Tres tristes tigres

Desgaste y caída de Trump, Netanyahu y Milei

 

Unidos por una matriz de mesianismo político y retórica grandilocuente, el trío compuesto por Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Javier Milei se mira en el mismo espejo del desgaste y el fracaso. La realidad económica y la caída del respaldo ciudadano los condena. El caso de la Argentina de Milei se erige con la performance más dramática del grupo: el experimento libertario ha derivado en una caída estrepitosa del consumo, destrucción del empleo y un incremento de morosos con las tarjetas de crédito nunca antes vista. Al desplome histórico de Netanyahu en las encuestas israelíes —acosado por juicios de corrupción— se suma la erosión de Donald Trump, que no logra alinear la economía estadounidense a sus promesas de paz y prosperidad.

Los tres gobernantes enfrentarán procesos electorales en un marco de desgaste político y deberán resolver juicios pendientes. La fantasía de la infalibilidad se encontrará en las urnas con el veredicto de los bolsillos.

 

Economía y Política

Este trío de gobernantes tiene varios factores en común: sus economías se encuentran golpeadas, tienen bajo respaldo político y están envueltos en casos de corrupción. El experimento del dogma libertario extremo, impulsado por Milei, ha hundido al país en una situación de estancamiento prolongado en la mayoría de sectores; ha producido una fuerte caída del consumo interno y del poder adquisitivo en la mayoría de sectores, pérdida de empleo formal y un aumento de la informalidad laboral, lo que genera una brecha entre las cifras agregadas presentadas por el gobierno y la percepción cotidiana en la calle.

Aunque su calendario electoral es el más lejano, la crudeza de la realidad ya empieza a configurar un escenario adverso de descontento social. El nuevo ranking de agosto de la consultora CB Global Data sobre la imagen de 18 mandatarios latinoamericanos ubicó a Javier Milei entre los cuatro peor evaluados de la región, inclusive peor que el Presidente Daniel Ortega de Nicaragua. Según el informe, Milei registra un 35,1% de aprobación frente a un 62,8% de desaprobación, lo que lo posiciona en el puesto 15 de los 18 líderes relevados, dentro del grupo identificado como “los seis peores” del ranking.

 

 

En Israel, Benjamín Netanyahu siente la cercanía de su ocaso político. Acosado por varios juicios por corrupción, su gestión económica exhibe un déficit fiscal desbocado por el enorme gasto militar, un sector de la construcción paralizado por la falta de mano de obra no israelí –provocada por el veto a los trabajadores palestinos tras el estallido del conflicto– y la fuga de cerebros de jóvenes que abandonan el país. Para hacer frente al masivo gasto militar y cumplir con la meta de reducir el déficit fiscal actual del 5,2% a menos del 3% del PIB hacia 2028, el gobierno ha aumentado el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y aplicado nuevos impuestos a la propiedad y al suelo; realizado reformas en pensiones y jubilaciones; reducido el aparato estatal, entre otras.

Las encuestas más recientes como la de Lazar Research revelan que el candidato Gadi Eisemkot (líder del partido Yashar) tiene un respaldo de 49% frente a un 38% de Netanyahu en las próximas elecciones del 27 de octubre. Asimismo, un 72,5% de la población declara no creer en las afirmaciones de Netanyahu de haber alcanzado “éxitos militares significativos” o haber neutralizado las amenazas existenciales. Sondeos del Centro Accord revelan que el 62% de la población general en Israel está de acuerdo con la afirmación de que “no hay civiles inocentes en Gaza” y un 92,1% de los israelíes considera que Irán “ganó” o salió más fortalecido del conflicto.

Donald Trump tampoco queda a salvo de esta erosión económica y política. Los datos económicos más recientes de Estados Unidos muestran señales de enfriamiento, influenciado por el impacto rezagado de las tensiones energéticas globales y las políticas arancelarias. Toda vez que los aranceles son impuestos que pagan las empresas estadounidenses para ingresar productos extranjeros al país, estos son mayoritariamente traslados a los consumidores finales. La economía sigue creciendo a un ritmo modesto, pero el mercado laboral ha encendido alarmas por la pérdida de empleos y la inflación cedió ligeramente a 3,4%. El consumo muestra una profunda brecha de desigualdad según el nivel de ingresos. El Comité Económico Conjunto de ese país estima que las familias estadounidenses promedio enfrentan más de 3.500 dólares en costos anuales adicionales por inflación debido al efecto combinado de la gasolina cara y los aranceles comerciales.

Según la última encuesta de The Economist/YouGov, el respaldo a Trump continúa cayendo y solo un 33% de los estadounidenses aprueba su gestión. Esta revela también que el 60% de los encuestados considera que Trump es poco honesto; 61% cree que utiliza el cargo para beneficio personal y 65% cree que Estados Unidos va por el camino equivocado. Donald Trump, presionado por Netanyahu, está pagando un alto precio por el inicio de la guerra en Irán, cada vez menos comprendida incluso dentro del propio partido republicano y de su movimiento MAGA.

Corrupción y deudores seriales

Los juicios por corrupción contra Benjamín Netanyahu –el primer jefe de gobierno en la historia del país en enfrentar un juicio penal mientras ejerce el cargo– comenzaron formalmente en mayo de 2020 y actualmente han entrado en una fase crítica. El conflicto exterior ha funcionado como el oxígeno que estira su permanencia en el cargo. Bajo el lema de que “no se cambia de líder en mitad de una tormenta”, Netanyahu ha justificado reiteradamente los retrasos en sus audiencias judiciales, argumentando compromisos urgentes de seguridad nacional. Aun así, luego de más de seis años de retrasos estratégicos debido a la pandemia, la guerra en Gaza y las escaladas militares regionales, su testimonio formal ha finalizado en junio después de sentarse en el banquillo de los acusados durante un año y medio a lo largo de 98 extenuantes audiencias ante el tribunal de distrito.

 

Netanyahu en una audiencia de un juicio por corrupción, en 2025.

 

Netanyahu enfrenta además procesos en la Corte Penal Internacional (CPI), que emitió una orden de arresto internacional contra su persona ya que se le acusa formalmente de utilizar la inanición de civiles como método de guerra y de dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en la Franja de Gaza. Por otro lado, ante el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) se lleva el caso por genocidio impulsado originalmente por Sudáfrica contra el Estado de Israel.

La gestión de Milei acumula múltiples denuncias penales en los tribunales federales de Comodoro Py. Las principales causas judiciales y denuncias formales son las siguientes: el caso $LIBRA (presunta criptoestafa y cohecho); el escándalo junto a su hermana de ANDIS (red de coimas en medicamentos); malversación y uso de fondos públicos; viajes y proselitismo político; presuntas irregularidades y desvíos de fondos en el otorgamiento de créditos millonarios de carácter hipotecario o prendario por parte del Banco Nación destinados a beneficiar de forma directa a altos funcionarios del Poder Ejecutivo.

Trump ha enfrentado un total de cuatro causas penales principales y múltiples demandas civiles en los últimos años. Tras haber asumido nuevamente la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2025, el estatus de sus procesos legales cambió drásticamente: su único caso penal cerrado terminó con una condena sin cárcel, las causas federales se disolvieron tras la renuncia del fiscal especial, y el resto de los juicios estatales permanecen congelados o en apelación.

Mientras que Trump abraza el proteccionismo arancelario y convive con un déficit fiscal del 6% emitiendo bonos del Tesoro de forma masiva, una receta que Netanyahu emula para costear la guerra de Isarel, Milei persigue el superávit y la austeridad. Sin embargo, ambos terminan operando como “deudores seriales” para sostener sus modelos (Trump inundando el mercado global con deuda soberana y Milei atado a los vencimientos del FMI y los swaps para surfear la volatilidad financiera).

 

Los gérmenes de la oposición

El síntoma más nítido de un despertar civil y político ocurrió el 4 de agosto en las entrañas mismas de Estados Unidos. Contra todos los pronósticos del establishment tradicional, el médico epidemiólogo e hijo de inmigrantes egipcios Abdul El-Sayed conquistó, de manera histórica, la nominación demócrata al Senado por el estado clave de Michigan. Su triunfo no es menor: debió derribar una muralla financiera sin precedentes de más de 70 millones de dólares inyectados por fondos corporativos y el poderoso lobby pro-israelí (AIPAC), movilizados con el único objetivo de sepultar su candidatura.

El-Sayed logró conectar con lucidez un dilema ético elemental que el trumpismo pretendía invisibilizar: en una era donde la clase trabajadora local no puede costear el alquiler ni la salud, resulta anacrónico e inmoral que el gobierno destine miles de millones de dólares del contribuyente a financiar los bombardeos coordinados con la administración de Netanyahu. La victoria de El-Sayed no es un hecho aislado. En enero de este año Zohran Mamdani, de origen ugandés e indio, del movimiento de los Socialistas Democráticos de América (DSA), asumió la alcaldía de la ciudad de Nueva York.

 

El-Sayed y Mamdani, caras nuevas en la política estadounidense.

 

Ambos son etiquetados por los sectores conservadores como “radicales” porque califican las acciones militares de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente como genocidios. Cabe mencionar también como antecedente la “revuelta de los no comprometidos” (Uncommitted National Movement), una campaña de protesta política surgida en el ala progresista de los Estados Unidos contra el apoyo militar y diplomático de la administración de Joe Biden a Israel durante la guerra en Gaza. Esta movilización cobró fuerza durante las elecciones primarias del Partido Demócrata en 2024, en la que instaron a votantes registrados como demócratas a ir a votar a las urnas para seleccionar la opción “no comprometido”, o sea, por ningún candidato demócrata, y ha marcado la reconfiguración de la izquierda estadounidense. Como es sabido, el sistema político de Estados Unidos —donde el colegio electoral determina que el candidato que gana la mayoría de los votos en un estado se lleva todos los electores— está diseñado exclusivamente para el bipartidismo. Esto hace matemáticamente inviable que un tercer partido o un candidato independiente gane la presidencia, por lo que los movimientos políticos  independientes participan desde uno de los dos partidos.

Mientras en Estados Unidos avanza esta renovada insurgencia progresista, en las calles de Israel se fortalece un movimiento civil y estudiantil que exige detener la maquinaria bélica, como el movimiento social Standing Together y el partido creado recientemente A Place for Us All. En la Argentina sumida en el declive libertario se empiezan a estructurar los primeros consensos para enfrentar las elecciones del próximo año. El hecho más importante fue una sorpresiva “cumbre de unidad” celebrada el martes 11, donde se congregaron los tres líderes claves del Partido Justicialista: Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner. El freno a la ley de extranjerización de tierras en la Argentina como resultado de la movilización social es otra de las señales que muestran la reacción de sociedades fatigadas por el dogmatismo de gobernantes que intentan rifar los recursos estratégicos.

En este escenario, el autoritarismo mediático y el desprecio por la dignidad humana pueden ganar elecciones, pero no estabilizarlas. Cuando las urnas hablen, la cruda realidad económica y social retomará su curso, recordándonos que el espectáculo político siempre tiene fecha de caducidad.

 

 

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