Vacunas contra la decadencia

Pruebas PISA, IA fuera de control y pasividad frente al capital

 

Esta semana se conocieron los resultados internacionales de las pruebas PISA 2025 (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), organizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 91 países.

Especialistas argentinos en educación presentan dudas fundadas sobre la validez y exactitud de estas pruebas para contar con un panorama adecuado del estado de la educación en nuestro país. A pesar de esos cuestionamientos válidos, las pruebas dan algunas pistas sobre el estado de la educación local y una perspectiva de su evolución a lo largo del tiempo.

Un primer dato significativo es que las pruebas PISA mostraron retrocesos en los saberes de los estudiantes en casi todo la muestra –que incluye a los 91 miembros de la OCDE–, salvo las honrosas excepciones de Singapur, Japón y Corea del Sur.

De los 13 países latinoamericanos participantes, ninguno logró alcanzar el promedio general establecido por OCDE. Se evidenciaron caídas sostenidas en comprensión lectora y matemática en la mayoría de las naciones de la región. El subdesarrollo latinoamericano no se limita a la economía: se refleja perfectamente en la calidad de la educación básica que reciben nuestros niños y jóvenes, y en la calidad de las instituciones estatales en general.

La Argentina cayó en el ámbito regional: se ubicó noveno entre 13 naciones de América Latina, incluso detrás de varios países que a primera vista muestran un conjunto de indicadores económico-sociales peores que los de nuestro país.

Y cayó en comparación contra sí misma: en 2025 se obtuvieron los registros más bajos de los últimos 20 años, ubicándose en el puesto 72 entre 91 países evaluados.

En el área de matemática, el 76% de los estudiantes no logró alcanzar el nivel mínimo de desempeño esperado. No podemos seguir así.

Cabe recordar que, hace apenas unas semanas, el gobierno libertario se había atribuido a sí mismo las mejoras que se detectaron en las pruebas Aprender. Pero, usando una de las habilidades que lo caracterizan, hoy les echa la culpa de estos muy malos registros a los gobiernos que lo precedieron.

Si bien es cierto que el deterioro educativo no es nuevo y refleja un largo proceso de degradación nacional, tampoco puede ocultarse que el Presupuesto para educación 2026 –medido como porcentaje del PBI– es el más bajo desde el calamitoso año 2002.

A nivel internacional, los impulsores de la prueba PISA hacen una serie de señalamientos que vale la pena atender, especialmente útiles para cuando arribe un gobierno nacional al que le preocupe en serio el tema: suponen que la baja educativa no es coyuntural, sino que tiene causas profundas y de largo plazo, entre ellas la generalización de los dispositivos digitales en las últimas décadas, la menor curiosidad y disposición al esfuerzo que muestran los adolescentes en el contexto cultural que habitan –que afecta a cómo aprenden–, y la pérdida de hábitos de lectura que hace que cada vez tengan más problemas para entender lo que leen, sobre todo cuando se enfrentan a textos largos.

La OCDE muestra especial preocupación por las competencias menguantes detectadas en relación a la capacidad lectora y de comprensión de textos, fundamental para avanzar en diversos aprendizajes.

Los muy malos datos argentinos deberían disparar un debate profundo sobre qué estamos haciendo con la educación de nuestros jóvenes, y disponernos a dedicar esfuerzos de investigación, formación docente y gasto en la infraestructura necesarias para revertir este desastre. Cosa que a su vez es inescindible del mejoramiento de las condiciones de vida de una parte mayoritaria de los niños y jóvenes argentinos.

Cómo esto afectará a la economía y a la política parece evidente: el país contará a futuro, si no se revierte drásticamente este rumbo declinante, con una población con menores capacidades de comprensión en general, menores capacidades laborales, y desde ya con menores posibilidades para pensar su propia realidad social y política.

 

La derecha es, y se hace

La jueza Marta Elba Pascual, titular del Juzgado de Responsabilidad Penal Juvenil 2 de Lomas de Zamora, suspendió por 60 días la aplicación de la ley nacional que baja la edad de punibilidad a 14 años, argumentando falta de condiciones materiales e institucionales para alojar y asistir a más adolescentes en el sistema penal.

El argumento es irrefutable: no hay condiciones materiales para que se puede aplicar la ley, más allá de la opinión que se tenga sobre la misma. No hay instalaciones suficientes para el alojamiento de los jóvenes detenidos que alcancen los estándares mínimos para garantizar condiciones humanas de prisión. Además hay que resolver temas de educación, formación profesional, acceso al trabajo y tiempos de aislamiento.

 

 

La reacción de la derecha argentina, en todos los niveles, ha sido furibunda. Desde sus numerosos medios de comunicación y desde los partidos políticos y sus figuras más destacadas, se lanzaron en manada a pedir castigo, juicio y destitución de la magistrada en una ordalía digna de mejores causas.

Es evidente que el punitivismo es uno de los puntos centrales de la cosmovisión derechista, pero también porque consideran que es muy rentable electoralmente agitar con esta cuestión, que apunta a ejercer el poder público contra uno de los sectores más débiles de la sociedad. Buscan recoger los frutos electorales del clasismo argentino.

Gracioso fue el argumento de uno de los articuladores de la derecha, Cristian Ritondo: “Una jueza no puede parar una ley sancionada democráticamente”. En este caso sí están a favor de aplicar las leyes. En el de la Ley de Financiamiento Universitario, aunque haya un fallo de la Corte Suprema de Justicia, dicen que no la pueden aplicar porque no cuentan con los recursos materiales.

El presidente de La Libertad Avanza bonaerense, Sebastián Pareja, declaró que “es una jueza del poder”. Como representante de la derecha, usa y refuerza la visión ficticia de que el poder está en el sistema político, en los gobiernos. O sea: el poder sería Axel Kicillof, y en cambio los libertarios y el PRO serían los rebeldes contra el poder. En su fuero íntimo suponemos que Pareja no desconocerá la índole de su propia fuerza política: La Libertad Avanza es un auténtico instrumento del poder real, poder que no tolera que la política o el Poder Judicial tengan algún grado de autonomía o reflejen la complejidad de la sociedad.

Pareja cree que le ley suspendida “viene a resolver un problema que la sociedad reclama”. No es sólo que son reaccionarios. Hay ignorancia. Creer que una ley como la aprobada puede resolver un problema profundo que reclama un abordaje integral social, educativo, habitacional, laboral, cultural, es vivir en la edad del garrote.

La jauría desatada contra la jueza tiene por detrás varias razones que la movilizan, además de la demagogia punitivista:

1) El desvío de la atención pública desde las penurias cotidianas hacia un tema que efectivamente afecta y sensibiliza a muchísima gente;

2) El amedrentamiento de los sectores del Poder Judicial que conservan todavía algún tipo de dignidad personal y moral, y autonomía con respecto al aparato de la derecha autoritaria;

3) El ataque preventivo al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, uno de los eventuales contendientes de Milei en 2027; y

4) La incapacidad de pensamiento racional y concreto característica del subdesarrollo: la jueza está señalando un problema real, tangible, al cual quieren desconocer para proceder en la aplicación salvaje e irresponsable de una ley sin condiciones de ser implementada.

 

¿Dónde está el peligro? La IA como fetiche

Evan Hubinger, un ex ingeniero de OpenAI y Google que actualmente trabaja en Anthropic, advirtió el 8 de septiembre que “las personas que están construyendo a la IA” consideran que dichos avances tienen más del 10% de probabilidad de extinguir a los seres humanos en la próxima década.

La posibilidad de que la Inteligencia Artificial pueda tener un desarrollo imprevisible, que ponga en peligro a la humanidad, había sido mencionada en los días previos, con enorme repercusión, por Jacob Coxon, quien renunció a Anthropic sosteniendo que las empresas dedicadas a la IA “se encuentran en una carrera para crear una súper-inteligencia capaz de automejorarse, juegan con nuestras vidas (…) Pronto serán sistemas sobrehumanos capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana, adquirir poder y recursos reales. Todos hemos sido testigos del avance en cada uno de estos ámbitos y el progreso no para”.

La necesidad de regular la evolución de esta particular variante tecnológica ha sido expresada por la Unión Europea, algunos estados de Estados Unidos, las Naciones Unidas, el Papa y la propia firma Anthropic.

Desde ya, no estamos en condiciones de evaluar la magnitud del peligro denunciado, pero el solo hecho de que expertos que conocen el tema desde adentro afirmen que “hay un 10% de posibilidades de que la IA extermine a la humanidad” debería detonar una reacción pública decisiva, sobre todo allí donde este proceso está en marcha.

Vale la pena, antes de seguir, hacer una aclaración básica: la IA no existe por sí misma, sino que son grandes empresas –apenas un puñado de empresas– la que están desenvolviendo esta tecnología.

La IA no crece en los árboles, sino que son organizaciones humanas, y organizaciones humanas con fines de lucro, las que están creando esta herramienta que puede ser tan formidable como peligrosa. Asombra y asusta la pasividad social universal frente a estos designios empresarios.

¿Qué pasaría si las compañías de aviación advirtieran antes de cada vuelo “a los señores pasajeros que hay un 10% de posibilidades de que la aeronave se estrelle”?

Por muchísimo menos, durante la pandemia de COVID hubo manifestaciones en todos los países contra las vacunas, que venían a conjurar el peligro mortífero principal, que era el virus.

Lo interesante es cómo, en la sociedad capitalista actual, son naturalizados los designios, peligrosísimos, de las grandes empresas. No sólo no se suscita una reacción contundente frente a la probable destrucción de millones de puestos de trabajo, sino tampoco frente a esta amenaza existencial de un instrumento que se sale de control al mismo tiempo que cuenta con capacidades desmesuradas de acción sobre el sistema informático planetario. ¿Qué tendría que pasar para que la ciudadanía global diga ¡basta! ¡paren y veamos cómo seguimos!?

La pasividad frente al capital es sorprendente, porque la IA es una expresión corporativa en busca de rentabilidades supremas, pero se la vive como un proceso ineluctable, imparable, así sea que lleve a nuestra propia extinción como especie.

Ante este panorama, lo que ocurre en el municipio argentino es puramente anecdótico: en nuestro país hay un gobierno que no quiere hacer nada en relación al tema, salvo allanarse a lo que necesiten las mega empresas del sector. Según Perfil, Federico Sturzenegger dijo en estos días en una mesa de opinión del Foro Económico Mundial: “Mi única tarea es que no aparezca ninguna ley de inteligencia artificial”.

Los guardianes de los intereses de las corporaciones tecnológicas están sentados en el Poder Ejecutivo de la Nación.

 

Chapucería malvinera

En estos días, dentro de las críticas justificadas frente al presunto viraje soberanista del gobierno nacional, apareció en numerosas oportunidades la referencia a Leopoldo Galtieri, el dictador que en 1982 tomó la decisión de ocupar militarmente las islas.

El paralelismo entre Galtieri y Milei estaría dado porque un gobierno de derecha, sin un proyecto económico socialmente viable, recurre a un expediente “patriótico” para conquistar simpatías populares, recuperar niveles de adhesión al proyecto, y poder seguir adelante con la política de fondo que está implementando.

Si bien es cierto que ese paralelismo es posible, creemos que hay un tema de fondo que no se termina de aclarar en la mayoría de la población. Soberanía no es lo mismo que posesión territorial. La propiedad privada de los recursos es esencial y determinante, no su locación geográfica. No alcanza con que flamee una bandera estatal si la apropiación de los recursos la realizan actores extranjeros, o actores nacionales que envían la riqueza extraída al exterior.

Desde una perspectiva nacional, lo que la Argentina tiene que lograr es poder utilizar los recursos que existen en su territorio como palanca para su propio progreso.

Pero cuando se observa lo que hacía la última dictadura se puede ver que mientras se implementaba una política económica antinacional, que implicaba desindustrialización y endeudamiento masivo del Estado y de las empresas públicas –al punto de impedirles un funcionamiento normal y transformarlas en instituciones fallidas–, el gobierno realizó una pirueta muy osada, para recuperar presencia en las Islas Malvinas.

El engaño consiste en hacer creer que porque flamee una bandera se podrán recuperar las riquezas que ese territorio pueda tener. Pero de un gobierno que favorece la extranjerización de la economía, sea del territorio continental o insular, nada bueno se puede esperar para sus ciudadanos. Sí, en cambio, los intereses extranjeros.

No es distinto hoy. El gobierno mileísta carece completamente de cualquier perspectiva nacional. Ni siquiera se plantea un “extractivismo asociado” en el cual el Estado Nacional procure capturar una parte significativa de la riqueza que extraerían empresas extranjeras, para contar con recursos adicionales para impulsar otras iniciativas económicas que extiendan los beneficios de esos enclaves extranjeros hacia el conjunto de la población.

El gobierno de Milei lo ha confesado a través del diseño del RIGI y del Súper RIGI. Concede todo al capital extranjero, sin obtener nada en materia de recursos para mejorar al conjunto del país. Y quiere comprometer a todos los gobiernos que lo sucedan. Renuncia explícitamente a recursos que podrían resultarnos extremadamente útiles si fuéramos capaces de utilizarlos dentro de una estrategia razonada.

¿Qué se puede esperar de esta chapucería patriótica de Milei? Que extienda la lógica de entrega de la propiedad privada de los recursos y de las capacidades regulatorias públicas hacia las áreas del territorio que eventualmente fueran recuperadas.

En política internacional no hay derecho a la inocencia. Todos, absolutamente todos, tienen en claro cuáles son las capacidades relativas de los países, para evaluar su poder de negociación en todos los terrenos. Menos las elites argentinas, que están colonizadas, vencidas, y que están aceptando y convalidando a un gobierno de destrucción nacional.

El identikit internacional del gobierno argentino actual es inconfundible: endeuda, extranjeriza, empobrece, desmantela el Estado, debilita a la población, destruye capacidades científicas, fomenta la ignorancia.

El gobierno que asumió a fines de 2023 está logrando debilitar a la Argentina en todos los terrenos en los cuales se expresan las capacidades y los potenciales nacionales.

Hizo falta que la sociedad se despabilara un ratito a raíz del mundial y del cartel que mostró la selección para poder obstruirle a este gobierno “malvinero” la puesta en venta y la extranjerización del territorio nacional.

Al contrario de lo que insinuó Milei en su discurso, no es que la Argentina –con esta política– va a ser cada vez más poderosa y el Reino Unido menos.

Un país que pasa de la categoría de país soberano y respetado (no hace tanto tiempo) al status de semicolonia o protectorado descerebrado, carece de todo respeto internacional y no asusta a nadie. Todos lo saben y se ríen de estas patrañas, salvo parte de la población que ha atravesado la pedagogía del aparato de formación neocolonial.

 

Hay otro país y está entre nosotros

El sociólogo y antropólogo Pablo Semán publicó en 2024 un importante libro, fruto de años de investigación, sobre el fenómeno libertario. Lo tituló sugestivamente Está entre nosotros, con el subtítulo ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?

Es cierto, mucho de lo que confluyó en el mileísmo se fue incubando durante mucho tiempo, y lo más inquietante es que estaba entre nosotros. Y no supimos verlo.

Proponemos indagar lo mismo que Semán, pero al revés: ¿qué elementos hay entre nosotros, ahora, que nos permitirían prefigurar un país completamente distinto, mucho más acogedor y más sano que el actual cenagal libertario?

Si se mira bien, el país está lleno de gente valiosa en las más diversas actividades, que tiene conductas personales que apuntan al bien común, y que genera ideas y prácticas que contribuyen directamente al progreso de la comunidad.

De este universo humano, que está entre nosotros, tuvimos esta semana una noticia extraordinaria.

Tituló Infobae: “Es un milagro de la ciencia”: la evolución de la fibrosis quística pediátrica a partir de una triple terapia innovadora. Se trata de una terapia muy compleja, de producción nacional, que logró en niños con fibrosis quística mejoras en la función pulmonar, la calidad de vida y las exacerbaciones respiratorias graves.

Relata la nota: “Dos estudios realizados en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y en el Garrahan en la Argentina mostraron mejoras en la función respiratoria y buena tolerancia. Un cambio de paradigma que marca el nuevo tiempo de la fibrosis quística, según explicó el doctor Alejandro Teper”.

Es decir: apareció una terapia que trata la causa de la fibrosis quística que afecta a niños desde su nacimiento e infancia, y que deja atrás la idea de sólo sobrellevar la patología en el tiempo, sin poder mejorar. La investigación hecha en nuestro país fue publicada en la revista científica Pediatric Pulmonology.

El doctor Teper comentó que “la fibrosis quística hace unos años era una enfermedad letal. La sobrevida en países desarrollados era de 45 años mientras que en nuestra región no superaba los 15 años. (…) La ciencia desarrolló hace unos años un medicamento por vía oral que les cambio la vida y el pronóstico a estos niños. El mayor inconveniente era el acceso. Costaba 300.000 dólares anuales por paciente de por vida. (…) Aquí se desarrolló una formulación genérica, la única en el mundo. Si bien el costo es más bajo (30.000 dólares anuales), el acceso universal podría haberse afectado”.

 

Doctor Alejandro Teper.

 

“Durante la gestión anterior (gobierno del Frente de Todos) –relata Teper– promoví que se dictará una ley de protección al paciente con fibrosis quística y salió. Somos el único país en el mundo que dispone de este instrumento. Ello garantiza el acceso universal a este tratamiento. El estudio que publiqué demuestra que la medicación genérica evidencia los mismos efectos que el medicamento original”.

Esto es sólo una muestra de lo que el talento y la capacidad existente pueden hacer para dar vuelta este panorama de decadencia nacional, en todos los aspectos de la vida.

Es un caso que ocurre en un contexto que no es favorable ni para la innovación, ni para las ideas solidarias que mejoran la vida de la gente en forma individual, pero también colectiva.

Otra lógica de vida social es posible y hay que destrabarla.

Eso también está entre nosotros, tenemos que ser capaces de verlo, y comprometernos para que sea la fuerza vital que conduzca al cambio de fondo que queremos en nuestro país.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí