El dedo de Deus

Lula conquistó su cuarto mandato presidencial

 

“Siempre creo que tengo un dedo de Deus en mi cabeza” decía el Presidente Luiz Inácio Lula Da Silva tras su triunfo en la elección del 25 de octubre frente al candidato de extrema derecha Flávio Bolsonaro, respaldado por el imperio norteamericano, Israel y las Big Tech, como META.  Con los ojos del mundo puestos en Brasil, Lula conquistó la victoria que lo llevará a asumir su cuarto mandato presidencial.

La virada fue histórica. Por primera vez en una elección presidencial brasileña, un candidato que terminó segundo en la primera vuelta logró imponerse en la segunda, con el 51,79% de los votos frente al 48,21% del miliciano. Lula amplió, además, su propia marca al conquistar por cuarta vez la presidencia mediante el voto popular. La hazaña de este dirigente de talla mundial obliga a revisar los análisis que subestimaron su capacidad de liderazgo y la fuerza de la organización popular. “Fui escogido por Deus”, decía Lula. Y, podríamos agregar, por el pueblo.

 

 

Sin embargo, la explicación de la victoria requiere mirar más allá de su figura. La movilización popular en las calles, la disputa en las redes sociales, la fuerza de la juventud y una agenda en favor de las mayorías permitieron reconstruir el vínculo entre el liderazgo de Lula y las bases populares. Allí está la clave del éxito.

En su discurso tras el triunfo, el dirigente de los trabajadores presentó una agenda de transformaciones que podría definir su legado histórico y el del Partido de los Trabajadores (PT). Entre sus principales ejes se destacan:

  1. La regulación de las plataformas digitales.
  2. Una mayor participación popular en las decisiones del gobierno.
  3. Una revolución educativa.
  4. Fortalecer y ampliar el sistema único de salud (SUS).
  5. El desarrollo de una inteligencia artificial brasileña.
  6. El aprovechamiento del potencial energético renovable para el desarrollo tecnológico y la instalación de centro de datos.
  7. El procesamiento de tierras raras en el país para agregar valor a estos recursos, de los que Brasil posee las segundas mayores reservas del mundo.
  8. Una estrategia de desarrollo apoyada en la economía digital, la economía verde y la economía creativa.
  9. La construcción de un Brasil capaz de superar su condición periférica y ocupar un lugar central en el mundo.

El desafío será convertir esta agenda en transformaciones concretas. La energía social desplegada durante la campaña será la clave para construir una fuerza popular capaz de impulsarlas.

 

 

El 17 de octubre brasileño

El resultado de la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, dejó al hoy fugitivo en primer lugar y Lula en segundo. Ese escenario encendió las alarmas y activó una reacción popular ante la posibilidad de que la extrema derecha volviera a gobernar Brasil.

Lula fue el primero en transformar ese resultado adverso en un llamado a la lucha. Con un megáfono en el comando de campaña, anunció que comenzaba un nuevo partido y afirmó de forma categórica: “Yo soy especialista en el mata-mata”.

Al día siguiente, imprimió un giro en la campaña y reforzó el dialogo con jóvenes comunicadores e influencers militantes de izquierda y recurrió a videos en formato selfie para convocar a la movilización. El mensaje fue directo: “Bora, gente, para rua”, es decir, “vamos, gente, a la calle”.

Esta convocatoria encontró una respuesta en las bases sociales. La movilización estudiantil del 5 de octubre en la Universidad Federal Fluminense (UFF), en Niterói, Rio de Janeiro, fue la chispa que encendió una serie de manifestaciones masivas. Durante 19 días, estudiantes, profesores, trabajadores, sindicatos, partidos políticos, organizaciones populares y ciudadanos sin pertenencia partidaria ocuparon las calles de forma sostenida para dar vuelta la elección.

La presencia en las calles se articuló con una fuerte intervención en el territorio digital. El “ejército de Lula”, coordinado por el diputado André Janones, contribuyó a organizar la comunicación, la circulación de contenidos y las convocatorias a la acción en las redes sociales, con fechas y horarios definidos. La articulación entre ambos espacios generó una atmósfera de debate político que se extendió por toda la sociedad.

 

Lula, celebrando con el diputado Janones, responsable de la campaña digital.

 

Las conversaciones sobre los candidatos, sus propuestas y los modelos de país se multiplicaron en comercios, gimnasios, lugares de trabajo y ferias de barrio. La segunda vuelta adquirió así una intensidad política que no había alcanzado durante la primera.

A esa movilización se sumó la agenda social y laboral impulsada por el Presidente Lula, con impacto directo en la vida de las mayorías. La medida contra las apuestas en línea –las llamadas bets— y sus efectos sobre el endeudamiento familiar. El aumento del Bolsa Família y la aprobación del fin de la escala laboral 6x1 —que entrará en vigencia el 15 de diciembre— reforzaron la discusión sobre la distribución del ingreso, el tiempo de trabajo y las condiciones de vida. También tuvo peso el compromiso de sostener y ampliar los derechos de los adultos mayores, incluido el acceso a medicamentos mediante el programa Farmacia Popular. La reducción de la jornada laboral fue clave en esa disputa.

En síntesis, la victoria fue posible por la articulación entre participación popular, presencia en las calles, organización en las redes y políticas en favor de las mayorías. Esa combinación volvió a conectar la política y el liderazgo de Lula con las bases populares, particularmente con las juventudes, mujeres, disidencias y personas adultas mayores. “Brasil tuvo su 17 de octubre electoral” en palabras de Cristina Fernández de Kirchner. Otra vez, en la región, el subsuelo de la patria sublevado contra el imperio y el pueblo brasileño demostrando, una vez más, su lealtad en la última de Lula.

 

 

El tercer tiempo

La victoria electoral de Lula no desarticula por completo la extrema derecha arraigada en la sociedad brasileña, con fuerte presencia parlamentaria y vínculos con sectores de las elites económicas locales y trasnacionales.

La huida como rata del candidato de extrema derecha hacia Estados Unidos forma parte de este escenario. No casualmente lo hizo a través de Argentina, con la intervención de funcionarios estadounidenses y la complicidad de Javier Milei y el gobierno argentino. Esto pone de relieve tanto las conexiones y articulaciones internacionales de la extrema derecha, como el interés del imperio norteamericano de control territorial más allá de sus fronteras.

 

 

En el plano político, el proyecto de extrema derecha ofrecía una convergencia con la orientación del libertario en Argentina, es decir, alineamiento con Washington, debilitamiento de las capacidades estatales y subordinación a los intereses económicos de los sectores dominantes. Esa convergencia se inscribe en la estrategia estadounidense de reforzar su influencia sobre América Latina en el marco de la disputa hegemónica con China. La victoria de Lula adquiere, por lo tanto, una relevancia que trasciende Brasil y repercute en el escenario regional y mundial.

El tercer tiempo de este combate traerá también disputas y tensiones dentro de la propia fuerza social que conduce Lula. La implementación de las transformaciones anunciadas exigirá sostener una participación popular que exceda el calendario electoral. Allí aparece una pregunta central. ¿Cómo convertir la movilización popular que permitió ganar la elección en una fuerza social capaz de impulsar las reformas? El resultado dependerá de la capacidad del gobierno y de las organizaciones políticas y sociales para mantener abierto los canales de participación, organizar las demandas y disputar las decisiones sobre el desarrollo del país.

La potencia del pueblo brasileño, expresada en las calles en éste nuevo octubre, será fundamental para impulsar las transformaciones estructurales necesarias para construir una sociedad más igualitaria, que busque la soberanía política, independencia económica y justicia social. Sostener esa movilización será decisivo para convertir la victoria electoral en un legado histórico.

A los 17 años, Lula perdió un dedo trabajando en una fábrica. A sus 80 años, reconoce que fue tocado por el dedo de Deus. Ahora, es el Pueblo el que se lo devuelve para seguir escribiendo la historia.

 

 

 

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí