El violinista de Dios

La música que escuché mientras escribía

 

Esta semana vamos a darles descanso a las pibas de escote generoso y minifalda mezquina que le sacan lustre a las teclas del piano y que en las últimas dos semanas han tenido en vilo a tripulantes y pasajeros del Cohete a la Luna.

Cambiamos de género, de instrumento y de época. Hoy es el turno de un viejo feo, que antes fue niño prodigio, luego joven y gozador: Jascha Heifetz.

 

 

Si sólo te da para leer en diagonal, todos los datos sobre él están aquí.

Si además tenés tiempo y ganas de gozar, podés ver este documental, subtitulado en castellano. Creo que no te vas a arrepentir, aunque el tipo era un cabrón.

Se llama El violinista de Dios y alimenta uno de los mitos que rodearon la vida de Heifetz. Luego de una presentación de sus alumnos, el profesor Leopold Auer elogio a los mejores. La preguntaron con extrañeza cómo no incluía a Heifetz.

—Jascha no es discípulo mío, sino de Dios— respondió.

Otro gran instrumentista, Fritz Kreisler, quiso acompañar a Heifetz desde el piano. Al terminar, se dirigió a sus colegas:

Caballeros, ¿qué esperamos para partir nuestros violines sobre la rodilla?

 

 

Como esta sección está reservada al hemisferio derecho del autor y, si fuera posible, también al tuyo, aquí te pongo  las sonatas y partitas de Bach para violín solo. Son piezas de una belleza y de una dificultad equivalente a las suites para cello, que ya te invité a escuchar en la versión insuperable de Pau Casals. A mi gusto, las de violín son menos emocionales pero eso tiene que ver con el instrumento. El cello me parece el más dramático y el más dulce que existe.

Casi todo violinista que se precie, en algún momento enfrentó estas sonatas y partitas, de  Yehudi Menuhin a Isaac Stern e Itzhak Perlman. La excepción en ese nivel superlativo es David Oistrakh, que sólo grabó la primera partita.

A propósito, todos ellos son judíos de la Europa Oriental, entre quienes el violín era el instrumento preferido en época de cosacos y pogromos, porque para salir de raje era más práctico que un piano.

Para mi gusto, nadie interpretó estas obras como Heifetz, el mejor violinista que yo escuché. De Art Tatum decían que tocaba el piano como si tuviera dos cerebros. Con Heifetz por momentos suena como si tocara dos violines.

A ver qué te parecen:

"Jascha Heifetz Bach Sonatas and Partitas"

Si te tienta, buscá en YouTube otras versiones y formate tu propia opinión. Sólo puedo asegurarte que cualquiera sea el resultado la vas a pasar muy bien.

De yapa, va una grabación muy curiosa, en la que Heifetz toca la parte de los dos violines en el doble concierto de Bach, lo cual para la época era un alarde técnico.

 

 

Me encanta compartir ese maravilloso secreto.

 

 

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