La despedida

Expropiación de la casa de Walsh en San Vicente y muerte de su hija

En la Legislatura, junto a Myriam Bregman (2024).

 

En el año en que se cumple medio siglo del inicio del genocidio argentino, Patricia Walsh se despidió de este mundo con un legado: la recuperación de su casa paterna para transformarla en sitio de memoria. Debió morir para lograrlo.

Se supo luego del mediodía del jueves que, tras una operación de pulmón, los consecuentes problemas respiratorios que la habían tenido varios días internada devinieron en su fallecimiento.

Fue entonces que el Senado bonaerense desempolvó un proyecto que guardaba media sanción de la Cámara Baja desde hacía justo dos años. Por entonces, la legisladora de izquierda María Laura Cano Kelly (PTS), que había asumido su banca meses antes como parte de la rotación en el Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad, presentó el proyecto de expropiación de la casa de Walsh.

Patricia acompañó con una carta a los miembros de la Comisión que trataría el proyecto, participó de su deliberación y asistió al pleno del recinto que autorizó la moción de preferencia de Cano, con más de dos tercios de los votos, el 12 de noviembre de 2024.

Así quedó, hasta que en marzo de este año fue otro diputado de Izquierda, Christian “Chipi” Castillo, quien insistió. Esa nueva voz halló eco en el recinto, cuando la senadora peronista María Rosa Martínez (Kolina), vicepresidenta segunda de la comisión de Derechos Humanos, repasó la trayectoria de Patricia antes de que se pasara a la votación.

 

Foto: Data Conurbano.

 

 

Aquella vivienda había sido el último refugio del escritor. La había adquirido con los documentos falsos de “Norberto Freire”, seudónimo usado durante la investigación que devendría en Operación masacre. En esa marginada zona del Conurbano sur escribió su Carta Abierta a la Junta militar, el texto que uno de sus pocos colegas en ganar un Premio Nobel consideró obra maestra del periodismo universal.

 

Marcha a la casa en San Vicente, en 107. “No tenemos nada contra una familia numerosa, con hijos y nietos”, decía Patricia.

 

En esa morada de las calles Triunvirato e Ituzaingó escribió el cuento Juan se iba por el río y otros textos que fueron robados por la patota de la Armada que había desaparecido en la ESMA su cadáver baleado. A los militares, esos escritos les parecieron más valiosos que la casa, que dejaron en manos de policías bonaerenses. Uno de sus jefes la legó a su hija y así fueron quedándosela hasta ahora, cuando faltan cuatro meses para que se cumplan cinco décadas de la apropiación.

 

En Radio Universidad de La Plata, habla de la primera aprobación.

 

Patricia siempre dedicó palabras consideradas a la “familia numerosa” del subcomisario retirado de la Policía Bonaerense; pedía que se le diera una vivienda digna y no reclamaba la casa para sí, sino para la comunidad, en pos de constituirla en sitio de memoria.

Contra su condición de legítima heredera, o la de su hija María Eva Fuentes Walsh, hizo prevalecer el interés colectivo. Hoy, ninguna puede recibir esta satisfacción moral. María murió en 2008, de cáncer, a los 34 años; había querido ser periodista, como su madre, tía y abuelo, por lo que –antes de trabajar en el área de publicidad de Página/12, donde recibía a los familiares que acercaban sus recordatorios– había empezado a hacerlo junto a Horacio Verbitsky, quien también había tenido como colaboradora a Lilia Ferreyra en los ’90, había llevado el apellido Walsh a firmar notas en el diario La Opinión en los ’70 y antes había sumado a Vicky a la revista-libro Cuadernos de Robinson C (1967).

 

Foto: Data Conurbano.

 

Aparte de la lucha por el destino de la casa de Walsh, Patricia sobrellevó otras, como los escraches que emprendieron con la agrupación Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS); la que la tuvo como una de las denunciantes en la causa ESMA, y la del derecho a la interrupción del embarazo.

 

 

Como diputada nacional, exigió la nulidad de las leyes de impunidad derogadas en 1998, a partir del planteo del CELS respecto de que ya no había necesidad ni fundamento para sostenerlas.

 

Patricia relata su encuentro con Kirchner, que apoyó su proyecto.

 

Su solitaria voz encontró eco a partir de 2003, cuando el gobierno de Néstor Kirchner hizo propios los planteos de los organismos. Así se logró la nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Fue gracias a su impulso, según le reconoció el diputado Eduardo Valdez, junto a Wado de Pedro, en un programa televisivo de 2011:

 

Por Canal 26.

 

Murió en la misma fecha que Agustín Tosco. Sabrán las nuevas generaciones que impulso darle a semejante coincidencia.

 

 

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