LA GEOPOLÍTICA DEL AJUSTE

El disciplinamiento del conflicto social, con el chaleco de fuerza de la recesión y devaluación permanentes.

 

Un nuevo episodio del drama que vive el país desde que Macri asumiera el gobierno en diciembre del 2015 ocurrió esta semana en Nueva York. Este episodio es de importancia crucial: al mismo tiempo que desnuda  la gravedad de la situación económica argentina y la creciente fragilidad política del  gobierno de Cambiemos, expone la entrega de la soberanía nacional a un organismo internacional que representa a los intereses del capital monopólico global.

Macri llegó a Nueva York con la intención de convencer a los mercados de que no existe posibilidad alguna de default de la deuda externa argentina. Llevó bajo el brazo los últimos éxitos de Luis Caputo, Presidente del Banco Central: haber parado la última corrida cambiaria, llevando al dólar desde 40,42$ a 38,16$, sin intervención en el mercado y  basándose en un aporte sustancial de inversiones extranjeras cercanas a los 1000 millones  de dólares. También llevó la foto de una reunión con los gobernadores, a fin de demostrar  el aval político de la oposición a su plan de ajuste de Déficit Cero. Con esta munición, se reunió con altas autoridades del gobierno norteamericano y representantes de los principales bancos y fondos de inversión, diarios y revistas financieras. El entusiasmo lo llevó a anunciar su candidatura para las elecciones de 2019. La coreografía de esta visita incluía el inminente anuncio de la aprobación del FMI de un adelanto de los fondos  del préstamo otorgado en junio pasado, a pedido del gobierno argentino. Este adelanto había sido estimado públicamente por el gobierno en una cifra cercana a los 20.000 millones de dólares.

Iniciada la ronda de reuniones, explotó la bomba: la renuncia de Caputo a la Presidencia del Banco Central. A esto se sumó la notificación de un adelanto del FMI de solo 7.000 millones de dólares. Poco tiempo después la titular del FMI, Christine Lagarde, convocó a una conferencia de prensa. Flanqueada por la bandera argentina y asistida a distancia por un Ministro de Hacienda desparramado  en su silla, anunció la concreción de la nueva fase del acuerdo, sujeta a la aprobación del Directorio del FMI. La letra chica de esta fase del  acuerdo profundiza el ajuste e incluye la explicita cesación de la soberanía nacional sobre la política monetaria, y por lo tanto sobre el futuro económico del país. De nada valieron los intentos de Macri de convencer a los mercados de su amor por Christine Lagarde y su seguridad de que el pueblo argentino también la amará. Los periódicos y revistas de las finanzas internacionales proclaman ahora a los cuatro vientos que la Argentina se hunde sin remedio en una grave recesión y crisis política, en circunstancias en que las próximas elecciones agregan creciente incertidumbre sobre la vuelta del populismo al gobierno. En este contexto se reinició la corrida cambiaria y el dólar paso de 38,14$ el día lunes a cerrar el viernes a 41.85$, superando los $ 42 en algunos bancos.

 

La nueva fase del Acuerdo y la corrida cambiaria

El plan de ajuste es un intento de imponer una relación de fuerza favorable a la expansión del capital monopólico global en nuestro territorio, disciplinando el conflicto social con el chaleco de fuerza de una política financiera y cambiaria que induce un estado de recesión y devaluación permanente. Esto garantiza no sólo el pago de la deuda ya adquirida sino que conduce al creciente endeudamiento, por capitalización de intereses y nuevo endeudamiento para enfrentar la deuda vieja. Por esta vía se asegura un saqueo continuo del excedente económico, la riqueza acumulada, los ingresos de la población y los recursos naturales. Las altísimas tasas de interés y la corrida cambiaria garantizan la recesión y la devaluación permanentes. Así se avanza en el camino que conduce a la dolarización, cualquiera sea la forma que adopte. En este sentido, el control de los agregados monetarios y el compromiso de cero emisión de dinero hasta junio de 2019 incluidos en la nueva fase del acuerdo con el FMI contribuyen a generar las condiciones necesarias para la dolarización.

El brutal ajuste perseguido por el FMI busca reducir el costo de la mano de obra local y desarticular el conflicto histórico por la apropiación de ingresos, tanto entre los que menos tienen y los que tienen más como también entre las distintas fracciones de los que más tienen. Se trata de impedir la capacidad de estos últimos de provocar transferencias de ingresos a su favor a través de su control monopólico de sectores estratégicos de la economía. Ahora lo prioritario será transferir rentas monopólicas e ingresos al núcleo más concentrado y poderoso de la economía mundial. Todo esto bajo la supervisión  y vigilancia estricta del FMI.

La posibilidad de concretar el ajuste del FMI esta ligada a la total pérdida de autonomía del Banco Central. Esto proclama explícitamente la nueva fase del Acuerdo. La renuncia/despido de Caputo es consecuencia de sus intentos de independizarse de las directivas del FMI en lo que hace a la flotación del dólar. Las ventas de divisas del Banco Central (tanto del préstamo como de las Reservas) bajo la dirección de Caputo fueron funcionales a los negocios especulativos de los fondos de inversión, los grandes bancos  amigos y sus conocidos, empeñados en maximizar ganancias con el carry trade  y la fuga fácil del peso ante la posibilidad de devaluación. Las intervenciones erráticas del Banco Central bajo la dirección de Caputo se volvieron disfuncionales a los objetivos del FMI. Al no aceptar los límites impuestos a su accionar y al liquidar y fugar en tres meses reservas por valor de  los 15.000 millones de adelantos del préstamo stand-by, Caputo creó las condiciones para ser eyectado de la conducción del Banco Central. Su último intento de poner bandas para la flotación del dólar, conjuntamente con las tasas de interés mas altas del mundo, tuvo por objetivo controlar la estampida del dólar interviniendo en el mercado cuantas veces fuese necesario y abriendo al mismo tiempo un espacio para la llegada de capitales golondrinas dispuestos a reeditar el carry trade y la bicicleta financiera. La permanencia de Caputo en el BCRA iría a garantizar un dólar de salida compatible con la realización de ganancias extraordinarias bicicleteando en pesos y bajo el paraguas de las tasas de interés mas altas del mundo. Tal vez esto explique la insólita entrada de 1.000 millones de dólares y la consiguiente contención de la corrida cambiaria días antes de la renuncia de Caputo.

En la nueva fase del acuerdo con el FMI, propuesta después de la renuncia de Caputo, aparecen las anchas bandas para la libre flotación del dólar (entre 34$ y 44$), con un esquema de devaluaciones preanunciadas de 3% mensual hasta fin de año y la posibilidad de vender hasta 150 millones de dólares diarios para contener la fluctuación de la divisa.  Sin embargo el FMI no ignora que 150 millones de dólares son una gota en el océano que se necesita para contener a esta corrida. De ahí que el artilugio de las bandas con mínima intervención del Banco Central no sólo sea irrelevante sino que parece cumplir la función de ocultar el verdadero objetivo perseguido por el FMI: dejar que el peso se devalúe al infinito. La conjunción de esta política con altísimas tasas de interés estimuladas hacia arriba por la política de cero emisión monetaria constituye un arma letal dirigida a  controlar la inflación. En estas nuevas condiciones, y sin la presencia de Caputo en la dirección del Banco Central, es difícil esperar que se reanude el carry trade y la consiguiente bicicleta financiera. Muy probablemente la estampida del dólar continuará, acelerando su efecto destructivo y los tiempos y profundidad de la recesión que busca imponer el FMI. El hecho de que las nuevas bandas hayan sido anunciadas una semana antes de su ejecución y la inmediata disparada del dólar una vez anunciadas, abonan la hipótesis de su irrelevancia ante una demanda de dólares que presiona permanentemente para superar los limites impuestos por esta vía al precio del tipo de cambio.

Los últimos episodios tienden a mostrar que los intereses de la burocracia del FMI pueden trascender coyunturalmente los intereses más inmediatos de los fondos de inversión y grandes bancos que pugnan por maximizar ganancias en el menor tiempo posible. Así, al desembarazarse de Caputo, el FMI habría reafirmado su control tanto sobre el mercado financiero local como sobre las formas, ritmos de transferencia y destino de la renta y la riqueza obtenida con la especulación financiera local. Esto, sin embargo, no es todo.

Tal vez lo mas significativo del episodio teatral que se desarrolló en Nueva York y tuvo a Macri como actor principal, haya sido el  propio escenario en que transcurre esta obra magistral de sometimiento a los poderes establecidos. Un escenario que está invisibilizado en nuestro país, no solo por los grandes medios de comunicación sino también por el impacto del ajuste sobre la población. Conocer este escenario implica empezar a desentrañar la trama de relaciones de poder que subyace a la corrida cambiaria. Implica buscar en ese mundo que nos trasciende y nos devora el porqué del ajuste, acercándonos al conocimiento del camino que permite superar el drama que hunde nuestro presente en un callejón sin salida aparente.

En lo que sigue analizaremos los problemas estructurales de la coyuntura económica que explican la precariedad actual del sistema financiero internacional. En notas futuras analizaremos la militarización creciente de las políticas financieras y comerciales norteamericanas, su impacto sobre las finanzas internacionales y la incidencia de estos fenómenos sobre nuestra realidad inmediata.

La dimensión económica de la crisis global

A una década de la crisis financiera y de la Gran Recesión de 2008, el tamaño de  la economía norteamericana, medida por su Producto Bruto ajustado por inflación, es un 12% inferior al que podría haber tenido si hubiese seguido creciendo a las muy moderadas tasas de los años previos a la crisis. Hoy se estima que la pérdida  de recursos por la crisis equivale aproximadamente a 70.000 dólares por habitante (frbsf.org 13. 9. 2018). La posibilidad de recuperar esta pérdida en el futuro se hunde en la profundidad de la brecha existente entre el crecimiento de la deuda y el crecimiento del producto bruto norteamericano. Esto implica que  el volumen de la deuda y sus intereses tienden inevitablemente a superar la capacidad de pago de la economía norteamericana, centro del capital monopólico global

En efecto, la evolución de la relación entre deuda total y producto interno bruto (PIB) a lo largo de los últimos años muestra que, a pesar de las políticas seguidas desde 2008, la economía norteamericana sigue empantanada. Esta relación es hoy del 249%. Dos cifras candentes condensan a esta tendencia en el momento actual: mientras la tasa de crecimiento anual de la deuda publica norteamericana fue en julio de este año de un 8%, sus intereses crecieron 41% en el mismo periodo.

Esta dinámica del capitalismo global monopólico ha dado lugar en las ultimas décadas a un explosivo desarrollo de la especulación financiera con la consiguiente proliferación de burbujas en los precios de las acciones, bonos y monedas que forman parte del mercado financiero internacional. A partir de la crisis de 2008, la Reserva Federal adoptó una política de facilitación monetaria (QE quantitative easing) con tasas de interés cercanas a cero, a fin de absorber los activos tóxicos e incobrables en poder de los grandes bancos norteamericanos. Esta política de dinero fácil pretendía reactivar la producción y superar la crisis financiera. En la practica sirvió para salvar a los grandes bancos de la debacle financiera y acrecentó grandemente su poder. El dinero barato incentivó la especulación financiera. Su resultado fue un mayor crecimiento de todo tipo del endeudamiento global (deuda publica, corporativa, de los hogares, de derivados, de países emergentes), y una proliferación de burbujas en los mercados financieros de acciones, monedas y bonos, facilitada por el uso extendido de algoritmos y plataformas múltiples en las transacciones financieras.

La brecha entre el crecimiento de la deuda y el crecimiento del PIB no es casual. Surge en un contexto de interpenetración de la producción y las finanzas globales a niveles inéditos en la historia de la humanidad, y es consecuencia de la forma en que, desde mediados de la década de los '60, se ha expandido mundialmente el capital monopólico global. Esta forma, centrada en cadenas de valor global dominadas por el control de la tecnología por parte de corporaciones multinacionales norteamericanas, fue posible gracias a un fenómeno paralelo que ha permanecido invisibilizado: el enorme desarrollo de la industria de guerra basada en tecnologías de punta. Este desarrollo tecnológico fue progresivamente transferido al resto de la economía norteamericana, haciendo posible el control monopólico de las corporaciones sobre las cadenas de valor global. Mientras los distintos gobiernos proclamaban las virtudes de la libertad de mercados y presionaban a las economías del mundo para que se abrieran al avance de las corporaciones norteamericanas, la fuerte intervención estatal en la economía impulsaba el desarrollo tecnológico en la  industria de guerra y la convertía en el motor y en la cara oculta del capitalismo global monopólico. Hoy esta cara oculta del Minotauro emerge a la luz del día. (MPR “El  laberinto del Minotauro”  IADE 2017)

 

Consecuencias estructurales

Estos fenómenos han derivado en una creciente concentración y centralización de  capitales. Un reducido núcleo de grandes corporaciones domina hoy los diversos sectores de la economía norteamericana. Este núcleo tiene a su vez un poderoso centro constituido por un puñado de corporaciones que dominan la tecnología de punta. Esta situación  coexiste con una creciente competencia entre corporaciones públicas y privadas, y entre países por acrecentar sus respectivo poderío económico y tecnológico en el mundo. La contracara de la concentración del capital ha sido la concentración de la riqueza  mundial en el 1% de la población, el creciente empobrecimiento del resto y el avance de la protesta social expresada en movimientos populistas de distinto signo.

Estos fenómenos se han dado conjuntamente con una militarización del conflicto mundial, fenómeno que ha conformado un estado de guerra permanente en las regiones que concentran las mayores reservas de recursos no renovables de importancia estratégica para la acumulación del capital y en vías de extinción. Hoy vivimos en un mundo donde la agresión nuclear esta a la orden del día. Pese al silencio interesado de los medios, la  revolución digital y el consumo masivo de productos de alta tecnología permiten hoy  atisbar la centralidad que tienen las nuevas tecnologías de punta asociadas a la defensa sobre nuestra vida inmediata. Por esta vía se ha abierto una ventana que permite vislumbrar la militarización de toda la vida en el planeta.

La precariedad del mundo en el que vivimos no sólo surge de la violencia institucionalizada. También se deriva de la fragilidad de un contexto económico global dominado por la posibilidad de una nueva implosión financiera, seguida por una recesión de magnitudes desconocidas. La militarización de la política financiera y comercial norteamericana con el objetivo de consolidar el poderío económico, político y territorial de los Estados Unidos apresura la posibilidad de un estallido de la crisis financiera internacional.

 

 

 

 

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