno y la burocracia israelíes están implicadas en la anexión, como lo han hecho durante décadas, alentando el despojo y la expulsión. Siempre se ha utilizado la excusa de culpar a fanáticos desquiciados, pero las declaraciones de Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y líder del Partido Sionista Religioso, no ofrecen dudas: “Estamos liquidando de facto la idea de dividir la tierra y establecer un estado de terror en nuestro corazón; estamos afianzando nuestro control mediante una cantidad y una contundencia nunca antes vistas”. Y añade: “No lo estamos haciendo en secreto ni a escondidas, sino mediante la autoridad y con permiso, sobre la mesa, en nombre del Estado de Israel, con el pleno respaldo de las Fuerzas Armadas y sus oficiales”.
Pena de muerte para palestinos
El Parlamento de Israel acaba de aprobar una ley que contempla la ejecución por ahorcamiento para palestinos condenados por asesinatos terroristas. La nueva ley, impulsada por la ultraderecha mesiánica, no contempla la misma pena para los judíos acusados de terrorismo, de modo que evidencia el espíritu racista que la anima. La degradación de la democracia israelí, responsable del genocidio de Gaza, parece cada día más irreversible. La ONG Human Rights Watch ha asegurado que si bien “las autoridades israelíes sostienen que la imposición de la pena de muerte responde a una cuestión de seguridad, en realidad afianza la discriminación y un sistema de justicia de dos niveles, ambos característicos del apartheid”. Además, ha denunciado que “la ley pretende ejecutar a los detenidos palestinos con mayor rapidez y menor escrutinio”, debido a las restricciones para apelar y al plazo de 90 días para aplicar la pena.
El Líbano en llamas
Cuando ha pasado un mes desde el comienzo de la ofensiva israelí contra Líbano —en paralelo con la campaña de bombardeos contra Irán—, el gobierno de Benjamín Netanyahu no esconde sus planes de invadir y ocupar la franja sur del país vecino. Los bombardeos contra viviendas, el desplazamiento masivo y forzoso de la población y la destrucción de infraestructuras civiles son similares a los que Israel llevó a cabo en Gaza desde octubre de 2023 y sus dirigentes buscan aplicar el mismo manual de guerra, tal y como han declarado, lo cual ya está causando una nueva catástrofe humanitaria en Líbano. Desde el inicio de la ofensiva ha matado a más de 1.200 personas, incluidos centenares de niños y niñas, y ha provocado el desplazamiento de más de 1,3 millones de personas, esto es, alrededor del 20% de la población. Israel anunció su intención de mantener el control sobre una amplia franja del sur de Líbano tras el fin de la ofensiva terrestre, y el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, detalló planes de demolición de localidades fronterizas libanesas y la creación de una “zona de seguridad” para evitar ataques desde territorio libanés.
Gaza, sin descanso
Mientras continúan las conversaciones internacionales sin mayores avances sobre la situación de Gaza, los civiles siguen siendo la parte más expuesta. Las Fuerzas Armadas continúan practicando el tiro al blanco con quienes atraviesan la imaginaria línea amarilla, y periódicamente los aviones lanzan bombas sobre las tiendas de campaña donde se refugian las familias palestinas. El balance de víctimas desde que se produjo el alto el fuego es aterrador y son ya más de 700 palestinos los civiles asesinados por Israel.
Todo este conjunto de actuaciones violentas contra los palestinos ha dado lugar a protestas por parte de algunos gobiernos europeos y son objeto de atención por los medios independientes. El diario español El País, en un reciente editorial, ha señalado que “nunca en toda la historia de Israel un gobierno había ido tan lejos como el que dirige Benjamín Netanyahu. La destrucción del orden multilateral a cargo de Donald Trump, su protector y estrecho aliado, ha proporcionado al Ejecutivo israelí la cobertura para prescindir de cualquier apariencia de legalidad, expulsar a las organizaciones de Naciones Unidas, prohibir organizaciones no gubernamentales, ningunear a la Unión Europea y actuar con las manos libres, sabiendo que nadie intentará moderar sus excesos, ni siquiera tímidamente, como solía hacer Estados Unidos. Netanyahu ha tomado nota de la oportunidad y ha liberado al extremismo israelí de cualquier pudor”. Habrá que ver si Netanyahu consigue mantener tantos platos chinos en el aire. Probablemente no pasará mucho tiempo para que sepamos en qué termina esa constante huida hacia adelante.
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