El cráneo de Cruz Polvareda

La larga marcha de las comunidades originarias por la tierra y su dignidad

 

El cráneo del cacique qom asesinado en 1866 es apoyado con respeto en el pozo cavado para su descanso. Un cura lo bendice y moja con su agua. Es parte de su ritual católico. Wari Rimachi Mayu, el amauta quechua que conduce el ceremonial, bendice al cura y lo moja con su propia agua. Le empapa la cabeza. Pocos perciben la improvisación del Wari.

Roque Chávez, justicialista, presidente de la comuna de Villa Guillermina, al norte de Santa Fe, no dudó en ofrecer el hermoso predio del nuevo complejo educativo y recreativo local para realizar la ceremonia de restitución de los restos del cacique Cruz Polvareda. No le faltaron oposiciones de quienes creen impostado el gesto, negacionistas del genocidio de los pueblos originarios. Chávez se hizo cargo y hasta se animó a ponerle condimentos propios. El ritual sintetizó años de trabajo en el rescate de la memoria y la identidad de aquel pueblo que supo ser de La Forestal. En la misma jornada se conmemoraron los 100 años de la rebelión obrera que fue sofocada con una masacre a manos de una policía montada financiada por la empresa. También se presentó un proyecto de laboratorio móvil de biotecnología para cultivos artificiales y desarrollo de una planta de energía a partir de la biomasa. “Es un hecho histórico”, afirmó Chávez por micrófono (y político, pudo haber agregado), mientras abrazaba al Wari y al cacique qom Darío Pereyra, cuyos bramidos rituales conmovieron la tierra.

 

Roque Chávez, presidente de la comuna de Villa Guillermina, y Wari, el amauta quechua.

 

Clelia vive en el centro de Villa Guillermina. Es una activa promotora de la comisión de rescate histórico del pueblo. Este, como el resto de los ex pueblos de La Forestal, abandonados hace más de medio siglo luego de devastado el recurso natural, lucha contra el estigma de “pueblo fantasma”. Hace unas semanas realizaron su cuarto congreso de los pueblos forestales. La relación con lo indígena es interesante, tensa. Ahora Clelia admite el click. “Hay como un revisionismo”, dice, entusiasmada con el acto reparatorio.

El cráneo del cacique qom fue enterrado debajo de un inspirador árbol de quebracho de más de noventa años. A su alrededor se construyó una plazoleta con más de ocho murales reivindicatorios de la identidad indígena. Al acto que se realizó el viernes 25 de octubre asistieron más de 1.500 personas, toda una celebración popular que juntó a las comunidades qom que habitan en la vecina localidad de Las Toscas, a grupos tradicionalistas, estudiantes de primario, secundario y docentes, dirigentes sindicales, autoridades policiales, políticos y a funcionarios del norte santafesino. El público en general, pero los alumnos sobre todo, participaron de una procesión de cuatro kilómetros con una bandera argentina de 500 metros. Luego hicieron cola para tocar sentidamente el cráneo con sus manos y arrojar un manojo de tierra sobre la urna de madera en la que fue enterrado.

Para consumar la restitución, iniciada el 17 de octubre en el Museo de La Plata donde estaba exhibido el cráneo, fue fundamental la tarea de lxs trabajadorxs del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, que en los últimos años, pese a los golpes recibidos por el gobierno cambiemita, lograron realizar once restituciones similares y preparan más para el próximo período de gobierno de Todxs. En el INAI se festejó como en pocos lados la derrota de Mauricio Macri.

Orlando Veracruz, el consagrado cantautor y folklorista santafesino, homenajeó con su recitación la restitución del cacique qom. Hizo un hermoso canto y se lo dedicó al “indio pobre”. Wari volvió a mostrarse reactivo. Con el temple de una personalidad consagrada a las cuestiones del espíritu, lo retó por exceso de romanticismo: “Cuidado con las palabras, que lastiman”, dijo por el micrófono. “Indio pobre no”, corrigió. De fondo, una mujer qom relativizó con ironía actualizada: “Sí somos pobres, pero ahora que se va Macri un poquito menos”.

 

La violencia como potencia económica

La zona norte de Santa Fe sufrió tempranamente el avance del conquistador español y la iglesia católica. Las comunidades que allí vivían resistieron, lucharon, se adaptaron, fueron sometidas luego de que intentaran exterminarlas. Sufrieron la expropiación, la destrucción de sus medios de vida y el sometimiento a las relaciones del capitalismo mercantil. Después, la reducción y proletarización. Fueron reducidos a “brazos baratos” para cultivar y hachar para los industriales capitalistas del algodón, de la caña de azúcar y del quebracho. Fueron los primeros pasos de la Argentina moderna.

Manuel Obligado, hombre del ejército argentino que encabezó la ocupación del territorio chaqueño, escribió en tiempos de la consolidación del estado nacional, allá por la década de 1880: “Nos los hemos de traer a la civilización sino cumpliendo nuestras promesas, o de lo contrario, habrá que proceder franca y enérgicamente a su exterminio”. Todavía lleva su nombre el departamento del norte santafesino. A él se refería Clelia inspirada por los vientos de la conciencia inquieta.

Francisco Mora es antropólogo de la Universidad Nacional de La Plata, becado por el estado para investigar. Estudia desde hace tres años el avance militar sobre la región chaqueña, las relaciones de negociación y conflictividad que se desarrollaban en aquellas sociedades particulares que eran las de frontera. En el Servicio Histórico del Ejército revisó los documentos del fondo "Frontera con el Indio-Frontera Chaco". Allí encontró un parte militar firmado por el comandante Manuel Olmedo, que decía: "No hemos hecho todo pero hemos triunfado completamente dejando en el Chaco en diferentes combates, 74 indios muertos de pelea (?) entre estos, 5 caciques — Ponciano Morcona, Antonio Ahaquihancalé, Juan de la Cruz Cacitoquí, Cruz Polvareda, Nicolás Samaquín".

 

 

Mural conmemorativo de la rebelión de lxs trabajadorxs de La Forestal, un siglo atrás.

 

El Museo de La Plata guarda (antes exhibía) miles de cráneos del genocidio de los pueblos indígenas. Fue fundado por Francisco Moreno, el prócer que participó a fines del siglo XIX de la campaña de exterminio en el sur del país. Fernando Pepe, antropólogo del INAI, gestiona ante el museo información de catálogo sobre los cráneos para ayudar a la coordinación de las restituciones. El cruce de datos permitió darle historia al cráneo inventariado con el número 9 que fuera coleccionado por el agrimensor Carlos Chaperouge, acompañante del coronel Obligado. Pertenecía al cacique asesinado en tierras del norte santafesino arrebatadas a las comunidades originarias.

“Hechos como los que terminaron con la vida de Polvareda son muchísimos y responden a una estructura, una incursión punitiva del Ejército que demandaba justicia por robo o alguna disputa con los pueblos originarios, y que luego se desplegaba con violencia, con matanzas y reparto de indígenas”, explica.

 

Conflicto de tierras y patrimonio ancestral

Darío Pereyra viaja en moto desde Resistencia hasta Las Toscas de manera habitual. En Chaco viven su pareja e hijxs, forzados por un desalojo. En el norte santafesino, las tierras que reclama. En 2016 encabezó una toma colectiva en la ciudad de Las Toscas, en un predio donde fueron hallados restos de cerámica que demuestran que allí en la zona costera del río Paraná habitaban sus antepasados. Los restos encontrados avalan lo que la memoria histórica de las comunidades ya transmitía a través del relato oral. En su decisión, las comunidades se ampararon en la ley 12.086 de adjudicación de tierras a comunidades aborígenes.

El reelecto intendente Leandro Chamorro, del Frente Progresista Cívico y Social, intervino con el peso de los recursos municipales para desorganizar la toma. Se sostuvieron unas pocas familias con sus viviendas. Luego, el 14 de agosto de 2018, le pasó por encima con las topadoras y retroexcavadoras, manejada por empleados públicos y protegidas por la policía local, sin mediar resolución judicial alguna. Destruyeron las casas, se llevaron los muebles, arrasaron con las huertas comunitarias y los animales, chanchos y gallinas que tenían. Cuando al día siguiente, Pereyra se hizo presente en la comisaría para conocer los fundamentos judiciales del desalojo, lo mantuvieron aprehendido y demorado varias horas. Su padre, cacique de otra comunidad, se hizo presente para conseguir su liberación, junto a la joven abogada Cinthya Chávez, con quien iniciaron una causa penal en la fiscalía de Las Toscas.

Las comunidades cuentan a su favor con lo establecido en la ley 25.743 de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico, sancionada en 2003, que instituye al Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano como órgano competente. Este órgano fue el que intimó a la provincia a intervenir y logró que en febrero de 2019 se hicieran los estudios in situ por parte de la Dirección Provincial de Promoción y Protección del Patrimonio, con la presencia de profesionales del INAI como veedores. Cuando fueron, se encontraron con una precaria plaza de juegos que el intendente había mandado a construir. En mayo, el resultado de la inspección confirmaba el reclamo de las comunidades, declarándose la tierra como patrimonio arqueológico.

 

 

La plazoleta del homenaje y el quebracho que le da sombra.

 

Cuando en julio pasado las comunidades qom de la zona se reunieron para debatir qué hacer con aquellas tierras, se encontraron con más innovaciones del reelecto intendente, que había ordenado nuevos movimientos de suelo con máquinas y autorizado a una empresa de agua a realizar excavaciones, esta vez, violando la protección que dio el gobierno santafesino. Las comunidades se presentaron ante el juzgado federal de Reconquista e iniciaron una causa penal. El juez dictó una medida cautelar de no innovar.

Como sucede en cualquier sociedad, las relaciones internas entre y al interior de las comunidades indígenas son sumamente complejas. Las atraviesan conflictos de todo tipo, potenciados por siglos de violencia y silenciamiento. La comunidad qom no es una excepción. La que referencia a Darío Pereyra se llama N’hala (Sol) y cuando procedió a la toma de tierras contó con la solidaridad de otras comunidades de Las Toscas. Pero la situación no se pudo sostener. Muchas dependen de la asistencia o del trabajo del municipio. En el proceso de conflictividad, desde la intendencia se impusieron arreglos que dividieron el frente de las comunidades. Pequeños y precarios terrenos fueron la prenda de cambio. Ahora, con el amparo en la Justicia, se animan a unirse en el reclamo por su identidad y territorio.

Desde el primer día de la toma, Darío Pereyra se mantuvo intransigente. No quiere un terrenito que forma a una familia proletarizada o asistida. Quiere negociar el territorio que le pertenece por historia. “No les cuesta nada darte un plan, un empleo estatal, una prebenda, pero cuando querés discutir el territorio te pasan con la topadora por arriba”, se queja. Darío se imagina junto a su familia viviendo en aquella zona norte de Santa Fe, trabajando en una producción propia de cultivos y de animales. Sólo eso. Su claro testimonio se puede ver en YouTube.

 

Restitución y empoderamiento

En Las Toscas, la semana próxima se realizará un nuevo seminario de reflexión sobre el genocidio de los pueblos originarios. Allí en la zona recién empieza a ser visibilizada la matanza de indígenas de la reducción de San Antonio de Obligado de 1887. Sobre ella Luciano Sánchez escribió en un número especial de la revista Añamembui. El seminario contará con la presencia de Darío Pereyra. También estarán Juan Chico, docente e investigador qom, presidente de la Fundación Napalpí, quien se inspiró con un poema para el acto de restitución: “Vuelve Cruz Polvareda a su tierra ancestral, deja el frío cemento para entrar a su selva inmortal”, dice en un fragmento.

Del seminario de reflexión también participarán Fernando Pepe, en nombre del grupo de antropólogos GUIAS, y Cinthya Chávez, abogada de las comunidades qom de Las Toscas, cuya bravura fue fundamental para liberar a Darío Pereyra, encarar las luchas por el reclamo de tierras y lograr que la restitución se hiciera efectiva. Además hizo importantes esfuerzos para que las comunidades qom estuvieran todas juntas en Villa Guillermina durante la ceremonia.

La restitución del cráneo, que teje los pedazos de una historia silenciada y negada, empodera a la comunidad qom. El genocidio debe ser juzgado y reparado, aún hoy. Pereyra pretende que se siga el camino abierto por la comunidad qom de Napalpí, que sufrió la masacre a manos del ejército en 1924, bajo la presidencia radical de Marcelo T. de Alvear. Las comunidades de Napalpí, llamada Colonia Aborigen, recuperaron territorio, fueron reconocidas como comunidades con sus derechos y lograron al menos que se investiguen en la justicia aquellos crímenes contra la humanidad. El prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense trabaja allí buscando huellas de la masacre.

Tierra extraña, dicen, es la fama de este pueblo forestal. Cruz Polvareda ya descansa allí, debajo de un quebracho, abrazado por aromas de azahares. A Villa Guillermina le fue dedicado un chamamé. “Yo soy uno de tus hijos”, le reclama el cacique ahora a esta tierra, retomando aquel hermoso canto.

 

 

La tierra que reclama la comunidad qom en Las Toscas.

 

 

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