Desde hace algunos años, Estados Unidos se ha especializado en bloquear por distintos medios la contratación de médicos cubanos que se animan a prestar servicios en lugares del mundo donde los profesionales de la salud locales se niegan a ir, constituyéndose de esa manera en pilar de la atención médica en toda la región caribeña y sudamericana.
La primera misión médica cubana importante se desplegó para ayudar a Chile tras el devastador terremoto de 1960. Poco después, evolucionó de una iniciativa de crisis a una serie estructurada de acuerdos entre Cuba y otros países de América Latina y el Caribe, como también de fuera de la región, para subsanar las deficiencias de los sistemas de salud nacionales ejerciendo en regiones remotas o zonas urbanas adonde los profesionales locales no quieren trasladarse.
Para justificarlo, el gobierno yanki alega que el programa oficial cubano de ayuda médica es un régimen de trabajo forzoso que obliga a los profesionales a ejercer en el extranjero con el propósito de aportar divisas al Estado cubano, extrayéndoles compulsivamente a esos médicos entre 80 y 90% de las pagas que reciben en los países donde actúan. Sin embargo, la historia desmiente ese relato, ya que desde el inicio el gobierno cubano revolucionario ha enviado misiones de médicos para ayudar en situaciones de crisis sanitarias o catástrofes naturales, cuando no median retribuciones monetarias.
En una reciente vuelta de tuerca al torniquete aplicado por Estados Unidos a Cuba, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó: “Nuestra acción envía un mensaje inequívoco: Estados Unidos exige responsabilidades a quienes facilitan el esquema de exportación de mano de obra forzada del régimen cubano”. Estados Unidos también aprobó recientemente una ley que le permite imponer sanciones a los países que colaboran con médicos cubanos.
Más allá de Trump, los gobiernos gringos no soportan que en una pequeña isla rijan y se efectivicen otros valores –humanistas, absolutamente en las antípodas de los de la época individualista actual– como la solidaridad. Peor aún, que los pongan en práctica no sólo en el propio país sino también en otros donde se los requiere y acuden profesionales médicos cubanos que se instalan en áreas marginales o lejanas, carentes de medicina social. A más de seis décadas de la Revolución Cubana, que desalojó a la dictadura y a los gringos que usaban la isla como prostíbulo cercano, todos los intentos (que no fueron pocos) para terminar con la revolución (siempre con apoyo de variado tipo de Estados Unidos) fracasaron rotundamente: los valores humanistas siguen vigentes en la isla y han gestado, entre otros, un programa de profesionales médicos formados en Cuba que acuden a países del Sur Global que los necesitan y reciben de brazos abiertos.
Las intervenciones sanitarias de Cuba en el extranjero resultaron especialmente trascendentales en la lucha contra el apartheid sudafricano y el dominio de la minoría blanca en el sur de África. Fue esta solidaridad material la que llevó a Nelson Mandela a declarar durante su visita a La Habana en 1991, poco después de su liberación, que “el pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África”.
En contra de las afirmaciones de todos los gobiernos de Estados Unidos, la principal exportación de Cuba al Tercer Mundo no han sido bombas para segar vidas –como sí es el caso de Estados Unidos– sino médicos para salvar y sanar vidas. Desde 1960, fueron más de 600.000 profesionales de la salud que acudieron a más de 160 países. Al hacerlo, Cuba no solo ha promovido el principio y la práctica de que la atención médica es un derecho humano, sino también una visión de la educación y la política exterior basada en la ciencia y una conciencia humanística.
Por otra parte, los países donde los médicos cubanos trabajaban no tienen posibilidades de sustitución, por lo cual las poblaciones (marginadas, vulneradas) que se beneficiaban de aquella ayuda profesional quedan sin ella, con todas las consecuencias sociales y poblacionales, ya que los gringos –cual perro del hortelano– presionan hasta lograr que los cubanos tengan que irse sin ocuparse que los sustituyan otros médicos.
Durante más de seis décadas, Cuba ha representado un ejemplo a seguir: la posibilidad de construir una sociedad más justa y humana, en la que el Estado esté al servicio del pueblo y no al revés. Es hora de poner fin a la insensatez de la política estadounidense hacia el país caribeño y reconocer que Cuba no es un Estado fallido, sino un Estado sometido al asedio criminal. No patrocina el terrorismo, sino que es víctima de la agresión sostenida de Estados Unidos.
El bloqueo económico in crescendo, utilizado por las élites gobernantes de la mayor potencia financiera y militar del mundo, ha tenido consecuencias particularmente devastadoras en la isla para madres e hijos. Con el agravamiento de las medidas punitivas de los últimos años, la tasa de mortalidad infantil aumentó de 4 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025. En otras palabras, se estima que 1.800 bebés cubanos murieron durante estos años, bebés que habrían sobrevivido de no ser por las intensificadas sanciones criminales de Washington. Esta es solo una muestra contundente de la profunda brutalidad e inhumanidad del bloqueo.
El único “crimen” de esos niños, como el de innumerables cubanos, fue haber nacido en un país que insiste en su derecho a determinar su propio futuro político y económico al margen de las estructuras de dominación hemisférica que Estados Unidos ha intentado imponer en América Latina, el Caribe y el resto del mundo, así como extinguir el ejemplo que representó la revolución: que era posible una alternativa a la hegemonía estadounidense y al subdesarrollo capitalista.
Curiosamente, puede concluirse que el american way of life que desde la posguerra se había extendido por todo el mundo casi por ósmosis, chicle Bazooka y Coca Cola en el siglo XXI, es impuesto mediante la política del gran garrote a través de guerras, secuestros, bombardeos y aprietes “diplomáticos” que matan a niños recién nacidos, tal como evidencia hoy día el caso cubano.
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