LA VOZ DE UN HOMBRE LIBRE

La doctrina Bullrich contra Lautaro González Curruhuinca

 

La distancia entre Comodoro Rivadavia y el territorio tradicional mapuche-tehuelche de la cordillera de los Andes se mide por generaciones en la experiencia de Lautaro González Curruhuinca. Por vía materna, ese camino regresa al espacio del lonko Miguel Ñancuche Nahuelquir, reasentado en la Colonia Pastoril Cushamen en 1889 al finalizar el aukán, la guerra de sometimiento final a los pueblos originarios en la conformación del Estado argentino. Más precisamente, al lugar del bisabuelo Julio Marinao en Vuelta del Río, junto al Chubut, donde hace justo un año se reasentó la Lof Kurache después de décadas en manos de los capitales británicos primero y del grupo italiano Benetton luego.

Como tant@s niñ@s de las nuevas generaciones, viviendo en Comodoro, junto a su madre Mirta Curruhuinca (43 años) asistió a ceremonias y trawün (asambleas) en El Chalía y Sarmiento, reencontrándose como parte del pueblo mapuche en esa conversación sincera que es interna y colectiva a la vez. Terminó el secundario y apenas cumplió 17 años fue a recorrer las comunidades de la cordillera, a conocer por él mismo el proceso colectivo del regreso, a profundizar el mapuzundun (lengua mapuche) y los trabajos de campo.

Cumplió 23 años el viernes pasado. Lleva 28 meses prófugo de la justicia federal porque se niega a aceptar crímenes que no cometió a cambio de eliminar cargos penales en una causa que se tramita Bariloche. Ese mismo juzgado no encuentra responsables del autor material del asesinato de Rafael Nahuel Salvo cometido el 25 de noviembre de 2017 por las fuerzas especiales de la Prefectura Naval durante el intento de desalojo de la Lof Lafken Winkul Mapu en Villa Mascardi.

Lautaro continúa rehén de la estrategia jurídica diseñada por la ex ministra Patricia Bullrich que identifica la demanda territorial mapuche como secesionista y a su gente como “enemigo interno”, estrategia que sostiene Sylvia Little, responsable de la Fiscalía Federal de Bariloche. Desde algún lugar del puelmapu (territorio mapuche del Este) envió un mensaje grabado con su voz que convoca a dejar de lado el estereotipo de “joven mapuche violento” esculpido por el discurso dominante. Su voz suena madura, firme y lejos del autoritarismo. Su discurso es reflexivo, sugerente, con un ritmo propio de la gente de campo. Si canta, seguro es milonga.

 

Lautaro con su madre Mirta Curruhuinca a fines de 2007. A la izquierda, Facundo Jones Huala.

 

Milonga del clandestino

“Soy nacido y criado en la ciudad, en Comodoro. Pero desde chico me gustó el campo. Cuando empecé a recorrer las comunidades aprendí a andar a caballo, a trabajar con los animales, a amansar”. Amansar un caballo exige “paciencia más que nada, te lleva como un año o más”, práctica adecuada para llevar la carga de no aceptar la cárcel como condición para contar su versión de la represión masiva del 25 de noviembre. Asegura que su criminalización no le produjo desgaste emocional, que vive libre.

“La verdad es que el tiempo mucho no lo cuento. Me siento libre así como ando; no me siento perseguido. Sigo trabajando, andando, recorriendo. No me siento atado por un problema judicial. Los que estamos en la acción directa siempre vamos a estar expuestos a la cárcel o la muerte, como le pasó a nuestro peñi Rafael”, agregó sin dramatismo. “Con lo que me ha tocado estos años, no puedo creer en la justicia con leyes que amparan a los terratenientes. La justicia la hace el que tiene la plata y quién tiene la plata… los grandes capitalistas, los imperialistas, que ni siquiera son de acá. Ni siquiera el Estado ni el gobierno”.

Sus palabras transcriptas no reflejan ni el tono ni las pausas de su relato, que aluden a situaciones políticas y de vida concretas aunque no las nombre. Usa frases con pocos adjetivos. Su mensaje está en la totalidad del relato austero, sin grandes frases ni emociones exhaltadas. Una voz sencilla.

 

 

Caballo, perro y kultrün

Anda por el pago a caballo con un perro que se distrae detrás de las liebres. Lleva un cuaderno hecho a mano, de hojas blancas lisas, con un grabado en la tapa. Lee y escribe, ordena pensamientos en letra cursiva. Sus apuntes son “ideas para conversar”, propone, como práctica de autoformación.

“Nosotros somos los muertos. Nuestras verdaderas vidas están en el futuro. Pero a qué distancia nos hallamos de ese futuro es imposible decirlo. Por ahora no queda otra cosa que hacer más que ampliar el campo de la lucidez, de transmitir nuestro ideal de individuo a individuo, de generación en generación”, escribió uno de esos días como clandestino. En la charla insistió en que “la resistencia es a largo plazo para enfrentar lo que se viene. Nuestra generación no alcanzará a ver libre toda la zona nuestra”, pero es deber de los jóvenes fortalecer la base política y espiritual propia. Insistió en la necesidad de formarse para tener argumentos en la pelea contra el winka (modelo hegemónico blanco), “saber contra quiénes estamos peleando, cómo se mueve el enemigo. Ellos nos estudian a nosotros, nos estudiaron para la guerra (de conquista). Los mayores estudiaron sus tácticas de guerra, por eso pudieron resistir tantos años”.

 

 

En un momento cuestionó muchas prácticas vigentes en el movimiento mapuche actual –plural y con contradicciones– sin alimentar la crítica puntual a nadie. “Tenemos una forma de ordenarnos como pueblo. Un dirigente tiene que nacer de él y hacerse en la lucha. Tampoco creo que tenga que ser un solo dirigente, porque las comunidades tienen su autonomía y su propia forma de organizarse. La vanguardia de este movimiento lo llevan las comunidades, no un individuo”. Respecto al conflicto global por el control del territorio, especialmente en Chubut donde está su origen, consideró que “el avance extractivista no lo va a parar una marcha o un proyecto de ley sino el propio pueblo”. En ese sentido valoró alianzas sociales y políticas amplias, aunque sugirió “pelear juntos pero cada uno manteniendo su identidad. Nosotros tenemos que mantener nuestra cosmovisión y lucha, resguardarlas”.

“Todos en algún momento tuvimos miedo. Es natural, hay que enfrentarlo. Siempre habrá sobradas excusas para no pelear. (…) En lo personal mucho no me importa si dicen toma o recuperación. Lo que vale es lo que dice nuestra gente en el campo, en el territorio. Las recuperaciones se van a seguir dando, se tienen que seguir dando. Tenemos que seguir volviendo al territorio para poder desarrollarnos como pueblo. Para ser mapuche sí o sí hay que estar en el territorio. A muchos le cuesta porque se criaron en la ciudad, pero es un proceso”.

 

La garante de la doctrina Bullrich

La justicia federal mantiene viva la estrategia Bullrich contra las comunidades mapuche de la cordillera, lo que se comprueba en distintos expedientes que se tramitan en Bariloche y, en especial, en el desempeño de la fiscal Little. Por una parte, el poder judicial persigue penalmente a Lautaro por supuesto atentado contra el orden constitucional y la vida democrática, figura penal gravísima por la que no se ha condenado a nadie en el país, según los penalistas consultados. A la vez, le niega a otros dos jóvenes heridos con armas de fuego con las mismas descargas constituirse en querellantes en la causa por la que se investiga la muerte de Rafael.

 

Fiscal Little (mira hacía abajo), en la senda de Bullrich.

 

Little fue la responsable institucional del operativo represivo para el desalojo de la Lof Lafken Winkul Mapu en un predio del Parque Nacional Nahuel Huapi, durante el que efectivos del grupo especial Albatros mataron a Rafael e hirieron a Joana Colhuan (prima) y Gonzalo Coña, todos con disparos desde atrás. La semana pasada, esta misma fiscal montó un dispositivo represivo de cuatro horas con el despliegue combinado del cuerpo especial de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), la federal y la rionegrina para hacer una inspección ocular en la misma zona del crimen impune. Armamento norteamericano ingresado al país para la última reunión del G-20 en Bariloche volvió a la ruta 40.

 

Gran despliegue para una inspección ocular.

 

Sostiene la teoría del enfrentamiento con armas entre los Albatros y la gente mapuche. Provocó y logró un acuerdo de parte que permitió a la Sala III de la Cámara Federal Penal exculpar al prefecto Pintos como autor del crimen del joven mapuche hace un año. Insiste en que los jóvenes que acompañaban a Rafa tenían armas de fuego que no aparecen y que Lautaro tenía rastro de pólvora en las manos. Para que el Estado no vuelva a hacer lo que hizo con el cuerpo de Santiago Maldonado, bajaron de la ladera a la ruta el cuerpo herido de muerte, adhiriéndose en sus manos los rastros de pólvora, recordó la defensa ejercida por la Asociación Gremial de Abogad@s de Argentina.

Lautaro quiere presentarse ante la justicia y contar su versión, pero no acepta la teoría de la Fiscalía. La Fiscalía pone como condición excluyente su prisión y después analizar el cambio de la calificación penal que le agravó la Cámara de Casación. Ese círculo extorsivo ejercido por Little, con el aval de los sucesivos jueces de primera instancia, mantiene prófugo a Lautaro, libre al homicida de Rafael, cercenado el derecho a la reparación de los heridos, y la verdad totalmente devaluada.

Las causas vinculadas a las recuperaciones mapuche en la cordillera merecen revisarse en relación al debate nacional por reformas de fondo al Poder Judicial.

 

El campo de la resistencia

De niño escapó del ruido, del volumen alto de la música cubriendo el barrio. Eusebio Curruhuinca, su abuelo materno, lo acercó al mundo de los caballos hecho de gestos, movimientos justos, pocas palabras. L@s niet@s son depositarios del kimün (conocimiento) en la tradición de este pueblo. De otros mayores aprendió la composición del taïl (canto ceremonial), el universo dentro del kultrün (instrumento de percusión que sintetiza la cosmovisión mapuche). Por estos tiempos, la mirada atenta, el vínculo con el espacio, le permiten no perderse en el campo abierto sin huellas marcadas, rastrear, sobrevivir. Esa sensibilidad es la que se percibe por debajo de todo su relato austero, sin grandes frases ni emociones exhaltadas. Usa frases con pocos adjetivos. Una voz sencilla, con cierta aspereza del pulli (espíritu o alma) del linaje Kura (piedra).

 

 

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