Cartas ajenas

Prelooker y Di Benedetto, impulsores del “libro argentino”

El editor porteño Carlos Prelooker y el escritor mendocino Antonio Di Benedetto.

 

La editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (EDIUNC, Mendoza) publicó en octubre el libro Querido Di B.:, que reúne la correspondencia que mantuvieron entre 1953 y 1959 el editor porteño Carlos Prelooker y el escritor mendocino Antonio Di Benedetto. La obra fue presentada en la Feria del Libro de Mendoza el 10 de octubre, cuando se cumplieron 40 años del fallecimiento de Di Benedetto. Ofrecemos un fragmento de  las palabras del editor y prologuista del libro.

 

La portada, ilustrada por Enrique Sobisch.

 

Cero

Leamos la carta que inicia la correspondencia:

“Mendoza, 17 de septiembre de 1953

Sr. Carlos Prelooker:

Para dirigirme a usted invoco el nombre de Antonio Pagés Larraya, mi coprovinciano y amigo, que está al corriente de mis deseos de hallar editor en Buenos Aires. No le pido decididamente tanto, sino que lea mi Pentágono, que va en paquete aparte.

Como información complementaria sobre mí, le envío también Mundo animal, mi primer libro publicado, muy reciente, tanto que aún no va a los diarios de Buenos Aires. Fue impreso a mis expensas, con el importe de un premio, el Municipal de Mendoza.

Pentágono, ya lo verá usted, es diferente de Mundo animal: más liviano, más ameno, más diverso, aunque en realidad es un solo tema con variaciones, una novela –¿diré de técnica original?– hecha por acumulación o sucesión de cuentos y relatos con los mismos personajes.

Me confío plenamente en su juicio y lo saludo cordialmente.

Antonio Di Benedetto

Entre Ríos 155, Mendoza”.

 

Entre las muchas cosas que generará esta obra, sospecho que una de ellas podría ser que las personas con poder de decisión sobre los programas o currículas de primaria, secundaria y niveles superiores de las escuelas y universidades argentinas comprendieran la importancia de enseñar a los estudiantes de dónde vienen los libros. Que un niño, por ejemplo, así como en determinada etapa de crecimiento se le empieza a explicar cómo se hacen los bebés, pueda aprender también que a los libros tampoco los trae la cigüeña ni nacen de un repollo. Que existe una larguísima y riquísima gestación editorial. Hablo de editoriales, no de empresas de servicios de edición que lo único que hacen es imprimir, sin hacer nada para publicar el mejor libro posible. La Argentina necesita urgente, entre otras cosas, que se creen talleres o más talleres, asignaturas, cátedras y carreras de edición de libros y demás publicaciones.

 

Uno

Leer cartas ajenas tiene algo de intromisión. También, de descubrimiento, de reconstrucción. Todo intercambio epistolar nos transporta de inmediato a otro orden espacio-temporal, histórico, social, vital. Recorrer las líneas que otras personas destinaron solo a ellas nos abre la puerta al mundo íntimo de los protagonistas, remitente y destinatario en términos del tradicional correo postal.

Coincidimos con el escritor Osvaldo Aguirre cuando, en la introducción a la correspondencia entre Mario Levrero y Francisco Gandolfo, señala:

 

“En principio una carta no se escribe para su difusión pública. Por el contrario, la correspondencia forma parte de la intimidad de los remitentes y es ese carácter el que le da su impronta, el de un texto atravesado por la complicidad y los sobreentendidos. Sin embargo, un escritor no guarda todos sus papeles, y el hecho de preservar algunos de ellos y tomar recaudos para que otros los reciban y puedan leerlos convierte a esos manuscritos en un legado” (Aguirre, 2015).

 

Son famosas, numerosas y de interés para estudiosos, investigadores y el gran público las correspondencias de grandes personalidades de la historia, la ciencia, la política, la literatura.

En el caso de la correspondencia que nos ocupa, se trata del intercambio entre un editor, Carlos Boris Prelooker (CP) y un joven escritor que busca publicar sus relatos, Antonio Di Benedetto (ADB). Ni personas muy importantes o conocidas ni seres ignotos, anónimos, como somos la mayoría. Las cartas que ofrecemos en este volumen son de interés para cualquier persona. Por supuesto que más para editores y escritores y para lectores especializados, investigadores o seguidores de uno o de ambos protagonistas. Pero no debemos excluir a ese gran destinatario que es el público lector no especializado y ávido de experiencias estéticas sin doctas mediaciones.

Una vez comenzada la lectura de estas cartas, si somos personas mínimamente curiosas, no podemos detenernos. Tanto ADB como CP revelan sus principales preocupaciones no solo profesionales y creativas sino también personales, cotidianas, inmediatas. Esta correspondencia es un material privilegiado para comprender mejor años cruciales de la historia y de la literatura argentinas.

 

Dos

Entre 1953 y 1959, Carlos Boris Prelooker (1910-1984) y Antonio Di Benedetto (1922-1986) mantuvieron una correspondencia muy intensa, entre la ciudad de Mendoza, residencia de Di Benedetto, y la ciudad de Buenos Aires, donde vivía Prelooker. No era CP una persona unidimensional. Además de tu trabajo publicitario, practicaba velerismo, ejercía las artes plásticas y era también un profuso escritor. Rol valiosísimo cumplió Nelly Rodríguez Bustamante, esposa de Prelooker, en el trabajo de edición: no solo fue la primera lectora del manuscrito de Zama sino de muchos otros materiales que recibía Doble P de escritores en busca de publicación.

En el siglo pasado, antes del correo electrónico, era habitual que quien enviaba una carta conservara una copia, de ahí que el archivo de correspondencia de Carlos Prelooker con Di Benedetto sea bastante completo. Esta práctica de época de conservar copias facilitó mucho el trabajo de ordenamiento y transcripción de la correspondencia que incluye este libro. Di Benedetto no databa, en general, sus envíos. Prelooker, sí. Gracias a esto, se puede seguir, entonces, con relativa facilidad la secuencia y cronología de cartas enviadas y recibidas.

La EDIUNC celebra poder publicar estas valiosísimas cartas. Primero, porque la existencia de este material extraordinario se conoce en el ambiente literario y editorial desde hace varios años y por fin sale a la luz. Segundo, porque editoriales no académicas han publicado muy ricos materiales de ADB, principalmente su obra literaria y periodística, y esta publicación viene a contribuir con esas tareas. Tercero, porque existe una controversia sobre la producción literaria y la vida de Di Benedetto y sus significados. Pese a que, principalmente Zama (1956), es reconocida entre las novelas más importantes del siglo XX y, por eso, considerada insoslayable, debió pasar mucho tiempo para que la obra de Di Benedetto llegara a un público, si no masivo, sí numeroso, y para que se cuestionaran o relativizaran ciertos mitos sobre la vida de Di Benedetto. Principalmente todo lo relacionado con su detención, tortura y exilio a partir de la última dictadura cívico-militar de la Argentina.

Más allá de controversias y de las preguntas y respuestas generadas a raíz de la detención, tortura y exilio de Di Benedetto, dar a conocer la correspondencia con su editor nos permite situarnos mucho antes de aquellos sucesos, cuando era o parecía imposible predecir lo que sucedería años después. Esta correspondencia nos entrega a un Di Benedetto y a un Prelooker maduros pero aún jóvenes, inquisitivos, cuestionadores, preocupados por la situación nacional, por la cuestión editorial –el presente y futuro del “libro argentino”–, en tiempos en los que buscan consolidar sus vocaciones y mantener sus profesiones, plenos de entusiasmo, energía, creatividad.

 

Una de las cartas que Di Benedetto envió a su editor.

 

Tres

Las cartas muestran un tratamiento primero distante o formal. Luego, de cierta confianza y alguna complicidad, y que con el tiempo adquiere rasgos de verdadera amistad. No nos referiremos aquí a los pormenores del vínculo personal que establecen y que trasciende lo literario. Pero dejamos constancia de que la correspondencia es muy reveladora al respecto. A medida que el vínculo se profundiza, los dos se muestran atentos y hasta demandantes de que cada carta sea respondida, y si alguno se demora, surge el reclamo de una parte y la explicación o justificación de la otra.

Di Benedetto busca editor para su obra literaria y encuentra en Prelooker uno muy atento (“Es usted un diestro catador de estilos”, comienza una carta de ADB), y –entiendo, muy importante– interesado en lo que llama repetidas veces el “libro argentino”. Fundador y dueño del sello Doble P, CP dirigía una agencia de publicidad. Doble P tenía ya en su catálogo a autores como Félix Luna, David Viñas y tantos otros.

Prelooker era una persona inquieta: viajaba en auto por la Argentina en busca de escritores no necesariamente del espacio cultural hegemónico del país, la ciudad de Buenos Aires. “QUIERO IMPONER A LOS AUTORES NACIONALES”, señala, todo en mayúsculas, en una carta fechada en julio de 1957.

El intercambio epistolar abarca muchos temas, principalmente los referidos a la publicación y distribución de literatura, las negociaciones entre un autor y su editor en busca del mejor libro posible, observaciones de CP a los manuscritos de ADB, quien agradece a su interlocutor por el rol activo como editor. Paralelamente, CP comparte con el mendocino su propia obra literaria, dialogan intensamente, se leen sus producciones y se estimulan uno al otro para que cada uno siga escribiendo, para que las urgencias cotidianas y las obligaciones no los pasen por encima y eclipsen el trabajo creativo.

Escritores, periodistas y editores aparecen mencionados y aludidos, así como publicaciones literarias y culturales. Destacamos a Gildo D’Accurzio, Hugo Acevedo, Juan Draghi Lucero, Jorge Enrique Ramponi, Alberto Rodríguez (h), Iverna Codina, Américo Calí, Ricardo Tudela, Alfredo Bufano, Astur Morsella (creador de la revista literaria Voces), Serafín Ortega, Pablo Neruda, Oscar Hermes Villordo, Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada, Félix Luna, David Viñas, Juan Carlos Ghiano, Julio Ardiles Gray, Romualdo Brughetti. Publicaciones: el diario porteño La Razón, el semanario mendocino Nueva Hora…

Entre las alusiones de ADB a Jorge Luis Borges, elegimos la siguiente: “Entre tanto, tal vez Borges se ha olvidado de mí, de la conversación y de mi trabajo. Así soy yo: descuidado de lo que a veces me puede resultar provechoso”.

ADB menciona más de una vez el tiempo que le quita a su escritura el trabajo en el diario Los Andes. CP se empareja afirmando que sus ocupaciones comerciales también lo alejan de su labor creativa: escribir y pintar.

Ocurrida la Revolución Libertadora –23 de septiembre de 1955–, los dos celebran el fin de una época: “Otro aire respiramos y en esta atmósfera ya libre de opresión”, señala ADB en una carta sin fechar. A lo que CP responde: “Mi amigo: sí. Nuevos tiempos son estos que vivimos. Parece casi un sueño poder respirar estos fortificantes aires de libertad que corren” (carta de CP fechada el 30 de septiembre de 1955, a pocos días de ocurrida la Libertadora).

Las cartas muestran que este entusiasmo se irá relativizando con el tiempo. Queda escrito que lo que vino después de la Revolución Libertadora no era exactamente lo que ellos pensaban. De todos modos, ADB señala que, gracias a lo ocurrido, personas como ellos podrán volver a lo que les interesa, la literatura, la edición, el arte, el cine, y dejar de lado las ocupaciones o preocupaciones específicamente políticas.

Parte crucial son las cartas donde los ya amigos intercambian sobre la futura Zama. Primero, cuando CP lee el original. Luego, cuando la novela es publicada y, en un tercer momento, cuando celebran la progresiva buena repercusión. Las cartas muestran la intimidad del vínculo autor-editor, las preocupaciones coincidentes en conseguir la mejor distribución para los libros de Doble P, la búsqueda de legitimación a través de reseñas de la obra en diarios y revistas, la radio y la televisión, presentaciones y vínculos con autores consagrados, todos recursos para contribuir a poner en valor la novela.

ADB insiste con la necesidad de que lo que se publica llegue a la mayor cantidad de lectores posible. Sabe que escribir no es suficiente, hay que editar, distribuir y llegar al gran público. CP es la persona que ayudará al autor de Zama a trascender el ámbito provincial.

Queda constancia clara de las prevenciones de ADB con la ciudad de Buenos Aires: “Lo que me da bronca es el 99 por ciento de los porteños y si estoy allá me veré rodeado de porteños, en tanto que aquí la mayoría de la gente, claro está, no es porteña”. En otra carta, CP alude a la “alergia” de ADB a Buenos Aires.

El escritor nacido en Mendoza quiere preservar a toda costa sus condiciones de producción y sabe que Buenos Aires, si bien es la gran oportunidad, puede convertirse también en una amenaza. Por eso repetirá que prefiere abstenerse de permanecer o necesitar demasiado a la capital argentina. Prelooker valora la posición de su autor: coincide en que el “libro argentino” no es solo el libro de Buenos Aires.

 

Portada de Zama.

 

Cuatro

Di Benedetto mantiene al tanto a Prelooker de su trabajo literario. Le envía originales de cuentos, lo consulta sobre títulos posibles, incluso sobre el que debería llevar la novela que finalmente publica como Zama. Comparte con su editor preocupaciones sobre la literatura fantástica, la búsqueda de un estilo claro, la experimentación narrativa, el contraste entre un relato didáctico y otro que esconde o reserva su sentido.

 

 

Javier Piccolo, director de EDINUC, María Laura Prelooker, el editor Juan López y Gustavo Nieto, secretario de Articulación Social y Territorio de la UNCuyo, durante la presentación del libro.

 

 

 

Ficha

Querido Di B.: Correspondencia entre Carlos Prelooker y Antonio Di Benedetto (1953-1959). (2026) Ilustraciones de Enrique Sobisch. Mendoza: EDIUNC, Colección Literaturas, 344 p.

El libro se consigue en la Librería Universitaria Argentina (LUA), Ecuador 871, Ciudad de Buenos Aires, y en la tienda virtual de EDIUNC.

 

 

 

 

 

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