Lo loco es el rumbo

Autodestrucción y empobrecimiento colectivo

El Bosco: Extracción de la piedra de la Locura (1475-1480). Intervenido por Navaja, animado por Silvia Canosa.

 

¿Riesgo político?

El discurso económico de la derecha local ha pretendido históricamente ser poseedor de solvencia técnica, encarnar la sensatez, estar actualizado según los últimos “avances” de la ciencia económica y avalado por las prácticas exitosas que ocurren en el resto del mundo. Por supuesto que nada de eso es cierto cuando se estudia con rigor la historia económica internacional y local.

Lo que no se le puede negar a la derecha local y global es que cuenta con un aparato comunicacional notable, que abarca desde los medios de difusión más precarios hasta las unidades académicas más “prestigiosas”, según los criterios hegemónicos. Lograron que las reiteradas prácticas económicas ruinosas que aplican siempre salgan impunes en la valoración de una parte influyente de la sociedad.

Esta semana apareció en el Financial Times, una tribuna de doctrina económica neoliberal mundial, el siguiente título: “Milei’s economic reforms under pressure”, es decir: “Las reformas económicas de Javier Milei están bajo presión”. Como no podía ser de otra forma, el diario británico valora el equilibrio de las cuentas públicas (lo que de por sí el FMI ya ha señalado como falso) y la baja inflación (el diario elude hacer cualquier comparación internacional, o contra los detestados gobiernos kirchneristas). Pero no tiene más remedio que admitir que en la economía real se verifica una caída de la actividad, retroceso en el empleo formal, deterioro del consumo y contracción de los ingresos de la mayor parte de la sociedad.

 

 

Según las especulaciones que se observan en los circuitos mediáticos de la derecha local, la preocupación central actual es que la situación económica vigente perjudique las chances de reelección de Milei, lo que pondría en riesgo el “rumbo económico”.

Aparece, en esta forma de interpretar la realidad, una vinculación entre el escenario recesivo –que ya están admitiendo hasta los mayores defensores del “rumbo”– y el clima electoral que se puede vivir en 2027.

Todo este análisis se hace en el contexto de un vacío de discurso opositor claro –en todo caso no es la oposición la que está poniendo presión sobre las reformas de Milei, sino sus propias inconsistencias– y con la sola preocupación de que el actual deterioro económico se profundice e impacte en el público que viene acompañando el experimento libertario.

Para varios defensores del “rumbo” de este proyecto político, se puede evitar pasar por esta situación recesiva –que sería el único obstáculo para lograr un nuevo triunfo mileísta–, ya que “el rumbo” de la economía es por definición óptimo, y no tendría que ver con este cuadro coyuntural de deterioro creciente.

Se escucha decir en espacios de la derecha que “la actividad no arranca”, o que la economía tiene ahora “dos velocidades”. La realidad no es que no arranca porque ande mal el arranque, sino que retrocede en rubros económicos centrales, resultado absolutamente previsible de toda la política económica contractiva que promueve el gobierno nacional, al impulsar una brutal transferencia de ingresos desde la población hacia las grandes empresas monopólicas (de servicios públicos y de otros rubros muy necesarios para vivir).

Por ejemplo, se ha escuchado en estos días que una devaluación dinamizaría la economía (Ades, Maslatón), o que habría que bajar los encajes bancarios para liberar más fondos para el crédito (Broda). Son afirmaciones insólitas, puro pensamiento mágico, si se cree que con una medida salvadora se reactivará la economía, se disipará el clima de creciente malestar social, y Milei no tendrá dificultades en ser reelegido.

Realizar una devaluación, en el contexto de un gobierno incapaz de tomar medidas sociales compensadoras, lo único que haría es hundir más el salario y profundizar la recesión. Ofrecer más crédito bancario no resolvería el ya serio problema del endeudamiento de familias y empresas, y sólo algunos proyectos muy puntuales, altamente rentables, se animarían a tomar fondos prestados. La oferta de dinero por parte del sistema financiero, por sí misma, no genera actividad económica.

Hace falta entender a qué se están refiriendo con tanta insistencia con “no cambiar el rumbo”.

 

 

Pero, ¿qué es el rumbo?

  1. ¿Una filosofía de libre mercado? Seguir hablando de estas tonterías sería equivalente al delirio de un sediento en el desierto. Lo que quedaba de economía de libre mercado se está evaporando por todas partes. Leamos un segundo a Peter Thiel, en su texto en su libro Zero to One (De cero a uno): “Los estadounidenses mitifican la competencia y le atribuyen el mérito de habernos salvado de las colas para obtener pan, propias del socialismo. En realidad, el capitalismo y la competencia son opuestos. El capitalismo se basa en la acumulación de capital, pero, en un escenario de competencia perfecta, todos los beneficios terminan disipándose debido a la propia competencia. La lección para los emprendedores es clara: si se desea crear y capturar un valor duradero, no hay que construir un negocio basado en productos o servicios indiferenciados”. Y esto es justamente lo que repitió Milei en uno de sus discursos en Davos. Es el abandono del discurso mentiroso, casi romántico, de “la competencia y la libertad de mercados” de los rentistas como Macri y su clase. Ahora aparece en el horizonte, abiertamente, el discurso de guerra de los señores tecno feudales. También los nuestros saben de memoria dónde están los negocios y por eso se abalanzan sobre los monopolios públicos.
  2. ¿Un enfoque macroeconómico ortodoxo? Desde Martínez de Hoz para acá, ningún gobierno “liberal” argentino fue estrictamente ortodoxo, austero. Todos tomaron deuda externa, que fue a alimentar la fuga de capitales, permitieron la evasión impositiva en grande, no combatieron la corrupción privada con las compras estatales, emitieron moneda en forma errática, sobrevaluaron la moneda perjudicando a los exportadores y no combatieron a los monopolios privados. Tampoco liberaron todos los precios ni eliminaron los subsidios a su propio sector. Milei tampoco lo hace, porque responde en términos generales al mismo actor social, incapaz de liderar un proceso de desarrollo genuino.
  3. ¿Austeridad para reducir el endeudamiento público? Tampoco parece ser la idea. El Estado se está desprendiendo de empresas exitosas, está promoviendo en forma abierta la evasión y elusión impositiva, está apostando a la quiebra del sistema previsional público, y renuncia a los ingresos que podrían provenir de la inversión extranjera, mediante el RIGI. No están construyendo un Estado pequeño y eficiente, sino un Estado impotente, que no puede cumplir con sus funciones elementales en una sociedad civilizada. No sólo no hay combate a la corrupción, sino que se ha involucrado al Poder Judicial en la convalidación de la misma. El reciente quebranto por más de mil millones de dólares en el manejo de las reservas de oro habla de la baja profesionalidad de los responsables de la administración pública.
  4. Pero entonces, ¿qué es “el rumbo”? El rumbo es, precisamente, lo inconfesable. Lo que realmente está haciendo este gobierno en estos casi tres años de mandato: gran redistribución regresiva del ingreso, incluso contra los sectores medios (tema que parte de los economistas “heterodoxos” no tiene interés en abordar); cesión de negocios para amigos y allegados al gobierno; destrucción de las capacidades estatales; adaptación de la legislación y las instituciones públicas a las necesidades de las multinacionales; subordinación completa a las prioridades políticas y económicas de los Estados Unidos.

Mientras tanto, a la población le siguen repitiendo el libreto neoliberal noventista de la “economía libre”, cuando en los países centrales, así como en los países que están creciendo realmente, no se siguen más esas recetas, y se está terminando con la superchería de las “reformas pro mercado” y otros dogmas.

A diferencia del viejo recetario que sobrevive en el medio empresario argentino, en los países centrales se están aplicando medidas que apuntan a la reindustrialización (desgraciadamente asociada en muchos casos a las necesidades de “defensa” frente a supuestos peligros), a la fuerte intervención orientadora del Estado en términos estratégicos, y a la coordinación entre los sistemas científicos y tecnológicos con los productivos.

 

Negocios y realidad paralela

Los adoradores del “rumbo” prefieren olvidar que para el año 2027 habrá vencimientos concentrados por 100.000 millones de dólares, en pesos. Una masa enorme de dinero, para la cual hay una reticencia cada vez mayor a refinanciarles para después de las elecciones. Lo paradójico de esta situación es que esa reticencia supondría un temor a quien venga después de Milei, una incertidumbre sobre qué hará con esa masa de vencimientos, que Milei promete pagar como sea. A “los mercados” parece que no les genera ningún temor este gobierno, que es el que está generando esa situación completamente explosiva por su irresponsabilidad fiscal, promoviendo una recesión que hunde los ingresos del fisco, un clima evasor generalizado y desde el comienzo de la gestión una renuncia a cobrar impuestos a los sectores más acomodados de la sociedad.

Un informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA), calcula la fuga de divisas desde el inicio de la gestión Milei en 48.000 millones de dólares. El informe muestra que el ministro Luis Caputo endeudó este año al país en 19.000 millones de dólares “para cubrir el bache entre la no acumulación de reservas y los pagos de vencimientos”. Para 2027, CIFRA sostiene que al gobierno le faltan cerca de 22.000 millones de dólares para cubrir sus necesidades de divisas.

Al mismo tiempo se conoció un informe, basado en el World Inequality Report 2026 y CELAG, que señala que el 10% más rico del país concentra el 60% de la riqueza total, mientras que el 75% de la población reúne apenas el 19%. Pero si se desagrega más la información, se encuentra que el 1% más rico posee el 26% de la riqueza nacional.

Proponemos una cuenta sencilla: se podría duplicar los ingresos del 75% de la población transfiriendo un 19% de la riqueza desde arriba hacia abajo. Ningún rico caería en la pobreza, y mucha gente podría sacar la cabeza afuera del agua.

No cabe ninguna duda que se ha profundizado un problema grave de distribución de la riqueza y de los ingresos. Lo bueno es que “no somos todos pobres” y que existen en la economía recursos para duplicar el ingreso de los sectores más castigados, en el corto plazo.

La Argentina está pasando por un momento muy bueno en materia de exportaciones, más allá de si nos gusta o no su perfil exportador. Entran muchísimos dólares genuinos. Pero este auge exportador no se está convirtiendo en una mejora de las condiciones de vida del conjunto. Al contrario, las mayorías ven cómo sus ingresos se contraen mientras continúa la fiesta exportadora y se les dice que ese es el rumbo correcto.

 

 

Tirando la soberanía a los perros

Milei se reunió en su despacho, este viernes, con el vicesecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau.

 

 

Landau viene a decirle al gobierno argentino que no perjudique a las empresas norteamericanas, aún si están involucradas en las disposiciones de la futura Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que extrañamente viene muy demorada en el trámite parlamentario. En la lógica de sanciones establecida por la ley, podrían estar involucradas empresas norteamericanas asociadas a las que abiertamente están operando en Malvinas.

Diplomático al fin, Landau declaró: “Nosotros estamos obviamente viendo los intereses de nuestras empresas. Es natural que cualquier país se preocupe por eso, pero quiero destacar que nosotros respetamos el proceso legislativo de la gran nación argentina”.

Ya el canciller Pablo Quirno afirmó que “hoy existe una ley que el gobierno argentino considera que tiene que ser mejorada, porque justamente no le da a la Argentina las herramientas necesarias en el marco que tenemos para defender de la mejor manera nuestros intereses en la vida”.

El embajador Peter Lamelas había transmitido previamente al gobierno la inquietud norteamericana por el alcance de las medidas que se podrían tomar para proteger la soberanía en Malvinas. Pero que nadie se haga ilusiones: Estados Unidos está absolutamente convencido de que las relaciones económicas con América Latina son un juego de suma cero.

Mientras se va licuando la Ley de Defensa de la Soberanía, algunos gobernadores logran también ir degradando la soberanía territorial. Ya se están encontrando formas (ilegales, pero no importa) para continuar con la venta de tierras a extranjeros.

El periodista Sebastián Premici publicó recientemente que diputados de Santa Cruz presentaron una denuncia contra el gobernador Claudio Vidal por la venta de tierras a empresarios de los Emiratos Árabes Unidos. El amparo pide declarar inconstitucional el intento de venta de tierras protegidas a una empresa de ese país. Gracias a la denuncia se pudo saber que el gobernador Vidal permitió mediante un decreto provincial “la venta de 21.000 hectáreas dentro del Área Natural Protegida Península de Magallanes a una empresa creada por un fondo de inversión de los Emiratos Árabes Unidos”.

La maniobra ha sido muy grosera. Al comienzo de la operación de extranjerización una empresa local presentó un proyecto turístico que fue aprobado; pero luego se autorizó la transferencia accionaria a los capitales extranjeros y, como cierre de la maniobra, el gobernador emitió un decreto haciendo una excepción a la legislación protectiva vigente.

Todavía sectores de la política, del empresariado y del Poder Judicial no han tomado nota del cambio de clima en la sociedad argentina en relación al tema de la soberanía.

 

Inventado fantasmas para la gilada: ahora, anti islamismo

Se largó con todo una nueva vuelta de tuerca de la alienación mental y cultural que encarna el mileísmo.

Primero fue el tuitero Daniel Parisini, conocido como Gordo Dan, que publicó en X “lo que ofrece el Islam”, en donde asoció a esa religión con la violencia y el delito. En la lista de las aberraciones que le imputó al Islam puso la poligamia, las violaciones, las decapitaciones, el paganismo, la quema de personas vivas, la mutilación genital femenina, la violencia contra los perros, la toma de rehenes, la esclavitud, la guerra santa y la pedofilia.

El Presidente Milei no dudó en retuitear ese mensaje repugnante con el aprobatorio comentario “Tomar nota”.

Otro ente emisor de tuits, “OOC La Misa”, vinculado a Parisini, publicó un video realizado con inteligencia artificial donde el Gordo Dan, vestido de cruzado, lidera al galope una masa de otros caballeros feudales con banderas argentinas. Se deduce que están embistiendo contra tropas musulmanas. El texto del imaginativo video es “por Occidente y por nuestros hijos, Argentina nunca será islamizada”.

El ideólogo reaccionario Agustín Laje no se podía perder la oportunidad de emitir su propia aberración colonizada: “Hay que dejar de creer en la ficción de que un musulmán que vive como musulmán, que habla como musulmán, que se comporta como musulmán, por tener un papelito que dice ‘francés’ es realmente un francés”. “Esa fue la más destructiva estafa ideológica contra la identidad nacional”. Se ve que está muy compenetrado con lo que ocurre en Francia, salvo porque transmutó a los estudiantes franceses y a los “chalecos amarillos” en las tropas de Saladino.

También Luis Petri, ahora diputado y ex ministro de Defensa, profirió otro sermón anti islámico, tomando la precaución de hablar del “Islam radical” para abrir el paraguas. Volvió sobre el ridículo tópico de que “Occidente está en peligro”, amenazado por un “enemigo despiadado”. Parece que siendo ministro descubrió que las Malvinas están ocupadas por tropas de Al Qaeda, disfrazadas de soldados de Su Majestad Británica.

Petri caracterizó al islamismo radicalizado por prácticas como la subordinación de la mujer, la persecución de minorías, el uso de la esclavitud sexual y la imposición de penas severas por blasfemia. Leyó el mismo libreto de odio anti islámico que los otros, sin comprender que nuestra realidad es completamente diferente a la de los dueños de “Occidente”, que no tenemos los problemas –reales o ficcionales– de la derecha europea, sino que somos el patio trasero del nacionalismo cristiano blanco norteamericano.

Ponerse a esta altura, en la Argentina, a jugar al “choque de civilizaciones” al estilo Samuel Huntington, no sólo que es éticamente repugnante, sino que muestra un nivel de subordinación intelectual a la ultra derecha internacional francamente impactante. Que el discurso sea repetido en diversos espacios del gobierno habla de una cierta coordinación discursiva que no surge de la propia realidad del país, sino de pozos de odio externos, en los cuales abreva el mileísmo.

El Islam, el Cristianismo, el Judaísmo y otras religiones no occidentales cuentan en sus filas con gentes maravillosas, con las cuales se podría construir un mundo mejor, y otras gentes nefastas, que está haciendo lo posible para que todo termine mal.

Específicamente, el Islam es una religión enorme, compleja, diversa, con muchos matices y como, todas las otras, penetrada por los procesos históricos y por la interacción con la cultura y las ideas contemporáneas.

Hacer un recorte de lo peor que puede mostrar una religión a lo largo de su historia no contribuye a entender nada, y sí a denigrar y estigmatizar a algún grupo elegido a propósito, como muy bien sabe hacer la derecha local e internacional.

El líder socialdemócrata alemán de fines del siglo XIX August Bebel tomó del político liberal austríaco Ferdinand Kronawetter la idea original, para formular la expresión que dice: “El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles”.

Hoy, el anti islamismo en Argentina es el occidentalismo imitativo de los imbéciles.

 

Luis Alfonso Petri.

 

 

La tormenta mundial sigue su curso

Cualquier fuerza política seria –es decir, que no viva hundida en la coyuntura permanente– debería estar pensando escenarios frente a un panorama sumamente conflictivo que se está desplegando frente a nuestros ojos: se está ampliando el escenario bélico en Medio Oriente.

Hasta hace unos meses, se trataba de la confrontación de Estados Unidos e Israel contra Irán. Esa confrontación no se ha cerrado, y es muy probable que se reinicie, en forma aún más virulenta, después de las elecciones en Estados Unidos el 3 de noviembre.

Pero en las últimas semanas se abrió un nuevo frente entre las fuerzas yemenitas llamadas “hutíes”, que han mostrado importantes capacidades militares, y el Reino de Arabia Saudita, que ha sufrido serios ataques en instalaciones petroleras y aeropuertos, lo que no deja de ser una devolución de favores de sus vecinos del sur.

La amenaza de las tropas yemenitas de Ansar Allah –la fuerza político militar que el gobierno oficial de Yemen no puede controlar– ha llevado a pedidos de auxilio por parte del reino saudita, que no cuenta con tropas de tierra capaces de combatir contra los insurrectos yemeníes.

Estos tienen la capacidad de atacar a los barcos petroleros que atraviesen el Estrecho de Bab el Mandeb, lo que compromete aún más el tráfico comercial entre Arabia y el resto de la economía mundial. En los últimos días se ha evaluado el involucramiento de Pakistán, Egipto, Turquía y hasta tropas de Siria en una eventual guerra en tierra para defender a Arabia y suprimir el desafío al orden regional. Al mismo tiempo, surgieron rumores de confrontaciones en el interior del gobierno saudita. Es toda una región que comenzó a desestabilizarse, lo que podría tener un impacto muy importante en la economía mundial.

La Argentina y América Latina tendrían que tener planes de contingencia por la magnitud de los problemas que pueden derivarse de la profundización y extensión de la guerra. Desde ya que un gobierno con las absurdas ideas de “no intervenir en la economía” o de “dejar que las cosas se acomoden solas” no está en condiciones de estar al frente de nuestro país.

Milei es una desgracia local, que otras derechas del mundo ven con curiosidad para observar la viabilidad de un experimento hambreador extremista. Pero Trump es un fenómeno mundial por estar al frente de la principal potencia del planeta, que nos ha metido a todos –nos guste o no– en una situación peligrosísima, a partir de la ignorancia, la prepotencia y la estupidez.

En una entrevista reciente, el ex Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Malcolm Rifkind, al criticar la política exterior temeraria de Trump, lo comparó con otros ex Presidentes de Estados Unidos: “George Washington dijo de sí mismo que él ‘no podía decir una mentira’; Richard Nixon dijo hacia el final de su mandato ‘yo no puedo decir la verdad’”. El diplomático inglés sostuvo, que, a diferencia de los otros dos antecesores, Donald Trump no está en condiciones de decir cuál es la diferencia entre ambas.

 

Aceleración de los tiempos históricos

Los modelos económicos neoliberales son intensivos en propaganda. Son muy buenos en eso, hasta tal punto que parte de la gente acepta la degradación de sus propias condiciones de vida como precondición para un futuro más venturoso. Pero la propaganda no alcanza todavía a sustituir en un 100% a la realidad.

El poder de la ensoñación promovida por el neoliberalismo hace que algunos de los marginados históricos crean que gracias a Milei saldrán adelante, mientras que los que aún no han sido arrojados a los márgenes no sospechan que en poco tiempo ellos también estarán allí, si no hay un drástico cambio de rumbo.

El misterio argentino es que el país tiene uno de los peores gobiernos del planeta, corrupto, incapaz y cipayo, y tiene una de las oposiciones más lánguidas del planeta, considerando la magnitud de la agresión a la sociedad que se vierte desde el gobierno.

Que el actual rumbo económico-social y político no sea repudiado abierta y francamente por una mayoría social se debe en buena medida a la atonía opositora, completamente ineficaz frente a la ofensiva política ininterrumpida de las corporaciones y el imperio.

Desde una perspectiva popular, seguir avanzando en esta misma dirección, en este mismo “rumbo”, lleva en primera instancia a un debilitamiento profundo y conflictivo del país, y en un segundo momento a la fragmentación nacional.

El rumbo es el problema, más allá de Milei. El rumbo es la pulsión cortoplacista del capital local e internacional, completamente desentendido de lo que pase con el resto del país.

Lo loco, lo realmente loco, por más que lo vuelvan a proponer personajes menos patológicos que el actual mandatario, es seguir insistiendo en este rumbo de autodestrucción y empobrecimiento colectivo.

 

 

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