Ventajas del juego coral

El fútbol de España y sus sistemas de calidad total

Abrazo entre Scaloni y De la Fuente después de la final.

 

Algunos medios deportivos atribuyen la victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol a su eficaz juego coral. La expresión juego coral proviene de la música y de las características del coro, donde no hay una sola voz protagonista y el resultado final depende de la coordinación de todas las voces. Trasladada al fútbol, significa que el equipo funciona como una unidad, donde cada jugador aporta al conjunto y el rendimiento colectivo está por encima de las individualidades. El juego coral implica reflejar la participación de muchos jugadores en cada jugada, de modo que la pelota circula entre defensas, centrocampistas y delanteros en lugar de depender de un solo creador. Otra característica es que los jugadores intercambian posiciones y ofrecen líneas de pase continuamente. En situación de defensa, cuando se pierde el balón, no presiona un único jugador, sino que lo hacen varios de forma coordinada. En el ataque los goles suelen ser el resultado de una secuencia de pases y movimientos, no de una acción individual aislada, de modo que el mérito no recae solo en quien marca, sino en toda la cadena de acciones previas. Por otra parte, la expresión suele emplearse para contraponer dos modelos de juego, donde el accionar colectivo ofrece ventajas sobre el equipo que depende de la capacidad o suerte de una o dos estrellas que pueden desequilibrar con su talento. Por eso, cuando se dice que “España ganó gracias a su juego coral” no significa que no tuviera grandes futbolistas. Significa que su principal fortaleza fue el funcionamiento colectivo, donde el equipo fue más determinante que cualquier individualidad. Ese es uno de los mayores elogios que puede recibir un conjunto desde el punto de vista táctico, porque muchos lo intentan, pero pocos lo consiguen. Claro que la selección española contó con una ventaja para desarrollar este juego: cinco de los titulares, es decir el 50% del equipo, eran jugadores del Barcelona, mientras que todos los titulares de la Argentina están dispersos entre distintos países del mundo. No obstante, nobleza obliga, hay que reconocer que en la final del Mundial de Fútbol se impuso el equipo que jugó mejor y que por lo tanto obtuvo un merecido triunfo.

 

Pasión de multitudes

El Mundial desata una tormenta emocional muy fuerte y para una inmensa mayoría de personas, de modo inconsciente, la selección nacional deja de ser un equipo de fútbol y pasa a ser una representación simbólica de la comunidad nacional. En el pasado —y todavía en el presente—, el prestigio nacional se reafirmaba mediante guerras, conquistas o el descarado pillaje económico. En la actualidad, las competencias deportivas ofrecen un escenario simbólico que guarda cierto aire de familia con los conflictos bélicos, pero donde, como es obvio, los países compiten sin derramamiento de sangre. En el Mundial de Fútbol, durante noventa minutos más sus prórrogas, millones de personas que no se conocen animan al mismo equipo, celebran los mismos goles y sufren las mismas derrotas. Esto genera un fuerte sentimiento de pertenencia, por el cual una victoria produce el orgullo de sentirse parte del equipo ganador y las derrotas duelen tanto; simbólicamente, representan una pérdida de prestigio para el grupo de pertenencia. Los seres humanos construimos parte de nuestra identidad a través de los grupos a los que pertenecemos. Cuando uno de esos grupos parece triunfar, sentimos orgullo; cuando fracasa, sentimos que una pequeña parte de nosotros también ha fracasado. Lo que de ninguna manera justifica que luego la emprendamos a golpes contra los rivales, olvidando que la competencia deportiva podrá tener todo el valor simbólico que se quiera, pero no deja de ser un evento deportivo.

 

Lo real y lo simbólico

Emocionalmente, vencer a otra potencia futbolística puede vivirse como una demostración de talento, capacidad organizativa, intuición estratégica o incluso carácter. Por lo tanto, cabe formularse el interrogante de si los resultados deportivos representan realmente el poderío de una nación. Es evidente que el rendimiento de una selección nacional depende de factores muy heterogéneos como son el talento de una generación de futbolistas; los sistemas de formación; la inteligencia de los entrenadores; las lesiones sufridas y, un factor que muchas veces se olvida, el simple azar, la “fortuna” de la que hablaba Maquiavelo. Por consiguiente, en principio no puede establecerse una relación directa entre ser una potencia económica, científica o militar y ganar el Mundial de Fútbol. Sin embargo, no sería arriesgado suponer que la capacidad de una nación para dotarse de una cultura política que facilite algunos consensos básicos guarde alguna relación con la capacidad para desarrollar estrategias de juego colectivo. José Natanson, en una nota publicada antes de que se jugara la final en Le Monde Diplomatique (edición en español), hace una incursión en este tema, señalando que “desde hace demasiados años, la sociedad argentina experimenta una sensación de intenso fracaso colectivo”. Añade que la Argentina es el único país de América Latina que no duplicó su riqueza en los últimos 50 años, mientras que Chile, por ofrecer un dato comparativo, la multiplicó por cuatro. El fracaso en el desempeño económico no ha sido óbice para el espectacular éxito de la Argentina en el terreno futbolístico, pero habría que analizar si la hipótesis es más factible en el caso español.

España, desde el inicio de la transición en 1976, luego de la muerte del dictador Francisco Franco, inició un proceso de modernización que fue acompañado por todos los partidos políticos españoles, con el propósito compartido de incorporarse a la Unión Europea. El modelo de “capitalismo renano”, es decir de un capitalismo regulado dotado de un fuerte Estado del Bienestar, fue adoptado por consenso y nunca ha sido cuestionado a lo largo de cinco décadas. Es el modelo que adoptó Perón en 1945 y que los sectores del establishment argentino siempre torpedearon. El resultado de aplicar ese modelo en España, tal como señala Natanson, es que el PBI nominal se multiplicó por 16, mientras que el PBI per cápita se multiplicó por 13, casi convergiendo con Italia y Francia. No ha existido ningún milagro. El método elegido ha sido la modernización y la búsqueda continua de la calidad en todos los terrenos, tanto lo público como lo privado. España cuenta ahora con la red de trenes de alta velocidad más extensa de Europa, una red de autopistas excelentes, y ha hecho una apuesta estratégica por las energías renovables que representan el 55,5% de la producción total (subiendo al 56,6% si se cuenta el autoconsumo), mientras que las fósiles se sitúan solo en torno al 20% (el resto corresponde a la energía nuclear y otras fuentes). La modernización de las administraciones públicas estatal y comunitaria se ha conseguido implantando rigurosos sistemas de selección por concurso que impiden que luego los partidos políticos se cuelguen de los presupuestos públicos. La construcción de una red de nuevos hospitales públicos ha permitido que los españoles y los inmigrantes gocen de un servicio de alta calidad. La educación pública es excelente y aquí nos detenemos porque enumerar los progresos que ha habido requeriría mucho espacio.

Si los sistemas de calidad total se han implantado en todas las esferas, también han llegado al fútbol, con controles que realiza la Agencia Tributaria que impiden cualquier tipo de corrupción. En los casos en que se han detectado prácticas corruptas, los tribunales judiciales han actuado de modo eficaz, como lo prueba la condena a prisión del yerno del rey de España. Por su parte, los clubes de fútbol se han encargado de erradicar las “barras bravas” y se puede asistir a los espectáculos con toda la familia sin ningún problema. En general las decisiones arbitrales son respetadas por los jugadores y no se registran grescas entre los equipos. En la actualidad, los más importantes equipos europeos cuentan con seleccionadores españoles, lo que revela que la disciplina y el trabajo bien hecho en el terreno deportivo rinden sus frutos.

 

Política y deportes

 

 

La idea de vincular los alineamientos políticos internacionales con las selecciones nacionales puede dar lugar a resultados paradójicos. En el mes de mayo pasado, durante el desfile oficial en autobús descapotable por las calles de Barcelona, tras ganar la Liga española, un aficionado le acercó la bandera palestina a Lamine Yamal. El jugador del Atlético Barcelona sostuvo y ondeó la bandera palestina ante los aficionados y posteriormente subió las fotografías a sus redes sociales. La acción espontánea del jugador provocó un fuerte debate internacional. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, lo acusó de “incitar al odio”, mientras que el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y otras figuras públicas defendieron su libertad de expresión y su gesto de solidaridad. En la Franja de Gaza, varios artistas locales pintaron un mural con la imagen de Lamine Yamal y durante los partidos del Mundial los palestinos se manifestaron fervorosamente a favor de España, en gesto de agradecimiento por la política internacional del Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que ha sido muy crítico con las políticas genocidas de Israel en Gaza, y ha impulsado la adopción de sanciones internacionales.

En Israel, en cambio, factores como la admiración por Messi, la presencia de muchos ciudadanos que emigraron de la Argentina, el apoyo del Presidente Milei a Israel y la acción pro palestina de Lamine Yamal, hicieron que los israelíes apoyaran a la selección argentina. Benjamin Netanyahu declaró en el popular podcast de Ben Baruch que apoyaba a la Argentina, y no por Messi: “Tienen un Presidente que es una superestrella… Milei es un gran amigo de Israel y ha formado un equipo bastante decente”. En un encuentro con Simón Wahnish, embajador de la Argentina en Israel, Netanyahu también recibió una camiseta y un balón de la selección, y añadió: “No oculto que soy hincha de la Argentina. La mayoría de los israelíes son hinchas de la Argentina, porque el Presidente Milei ha revolucionado las relaciones de la Argentina con nosotros. No tenemos mejor amigo”. Netanyahu no fue el único político en destacar la conexión entre ambos países. El ultraderechista ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, publicó en X en español antes de la semifinal: “¿De verdad necesito explicar por qué rezo con todo mi corazón para que la Argentina gane y llegue a la final?”

Tras la histórica remontada sobre Inglaterra en las semifinales, el equipo argentino exhibió la pancarta que decía “Las Malvinas son Argentinas”. Esta acción ha dado lugar a una oleada de publicaciones de comentaristas estadounidenses e israelíes afines a Netanyahu, solicitando que Israel y la administración Trump reconozcan la soberanía argentina sobre las Malvinas. Algunos israelíes criticaron los “actos hostiles” del Reino Unido, en referencia a la política exterior británica que insta al reconocimiento del Estado palestino y a la adopción de sanciones contra los colonos violentos de Cisjordania. El recién nombrado primer ministro británico, Andy Burnham, se disculpó por lo que calificó como la débil respuesta del Reino Unido al inicio de la acción militar israelí en Gaza y esto ha desatado la furia del ministro de Relaciones Exteriores de Israel.

Los azarosos enfrentamientos en las semifinales del Mundial de Fútbol han tenido paradojales repercusiones en el terreno de la política internacional. La selección argentina, a ojos de muchos, ha quedado absurdamente relacionada con el detestable y desprestigiado gobierno de Benjamín Netanyahu debido al claro alineamiento de Milei con Israel. Por otra parte, el comportamiento de algunos jugadores argentinos al terminar el partido y el gesto antideportivo de dar la espalda a los nuevos campeones del mundo ha sido muy mal visto por millones de televidentes en todo el mundo. No cabe disculpar estos graves errores cometidos invocando una supuesta conspiración anti-argentina.

Lamentablemente, son los errores individuales los que forjan los estereotipos sobre ciertos grupos nacionales que luego tardan mucho tiempo en desaparecer. La Argentina, gracias a los rasgos de humildad de la personalidad de Messi y su insuperable inteligencia en el terreno de juego, ha venido gozando de enorme simpatía en los lugares más insólitos del mundo. El abrazo entre Lionel Scaloni y Luis de la Fuente al final del partido marcan el tono correcto. Conviene tomar conciencia de los errores para evitar que el valioso activo inmaterial acumulado por la selección argentina se pierda.

 

 

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