Habló China

¿Quién tiene la “ventaja” en la carrera por la IA?

Ilustración: Liu Rui, Global Times.

 

Pocas horas después de que el flamante cartel de tecno-oligarcas que tributan económica y políticamente a Estados Unidos hiciera su presentación en sociedad con el supuesto gesto altruista de pedir que se frene el desarrollo de la IA hasta tanto Washington los regule, el adulto en la habitación tuvo que levantar la voz.

Hablamos de China, claro. Porque si consumís medios argentinos, desde ayer estás escuchando todo lo que dijo Trump (“el único guardrail que necesita la IA es un Presidente como YO”) y poco y nada de la postura de Beijing o sus razones para sostenerla.

El portavoz de la cancillería de la República Popular China, Guo Jiakun, dijo que “el alarmismo, la confrontación y la competencia desleal solo entorpecerán el proceso de gobernanza global de la IA, lo cual no favorece a los intereses de nadie”, e insistió en la línea propuesta por Beijing de una IA abierta, inclusiva, y orientada al bienestar compartido de la humanidad.

 

 

El medio oficial de China en inglés, Global Times, recogió directamente el guante citando el famoso artículo de Dario Amodei, en el que el CEO de Anthropic dijo que “el liderazgo de China en la IA representaría un grave peligro para Estados Unidos y para el mundo”, a la vez que, señalaron, el propio Amodei reconoce en el texto que el país asiático “lleva la delantera” en el área.

De este modo, Global Times y China señalan el elefante en la habitación en el mismo sentido que La Nueva Poesía (cof cof): “Liu Shaoshan, director de IA incorporada (Embodied AI) en el Instituto de Inteligencia Artificial y Robótica para la Sociedad de Shenzhen (...) y quien trabajó anteriormente con Amodei, declaró el domingo al Global Times que, a corto plazo, las empresas tecnológicas tienen fuertes incentivos para presentar la IA como algo más potente, misterioso e incluso peligroso de lo que realmente es”.

“Una vez que se presenta la IA como una tecnología que determinará la competitividad nacional, la seguridad nacional e incluso el futuro de la civilización, una empresa de IA deja de verse como una compañía tecnológica común y pasa a considerarse una ‘infraestructura estratégica’. Esto aumenta directamente su relevancia política, eleva las barreras de entrada del sector e incrementa su valoración”, señaló Liu.

 

Ventaja técnica y ventaja en gobernanza

Carnegie Endowment calcula que en 2025 cerca de tres cuartas partes del cómputo avanzado de IA del mundo seguía en suelo estadounidense, frente a apenas 14% en China, y que la producción china de chips llegó a solo un 1-4% de la de Estados Unidos.

Con esta data en mente, Amodei asegura en su ensayo que aún los laboratorios estadounidenses tienen “ventaja” sobre el desarrollo de IA chino y aboga por mantenerla.

La ventaja se mide en meses: el instituto de investigación Epoch AI dice que los modelos chinos están unos siete meses atrasados respecto a los lanzamientos de frontera de Estados Unidos.

Pero la gobernanza sobre esta tecnología de frontera debe necesariamente ser un factor a tener en cuenta para establecer qué es una ventaja fuera de lo puramente técnico.

Lejos del guion yanqui que combina el culebrón con Terminator, los chinos vienen advirtiendo hace rato sobre un escenario explícito de pérdida de control de la IA, pero a diferencia de sus contrapartes occidentales, toman el toro por las astas.

 

 

 

 

Son las cositas de las economías centralmente planificadas: pueden tomar decisiones de gobernanza bastante tranquis y avanzar en marcos de seguridad sin la presión de los incentivos del capital.

En julio, en la Conferencia Mundial de IA en Shanghái, Xi Jinping pidió prestar atención a los riesgos intrínsecos y derivados de la IA y remarcó que debe “permanecer siempre bajo control humano”.

Brian Tse, del centro de investigación Concordia AI, sintetiza que mientras “los expertos chinos y estadounidenses coinciden en gran medida sobre los riesgos de la IA”, la diferencia es que uno de los dos bandos convirtió esa coincidencia en un arma retórica contra el otro.

Beijing no solo quiere regular para adentro y, lejos de los chillidos de la carta de Amodei, empuja la creación en foros internacionales de un “World AI Cooperation Organization” y un plan de capacitación en IA “para el bien y para todos”, con el argumento de que la IA es una tecnología que debe “beneficiar a toda la humanidad” y que todas las partes deberían promover conjuntamente un desarrollo abierto e inclusivo de ella.

Comparen esa oferta con la cartita de Amodei, que condiciona explícitamente cualquier cooperación futura a mantener primero el control de los chips y someter a los proyectos “vinculados al PC chino”.

La escasez de chips (una de las materias primas para estos desarrollos) obligó a los laboratorios chinos a innovar más rápido, innovaciones que repartieron gratis por el mundo.

Gracias a esa circunvalación de las restricciones, hoy la antigua dependencia de Estados Unidos desapareció casi por completo. Al punto de que no está nada claro que los modelos de frontera estadounidenses sean muy superiores a Kimi K3 o Qwen3.8-Max, los de frontera chinos.

La parte de “repartir gratis” fue una gran jugada. Los modelos Qwen de Alibaba superaron ya las 700 millones de descargas y en octubre de 2025 desplazaron a Llama (de Meta) como la familia de modelos abiertos más popular del mundo.

Esa apertura, de la que se benefician especialmente investigadores, startups y países del sur global incluidos en los BRICS, profundiza la ventaja china.

Es difícil establecer exactamente de qué hablamos cuando hablamos de “ventaja”, pero si tomamos como parámetros costo, apertura y velocidad de despliegue, China es el Correcaminos, y Silicon Valley está tratando infructuosamente de abrir un paracaídas marca ACME.

Lo de la apertura no solo es una ventaja de negocios, porque también trae beneficios de seguridad.

Rara vez se menciona en las numerosas coberturas sobre el incidente Open-IA Hugging Face este julio, pero para investigar el ataque los estadounidenses debieron recurrir a un modelo chino de pesos abiertos (GLM-5.2, de Z.AI) porque los modelos de ellos, al ser más cerrados, eran menos útiles para esa labor forense.

 

 

Hay otros datos. Como los que señalan que el más conocido de los modelos chinos de LLM, Deepseek, gana mercado entre las propias empresas estadounidenses.

China también explota en la presentación espectacular de los productos que va largando. Por ejemplo, en el sur chino se acaba de inaugurar una fábrica de robots totalmente automatizada, con capacidad de producir un robot humanoide cada diez minutos.

“En julio, la producción de robots industriales de China alcanzó las 98.677 unidades, lo que representa un aumento interanual del 30,2%”, indica Global Times.

Seguramente alguien que viajaba al lado tuyo en el 118 en hora pico puso con el volumen a full y sin usar auriculares alguno de los videos de tik tok llenos de humanoides chinos bailando danzas tradicionales, corriendo maratones o en un sinfín de actividades.

Acá una perlita hermosa para nosotros: China ya tiene su propio pez robot.

 

 

Capturas y carreritas

La Ley de Metcalfe es una teoría económica y de telecomunicaciones que afirma que el valor de una red de comunicación es proporcional al cuadrado del número de usuarios del sistema.

Formulada en la era de ethernet por el científico de ese apellido, propone que el valor de una red crece exponencialmente con cada nodo que se suma. Y que, lógicamente, quien primero acumule difícilmente pueda ser desplazado después.

Lo explicamos en términos de ABBA:

 

 

Entenderla sirve para leer la apertura china despojada de entusiasmo (un riesgo cuando tenemos del otro lado al evil empire).

Bajo esa lógica, la apertura china que “regala” el producto es una estrategia de mercado clásica.

Los labs chinos pierden plata o resignan control sobre los modelos, pero ganan a la larga en posición dominante.

Cuando Alibaba permite que cualquiera use y adapte Qwen (el desarrollo de frontera que mencionamos antes) no está construyendo el comunismo del cómputo, lamentablemente.

Está haciendo lo mismo que hizo Google con Android o Meta con WhatsApp, o Coca-Cola con la diabetes (?).

Habíamos dicho que la escasez de chips obligó a China a innovar rápido. Esa innovación, distribuida gratis, le permite anclar a muchos usuarios (países enteros, otros laboratorios, empresas) a su ecosistema técnico.

Cuantos más nodos dependen de los modelos abiertos chinos, más consolidada queda esa posición cuando llegue la hora de monetizar, restringir o simplemente imponer condiciones.

No es lo que China intenta hasta ahora, o al menos no es lo que dice. Pero estrictamente, en un análisis de lo que existe, Beijing y Silicon Valley corren la misma carrera por acumular datos, infraestructura y dependencia, con distintas tácticas de largada.

Daron Acemoglu y Simon Johnson, dos ganadores del Nobel de Economía, proponen un concepto útil para correrse del modo carrera: el de “utilidad de las máquinas”, que propugna que la tecnología no tiene un rumbo inexorable, que puede orientarse a potenciar el trabajo humano, crear nuevas tareas, mejorar la toma de decisiones o fortalecer la cooperación.

Por ahora, todo lo que China hace y dice hacia afuera puede leerse en esa clave.

Uno de los mayores riesgos de la IA no es que se salga de control y “nos mate a todos”. La mayoría de los riesgos, de hecho, no son a futuro.

Hoy diversos actores, desde el gobierno israelí en Gaza hasta el sistema Flock en Estados Unidos, usan las tecnologías de frontera para maximizar el control, la vigilancia y la concentración de poder. La misma China es criticada por la vigilancia masiva en sus calles.

Liu Shaoshan tiene razón cuando dice que Amodei infla el riesgo para convertir a Anthropic en “infraestructura estratégica” y hacer clink-caja.

Pero en una carrera armamentística no hay buenos. Los dos participantes compiten por capturar la misma infraestructura, de la que depende cada vez más nuestra vida cotidiana.

 

Protesta en Estados Unidos contra las cámaras Flock, cuyo uso masivo por parte de la policía y entidades privadas genera intensos debates sobre la privacidad y el rastreo ciudadano.

 

Y estamos seguros, insistimos, que no se trata de elegir qué contendiente gestiona mejor la IA, sino de discutir en qué sistema queremos que se desarrolle.

Como para no aflojar, nadie quiere elegir cuál de los dos nos va a gestionar la agonía.

 

 

 

* Publicado por el portal La Nueva Poesía.

 

 

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