Tizas por Taser

El cierre de los nocturnos y la baja de la edad de imputabilidad

 

Era 14 de diciembre y ya teníamos todo listo para el brindis de año nuevo que haríamos esa noche en la escuela. Estaban los vasos, las gaseosas, las servilletas y los snacks.

Éramos poquitos en la escuela, ya no estábamos reunidos en la sala de profesores como una hora antes. Cada uno estaba apurando el último trámite de la semana cuando, de repente, a todos nos cae la misma e inconsolable noticia al celular: el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tomó la decisión unilateral e improvisada de cerrar los colegios comerciales nocturnos mediante la resolución 4055/2018. Unos segundos después del shock, caímos en la cuenta que, esa decisión clasista y elitista, significaba el cierre de la escuela donde trabajamos nosotros. Se cerraba nuestra escuela. La misma que un rato después iba a ser el escenario del brindis, que más que fin de año, podría llegar a ser el brindis de despedida.

Cuando nos encontramos más tarde para brindar, los chicos de la noche todavía estaban en sus aulas. Ellos que ya no van a tener su escuela, seguían en proceso de orientación y evaluación en una escuela que, para el gobierno, ya no tiene ninguna función. Claro, allí van los alumnos que por alguna razón no pudieron seguir estudiando, los que trabajan desde hace años, los que tienen problemas familiares. Esa modalidad, según Larreta y Acuña, no tiene razón de ser. Fieles a su pensamiento neoliberal y meritocrático, consideran a esos pibes y pibas ciudadanos de segunda. Si no pudieron estudiar, pues que no estudien.

Lejos de cumplir las promesas de campaña o de resolver siquiera la falta de vacantes, el macrismo continúa con su política de destrucción de la educación pública y la consecuente privatización.

En la calle y en las escuelas
La semana siguiente a la resolución, y ante la ausencia de una reunión con las autoridades, los profesores decidimos boicotear los actos públicos truchos que se intentaron realizar en las escuelas y que hubieran significado el cierre de hecho de los nocturnos. Con la unidad de los sindicatos y los docentes logramos posponerlos para febrero e instalar el tema en los medios masivos.

Pasamos un año nuevo en esa incertidumbre que les gusta invocar a los Ceos.

Ya en la primera semana del año, los docentes nos juntamos en las escuelas a seguir organizando la resistencia. Para eso empezaron a surgir distintas instancias organizativas, por escuelas y con los sindicatos. Todas las fuerzas al servicio de la educación pública.

Pero mientras nos organizábamos, el gobierno lanzó nuevamente la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Una idea que se complementa con el cierre de escuelas. Ambas iniciativas apuntan a las mismas víctimas. En un año electoral, donde las tendenciosas encuestas muestran a una opinión pública más adepta a las pistolas Taser que a las tizas, el gobierno despliega sus políticas de criminalización de los jóvenes de los sectores populares. Sin embargo, hemos decidido darle batalla. Entendemos a los jóvenes como ciudadanos. A la educación como un derecho. Y al Estado como el garante de ese derecho.

Por eso, durante estas semanas nos van a encontrar a los docentes poniendo mesas en los principales parques de la Ciudad, juntando firmas de la comunidad en apoyo de la educación pública e inscribiremos a aquellos jóvenes que quieren terminar los estudios.

También difundiremos nuestras razones por las cuales creemos que las escuelas no deben cerrarse. Si no hay diálogo hacia arriba, que lo haya hacia los costados.

El rol del Estado
Los docentes creemos que los nocturnos no son un gasto. Es inmoral ajustar por ese lado para pagar la deuda externa. El tema trasciende incluso el debate pedagógico. Es un problema político y de interpretación del rol del Estado.

Si quien tiene que velar por los derechos básicos de las personas: la salud, la educación, la vivienda, el bienestar; no cumple con su función, entonces la sociedad de trastorna. En la Argentina de Macri los valores mínimos son una utopía. El Estado neoliberal beneficia a los ricos y abandona a los pobres. El hospital público sin insumos. La escuela pública sin recursos. Eso significa cerrar escuelas. No se cierran las privadas, se cierran las públicas. Es abandonar a esxs pibxs que son, justamente, los que más necesitan la escuela. No solo para aprender y recibirse, que no es poco, también para pensar la vida, para tener sueños, para socializar.

Cerrar una escuela, con la frialdad y la soberbia clasista de Larreta y Acuña, es desresponsabilizarse de esos jóvenes. Abandonarlos.

Parece ser que el Estado neoliberal macrista no piensa en programas de estudios para los jóvenes, para ellos tiene el código penal. Y en esa trinchera lxs docentes estaremos siempre del lado de lxs pibes.

En fin, aquella noche de diciembre que debía ser una fiesta, se tiñó de bronca, de ojos llorosos, de impotencia. Nos miramos y nos veíamos angustiados. Fue raro. Sin embargo, no dejamos que nos quiten ese rato de festejo. Porque la educación es un acto de festejo, pero también de lucha y resistencia. Siempre lo fue.

Sabíamos que se iniciaba un periodo de lucha. De organización, de debate, de reuniones para pensar acciones y defender, como siempre lo hicimos, la Escuela Pública. El lugar de esos pibes y pibas que tienen los mismos derechos que todxs. Y también nuestro lugar de trabajo y de los que hemos decidido apostar a la Educación como una herramienta de liberación.

*Luis Klejzer es profesor de historia. 

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