El BAFICI MANOS DE TIJERA

El festival cumple 21 años sojuzgado por la política de recortes que azota todas las áreas de nuestra cultura

 

La imagen inaugural de este 3 de abril en las puertas del cine Gaumont no podía ser más elocuente. Por un lado las autoridades, celebrando. Por otro, vallas de por medio y rodeados de personal de seguridad, los integrantes de la comunidad cinematográfica, reunidos bajo la consigna “No al vaciamiento del cine y la cultura”, que exponían sus reivindicaciones y el pedido de renuncia del secretario de Cultura Pablo Avelluto y del presidente del Incaa, Ralph Haiek.

 

Achicamiento y maquillaje

Lucía Diego, integrante del Colectivo de Cineastas, describe: “El BAFICI sufrió un recorte presupuestario de aproximadamente el 40% teniendo en cuenta la inflación. Esto repercutió en no haber podido cerrar un acuerdo con las salas del circuito Village y el festival se trasladó a otro que cuenta con peores condiciones de proyección. El año pasado había 20 salas funcionando y este año solamente 12.”

Desde el oficialismo se intenta maquillar estos recortes esgrimiendo las bondades de algunos “espacios alternativos” incorporados. Lo cierto es que no son salas cinematográficas. No garantizan una exhibición en condiciones apropiadas ni permiten más que un público reducido, desnaturalizando la esencia del festival.

Agrega la cineasta: “Lo que se sumó fue un circuito distinto de proyecciones, como centros culturales y bares, espacios que funcionan como acompañamiento en el recorrido de una película pero siempre como circuitos alternativos. Son presentados como un acercamiento al público cuando en realidad se trata de enmascarar recorte presupuestario y falta de salas cinematográficas”.

Por su parte, la realizadora Andrea Testa reflexiona: “El cine permite pensar (nos), ver (nos), escuchar(nos), vemos también que el gobierno hace todo lo posible por maquillar el vaciamiento y llenarlo de acciones marketineras que lejos están de proteger los espacios del cine y su encuentro con el público. Veo sobre la calle Juramento una pantalla gigante, de un lado pasan una película y del otro, otra, haciendo bastante difícil la escucha de cada una. No creo que las películas hayan tenido posibilidad de ser vistas atentamente. No tenemos que dejar que el cine pierda su lugar, que es en las salas, en ese silencio compartido colectivamente”.

Desde el Colectivo de cineastas señalan que los proyectores no siempre están en condiciones y agregan la dificultad del punto de la ciudad elegido como sede sustituta (Complejo Multiplex Belgrano). Alejado del Centro, es menor su accesibilidad y resulta una zona en que la espera entre películas puede implicar tener que consumir en lugares costosos. Observan una merma de concurrencia de espectadores, cuyas cifras se conocerán al cierre. El cuadro se completa con reducción de personal y de material editado. 

La cantidad de películas seleccionadas también se redujo, de las 400 del año pasado bajó a 350. “Si hay menos películas, los perjudicados también son los espectadores, que esperan este festival para encontrarse con películas de otras partes del mundo, además de las nacionales del cine independiente que difícilmente luego encuentren en las salas”, destaca Andrea Testa.

Otro hecho significativo, que muestra el desaliento a nuestra cinematografía, es que este año no hay ninguna película argentina participando en la “Competencia internacional”. Las coproducciones seleccionadas tienen una proporción nacional minoritaria.

 

¿Bafici o Kermesse?        

Resulta notable la disminución de la cantidad de invitados y de actividades especiales, abundantes en los buenos tiempos. Otra consecuencia del ajuste, que priva no solamente al público, sino también a los cineastas, para quienes el Bafici representaba oportunidad de intercambio, debate y formación.

Sin embargo en algunas jornadas, caminando por Juramento entre Cabildo y Cuba, pudo uno toparse con un movimiento que aparentaba despliegue de actividad. Lamentablemente no era mucho más que algunas máquinas con jueguitos electrónicos, pantallas interactivas con consignas hollywoodenses y lo que más sorprende: una serie de personajes propios de los tanques de la industria comercial, representando a Batman, Spiderman, la Mujer maravilla e integrantes de Star Wars, circulando, posando y sacandose fotos con los visitantes. Este insólito recorrido se alternó con automóviles resplandecientes en exhibición.

 

 

Un festival del recorte

Los tijeretazos de esta gestión no son nuevos ni aislados, sino sistemáticos.

El Festival de Cine de Mar del Plata, organizado por el Incaa, experimentó un detrimento presupuestario importante. En la última edición se redujo la cantidad de días, proyecciones, actividades especiales y trabajadores, siempre precarizados.

Hace dos temporadas se cerró el Festival “Pantalla Pinamar”, dependiente del Incaa. Oficialmente se dijo que “no se cerró, sino que mutó en otra cosa”. Lo cierto es que fue sustituído por el Festival “Blood Window”, de presupuesto mucho menor, con otro perfil de películas y de público. El eliminado exhibía filmografía que no podía verse en otro lugar.

La reducción alcanzó también al apoyo económico a todos los festivales a los que el Incaa aportaba. En algunos casos se eliminó, en otros se recortó hasta en un 90%.

Aunque el Bafici no está dentro de la esfera del Incaa, reproduce un mismo patrón de gestión, que desfinancia y relega nuestra producción cultural.

 

La lucha continúa

Como expresa Juan Mascaró, integrante de DOCA: “Este festival representa para el cine independiente la posibilidad de que nuestras películas se encuentren con el público, algo que durante el resto del año está vedado en un mercado cinematográfico cada vez más concentrado, donde las empresas extranjeras dominan la distribución y exhibición, pasan sólo tanques extranjeros o tanques nacionales y películas ligadas a los grandes medios de comunicación”.

El reclamo se extiende a la implementación de un nuevo plan de fomento diseñado para el cine independiente, el cese de la subejecución presupuestaria del Incaa, la creación de un circuito de cines a precios populares para exhibir las realizaciones independientes, el cumplimiento y la ampliación del cupo de pantalla nacional del 10 al 33%, la inclusión de un cupo femenino y la regularización del Consejo asesor, pendiente de nombramiento en el Incaa.

 

Un gobierno que no dejará huella positiva

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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