Milei, entre Galtieri y Astiz

Errores estratégicos y geopolíticos en torno a Malvinas

Las islas, vistas desde el espacio.

 

 

“[El gobierno] se ha deteriorado mucho y tenemos que buscar un elemento que aglutine a la sociedad. Ese elemento es Malvinas”.[1]

 

“(…) había sido un (…) mediocre a lo largo de su carrera (…) fue el único de los becarios (…) que lo reprobó (…) [En su mirada internacional] no tenían cabida los grises (…) propugnaba una sólida alianza con Estados Unidos, país por el que sentía una admiración sin límites (…). Debía reinsertarse a la Argentina sin vacilaciones en Occidente (…) Dijo: ´[Soy] el niño mimado de los norteamericanos´ (…)”[2]

 

 

La cadena nacional del Presidente Javier Milei del pasado jueves 3 de septiembre puede sintetizarse en dos palabras que una fuente diplomática transmitió a este medio: “puro humo”.

Es imposible entender este giró en 360º sin tener presente el deterioro de la economía; la creencia de que la Argentina es un aliado estratégico de Estados Unidos y que nuestro país o el Presidente juega un rol transcendental contra un “enemigo ideológico”; el gesto de los jugadores de la Selección Nacional, a quienes había calificado como “termos mononeuronales”; la derrota con el proyecto de ley de extranjerización de tierras; y la conferencia de prensa del Presidente norteamericano Donald Trump, en la cual presionó al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte para que aumente su gasto en defensa. Así, por iniciativa de Santiago Caputo, el Presidente Javier Milei, que hasta el día de la fecha había defendido el derecho a la autodeterminación de los isleños; que había disminuido hasta mínimos históricos el presupuesto de la defensa nacional; que no se había pronunciado sobre las actividades extractivas ilegales que realizan en nuestro territorio países como Israel, Corea del Sur, España y la provincia de Taiwán; que no había protestado por los ejercicios militares que realiza el Reino Unido; que tampoco lo había hecho por las violaciones al espacio marítimo y aéreo que ha realizado la potencia colonial para “no molestarlos”; y que había ordenado mantener la cuestión Malvinas en el nivel de liturgia (los discursos cada 2 de abril y las presentaciones de rigor en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas); decidió embanderarse en la causa Malvinas con un fracaso rotundo, porque sólo terminó dando un giro de 360º.

 

Humo en cadena

El presidente “anunció”, en primer lugar, la aplicación de la ley 26.659 del año 2011, a la que nunca había recurrido, y firmó el decreto 868/26 por el cual nombra a la Cancillería como autoridad de aplicación de la citada norma, modifica procedimientos administrativos para aplicarla y establece más regulaciones para otorgar permisos de exploración, concesiones, entre otras actividades vinculadas a las actividades hidrocarburíferas.

En segundo lugar, el Poder Ejecutivo realizó una modificación al Presupuesto Nacional a través del DNU 867/2026, por el cual se “aumentaron” las partidas destinadas al Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas para lo que resta del año 2026.

En tercer lugar, anunció la construcción de la Base Integral Naval de Ushuaia que ya había sido anunciada durante el gobierno de Alberto Fernández y cuyas obras se habían iniciado, alcanzando un avance del 9,13% al mes de diciembre de 2023; que fue relanzada junto a la jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson, en abril de 2024; y cuya construcción seguía estancada en el 9,13% en agosto de 2025.

En cuarto lugar, se refirió al envío de un proyecto de ley para endurecer las sanciones y crear el Consejo de Seguridad Nacional. Además, afirmó que se incorporaría la infraestructura crítica como un objetivo de la defensa.

 

Lo que está sucediendo

El gobierno libertario ha reducido la planta del Estado en 72.522 empleados y provocó una caída del salario del 40,5%. Los ministerios de Relaciones Exteriores y Culto, y de Defensa, que sin dudas deben cumplir un papel relevante en relación a la cuestión Malvinas, están entre las áreas más afectadas. Además, y de acuerdo con el informe del ex jefe de Gabinete Guillermo Francos, las Fuerzas Armadas habían perdido 18.659 efectivos a septiembre de 2025, cifra que según fuentes militares superaría los 20.000 al día de la fecha. Difícilmente el Estado tenga las capacidades institucionales y el poder político necesario para imponer las sanciones previstas en la ley 26.659 a las 45 empresas denunciadas por la Cancillería Argentina. Más allá de esto, resulta tragicómico que una de las empresas denunciadas por el gobierno sea una de las beneficiarias del RIGI, lo cual muestra el descontrol político y el vaciamiento del Estado por parte del gobierno de Javier Milei. Ni que hablar de sancionar o presentar quejas diplomáticas a los países que pescan ilegalmente o que prestan apoyo logístico al Reino Unido en nuestras islas.

En segundo lugar, la inversión para todo el Sistema de Defensa Nacional alcanzó el equivalente al 0,56% del PBI en 2025, de acuerdo con el Stockholm International Peace Research (SIPRI); es la más baja de la historia argentina. Sin embargo, los recursos destinados al alistamiento (combustible, por ejemplo), adiestramiento y logística (Función Defensa) alcanzaron el 0,28% del PBI para el mismo año, de acuerdo con un informe del Ministerio de Economía (página 58); lo cual representa también el peor registro histórico. En cuanto a la presentación del Proyecto de Presupuesto 2027, se prevé un crecimiento en términos reales para la Función Defensa del 1,44%, siempre y cuando se cumpla con la meta de inflación del 29% estimada por el Ministerio de Economía. A estos números se suman las restricciones geopolíticas y tecnológicas de los F-16, los UH60L Black Hawk para patrullaje fronterizo y lucha contra el narcotráfico, y los Stryker que no vadean ríos, medios que difícilmente puedan estar alistados, adiestrados y sostenidos para la guerra o para apoyar a la política exterior en sus presiones al Reino Unido. Obviamente los Super Étendard y su versión modernizada (SEM), comprados por Mauricio Macri —que pese a los twitteos de los serviles no volaban y no iban a volar—, no tendrán este problema. Sin duda, lo más canallesco es que los funcionarios del Ministerio de Defensa de los gobiernos de Macri y Milei no pueden alegar que fueron embaucados porque tanto Francia como Estados Unidos informaron públicamente sobre lo que estaban vendiendo.

A estas cifras debemos agregar que la caída de los salarios del personal militar es igual al del resto de la administración pública, pero con el agravante de que el gobierno ha incumplido con el pago de la recategorización prevista durante la gestión anterior. Esta situación se refleja en que los integrantes de las Fuerzas Armadas están entre los más endeudados con las entidades bancarias y financieras.

 

 

Asimismo, el ex ministro de Defensa, Luis Petri, ha sido denunciado por presunta malversación de fondos en la Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA), mientras que el Instituto de Ayuda Financiera (IAF), que administra las jubilaciones de los militares, se encuentra al borde del colapso, según informó Guillermo Carmona.

En tercer lugar, la construcción de la Base Naval Integrada está supeditada a lo que se explicó en el párrafo precedente, salvo que el gobierno tenga previsto o haya acordado que Estados Unidos se haga cargo del financiamiento. Este es un escenario plausible, ya sea que flameen la bandera estadounidense y la argentina en Ushuaia o que esa potencia pueda utilizar la base como sostén logístico para sus medios militares porque los intereses estratégicos de Estados Unidos y el Reino Unido convergen en el Atlántico Sur y le permitiría a la superpotencia contar con dos bases en ese escenario para su vigilancia, control y reconocimiento de los estrechos, y para su despliegue hacia el Océano Pacífico y hacia la Antártida. Debe quedar claro que la Argentina es un peón en este juego de presiones de Estados Unidos hacia Inglaterra, como lo fue de Estados Unidos antes de 1982 en América Central. Los intereses que prevalecerán son los de estas potencias, pese a los sueños de los libertarios y de algún trasnochado en el campo nacional-popular.

Por último, la creación de un Consejo Nacional de Seguridad (CSN) no es mala idea. Esta propuesta no significa que se vaya a reintroducir la Doctrina de Seguridad Nacional en la Argentina nuevamente. Simplemente es una burda copia del órgano de asesoramiento que tienen los presidentes de Estados Unidos. No obstante, más que modificar la Ley 23.554 de Defensa Nacional o si se propone crear el CSN, sería mejor que el Presidente convoque el Consejo de Defensa Nacional, que ya está previsto en la ley citada y al que reunió por única vez en 2006 la entonces Ministra de Defensa, Nilda Garré. En relación con la propuesta de incorporar la infraestructura critica como un objetivo del Sistema de Defensa Nacional, ello ya está previsto en la Directiva de Política de Defensa (DPDN) 2021 (decreto 457/2021) y, paradójicamente, en el decreto 1112 del 20 de diciembre de 2024 firmado por el Presidente Javier Milei.

Finalmente, el jueves último se presentó el proyecto con el pomposo nombre de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que no menciona a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y espacios marítimos concurrentes, ni a la constante agresión del Reino Unido, y accede al pedido de Estados Unidos de modificar la Ley de Defensa Nacional 23.554 para que los problemas de índole criminal (narcotráfico, crimen organizado, entre otros) se conviertan en hipótesis de las Fuerzas Armadas, convirtiéndolas de jure en Smal Armed Forces, que cumplirán un rol subordinado a los intereses estadounidenses en nuestro país y en la región.

 

 

La bandera de Estados Unidos flameando en la Base Naval de Ushuaia, en 2024.

 

Geopolitizar la cuestión Malvinas

La única hipótesis de conflicto que tiene la Argentina es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que ocupa el 25% de nuestro territorio. No hay que subirse a la pretensión británica de que nos enemistemos con Chile para dejarnos en la misma posición estratégica de 1982. Sin duda hay diferencias que afectan nuestros intereses, pero hay que apelar al dialogo diplomático, lo cual incluye también a Uruguay.

Para geopolitizar la cuestión Malvinas habría que avanzar en:

  • Incrementar el presupuesto en defensa al 2% del PBI;
  • Asignar el 1% de las exportaciones de commodities al Fondo Nacional de la Defensa;
  • Ordenar que los F-16 patrullen el Atlántico Sur junto a los P-3 Orión y las Patrulleras Oceánicas de la Armada, signando también a medios de la Prefectura Naval Argentina. Adicionalmente, los F-16 deben poder operar en Río Gallegos, para lo cual hay que realizar obras de infraestructura en dicha Brigada;
  • Comenzar el proceso de adquisición de tres submarinos;
  • Empezar el análisis y reemplazo a los Super Étendard y los SEM, y desplegarlos en Río Grande;
  • Realizar el Ejercicio Conjunto Malvinas 2026 en Santa Cruz y Tierra del Fuego;
  • Prohibir la realización de ejercicios militares en Tierra del Fuego con países que no reconozcan la soberanía argentina sobre nuestras Islas del Atlántico Sur en los dichos y en los hechos. No enviar a formarse a militares a países que no cumplan con este requisito y con la normativa de la defensa nacional, manteniendo únicamente los cursos de adiestramiento o formación logística;
  • Derogar los Acuerdos de Madrid I y II;
  • Pedirle a Estados Unidos e Israel que auspicien una resolución en la Asamblea General de Naciones Unidas, en el mismo tono que la 2065 de 1965. Y, obviamente, que la voten a favor; y
  • Aplicar medidas administrativas y/o económicas a empresas y países que colaboran con los británicos.

 

Entre Galtieri y Astiz

Las citas que encabezan esta nota y trazan el perfil de un decisor argentino se refieren a Leopoldo Fortunato Galtieri, pero también son aplicables a Javier Milei. La cruzada contra la imaginaria “izquierda o comunismo”, proclamada en foros internacionales y privados durante sus viajes al exterior; la creencia de que Estados Unidos nos apoyaría en la cuestión Malvinas solo por haber sido el alumno pródigo, como decíamos en los años ‘90, o un peón funcional a los intereses estadounidenses; acercan a Milei a Galtieri más que a Domingo Faustino Sarmiento o Julio Argentino Roca (no menciono a Juan Bautista Alberdi porque no fue Presidente y fue uno de los grandes pensadores de su generación, lo cual no aplica al actual mandatario).

Los errores estratégicos y geopolíticos del gobierno libertario nos pueden costar las Islas porque, como adelantamos, un escenario factible es la instalación de Estados Unidos en Ushuaia, pero también pueden terminar desembarcando en las Islas Malvinas; es decir, un retroceso insalvable. Los errores estratégicos y de planeamiento no se solucionan en el nivel táctico y, por ello, el heroísmo de nuestros jóvenes oficiales, suboficiales y soldados en los combates no pudo corregir lo que los generales enfermos, alcohólicos y torturadores no supieron hacer desde un escritorio de Buenos Aires, o sí, porque, en realidad, su objetivo, como ahora, era tapar el desastre económico.

El 8 de diciembre de 1977, el núcleo fundacional de las Madres de Plaza de Mayo estaba reunido en la Iglesia de Santa Cruz. Al finalizar la reunión aquella noche, Alfredo Astriz marcó con un beso (igual que Judas) a las víctimas que serían secuestradas y desaparecidas ese día: Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. Dos días más tarde correrían la misma desgracia Azucena Villaflor y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.

Años más tarde, el 25 de abril de 1982, Alfredo Astiz se rindió sin disparar un tiro en las Islas Georgias ante las tropas británicas. Esta actitud muy cobarde debió haber merecido la pena de muerte en la última dictadura, pero fue más fácil para las Juntas Militares aplicarla a madres, abuelas, monjas, entre otros muchos argentinos y argentinas.

 

Astiz firma su rendición en las Georgias del Sur.

 

En síntesis, Javier Milei se pintó la cara para presentar combate, pero para rendirse deshonrosamente ante Gran Bretaña como hizo Astiz en 1982. Su 25 de abril se acerca.

 

[1] Palabras del jefe de la Armada Argentina, almirante Jorge Isaac Anaya, al contralmirante (RE) Luis Pedro Sánchez Moreno. Buenos Aires, 18 de diciembre de 1981. En Yofre, J. (2011). 1982. Sudamericana, p. 64.
[2] Cardoso, O.; Kirschbaum, R & Van der Kooy, E. (1983). Malvinas. La trama secreta. Círculo de Lectores, pp. 22 y 30.

 

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