Nada va a ser lo que era

Crujen las certezas de Occidente y se resquebraja el poder omnímodo del petrodólar

 

El consumo de petróleo en los Estados Unidos estuvo en los últimos años en torno a los 20 millones de barriles por día y su producción local alcanzó promedios (con el mega-yacimiento de Permian a todo trapo) de 13,5 millones. Le quedó un saldo de importación cercano a los 6,5 millones de barriles/día. Y aquí se halla el punto débil de la economía americana, que necesita crudo barato, además de uno de mayor densidad como el venezolano, para mezclarlo con el que sale de los yacimientos no convencionales propios. Cuando el barril estaba a 70 dólares, esa importación le requería unos 455 millones de dólares por día (unos 16.000 millones de U$/año). Un incremento del crudo del orden del 50% (105U$/bbl) le demandará un monto extra de 8.000 millones de dólares al año. Esta sencilla cuenta introduce un panorama inflacionario en los precios de naftas, gasoil y fueloil, y una deriva del resto de la economía que, según los encuestadores de la voluntad popular, ayudará a la derrota política de Trump en la elección de noviembre del 2026.

La derrota de Estados Unidos en Oriente Medio y la perforación de la cúpula protectora de Israel, con daños en su infraestructura militar y de inteligencia, cambian los ejes geopolíticos de la región y del mundo. Occidente empieza a crujir en sus certezas. Un David se levantó contra Goliat dándole una “paliza misilística”.

Estados Unidos se halla en una encrucijada, a la que lo llevó la prepotencia de Trump y el sionismo proto-nazi de Netanyahu, que ha resultado en que el poder omnímodo del petrodólar comenzara a resquebrajarse. Las promesas de obtener con la intervención a Irán un crudo barato se fueron al tacho. Irán y los países del Golfo Pérsico, para reconstruir su infraestructura y bienestar económico, cultural y social, necesitan facturar el crudo a valores que se lo permitan. Por los avatares temporales es posible que se afirme un nuevo paradigma petrolero en torno a los 90 a 110 U$/BBL. Entiendo que el precio del crudo, por las inseguridades, se movería en esta franja. Es un precio que Irán necesita y requiere que se sostenga por un tiempo. Es el precio que abriría por largo plazo las puertas del Estrecho de Ormuz.

El imperio americano emprende nuevos desafíos de confianza con la caída por ahora a largo plazo del petrodólar. Lo ayuda su extraordinaria producción de gas natural en un 80% con fracking de 3.300 MMm3/d (la Argentina, 150 MMm3/d), que transformado en GNL le permite una exportación de más de 500 MMm3/d para recaudar de distintos países del mundo, en particular de Europa. De allí que el parate de la producción de GNL de Qatar lo beneficia y quizás ya no se ocupe de abrir Ormuz. Entiendo que Irán quedo con la posibilidad de cerrarlo en cualquier momento.

El yuan chino incrementará su curva de acenso como moneda de pago y de crédito. No solo los peajes del estrecho de Ormuz, sino los del petróleo y el gas natural en forma de GNL del Golfo Pérsico se concretarán con suerte dentro de medio año o un año en distintas monedas. Mientras tanto, Estados Unidos va a exportar más GNL. El paradigma de la energía limpia, como las eólicas y solares, va a tener desafíos para sostener en la base una generación adicional requerida por el avance imparable de las instalaciones de procesamiento de la inteligencia artificial (IA). Y es allí que el rol del gas natural en la generación eléctrica se vuelve imprescindible. Hay consumo de petróleo y gas para para rato. La frontera propuesta por los gurúes del cambio climático, de reducir casi a cero el uso de los hidrocarburos en el 2050, seguramente se correrá para más adelante.

La alianza de los BRICS crecerá como un núcleo de poder mundial. Para la Argentina es su lugar de pertenencia, del que nunca debió haber salido. Es tal el daño que le produjo que ciertamente Milei debiera ser juzgado y condenado como un criminal. El nuevo gobierno nacional y popular tiene un primer decreto ya confeccionado, que es la vuelta del país a los BRICS.

Cada vez más se expande un no interés por el consumismo. Cada vez más se percibirá que el mundo hoy no es más que una acumulación sin fin de objetos. Que el saber tenga más conciencia de un camino con cada vez más sabiduría y derechos humanos. Hay que saber si el “saber” ofrece en su último objetivo el desarrollo de armas cada vez más poderosas para la destrucción y no para salvar la tierra como habitáculo sustentable. Es necesaria una conciencia de que el mundo definitivamente tiene sentido y que no es la deflagración.

Un programa de desarrollo nuevo de la Argentina tiene una cantidad de opciones y razones en danza. Pero, cada vez más, no sabemos bien dónde estamos parados. No sólo por la anárquica gestión del “Peluca” (todo está revuelto y cuestionado), sino también por la propia confusión sobre los objetivos de la oposición. Una manera posible dentro del maremágnum del país pasa por establecer un punto de partida fijo. En el encuadre de energía y sociedad, ese punto fijo es el precio del crudo para el mercado interno, que debiera estar anclado en torno al 80% del precio internacional, lo mismo que el gas natural boca de pozo (PIST) referido al Henry Hub. Es la opción geopolítica más importante. El precio a la industria y al consumo residencial es posible con una Vaca Muerta que alimente una energía conveniente y regulada, dejando la exportación en libertad de concurrencias. Los precios al consumidor de naftas, gasoil, fueloil y gas natural en un país como la Argentina, donde existen generosos recursos naturales que son del pueblo, debieran tener un valor tope al menos un 20% menores a los precios internacionales. Debiera ser un punto de partida de un programa de desarrollo con un modelo nacional, con permanente planificación integral, estatal y federal de obras y gestión, bajo la indicación de ruta: “Nada va a ser lo que era antes”.

 

 

 

* Andrés Repar es vicepresidente Instituto de Energía Scalabrini Ortiz (IESO).

 

 

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