El desarrollo del subdesarrollo

El discurso presidencial descifrado en los avatares del mercado mundial de café

 

El lunes 14 un cable de Reuter informa que “la caída de los precios del café deja a los agricultores ganando menos de un centavo por taza.” Ese mismo lunes el señor Presidente, ingeniero Mauricio Macri, regresó a sus tareas luego de 22 días de vacaciones. Estuvo de recorrida por las provincias patagónicas de Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut. En la primera, y para confirmar una vez más que el hombre es el hombre y sus circunstancias, en la inauguración de una estación cloacal, el discurso de circunstancia enhebró los hechos por los que estaban ahí congregados los presentes con la reafirmación del rumbo declinante que se viene recorriendo, cuya consecución el primer magistrado propone a la ciudadanía.

En el discurso de marras, caracterizó que “este es el camino”, y aclaró “que no hay otro.” Enfatizó “que es por acá” acudiendo a una típica expresión simpática millennial que connota perspicacia sobre la dirección elegida para accionar. Insistió que le dice a los argentinos: “Más convencido que nunca es por acá, por acá vamos al progreso, por acá vamos al futuro, por acá vamos al trabajo digno de calidad para todos los argentinos”. Dada la crisis y sus perspectivas, cada quien puede inferir de esas palabras presidenciales o bien que se trata de un bizarro episodio de cinismo a prueba de balas o bien que, efectivamente, no queda otra para encontrar la salida.

Las razones de por qué la prolongación para que se consolide el modelo que puso en marcha el gatomacrismo, a través de sí mismo o alguna variante más digerible (para la cual propuestas no faltan, independientemente de su factibilidad), no traerán ni progreso y ni de cerca ni de lejos “trabajo digno de calidad para todos los argentinos”, se pueden encontrar hasta en el café que los argentinos sorbieron esa mañana o durante el día, mientras les llegaban a sus diferentes chirimbolos electrónicos las imágenes y/o el sonido del Presidente discurseando.

Al respecto, revisar los avatares del mercado mundial del café, cuyos datos recientes allega el cable mencionado al principio de esta nota, tiene la ventaja de que no es producto atravesado por cuestiones geopolíticas o cosas por el estilo que dificultan llegar al núcleo duro de los procesos que conforman la economía mundial realmente existente. También señala un par de preconceptos sobre el subdesarrollo, que flaco favor le hacen a la actividad política encarada para superarlo. En todo caso, algún día la crisis quedará atrás y vale entonces divisar la alternativa que aguarda en la desembocadura, puesto que sí hay un camino diferente, donde el discurso presidencial niega que lo haya. El análisis del inocuo mercado del café da los indicios de su trazo.

 

Café

Según el cable de Reuter, “el 18 de septiembre, un kilogramo de arábica [principal especie de grano de café que se comercializa, la otra es la robusta] cayó a 2,09 dólares por kilo, un nivel no visto desde diciembre de 2005 y menos de un tercio del pico en 2011. Cuatro meses más tarde, el precio todavía está rondando dos dólares el kilo […] El principal factor detrás de la última caída en los precios fue una excelente cosecha de café en Brasil, por lejos el mayor productor del mundo”.

Como resultado, por cada cappuccino que se toma en Occidente y se paga entre 3 y 4 dólares actualmente al productor le llega menos de 1 centavo de dólar. Hay más desproporciones de este estilo. Un kilo de café a la vainilla en los países centrales se paga 124 dólares. Está bien que la vainilla, que en un 80% se produce en Madagascar, tuvo un boom de precios a mediados de años. Un kilo de vainilla llegó a costar más que un kilo de plata, 527 dólares contra 515 dólares, respectivamente (01/06/2018). Eso no cambio para nada las perspectivas de los cultivadores de vainilla, que se siguen contando entre los más pobres del mundo.

Viendo este conjunto de situaciones se abandona toda idea de que lo que paga el consumidor de café en los países centrales es lo que determina la remuneración del cultivador del grano en los países periféricos. El simple dato de la realidad proviene de considerar que la demanda por los productos primarios de la periferia es específica y autónoma, debido a que la casi totalidad de esos productos son materias primas de los procesos manufactureros que tienen lugar en los países desarrollados. Entre el 70% y 80% de la producción de granos de café se exporta desde la periferia y se procesa en el centro. Luce evidente que no hay lugar para establecer una medida común entre los dos procesos de producción.

Según datos de la FAO (2012), en 1980 se exportaron 3,67 millones de toneladas de café. En 2009 se exportaron 6,13 millones de toneladas. En 2018 se calculan exportaciones por 7,97 millones de toneladas. Eso si los precios fueron bien para abajo. La misma FAO da cuenta de que la exportación mundial de café (a precios constantes), generó ingresos de 25.222 millones de dólares en 1980 y 11.380 millones en 2009. A precios corrientes se esperan ingresos para 2019 de alrededor de 16.000 millones de dólares. Suponer que el precio del café en granos baja o se estanca a causa de una demanda desfavorable remite a presumir que la demanda por la infusión es deficiente. Se ve que no lo es.

Un puñado de empresas multinacionales como la alemana Neuman Kafee, la suiza Volcafé, la japonesa Mitsubishi, la francesa Dreyfus, las norteamericanas Cargill, Rothfos y J. Aron, Ecom-Esteve brasileña y suiza y la inglesa Ed&F Ma (algunas se han fusionado entre sí), controlan más de tres cuartas partes del comercio mundial de café. Esta concentración, rasgo típico de los mercados de commodities, desde hace largo tiempo conduce a ciertos análisis a identificar estos problemas en torno a los términos del intercambio (precio de exportaciones/precio de importaciones) deteriorados en la fijación manu militari de los precios realizada por los monopolios. No se puede negar o subestimar la existencia de ciertas distorsiones en los precios por las prácticas monopólícas. Pero, además de no aportar gran cosa al entendimiento de esta problemática, enunciar que los precios son tales porque los monopolios los fijan así pinta como la mera ilusión de poder postular que la situación de los países subdesarrollados podría mejorar sensiblemente suprimiendo los monopolios y retornando al libre cambio.

La misma demanda por el mismo producto final no tiene nada que ver en determinar salarios tan, pero tan diferentes entre los cultivadores del grano de café de la periferia y los trabajadores del sector cafetero de los países desarrollados. Estas diferencias salariales son, a calificación laboral igual (o teniendo en cuenta las diferentes calificaciones) 20, 30 o 40 veces superior en el centro respecto de la periferia. De manera que va quedando bien perfilado que los elementos determinantes del ingreso de los factores (salarios y ganancia), se encuentran en las relaciones de producción. Así es como en cada etapa de fabricación, el precio del producto correspondiente a ese tramo está formado por el salario nacional y la tasa de ganancia mundial más el precio del producto de la etapa anterior.

En consecuencia, si el cultivador de café recibe menos de un centavo de dólar por la taza de café que en Occidente se vende entre 3 y 4 dólares, se debe a que la lucha de clases en su nación fue tan débil y en la otra tan fuerte que determinó diferencias salariales tan enormes y, por lo tanto, tamaños de mercado internos tan disímiles.

 

Intercambio desigual

Para inscribir esto en el cuadro general de la economía internacional y observar cómo es que el país que sube los salarios gana y el que los estropea —como hace el gatomacrismo— o simplemente los deja estancados pierde, hay que partir del dato de que en cualquier momento el total de ingresos del mundo, que es la suma de los salarios y beneficios mundiales, es de una magnitud dada. Entonces, cualquier variación al alza o a la baja de los salarios en un país determinado, conduce a una variación idéntica (al alza o a la baja) en el total mundial de los salarios. Pero tal operación conlleva una variación inversa (a la baja o al alza) en la suma total de los beneficios mundiales y, por tanto, en los beneficios en ese país determinado.

Es menester no perder de vista que esa variación de los beneficios se extiende a todos los países y es sólo una parte la que afecta a los productos del país en cuestión. Mientras tanto, la variación equivalente pero opuesta de los salarios repercute en su totalidad solo en estos productos. En consecuencia, los precios relativos de estos productos varían en la misma dirección en que variaron los salarios, mientras que la tasa general de ganancia varía en sentido contrario. Hablando en plata, salarios de miseria de los cultivadores de café, precio de miseria del grano. Salarios de países ricos, el cappuccino a 4 dólares.

Un punto importante de este proceso que describe el funcionamiento de la economía mundial es que los empresarios de los países pobres no pueden beneficiarse del diferencial negativo de los paupérrimos salarios que pagan y mantenerlo dentro de los límites de la economía nacional. Se ven obligados a volcarlo al exterior para el beneficio de los consumidores extranjeros bajando el precio de lo que exportan. En contraste, los que sí lo aprovechan son los empresarios de los países ricos, que cargan al extranjero la mayor parte de la diferencia negativa de los altos salarios que pagan, subiendo el precio de lo que exportan y ampliando su mercado interno. Lo que abre las puertas a esta asimetría es la igualación de la tasa de ganancia sobre el plano mundial. Este es el proceso que se conoce como intercambio desigual.

Dicho de forma esquemática y estilizada: cuando en un país baja la ganancia porque ese país subió sus salarios, baja para todo el resto de los países. Cuando sube la ganancia porque un país bajó sus salarios, subió la ganancia para el conjunto. En el primer caso, los capitales van al país que subió los salarios porque amplió su mercado. En el segundo, se van porque lo achicó, y si bien en un primera mirada podrían ganar más, bien enfocada se ve que no hay a quién vender para ganar más.

 

Entente cordiale

Las notas relevadas sobre las fuerzas que se mueven en el mercado mundial de café, aplicables a cualquier mercancía, dicen unas cuantas cosas no sólo sobre él “es por acá” presidencial, como camino seguro a profundizar nuestra condición de país periférico, sino también sobre la inflación de los próximos años. Si en octubre la alternativa se impone a la prolongación gatomacrista, deberá enfrentar unos cuantos trimestres de desbarajustes muy pronunciados y perseverar al menos entre seis y ocho años para poner en caja a la inflación, conforme la experiencia internacional. La masa de poder político para manejar esa situación es de tal magnitud que únicamente un amplio acuerdo de fondo puede proporcionarla.

Pero aún si ese acuerdo se granjea, lo que le da espacio al manejo de la coyuntura es la dirección estructural por donde se deslice. Si en nombre de controlar la inflación se atenazan los salarios, le corren las generales del intercambio y del desarrollo desigual. Y esto es de especial consideración. Volviendo al café, es cierto que la mayor cosecha brasileña golpeó el precio. Pero cuando vuelva a la normalidad, esa normalidad estará dada por los bajos salarios de siempre. Sucede que los precios de mercado giran en torno a un centro de gravedad al que se lo llama precio de producción.

Los precios de producción son los que establecen en un acuerdo tácito o cultural las fuerzas más profundas que animan la lucha de clases. Precisamente son esos precios de producción los que deben cambiar el acuerdo político de fondo, forzando al alza los salarios materializando así la condición necesaria que desata el proceso de desarrollo. Lo debe hacer sin que se lo lleve puesto el proceso inflacionario y para apaciguarlo una vez logrado, no es nada fácil. Es lo contrario. Es por ahí y “no por acá” que “todo lo que vale, cuesta” como dijo el Presidente.

 

 

 

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