En los comienzos fue la CNEA. Creada por Perón el 30 de mayo de 1950, todo lo que hoy existe en la Argentina relacionado con la industria y la tecnología nuclear emergió como desprendimiento de la CNEA, por su iniciativa e impulso. Los efectos multiplicadores –geopolíticos, productivos, tecnológicos, científicos, culturales– son inabarcables.
En febrero de 2014, la CNEA inició la construcción de una de las apuestas tecnológicas más importantes en la historia argentina. En el predio de la empresa Nucleoeléctrica, en Atucha, se realizó el primer hormigonado del CAREM-25 –prototipo de pequeño reactor nuclear de baja potencia para producir electricidad 100% nacional–, amparado por la Ley 26.566/2009, que lo declara de interés nacional. Este proyecto se propone competir en la carrera de los llamados pequeños reactores modulares (SMR, por sus siglas en inglés). El mercado de los SMR aún no existe, está en proceso acelerado de conformación. Se proyecta una alta demanda de esta familia de reactores en la década siguiente.
De hecho, es probable que se esté incubando una burbuja financiera alrededor del proceso de irrupción de esta nueva tecnología, a juzgar por los más de 120 proyectos declarados alrededor del mundo, de los cuales solo dos están en operación –en China y Rusia–, menos de diez en construcción –entre ellos el CAREM-25–, y alrededor de 110 están en el papel [ver acá y acá]. En este escenario, Estados Unidos aspira a transformar su patio trasero en consumidor de los futuros reactores SMR “made in USA”. Trump ordena, Milei y lacayos cumplen.
Vale la pena revisar, a continuación, el proceso fraudulento de paralización del CAREM y el estatus del reactor ACR-300, el SMR patentado por INVAP en Estados Unidos, que se encuentra hoy en el populoso grupo de los reactores de papel –que podrían estar bombeando una burbuja especulativa–, y que Demián Reidel y Milei utilizaron como pantalla para complacer a su verdadero y único Jefe de Mar-a-Lago.
Paralización de facto
Desarrollar reactores nucleares para producir electricidad es el premio mayor que no logra alcanzar el sector nuclear argentino. Es poco conocida la historia de los tenaces, permanentes y eficaces palos en la rueda del Departamento de Estado de Estados Unidos, desde la década de 1970, para evitar que la Argentina pueda fabricar reactores de potencia. En los últimos años, los esfuerzos del hegemón decadente se concentran con éxito en paralizar el desarrollo del CAREM-25.
Los detractores locales sostienen que el proyecto viene de cinco décadas atrás. Es falso. La genealogía del proyecto –no el proyecto CAREM– se remonta a fines de la década de 1970. Pero el proyecto CAREM, con trayectoria semejante al SMR estadounidense NuScale, se inicia a fines de los años ‘90. En la memoria anual de CNEA de 2000 se lee que “la CNEA ha avanzado, en el último período, en el diseño y la ingeniería conceptual del reactor de potencia innovador CAREM”. También se agrega:
“Durante 2000 se comenzó la ingeniería básica temprana en las áreas temáticas críticas y se hicieron ensayos de caracterización de componentes críticos. El próximo paso es la construcción de un prototipo para verificar el diseño integral y la obtención de datos para optimizar el diseño de reactores CAREM comerciales, de mayor potencia” [1].
El proyecto arrancó y tomó impulso con Cristina en la presidencia, el macrismo lo continuó en el período 2016-2017 y el mega-endeudamiento de Macri lo hizo colapsar. Con sus tiempos, Alberto Fernández lo retomó. En abril de 2022, una delegación de Estados Unidos visitó la Argentina. La jefa de la delegación, Ann Ganzer, funcionaria del Departamento de Estado, le dedicó varias alusiones públicas al desarrollo del CAREM-25. En una entrevista del diario La Nación (11/04/22), dijo Ganzer: “Queremos asociarnos con la Argentina para proveer estos reactores al resto de la región. Tal vez el que está diseñando la Argentina o alguno nuestro o de algún otro país”. Por supuesto que la única opción real era “alguno nuestro”, como se avisó desde El Cohete a la Luna en mayo de 2022.

A comienzos de marzo de 2023, la Nuclear Energy Agency (NEA) de la OCDE realizó una evaluación de los principales proyectos de SMR que se estaban desarrollando en el planeta. Analizó seis dimensiones: estadio del proceso de licencias, sitio de emplazamiento, financiamiento, cadena de suministro, compromisos para futuros desarrollos y elementos combustibles. Se seleccionaron para el análisis 56 proyectos por su grado de viabilidad. El CAREM figuraba en ese momento entre los cinco primeros.
El proyecto se encontraba en diciembre de 2023 en el 64% de avance general. En términos más específicos, estaba en un 84% de avance la ingeniería de detalle, y en un 78% los componentes electromecánicos, listos para la compra. A casi cuatro meses de asumir Milei, el 27 de marzo de 2024, un comunicado firmado por 13 gerentes/as de la CNEA advertía sobre la sequía presupuestaria y sobre la ralentización del avance en la construcción del CAREM-25. El mismo día, Infogremiales contaba: “La UOCRA confirma también un centenar de despidos en la construcción del reactor nuclear CAREM-25”.
🇦🇷⚛️ 27 de marzo de 2024
Situación Presupuestaria Crítica en COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA #CNEA
Comunicado de gerentes y gerentas de área de la Comisión a todo el personal del organismo
PDF https://t.co/N3mVKIqOtr
+ pic.twitter.com/7RqkHNJBII— DefendamosLaCienciaArgentina (@DefLaCienArg) March 28, 2024
A fines de mayo de 2024, el nuevo presidente libertario de CNEA, Germán Guido Lavalle, sostuvo en una entrevista que iba a someter al CAREM-25 a un proceso de “revisión crítica de diseño”. El 6 de junio, a través de la Resolución 262, formalizó el “Comité de revisión de pares”. En la lista de miembros figuraba un doctor en ingeniería mecánica que, a las pocas semanas, publicó en el diario Los Andes un artículo que comienza así: “Para comprender las razones del fracaso del proyecto CAREM debemos retrotraernos al origen y objetivo del mismo”. Es decir, un miembro del Comité conformado para evaluar cómo había que seguir avanzando con el CAREM-25, antes de evaluar nada, publicó que el proyecto era un fracaso. Tratándose de un desarrollo con futuro comercial, estas declaraciones deberían haberse desmentido de forma enfática. En silencio, se desplazó al illuminati.
Mientras se usaba de pantalla la supuesta “revisión crítica de diseño” –retrospectivamente, una farsa apurada, sin mínimo rigor–, en septiembre se puso fin a 140 contratos con empresas. Hasta esa fecha habían sido despedidos alrededor de 230 trabajadores de la obra civil, que superaba el 90% de avance. Los gremios UOCRA y UECARA realizaron medidas de fuerza.
El presidente de la CNEA respondió el 10 de septiembre a los reclamos con un comunicado donde afirmaba que “la obra del Reactor Nuclear Modular CAREM continúa y no se ha detenido”. Agregaba que “la baja registrada en diversos contratos se debe al avance y finalización de la obra civil”. Y continuaba: “La obra civil está esencialmente terminada. Faltan detalles que se van a ir completando en los próximos años, a medida que avancen los temas de ingeniería y el montaje electromecánico”. Ahora bien, la obra civil no estaba terminada y los contratos no estaban finalizados. De todas formas, la obra se paralizó y quedó en régimen de mantenimiento, desde entonces en franca degradación.

Anunciomanía
El 10 de diciembre de 2024, por cadena nacional, Milei sostuvo que iba a dar a conocer pronto un supuesto “Plan Nuclear Argentino”. Ese mismo día comenzó a circular que la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos había aprobado una patente de un SMR desarrollado por miembros de la empresa INVAP, llamado ACR-300, que se encontraba en etapa de ingeniería conceptual, es decir, en el papel.
Con escenografía solemne, el 20 de diciembre por la noche, Milei y Demián Reidel, en ese momento jefe de Asesores del Presidente, anunciaron el “Plan Nuclear Argentino”. El primer paso de este plan, sostuvo Reidel, era la construcción de un reactor SMR en el predio de Nucleoeléctrica, en Atucha. La palabra “CAREM” no fue pronunciada. Al margen de los muchos desatinos de la intervención de Reidel –como ciudades nucleares en la Patagonia, o que se terminaría con los cortes de luz–, era paradójico que se anunciara que se iba a invertir en un SMR que apenas arrancaba y que se instalaría en las vecindades del mismo predio donde habitaba el CAREM-25. Este y otros rascacielos verbales ocurrían en paralelo al 30,67% de pérdida de poder adquisitivo de los salarios del personal de la CNEA –a lo largo de 2024– y un recorte de 27,5% de su presupuesto.

En enero de 2025, cuando ya era evidente que la paralización del CAREM-25 era un mandato quirúrgico, Reidel anunciaba que se construirían cuatro ACR-300 en Atucha. ¿Quién los construiría? La patente de este SMR había motivado la creación de la empresa Meitner Energy, con 40% de participación accionaria de Black River –filial de INVAP en Estados Unidos– y el otro 60% en manos del grupo estadounidense Ansari, que aportaba 50 millones de dólares para desarrollar el ACR-300. En paralelo, en febrero, se concreta la extranjerización de IMPSA, que pasa a manos de la empresa estadounidense ARC Energy, que con esta compra pasaba a tener a su cargo el desarrollo del recipiente de presión del CAREM-25 y, especialmente, la capacidad de fabricación de recipientes de presión para futuros SMR.
Mientras Meitner Energy, aprovechando los salarios de pobreza de la CNEA, comenzaba a succionar profesionales y técnicos, el presidente de la CNEA, Guido Lavalle, se dirigía al personal en el discurso de fin de año. “Seamos honestos intelectualmente –dijo–, no vamos a vender 50 CAREM, sabemos que no es así, que no es económicamente competitivo ese reactor”. Y finalmente concluyó: “El CAREM es donde estamos aprendiendo a hacer reactores”. ¿En qué se fundamentaba este anuncio? La única justificación era la llamada “revisión crítica de diseño”, una teatralización que, ahora quedaba claro, había sido diseñada para dar algún respaldo a la decisión ex ante de paralizar el CAREM-25.
Apremiado por sus propias improvisaciones, mientras que en septiembre del año anterior Guido Lavalle había sostenido que “la obra del Reactor Nuclear Modular CAREM continúa y no se ha detenido”, ahora explicaba que había encargado a un grupo de CNEA un documento de requerimientos para evaluar nuevos diseños conceptuales. “Recibí el primer borrador del documento –explicó–, un brillante documento analizando las distintas tecnologías, si en la Argentina vamos a hacer un reactor de sales fundidas o de sodio líquido”. Por supuesto que nunca más se supo nada de la maravilla lingüística.
Pasemos en limpio. Reidel habla del SMR de papel de INVAP. Guido Lavalle de reactores que habitan en “un brillante documento”. Horas antes del fin de 2024, también nos enteramos que la empresa argentina Nuclearis presentó al gobierno el diseño de otro SMR que busca inversores. No sería un problema que debajo de cada baldosa pareciera haber un proyecto de SMR argentino, si no fuera que el único proyecto real, que lleva 690 millones de dólares invertidos por el Estado nacional, fue paralizado por presiones geopolíticas.
Todos los caminos conducen a Washington
La fuga hacia adelante siguió con el anuncio de la “fase 1” del Plan Nuclear Argentino, a comienzos de marzo de 2025, que consistía en la construcción de cuatro reactores ACR-300 en el predio de Nucleoeléctrica, en Atucha. La fase 1 se concretaría en cinco años, un plazo irrealizable. En una entrevista en Infobae, Reidel cuenta que la “fase 2” consistía en “aprovechar la comercialización de estos reactores modulares para venderlos con un compromiso de compra de uranio argentino”. Al margen de que confunde “uranio” con “elementos combustibles”, agregaba que “si nosotros desarrollamos este reactor a tiempo y tenemos poder monopólico u oligopólico en su comercialización, podemos aprovechar la enorme demanda que va a haber sobre esto para imponer ciertas condiciones de venta”. A la pregunta del periodista sobre si había “fase 3”, Reidel responde: “Sí, es la más visionaria para el futuro. Es mi sueño, la llamo ‘Nuclear City’”.
En abril, Reidel fue nombrado presidente de la empresa pública Nucleoeléctrica. En el camino, a mediados de junio, también se mostró con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, y el presidente de YPF, Horacio Marín, para anunciar la creación de YPF Nuclear para impulsar la minería de uranio que reclamaba Trump, como explicitó Scott Bessent en Fox News en octubre: “la Argentina es rica en tierras raras y en Uranio. Están comprometidos con la entrada de empresas privadas estadounidenses”.
Esta película tuvo un final abrupto: el Lobo de Wall Street que soñaba una “Nuclear City” tuvo que escapar por los sótanos de Nucleoeléctrica por sobreprecios en un contrato de limpieza, según versiones internas a la empresa. ¿Y la ristra de anuncios?
El 9 de diciembre, el Ministerio de Economía nos cuenta en un “Comunicado Oficial” que la Argentina se convertirá en la “Arabia Saudita del uranio”. Diez días más tarde, la Embajada de Estados Unidos comunicaba la decisión de la Argentina de convertirse en el primer país de América Latina en sumarse como socio contribuyente al programa de Infraestructura Fundamental para el Uso Responsable de la Tecnología de Reactores Modulares Pequeños, o programa FIRST, que se propone aportar “soluciones de energía nuclear civil, incluyendo el uso de pequeños reactores modulares (SMR)”. Es decir, el gobierno de Milei se sumaba al rebaño de compradores de los futuros SMR estadounidenses.
Si restaba alguna ironía por ejecutar, el CEO de la IMPSA extranjerizada, Omar Salcedo, la materializó en una entrevista para Forbes, a mediados de marzo de 2026. Salcedo sostuvo que el recipiente de presión del CAREM-25 se utilizará “como una carta de presentación para vender este tipo de materiales a los desarrolladores de reactores modulares pequeños (SMR) en Estados Unidos”. Salcedo explicaba que “los desarrolladores de reactores modulares en Estados Unidos están proyectando construir entre 15 y 30 unidades cada uno. IMPSA tiene actualmente la capacidad de fabricar entre tres y cuatro vasijas al año, con posibilidad de expandirnos”.
Así llegamos al presente, con el CAREM-25 sepultado y la Argentina alineada para comprar reactores SMR “made in USA” y entregar el uranio a la industria nuclear de Estados Unidos, mientras el grupo ARC Energy utiliza los aprendizajes logrados por IMPSA con inversión pública argentina para fabricar los recipientes de presión de los SMR “made in USA”.
¿Especulación financiera con reactores?
En esta tragicomedia tecnológica libertaria, aún nos queda una pieza suelta: ¿cuál es la proyección del ACR-300 en manos de la empresa Meitner Energy?
Como dijimos, una posibilidad es que los SMR estén generando una burbuja financiera montada en la expectativa de alimentar la demanda masiva de electricidad de los centros de datos de IA. En este contexto, el grupo estadounidense Ansari, dueño del 60% de la empresa Meitner Energy, invirtió 50 millones de dólares para pagar salarios a profesionales y técnicos succionados en su mayoría de CNEA. El objetivo es mostrar una vidriera que genere credibilidad en el proyecto ACR-300, en etapa de validación de diseño –donde estaba, como vimos, el CAREM en 2000–, para buscar inversores privados o, eventualmente, sacar a la bolsa a Meitner Energy cuando se comience a agotar la inversión inicial.
En esta segunda opción, se podrían recaudan alrededor de 200 millones de dólares en venta de acciones. Recuperados los 50 millones invertidos más 150 de ganancia, Ansari se podría retirar dejando un cráter en la CNEA y a los profesionales y técnicos a la buena de Dios. Hace unos días, un ex presidente de Shell en la Argentina, Teófilo Lacroze, asumió como CEO de Meitner Energy, que también habilitó hace un par de semanas una página web. Si se avanzara por el camino legítimo –conseguir inversores para desarrollar el ACR-300–, no queda claro que una empresa de mayoría estadounidense pueda emplazar su tecnología en terreno público, en este caso de la empresa Nucleoeléctrica. De hecho, a más de un año de que Reidel anunciara la “fase 1”, los avances sobre este punto son nulos.
Mientras el caleidoscopio libertario-trumpista sigue girando, la farsa que se utilizó para paralizar el CAREM-25 mantiene crepitando la indignación de muchos cuadros de CNEA, que no se resignan a su clausura y que trabajan para mantener latente su reactivación.
[1] CNEA. 2001. Memoria y Balance. Año 2000. Buenos Aires: CNEA, pp. 7 y 31.
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