Dudas en cifras

Medición de salarios, pobreza e indigencia en los Excel oficiales

El trabajo informal crece en todas las franjas etarias.

 

Mientras discursos oficiales o comedidos insisten en consagrar al trabajo informal y no sindicalizado como panacea para conquistar réditos y libertad, los datos avalados por el propio gobierno los desmienten: la informalidad laboral, que golpea especialmente a jóvenes en edad de entrada al llamado mercado de trabajo y a adultos mayores que no pueden descansar de él, significaba en el último tramo de 2025 alrededor de un 38% menos de ingresos para el tercio de asalariados que la padecen.

Incluso con paritarias pisadas, que no son homologadas cuando perforan los techos fijados por los profetas liberales, contar con un salario en blanco y sujeto a convenios colectivos resulta mejor que la deriva mensual de la amarga sorpresa en las cuentas.

La época demanda la reiteración de verdades de perogrullo y sus hilos se cortan por lo más delgado, la corrupción minorista o la situación del transporte público, pero aun en las estimaciones oficiales —cuestionadas por la incongruencia que exhiben entre sí o los modos en que cosechan sus respuestas— se dejan ver explicaciones más robustas para el termómetro que comienzan a palpar noteros de tevé y sondeos de opinión.

 

Penas informales

Sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires concluyó que para el último trimestre del año pasado la informalidad laboral había crecido un punto en comparación con igual momento de 2024 y alcanzaba al 36,3% de asalariados, que conformaban el 60,4% del total del trabajo carente de registro.

En términos generales, los números resultan similares a los del mismo periodo del primer año de gobierno de Javier Milei y son consistentes con el comportamiento de la informalidad en la década transcurrida desde el final del segundo mandato de Cristina Fernández. Tras una caída abrupta entre la crisis de comienzos de siglo y mediados de 2008, la incidencia del empleo informal se estancó en torno al tercio del total e inició luego un periodo de altibajos con paciente tendencia al alza.

En cambio, si se observan movimientos específicos, pueden detectarse modificaciones relevantes en lapsos breves. Entre el tercer trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, último registro desagregado disponible, según el INDEC la incidencia de la informalidad creció en todas las franjas etarias de asalariados:

  • en la de entre 25 y 44 años, más de siete puntos: de 35% a 42,2%;
  • similar alza halló la encuesta en la de 45 a 64 años: de 27,6% a 34,2%;
  • entre jóvenes en edad de ingreso al mundo laboral, de 16 a 24 años, pasó 65,9% a 67,4%; y
  • en personas que superaron la edad jubilatoria de 65 años, saltó 16 puntos en doce meses: de 41,5% a 57,8%.

Inalterado permaneció, en cambio, el grado de informalidad por nivel de ingresos. La distribución en quintiles de los datos recogidos por el INDEC dibuja una pintura nítida y sostenida.

 

Gráfico: IIEP-UBA, en base a EPH de INDEC.

 

Barras y colores no parecen ofrecer indicios de que trabajar en la informalidad pueda asociarse a conseguir mejores remuneraciones, algo que descarta un dato destacado en el informe del IIEP: un asalariado bajo informalidad laboral ganaba a fines de 2025 aproximadamente un 38% menos que uno registrado, en un puesto de trabajo equivalente y con similares condiciones personales, como nivel de estudios alcanzado o edad, en la misma región del país.

El cuadro explica que los propios registros oficiales reconozcan que si un 9% de los trabajadores formales habitaban para esa fecha en hogares pobres, el porcentaje crecía a 32% si refería a quienes transitaban la informalidad laboral.

 

Salto en alto

El gran problema de la medición del ingreso informal es que depende de la consulta a quienes lo perciben, sin posibilidad de confrontarlo con datos administrativos, como sí ocurre con las remuneraciones registradas. Suponiendo voluntad en encuestadores y encuestados, el resultado queda igualmente condicionado por el cuestionario que lo busca, el rezago de hasta varios meses hasta su procesamiento y el ámbito en que se recoge, que en el caso de la EPH involucra a una treintena de aglomerados urbanos.

Fue precisamente esa estimación del ingreso informal la que permitió al INDEC obtener un índice de salarios que en 2025 derrotase a la inflación. Mientras el alza de precios reconocida por el gobierno fue de 31,5% al cabo del año, el ente estadístico encontró que los sueldos del sector privado registrado tuvieron alzas nominales del 28,7% y los del sector público, de 28,9%. En números oficiales, obtenidos con sistemas de medición que el Ejecutivo se resistió a modificar, ambos sectores perdieron ante la inflación.

El dato sorprendente es que los ingresos de asalariados no registrados habrían crecido durante 2025 un 87,9%, permitiendo cerrar un número global de 38,2%, casi siete puntos por encima de la inflación. Imposible de comprobar, y difícil de creer. El problema central parece radicar en la modificación del cuestionario que rige la encuesta del INDEC:

 

 

El porcentaje de crecimiento que el organismo adjudica al conjunto de los salarios, registrados e informales, resulta victorioso también ante las canastas que trazan las líneas de pobreza a indigencia. Sosteniendo composiciones en debate por anacrónicas, el INDEC reconoció encarecimientos anuales de 31,2% en la canasta básica alimentaria y de 27,7% en la básica total, cuya accesibilidad fija la línea de pobreza. Como su alza habría sido casi once puntos menor a la de los salarios, sustentaría la celebración presidencial sobre las millones de personas rescatadas del abismo.

Avalar la celebración ―que con cada repetición produce menor eco― equivaldría a aceptar sin reservas porcentajes que no encuentran correlato con otros indicadores económicos.

 

 

 

Caídas compartidas

Incluso dejando a salvo de toda duda o debate sus números, el Índice de Salarios del INDEC arroja un dato que ayuda a explicar el clima palpable en las calles y los sondeos de opinión.

Según el propio organismo, los sueldos registrados de los sectores público y privado perdieron ante la inflación entre septiembre de 2025 y enero de 2026, el último dato mensual disponible al cierre de esta nota. En ambos casos, fue la primera vez que ―siempre según el ente estadístico oficial― acumularon cinco meses consecutivos de derrotas ante la inflación bajo el gobierno de Milei.

La principal novedad es que en dos de los últimos tres meses de ese periodo las caídas de los salarios registrados fueron acompañadas por la de los informales, cuyas alzas habían contribuido a sostener el porcentaje general por sobre el inflacionario. Hasta entonces, los relevamientos oficiales adjudicaban a los salarios informales 18 meses de crecimiento por encima de la inflación. Ni siquiera el repunte que se les atribuyó en enero, de 4,4% respecto de diciembre, pudo colocar al índice total por encima de los saltos en las góndolas.

Incluso en los Excel más autocelebratorios se dejan ver dígitos que retratan el momento actual.

 

 

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