Eli cuenta todo

La abogada Elizabeth Gómez Alcorta habla de sociedad, derecho y política

 

 

Diego Sztulwark: ¿Qué lección te parece que ha dejado la persecución judicial contra la dirigente de la Tupac Amaru Milagro Sala?

Eli Gómez Alcorta: Cuando me interioricé de las acusaciones contra Milagro, no imaginábamos todo el camino que íbamos a recorrer. Hace más de tres años y medio que venimos con las causas, hubo una resolución de la Corte Interamericana y seis juicios. Ni Milagro ni la Tupac ni yo podíamos imaginar todo esto. Hay que recordar que la detención de Milagro fue por un acampe, por una manifestación realizada en su derecho a la protesta. Aunque yo soy muy crítica del kirchnerismo, fue durante esos gobiernos que conseguimos un avance enorme respecto al derecho a la protesta, a la no criminalización —por lo menos masiva— y al ejercicio de ciertos derechos. Con la perspectiva de los hechos, hoy se puede entender cuales son las razones de aquella detención; tanto las locales, de Jujuy, que son muy importantes, como las de orden general.

La detención de Milagro provoca el comienzo de una nueva etapa represiva y de criminalización, pero tampoco es nueva. El otro día, recordando el aniversario de la Masacre de Avellaneda —el asesinato de Kosteki y Santillán, en 2002—, registré la cantidad de procesados y de presos de los '90. Nuestra historia democrática, nuestros 35 años de democracia, han abundado en presos políticos. Incluso dentro del kirchnerismo. Pero lo que empieza con la detención de Milagro es una etapa mucho más homogénea de criminalización y de represión. Particularmente de criminalización de ciertos liderazgos como práctica política. Es un giro de escala, que implica una nueva modalidad del rol político que ocupa el Poder Judicial.

¿Cómo es el rol del Poder Judicial en este nuevo escenario de control político?

Es un rol político que, si bien ha sido histórico, se da ahora bajo una nueva modalidad. Es el Poder Judicial como tal el que se convierte actualmente en una herramienta en el escenario electoral, tanto para meter presos como para proscribir y para moldear. Está clarísimo cuál fue el rol del Poder Judicial durante la década del '70. Tanto es así, que no fue un obstáculo para la dictadura cívico-militar. Se mantuvo el Poder Judicial casi de manera intacta del '76 al '83, para llevar adelante el plan criminal. En los '90, la conformación de la Justicia federal, con Comodoro Py y la lógica que tenía en términos políticos, su rol era principalmente el de dar impunidad al poder político para actos de corrupción. Si uno no ve una continuidad en el rol político del Poder Judicial desde la década del '70, uno se pierde y puede creer que Bonadío salió de la nada.

Y si uno va más para atrás, necesariamente hay que detenerse en 1930, donde el Poder Judicial, la Corte Suprema, por medio de una acordada resuelve que los actos llevados adelante por el primer golpe militar eran actos legales. Entonces no nos podemos sorprender del rol político.

Decías que el Poder Judicial interviene directamente en escenarios electorales.

Sí. A mí no me gusta el término lawfare porque es inglés, porque habla de guerra y ya sabemos: la "guerra" contra la droga, etc. Y porque tienen una particularidad, las guerras: empiezan y terminan. Todo lo que es la guerra cuando no es una guerra en términos bélicos, es la utilización de criterios de excepción, como es el caso de las prácticas políticas que está teniendo el Poder Judicial, y hay que evitarlas. El dirigente radical Ernesto Sanz, un aliado privilegiado de Macri y amigo personal de Gerardo Morales, dijo en una entrevista a Radio Mitre, al poco tiempo de la detención de Milagro: "Si no detenían a Milagro, no había gobernabilidad". Esa frase da una clave sobre cómo pensar hoy el Poder Judicial. ¿Cuál es el rol del Poder Judicial? Dar gobernabilidad a algunos, ganar elecciones a otros, proscribir. El caso de Lula es muy evidente en ese sentido. Las detenciones, las cuentas bancarias, crean imágenes con un enorme impacto estigmatizante.

¿Por qué creés que para Morales, Sanz y en general para Cambiemos Milagro es tan indigerible?

A los pocos días de su detención, un reportero de TN fue a preguntar a la gente que participaba del acampe por qué razón estaba allí, con esta lógica de tratar de agarrar a las personas en una situación en la que no sepa qué contestar, toda esa idea estereotipada de que son llevados. Y le pregunta a un señor de unos 60 años por qué estaba ahí. Y el señor respondió: "Estamos acá porque yo no quiero que mi hija termine limpiando los baños de su casa". Allí se jugaba un proyecto emancipador real, la posibilidad de una reivindicación histórica, identitaria, muy potente, en el contexto de una sociedad muy particular. Si a un proyecto de disputa con el negocio inmobiliario, con el verdadero poder fáctico (como Blaquier), le sumás que quien dirige esa organización es una mujer negra, colla, absolutamente irreverente, eso es imperdonable para la sociedad jujeña. Milagro es una par del pueblo que posee una gran capacidad de organización. Ofrece, para los que venimos de la izquierda, una imagen del poder popular. Ellos tienen necesidad de destrozar esa imagen. Y sin embargo no les alcanza con destruirla a ella: la están estigmatizando de por vida, la van a condenar en todos los juicios que tengamos. Para la mayoría de la gente quedó a fuego marcado que ella es una corrupta, chorra, que vive en una mansión. Podría uno pensar que con eso les alcanza. Entonces uno se pregunta, ¿por qué avanzan hasta destrozar toda la obra que se ha hecho? ¿cuál es la necesidad?  ¿Por qué no quieren que las piletas funcionen? ¿Por qué van y rompen los polideportivos? Tienen la necesidad de romper esa huella de lo que se puede producir con poder popular. Y estoy convencida de que solamente se puede producir con poder popular.

¿Y qué aprendiste de las causas contra el líder mapuche Facundo Jones Huala?

La inmensa mayoría de los conflictos que tienen las comunidades desde hace 10, 30 y 50 años, está vinculada a la tierra y al territorio. En determinado momento, sin embargo, se da un cambio de eje y comienzan a participar empresas multinacionales interesadas en los recursos estratégicos. La intervención penal es entonces un instrumento para criminalizar el ejercicio de un derecho, sea la protesta o la reivindicación de un territorio con causas de usurpación. Más o menos el 90% van por ese lado.

Durante el primer juicio de extradición de Facundo Jones Huala, me sumé al equipo de la defensa. Se trataba del primer caso de una extradición en la historia de la Argentina de un miembro de una comunidad indígena.Y a partir del caso de Facundo es donde se empieza a configurar esta idea del "enemigo mapuche", ya presente entre los nuevos objetivos estratégicos de Estados Unidos para nuestra región.

Durante todo 2015 Facundo es investigado informalmente por un agente orgánico de inteligencia del Estado, sin orden judicial. Y para blanquear esas tareas ilegales y usarlas como pruebas para detenerlo, agarran a un pibe mapuche joven y lo hacen declarar bajo tortura policial. Cuento este detalle porque la participación ilegal de los servicios de inteligencia la idea de las tareas de inteligencia evidencia un tipo de funcionamiento estructural endémico, toda una trama de ilegalidades instaladas que rara vez saltan.

El juez de Esquel declara la nulidad del proceso y libera a Facundo, algo inesperado para el gobierno argentino. Ya a partir de ese momento, septiembre 2016, se comienza a instalar el discurso del enemigo. Es un discurso que comienza a aparecer paulatinamente en ciertos sectores de poder local antes de que lo tome la ministra Bullrich. Y eso repotencia la figura de Facundo internamente. Cuando uno quiere pensar qué hacía Santiago Maldonado allí, tiene que leer detenidamente todo este proceso. La línea de continuidad llega hasta el asesinato de Rafa Nahuel. En el momento en que lo fusilan, está con uno de los hermanos Jones Huala. Este conflicto le sirvió al gobierno para reforzar un discurso punitivista y de criminalización muy potente para justificar compras de armamento, aún si como sabemos bien en la Argentina nosotros no tenemos terrorismo. Cierto conflicto territorial mapuche (porque hay muchísimas comunidades y confederaciones que tienen esos conflictos, pero los desarrollan de otro modo) les vino como anillo al dedo para la instalación del enemigo y para eludir un déficit histórico, que es una de las grandes deudas de la democracia: el reconocimiento efectivo  de los derechos de tierra y territorio a las comunidades indígenas. Situación que viene de una desidia enorme del gobierno kirchnerista. Este es un tema que no forma parte de las agendas de ningún gobierno democrático

¿Y del juicio realizado por los trabajadores detenidos y torturados desaparecidos de la Ford?

El proceso a los directivos de la Multinacional Ford por las 24 detenciones seguidas de tortura de los trabajadores, casi todos sindicalistas, 17 de los cuales fueron dentro de la fábrica, en el quincho del propio predio de la fábrica, dio lugar al primer caso con condena a empresarios por crímenes de lesa humanidad. Los empresarios constituyen el núcleo más duro, porque han sido responsables centrales pero no es tan fácil reconstruir esas huellas. Pero las dejaron. Y además, muchos de ellos siguen actuando como poderes reales hoy. No como sucede con las Fuerzas Armadas, que actualmente ocupan otro lugar — uno de los grandes cambios que hemos logrado en estos 35 años. Lo más increíble de este juicio fue ver las líneas de continuidad a nivel empresarial. Porque en el momento en que llegamos a este juicio y a esta condena, ya en pleno macrismo, en una nueva ola neoliberal, se volvió patente la misma historia de que no hay ajuste sin represión. En este contexto, en el que nuevamente se habla de reforma previsional y reforma laboral, la sentencia fue una conquista. Una gran conquista para poder empezar a poner otro discurso. Ya está claro que no se puede hablar de la dictadura militar sino cívico-militar, lo cual incluye a grupos de poder y a cierta elite empresarial no meramente cómplice, sino directamente responsable.

¿Cómo conectas esta rica experiencia jurídica que atraviesa el conflicto social actual —pero también con perspectiva histórica—, con tu participación como militante política en la coyuntura actual?

Son las peleas que hay que dar. Encuentro en Patria Grande un canal, una vía para estas aspiraciones. Reconociendo las coyunturas, elaborando autocríticas, pensando si no tendríamos que haber hecho algo más antes de llegar a la coyuntura de 2015. Todos aquellos que estamos en el campo nacional y popular tenemos que pensar cómo es que se llegó a esto.

¿Reconocer una impotencia colectiva?

Sí. Es clave echar al macrismo y a todo plan B que encarne ese proyecto, y desde ese lugar entendimos que había que estar en el armado del frente patriótico, sabiendo que iba a estar conformado también por sectores del poder. Y sentimos que era necesario ocupar un lugar, el de los jóvenes de la economía popular, el del feminismo y el de todos aquellos sectores con capacidad crítica. Esto es lo que más me alejó del kirchnerismo en su momento, no concibo un militante que no tenga capacidad crítica, es casi como una contradicción en los términos. Poder decir nosotros no somos eso, pero sin embargo apoyamos con diferencias. Corremos el riesgo de que las contradicciones nos fagociten, pero hay que hacer y equivocarse, porque el otro riesgo que se corre es quedarse en la absoluta marginalidad. Nos podemos equivocar, es un proceso que aún está abierto y en plena marcha, pero me parece que sí o sí nos va a enriquecer. Creemos que el frente Patria Grande es una buena herramienta para la construcción de una izquierda popular, una izquierda que tenga vocación de mayorías, que sea anti capitalista, feminista, que piense en la Patria Grande, que sea un canal para todos aquellos que siendo de izquierda no se identifican con la izquierda tradicional que no tiene un discurso para el siglo XXI.

 

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