Griselda y Juan Carlos

Dos grandes artistas que nos acompañaron toda la vida

 

Yo no debería escribir esta nota porque en materia de artes plásticas y de teatro, soy un completo ignorante. Pero cuando los que saben no se animan, porque les duele demasiado o porque están vencidos y sólo sobreviven, nos toca a los empeñosos que seguimos de pie tomar la palabra y transmitir la admiración que sentimos por los grandes artistas que nos han acompañado durante toda la vida.

Griselda Gambaro y Juan Carlos Distéfano llevaban más de 70 años juntos, se habían casado en 1955, y murieron con menos de dos meses de diferencia, en su casa de siempre, en Don Bosco. Eran tímidos, discretos, tiernos. Con sus dos hijos formaron la familia más tradicional imaginable, lo que expone la ridiculez de la bestial dictadura cívico-militar y su sostén eclesiástico, que en 1977 prohibió en todas sus formas la novela de Griselda, Ganarse la muerte. El decreto 1101 del 26 de abril de 1977 prohibió su distribución, venta y circulación en todo el territorio nacional y el secuestro de los ejemplares del libro, y clausuró durante 30 días la editorial de Daniel Divinsky, Ediciones de la Flor. Mafalda no dijo nada, pero observó todo.

Como la burocracia tiene sus tiempos porque es minuciosa en sus procedimientos, el teniente coronel Jorge E. Méndez comenzó a elaborar el informe de la SIDE que fundamentó la sanción, en julio de 1976. Acusó a la novela de atacar, “la sociedad”, “la condición humana”, “la familia”, “las instituciones armadas” y “el principio de autoridad”.

Entendieron el mensaje y se marcharon a Barcelona, de donde regresaron a su casa de Don Bosco en 1980. En 1981, la resistencia cultural se concentró en Teatro Abierto, donde se estrenó Decir Si. Griselda escribió esa obra el año del golpe, y subía al escenario en el momento de su declinación. Para los censores era un rompecabezas, porque ese diálogo entre un peluquero amenazante y su cliente no menciona a la dictadura ni a los militares pero es una alegoría de la sumisión y la violencia imperantes. Alejada del realismo que cultivaron Tito Cossa o Ricardo Halac, con elementos del teatro del absurdo de Ionesco o de Beckett, sus obras fueron alegorías implacables sobre lo que se estaba viviendo. Me es difícil pensar en una pareja más creativa que Griselda y Juan Carlos, que pensara la Argentina con mayor profundidad, tanto en las novelas y las obras de teatro de ella como las esculturas de él.

La investigación de Distéfano sobre los materiales le permitió perfeccionar una expresión muy distinta a la de la escultura tradicional, emparentada con la Nueva Figuración que desarrollaban en su obra pictórica, Macció, Noé, Deira y De la Vega. Su obra, junto con las de Ferrari, Berni, Spilimbergo, Carlos Alonso, Ramos Gucema, son la respuesta poderosa de una sociedad que no se resigna ante la adversidad y que pugna por transformarla.

 

 

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