La profecía de Gog, gobernante en la tierra de Magog, aparece en los capítulos 38 y 39 del Libro de Ezequiel, en el Antiguo Testamento. Según este relato bíblico, Gog dirige una vasta coalición militar de naciones que atacan el pueblo de Israel tras su reunificación. Dios interviene directamente en la contienda provocando grandes terremotos y lluvias torrenciales de fuego y azufre, que permiten que el ejército invasor sea derrotado en los montes de Israel. La magnitud de la derrota es tal que las armas de los vencidos sirven de leña durante siete años y se necesitan siete meses para enterrar a todos los muertos. Simbólicamente esta batalla representa el enfrentamiento final entre las fuerzas del mal y Dios. En la tradición judeocristiana, se asocia frecuentemente con los eventos del fin de los tiempos o Armagedón. El simbolismo se vuelve aún más claro en el Apocalipsis (20:8), donde Gog y Magon representan todas las naciones rebeldes en el conflicto final entre el bien y el mal.
Estas profecías, que para un agnóstico son ingenuas e irrelevantes, alcanzan gran importancia en las religiones proféticas como el judaísmo, el islam y el cristianismo. Como señala Hans Küng en El Judaísmo (Ed. Trotta), “la concentración en el Dios uno se manifiesta muy frecuentemente no sólo como confrontación con las otras religiones, sino también como excomunión e incluso como destrucción –mediante guerras santas– de los que tienen otro credo”. El inmenso apoyo político y financiero que hasta ahora han venido prestando los sionistas evangélicos en Estados Unidos a Israel se basa en profecías de este calibre.
A la espera del Mesías
El sionismo evangélico encuentra su origen en la teología protestante de rasgos puritanos de fines del siglo XVI. El sacerdote evangélico inglés Edward Bickersteth escribió un libro en 1841 titulado La restauración de los judíos a su propia tierra. Defendía la idea de que el solo establecimiento del reino de Israel haría volver a la tierra al hijo de Dios y llevaría a cabo la completa cristianización del mundo. De modo que en lo sustancial pensaba, junto con algunos aristócratas ingleses como Lord Shaftesbury, que la “restauración” en Oriente Próximo podía acabar con la fe judía y facilitar la redención cristiana del mundo. Este uso político de las profecías bíblicas estuvo siempre presente en el movimiento protestante que, con el objetivo de diferenciarse del catolicismo, recuperó los relatos del Antiguo Testamento. De este modo se produjo un fenómeno llamado “interpretación profética judeo-céntrica”, es decir, considerar al pueblo judío como un elemento importante para la interpretación de los acontecimientos futuros.
El sionismo evangélico pertenece a esa rama del “dispensacionalismo” que entiende la narrativa bíblica como una cadena histórica de pactos entre Dios y el hombre y sostiene que el reino de Jesucristo se concretará en el futuro, cuando los judíos vuelvan a su tierra. En la actualidad, algunos evangélicos consideran que con la creación del Estado de Israel ya se estaría concretando el profético regreso de judíos a Tierra Santa. Por lo tanto, para estos sionistas evangelistas cristianos contemporáneos, no hay tarea más importante que fomentar el regreso de judíos a Israel porque la creación de dicho Estado es una señal del tiempo final, un anuncio del regreso del Mesías.
Los evangelistas sionistas también se basan en el Antiguo Testamento para sostener el relato bíblico sobre el enfrentamiento entre Isaac e Ismael, los dos hijos del patriarca Abraham. El primero, su hijo legítimo, sería el continuador auténtico de sus enseñanzas, mientras que Ismael, fruto de la relación con una esclava, habría dado nacimiento a las religiones islámicas. De este modo el conflicto en Medio Oriente viene a ser de origen divino, y tiene que ver más con el deseo de Satán de hacer que Dios rompa sus promesas que a razones geopolíticas. Esta supuesta guerra entre judíos y árabes fue luego transformada en una versión laica en el libro de Samuel Huntington El choque de civilizaciones.
La expansión en Estados Unidos
El Presidente Ronald Reagan, que abrazó la teología dispensacionalista, promovió durante sus dos mandatos (1981-1989) el sionismo evangélico predicado por el evangelista Jerry Falwell. La campaña Moral Majority de Falwell ayudó a elegir a Reagan y convirtió a Israel en un principio central de sus sermones, afirmando que “estar en contra de Israel es estar en contra de Dios” y apoyó la expansión de asentamientos israelíes en tierras palestinas en la década de 1980. Según Haaretz, el gobierno israelí le regaló a Falwell un avión privado por sus relevantes esfuerzos.
Más adelante, en el año 2006, la organización que tomó abierto partido por Israel desde el evangelismo cristiano en Estados Unidos ha sido Cristianos Unidos por Israel (CUFI, según el acrónimo inglés), fundada por el pastor John Hagee. De acuerdo con cifras proporcionadas por la propia organización, cuenta con más de 10 millones de afiliados en los 50 estados de la Unión y se considera que ejerce influencia sobre alrededor de 50 millones de simpatizantes. Según sus estatutos, la CUFI “lucha para actuar como un escudo defensivo contra las mentiras anti-israelíes, los boicots, la mala teología y las amenazas políticas que buscan deslegitimar la existencia de Israel y debilitar las estrechas relaciones entre Israel y los Estados Unidos”. Según los profesores norteamericanos John Mearsheimer y Stephen Walt en El Lobby Israelí, “al proporcionar apoyo financiero al movimiento de los colonos y al lanzar toda clase de invectivas en público en contra de las concesiones territoriales, los sionistas cristianos han reforzado las actitudes de la línea dura tanto en Israel como en Estados Unidos”.

Uno de los principios más controvertidos del movimiento sionista cristiano llama a la construcción de un templo judío en el Monte del Templo en Jerusalén, un sitio sagrado para muchas religiones que también alberga la mezquita de Al-Aqsa, el tercer sitio más sagrado del islam. Una vez que este llamado “tercer templo” sea construido, los sionistas cristianos creen que los judíos regresarán a la Tierra Santa y que novillas rojas serán sacrificadas, dando inicio al Apocalipsis. Durante estos tiempos finales, supuestamente los judíos se convertirán al cristianismo o “serán condenados al infierno”. Tan convencidos están de las profecías bíblicas que ganaderos estadounidenses han estado criando novillas rojas para tal sacrificio. En agosto del año pasado el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, que se describe a sí mismo como sionista cristiano, se reunió con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un sitio israelí que alberga a estas vacas rojas en Cisjordania, preparadas para recibir al Mesías.
En una entrevista publicada en febrero de 2026, Huckabee le dijo al comunicador Tucker Carlson que “estaría bien si [Israel] se quedara con todo” el territorio de Oriente Próximo basándose en un derecho bíblico. El embajador norteamericano citó el pasaje de Génesis 15, que describe la tierra prometida al pueblo judío desde el río Nilo (Egipto) hasta el río Éufrates (Irak/Siria). Carlson, sorprendido, le señaló que eso abarcaría básicamente todo Oriente Próximo, incluyendo partes de Jordania, Líbano, Siria, Arabia Saudí e Irak. Ante la pregunta directa de si Israel tenía derecho a toda esa tierra, Huckabee respondió que “estaría bien si lo tomaran todo”.

La influencia sobre Trump
Ocho meses antes de ser electo Presidente de Estados Unidos por primera vez, Donald Trump prometió en una conferencia ante el Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos-Israel (AIPAC) que desmantelaría el acuerdo nuclear con Irán y llevaría la embajada de Washington a Jerusalén, “la capital eterna del pueblo judío”. “Cuando sea Presidente, los días en que se trata a Israel como un ciudadano de segunda clase habrán terminado”, dijo Trump en aquel discurso de marzo de 2016. Por su parte, el pastor John Hagee de Cristianos Reunidos por Israel reveló que había mantenido audiencias en la Casa Blanca con Trump y el Vicepresidente Mike Pence para urgirlos a que mudaran la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Trump había conseguido el apoyo financiero para su campaña de Sheldon Adelson, un multimillonario de los casinos que ha sido uno de los principales donantes de grupos pro Israel y mantenía un vínculo muy estrecho con Netanyahu. Después de que Trump llegara a la presidencia, Adelson usó su influencia para asegurar el cumplimiento de la promesa de trasladar la embajada a Jerusalén, según informó el diario The New York Times. El cambio de la embajada de Estados Unidos en Israel, de la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén, finalmente se materializó en mayo de 2018, en el contexto de la celebración de los 70 años de la proclamación del Estado de Israel. De modo que estos antecedentes revelan que la actual guerra con Irán tiene viejos espónsores.
Confluencia de derechas
Según informa Noa Landau en Haaretz, “durante muchos años, Benjamin Netanyahu, con la ayuda de una bien engrasada maquinaria de organizaciones, donantes y asesores, supervisó la formación de una alianza artificial entre la derecha cristiana (principalmente, aunque no exclusivamente, en Estados Unidos) y la derecha judía”. Esta ha sido una tarea ardua, porque existe una diferencia teológica importante. La profecía bíblica sobre la conversión de los judíos al cristianismo (o sea el reconocimiento de Jesús como Mesías al momento de la Segunda Venida) se basa principalmente en una interpretación de textos de San Pablo en su Carta a los Romanos y un pasaje de Zacarías (12:10) que describe el momento en que Jesús regresa y es reconocido por los moradores de la casa de David. Los evangelistas sionistas confían en el cumplimiento de la profecía apocalíptica en la que Israel y los infieles judíos se convierten al cristianismo, mientras que la derecha ultra ortodoxa judía ignora deliberadamente la segunda parte de la profecía para reivindicar solo la primera, en la que judíos de todo el mundo regresan a Israel para vivir en paz y seguridad. Paradójicamente, las víctimas propiciatorias de este concierto rocambolesco entre las derechas mesiánicas son los palestinos, que tienen un sector de población cristiana vinculada a Roma.
La derecha cristiana en Estados Unidos se encuentra actualmente en medio de una transformación ideológica fundamental. Las posiciones adoptadas por el comunicador conservador Tucker Carlson y otros afines del movimiento MAGA reflejan una creciente tendencia entre los cristianos estadounidenses a alejarse de una ética judeocristiana que privilegia la Biblia hebrea y ciertos ideales judaicos. Según Esther Solomon, también en Haaretz, “existe un creciente consenso entre la derecha y la izquierda estadounidenses con respecto a la oposición a la guerra contra Irán, junto con un profundo escepticismo sobre el valor de Israel como aliado de Estados Unidos y el costo (tanto monetario como moral) de la alianza”. Carlson fue duramente atacado por la entrevista en la que dejó en ridículo al embajador norteamericano en Israel. Sin embargo, llamativamente, el presidente de la conservadora Fundación Heritage, Kevin Roberts, defendió a Carlson declarando que “mi lealtad como cristiano y como estadounidense es primero con Cristo y siempre con Estados Unidos”. Añadió que “los conservadores no deberían sentirse obligados a apoyar por reflejo a ningún gobierno extranjero, por muy fuerte que sea la presión de la clase globalista o sus portavoces en Washington”. La Fundación Heritage publicó un informe de políticas que exigía a Estados Unidos reducir gradualmente su ayuda militar directa a Israel para 2047.
Son varios los motivos que llevan al creciente distanciamiento entre la derecha evangélica norteamericana y la ultraderecha israelí. Cada vez resulta más difícil para sectores cristianos –que teóricamente siguen las enseñanzas de Jesucristo de “ofrecer la otra mejilla”– defender un Estado que está cometiendo un genocidio a la vista de todos y que no ha reparado en bombardear una iglesia católica en Gaza. En julio de 2025, el ejército de Israel bombardeó el complejo de la Iglesia de la Sagrada Familia, la única parroquia católica en la Franja de Gaza, causando con el ataque tres muertes, varios heridos y daños estructurales en el templo que servía de refugio a cientos de desplazados cristianos. Por otro lado, los “hardali”, que representan sectores del fundamentalismo sionista judío, siempre han perpetrado atentados contra las comunidades católicas. La reciente destrucción de una estatua de Jesús por un soldado israelí en el Líbano y la agresión a una monja en Jerusalén son episodios provocados por estos sectores, que reciben apoyo de los ministros ultraderechistas del gabinete de Netanyahu que conservan reservas teológicas e históricas contra la Iglesia Católica, acusada de favorecer en otras épocas el ancestral antisemitismo.
Detenido un extremista por la brutal agresión a una monja francesa en Jerusalén. El ataque, que involucró un asalto violento y múltiples patadas, ha generado preocupación por un posible patrón de hostilidad hacia miembros del clero.
— Amanda 🦋 (@mascarpone79.bsky.social) 2026-05-01T10:24:19.428714+00:00
A estas diferencias religiosas se debe sumar que en la guerra contra Irán, Israel y Estados Unidos han aparecido intensificando la cooperación militar con algunos de los países del Golfo Pérsico, en especial con Emiratos Árabes Unidos, a los que Israel le cedió un escudo antimisiles. Estas relaciones encajan poco con la visión tradicional de la derecha cristiana norteamericana y su concepción del enfrentamiento radical del choque de civilizaciones.
La teología y la geopolítica nunca se han llevado del brazo. Por ese motivo las guerras de religión pueden tener consecuencias imprevistas que desbordan las previsiones originales. Y con Trump sentado en el asiento del conductor y Netanyahu en el de acompañante, hasta lo más imprevisible se torna posible. El jurista italiano Vincenzo Pellegrino ha reflejado en un par de frases la dramática situación que actualmente atraviesa el mundo: “El momento de mayor peligro –cuando la teología y la estrategia nuclear convergen de forma explosiva– se produce cuando un liderazgo empieza a interpretar su situación desde una perspectiva escatológica. No se trata simplemente de creer que el Estado tiene un mandato divino: es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia”.
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