Aún es pronto para sacar conclusiones definitivas, y las extravagancias de Donald Trump obligan a ser prudente, pero reconocidos expertos internacionales anuncian un nuevo equilibrio de poder en Medio Oriente. Sin duda que el subtítulo de la columna de opinión de Robert Kagan en The Atlantic es impactante: “A partir de ahora, la potencia dominante en Oriente Medio no será Estados Unidos ni Israel, sino Irán”. Anuncia de esta manera un cambio radical de la relación de fuerzas en la región como resultado de la abyecta guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel. Partiendo del hecho indudable de que Irán ha sobrevivido con éxito al embate de la primera potencia militar aliada con Israel, sostiene que se ha reconfigurado por completo la estructura de poder de Oriente Medio y el Golfo Pérsico: “La potencia dominante en la región de ahora en adelante será Irán, no Estados Unidos ni Israel. Los países vecinos ya se están adaptando a esta nueva realidad. Las potencias más distantes también lo harán. Durante años, el mundo ha lidiado con un Irán contenido. Ahora descubrirá cómo es un Irán sin restricciones”.
Marte vs Venus
La opinión de Robert Kagan es muy relevante por provenir de un historiador y analista estadounidense de política exterior, asociado durante décadas al pensamiento neoconservador y a una visión muy intervencionista del papel de Estados Unidos en el mundo. Trabajó en el Departamento de Estado durante la administración Reagan (1984-1988), como redactor de discursos del secretario de Estado George Shultz. Kagan ha defendido repetidamente una política exterior estadounidense basada en el mantenimiento activo de la supremacía y el poder militar de Estados Unidos. Su pensamiento ha tendido a rechazar la idea de que el orden internacional pueda mantenerse sin un fuerte compromiso militar de Washington. En Of Paradise and Power (2003) –traducida al español como Poder y debilidad (Taurus)– contrapone la visión estratégica de Estados Unidos y Europa. Acusa a los europeos de construir un paraíso particular dedicando fondos para un atractivo Estado del bienestar y un sistema garantista de las relaciones internacionales bajo el paraguas militar norteamericano. Según Kagan, “mientras Estados Unidos era Hobbes y Marte, Europa era Kant y Venus”.
La descripción que hace Kagan de la nueva realidad en Medio Oriente se basa en el más puro realismo. Reconoce que el régimen iraní ha sobrevivido sin necesidad de hacer concesiones dejando al descubierto el talón de Aquiles de Estados Unidos: la vulnerabilidad de sus vecinos. “El ataque demostró que, si bien Irán obviamente no podía derrotar a Estados Unidos en una guerra aérea, sus misiles y drones podían infligir suficiente daño a la infraestructura de petróleo y gas del Golfo como para sumir al mundo en una prolongada crisis económica”. Sostiene que tanto Trump como los Estados del Golfo lo comprendieron de inmediato, por lo que el Presidente norteamericano detuvo los ataques contra objetivos energéticos iraníes, ordenó a Israel que hiciera lo mismo y puso fin a la campaña militar sin obtener una sola concesión iraní.
Para Kagan el ajuste regional ha comenzado y los líderes árabes que antes contaban con la garantía de seguridad estadounidense, ahora deben reconciliarse con la potencia que demostró ser capaz de poner de rodillas al Goliat americano. Considera que el rechazo de Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham, respaldados por Estados Unidos e Israel, en favor de un pacto estratégico con Pakistán y Turquía, insinúa el futuro. Añade que “el mundo ha pasado décadas preocupado por lo que Irán podría hacer si adquiriera un arma nuclear. Ahora debería preocuparse por algo aún más trascendental: un Irán que ha derrotado a Estados Unidos, ya no teme un ataque estadounidense y controla el acceso al Golfo Pérsico. Las armas nucleares por sí solas jamás podrían haberle dado a Irán este poder. La fallida guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán sí lo ha hecho”.
El último aliento
Otra nota relevante sobre Medio Oriente ha sido publicada en la reconocida revista norteamericana de política exterior Foreign Affaires con la firma de Marc Lynch. En este caso el autor es un politólogo estadounidense especializado en Oriente Medio. Actualmente es profesor de Ciencia Política y Asuntos Internacionales en la Universidad George Washington y ha escrito varios libros sobre la Primavera Árabe. A diferencia de Kagan, es un académico muy crítico con la política de Estados Unidos en Oriente Medio, especialmente con el apoyo estadounidense a gobiernos autoritarios y la incapacidad de Washington para resolver el conflicto palestino-israelí.
En 2023 Lynch, junto con otros académicos, publicó The One State Reality (La realidad de un único Estado), en donde los autores proclaman que es hora de abandonar la solución de dos Estados para resolver el conflicto en Palestina. Consideran que un régimen de un solo Estado ya existe, independientemente de lo que se piense. “Entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, un solo Estado controla la entrada y salida de personas y mercancías, supervisa la seguridad y tiene la capacidad de imponer sus decisiones, leyes y políticas a millones de personas sin su consentimiento”. En ese Estado, Israel ha consolidado un sistema de supremacía judía, en el que los no judíos son discriminados o excluidos estructuralmente mediante un sistema jerarquizado. Afirman que con Netanyahu los israelíes eligieron ser judíos, no democráticos, y el medio para lograrlo fue alimentar la ilusión de que algún día habrá una solución milagrosa de dos Estados.

El texto de Lynch sobre la actualidad internacional se titula El fin del Medio Oriente estadounidense. Irán y el último aliento de un orden fallido, de modo que ya podemos adivinar su contenido. La tesis central es que el orden regional construido por Estados Unidos en Oriente Medio desde 1991 ha entrado en una crisis terminal. La guerra contra Irán no habría creado ese fracaso, sino que habría revelado y acelerado contradicciones acumuladas durante décadas. Desde la Guerra del Golfo de 1990-91, Estados Unidos construyó un sistema basado en su presencia militar en la región, brindar protección estratégica a Israel, contener a Irán y tratar de integrar progresivamente a Israel y a los Estados árabes en una arquitectura común de seguridad. Según Lynch, la reciente guerra contra Irán ha destruido la credibilidad del elemento fundamental de ese sistema: la promesa estadounidense de proporcionar seguridad.
El autor sostiene que Estados Unidos e Israel cometieron un error recurrente: sobreestimar lo que la superioridad militar puede conseguir políticamente. La campaña no logró derribar al régimen iraní ni eliminar su capacidad de respuesta. Además, Irán pudo atacar intereses y aliados estadounidenses y poner en peligro el tráfico por el estrecho de Ormuz. Por consiguiente, la idea de que una demostración de fuerza podía resolver definitivamente el “problema iraní” resultó ser una ilusión. Considera que ahora los aliados árabes del Golfo han perdido su confianza en Washington porque habría iniciado una guerra que muchos aliados no deseaban. Esos aliados quedaron expuestos a represalias iraníes y Estados Unidos no pudo impedir completamente los ataques ni mantener abierto el estrecho de Ormuz. Por tanto, la pregunta que, según Lynch, ahora se hacen los gobiernos del Golfo es sencilla: si Estados Unidos no puede protegernos de las consecuencias de sus propias guerras, ¿qué valor real tienen sus garantías de seguridad?
Según Lynch el problema no empezó con esta guerra, dado que el orden estadounidense arrastraba problemas estructurales y llevaba décadas deteriorándose debido a las guerras destructivas en distintos países de la región, el apoyo de Washington a gobiernos autoritarios y la incapacidad para resolver el conflicto palestino. Señala que las garantías estadounidenses también crearon un “riesgo moral”, dado que permitieron a sus aliados, en especial a Israel, actuar con políticas más agresivas por el menor temor a las consecuencias.
La guerra de Gaza
Para Lynch, la guerra de Gaza y el respaldo estadounidense a Israel produjeron una ruptura distinta pero complementaria a la provocada por la guerra con Irán. Por una parte, la guerra contra Irán destruyó la percepción de la omnipotencia militar de Estados Unidos. Por la otra, el respaldo a Israel frente a la destrucción de Gaza, destruyó también la autoridad moral y política de Washington ante gran parte de las sociedades árabes. Es decir que Estados Unidos perdió simultáneamente legitimidad política y credibilidad estratégica. Esta combinación sería, para el autor, mucho más grave que crisis anteriores, como la invasión de Irak de 2003 o las revueltas árabes de 2011.
Otro resultado de la guerra contra Irán es que el intento de construir una alianza árabe-israelí contra Irán ha fracasado. Durante décadas, Washington intentó acercar a Israel y a los países árabes para formar, de facto, un bloque regional contra Irán y los Acuerdos de Abraham fueron un paso importante en esa dirección. Pero Lynch sostiene que esta estrategia tenía una debilidad fundamental: intentó dejar de lado la cuestión palestina. Ahora la guerra de Gaza ha hecho mucho más difícil normalizar las relaciones de Israel con sus vecinos, especialmente a nivel de opinión pública.
¿Qué viene ahora?
Lynch no cree que la influencia estadounidense vaya a desaparecer de un día para otro. Su comparación es con la crisis de Suez de 1956: el momento en que se hizo evidente que el viejo orden británico y francés estaba terminando, aunque su desaparición efectiva tardó años. Por lo tanto, el fin de la hegemonía estadounidense no significa una retirada inmediata de Estados Unidos, sino el fin de su capacidad para organizar la región según sus propios términos. Los Estados regionales probablemente empezarán a diversificar sus alianzas y estrategias de seguridad.
El autor cree que Estados Unidos debería renunciar a la estrategia basada en los grandes despliegues militares; abandonar la idea de resolver problemas políticos mediante bombardeos; y hacer mayor uso de la diplomacia. Su propuesta se resume en menos contención militarizada, más diplomacia y favorecer la seguridad colectiva contemplando los intereses de todos los Estados afectados. Lynch sostiene que la guerra contra Irán ha demostrado que Estados Unidos ya no puede garantizar el orden regional que creó tras 1991 y que, si intenta conservarlo mediante más intervención militar, acelerará todavía más su desintegración.
El artículo de Lynch es contundente cuando señala que Estados Unidos ha perdido la hegemonía en el Medio Oriente. Pero perder la hegemonía absoluta no equivale necesariamente a perder toda capacidad de influencia. De allí que queda abierto el interrogante de saber si Estados Unidos podrá transformar su política exterior. Existe una mayoría de ciudadanos norteamericanos que se han manifestado en contra de la guerra contra Irán y desean poner fin a la subordinación de la política exterior a los requerimientos de Israel. Consideran que Washington debiera exigir a Israel que respete los derechos humanos en todos los territorios que controla y detenga la progresiva anexión de Cisjordania. Según una encuesta publicada en junio, casi dos tercios de los demócratas y más de la mitad de los independientes opinan que Estados Unidos brinda demasiada ayuda a Israel. A mediados de julio, más de la mitad de los demócratas en la Cámara de Representantes votaron a favor de un proyecto de ley para suspender la ayuda militar estadounidense a Israel. De modo que un cambio en la política exterior dependerá de los resultados electorales en Estados Unidos. La batalla decisiva se librará en las urnas norteamericanas, lejos del estrecho de Ormuz.
--------------------------------
Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí