La V que nos nombra

La letra que atraviesa derrotas, victorias y sueños

Foto: Luis Angeletti.

 

La letra V, de la victoria, es un símbolo indudable del triunfo. La hicieron con sus manos Churchill y Mac Arthur en la Segunda Guerra Mundial, y el movimiento hippie la llevó al mundo entero para mostrar que otra cultura se imponía en los años ‘60. Por estos pagos tiene un innegable sabor peronista.

Hubo una excepción nefasta en el uso de la V: la del Cristo Vence”, pintada en el fuselaje de los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Una cruz adentro de ella era el emblema golpista. El saldo de dicha acción fueron 340 muertes de civiles que se encontraban en la plaza, el 16 de junio de 1955.

 

Cristo vence, en el bombardeo de la Plaza de Mayo.
Cristo vence, en el bombardeo de la Plaza de Mayo.

 

La V es sencilla de realizar: solamente el dedo índice y anular desplegados, los demás recogidos y cobijados por el pulgar. Un concepto simple y físico para ejemplificar el triunfo y enrostrarlo siempre que sea necesario.

La V no puede ser convocada por cualquiera en estas tierras. No funciona triunfal cuando es conjuro contra el pueblo. Dos historias más demuestran quiénes la pueden llevar como estandarte victorioso y quiénes como signo de flagelo. Es imposible que “las fuerza del cielo”, como aquellas que tiraban bombas, se apropien de ella. Recordemos que Alberto Benegas Lynch padre —homónimo del que hoy otorga doctorados truchos al Presidente— participó como comando civil en la matanza de civiles en el debut de la Fuerza Aérea Argentina, único debut de una fuerza aérea contra su propio país. El amor del triunfo y la gloria que se deposita en esa letra del abecedario le es debido solo a la algarabía del pueblo argentino, no a quienes se la roban.

 

 

El próximo relato parece surgido de la ficción, pero es muy cierto. En su libro Babilonia Gaucha, Diego Curubeto cuenta una historia extraordinaria: la llegada de Guy Williams a la Argentina en 1972. El actor arribó a Ezeiza desde California en un Boeing 707. Lo esperaba una multitud que, en principio, estaba allí por El Zorro: chicos, padres y admiradores. Pero junto a ellos había otra multitud, de fuerte aspecto popular y latinoamericano, que coreaba consignas políticas que Williams, por su escaso dominio del español, no podía comprender.

Entonces ocurre la escena extraordinaria: Williams levanta la mano haciendo la V de la victoria, un gesto que para él tenía el significado que tenía en Estados Unidos. Los argentinos presentes lo interpretan inmediatamente como la V peronista. Y la multitud comienza a cantar:

«¡El Zorro y Perón, un solo corazón!»

Ese episodio se vuelve todavía más extraordinario por una coincidencia histórica: en ese mismo momento estaba llegando Héctor J. Cámpora, después de entrevistarse con Perón en Madrid. La escena no es solo una anécdota simpática sobre El Zorro: es casi una fotografía de la Argentina de 1972.

Guy Williams eligió la Argentina para vivir, trabajar, hacer amigos, enamorarse de Araceli Lizaso (un apellido referencial para la historia del peronismo) y hasta para ofrecerse como voluntario en la Guerra de Malvinas, según contó ella. Falleció en nuestra tierra.

En San Andrés de Giles, los pagos de Héctor J. Campora, los veteranos de la guerra de Malvinas lo conmemoran en una placa emplazada en la plaza Saraví de esa localidad.

 

 

La otra historia sobre la V es más triste y reciente. Nos habla de una V que este gobierno dibuja: la V del crecimiento de la pobreza.

En los cuadros que miden la pobreza, la línea se deforma y extiende hacia arriba en su lado derecho. En el primer trimestre de 2026 se consolidó la tendencia al alza que había comenzado a fines de 2025. Según ExQuanti, durante el gobierno de Milei hubo tres etapas:

  • Un aumento explosivo de pobres: de 18 millones a 25,7 millones en el primer trimestre de 2024.
  • Una disminución significativa: hasta 12,8 millones en el tercer trimestre de 2025.
  • Una nueva alza: 14,6 millones en el primer trimestre de 2026.

La recuperación de 2025 se apoyó en un aumento insuficiente del empleo, además de baja calidad. El empleo informal creció un 11 % entre 2024 y 2026, consolidándose como modalidad principal de inserción laboral. La precariedad, la caída de ingresos reales y la pérdida de empleo registrado explican la reversión de la tendencia.

 

 

Allí aparece esa V que no brinda victorias ni alegrías para nuestro pueblo. Una V que no permite jugar a las fantasías ni pensar en ninguna esperanza.

Crecen los empleos precarizados, sin estabilidad, con salarios insuficientes, jornadas extensas y escasa protección social. Se multiplican las formas de contratación temporaria, el trabajo informal, las plataformas digitales y las actividades de subsistencia y endeudamiento personal. Son empleos de baja calidad, que empobrecen.

Por algún motivo, El Zorro sigue en las pantallas. Es una hermosa vigencia: la de quien nos enseñó en la infancia a entrenarnos en los valores de la justicia. La V que blandió como su espada al bajar del avión en los ‘70 tal vez comprendió las necesidades de victorias que tenemos para vencer a los hombres del mal.

EL “Perón vuelve”, con su P incrustada dentro de la V de la victoria, fue la de aquella JP que trajo a su líder. Todas las vicisitudes de esa letra, pasando por la alegre sintonía con el Zorro, especialista en visitar balcones y tejados para hacer justicia, siempre aparecen en la Argentina. Nos hace soñar con la justicia y lograr lo que parece imposible. En estos meses, miles de V se elevaron a modo de saludo y pedidos de libertad, correspondidas desde el balcón de San José 1111.

La V que nos nombra es la de la Victoria. Esa letra ha atravesado nuestras derrotas y victorias sin perder la memoria. Porque la V no es solamente un gesto de desafío. Es también un sueño, y los sueños de un pueblo, se cumplen.

 

Foto: Luis Angeletti.

 

 

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