ESTADOS UNIDOS: TRÁNSITO PESADO

La actividad del aún Presidente es incesante pese a que debe abandonar la Casa Blanca en un mes

 

El proceso de salida de Donald Trump de la Casa Blanca ha tomado la forma de una transición densa, algo no muy común en la historia política de los Estados Unidos. Diversos acontecimientos indican que las relaciones bilaterales con  Rusia y con China, en este último tramo, han alcanzado un perceptible y por momentos intenso nivel de antagonismo. Por otra parte, ha ido tomando forma lo que diversos analistas consideran el intento de construir un agrupamiento político trumpista, algo también infrecuente en el sistema político norteamericano. Pero vayamos por partes.

 

 

Ciberataque

Hace poco más dos semanas Estados Unidos sufrió un duro y amplio ataque cibernético contra varias instituciones gubernamentales y empresas privadas, que sobrepasó sus capacidades de defensa y neutralización. Entre las primeras se encontraron la Administración Nacional de Seguridad y el mismísimo Comando Cibernético, así como los Departamentos del Tesoro y de Comercio, enumeración que no agota la lista. Entre las segundas fueron afectadas diversas firmas. Por ejemplo, Microsoft, AT&T, Visa y Mastercard, como así también Solar Winds que provee software externo a 435 compañías de la lista Fortune 500. Se supo, luego, que también sufrieron agresiones Bélgica, Canadá, España, Emiratos Árabes, Israel y México.

Se trató de un ataque masivo. El secretario de Estado Mike Pompeo reconoció que había sido “significativo”, en una videoconferencia realizada el 18 de diciembre. Reticente a dar detalles e información concreta dijo, sin embargo, “ahora podemos decir con bastante claridad que fueron los rusos los que participaron en esta actividad”. Inmediatamente antes había expresado: “Todavía estamos desempaquetando lo que pasó y estoy seguro de que parte de eso permanecerá clasificado”. Trump, en cambio se limitó a divulgar por Twitter que el ciberataque era mucho más fake news que realidad. En concreto, escribió: “He sido completamente informado y todo está bajo control. Rusia, Rusia es el cántico preferido cuando algo sucede, porque los medios por razones financieras están petrificados frente a la posibilidad de que sea China (¡podría ser!)”. Típico: le bajó el precio a lo sucedido y sacó de escena a Moscú para cargar contra Pekín.

Más allá de esta grosera desinteligencia, el episodio ha sido de grueso calibre.

 

 

 

Mares

La pretensión norteamericana de hacer valer su supremacía naval en el Mar de la China del Sur no se está cumpliendo, no obstante su numeroso despliegue. No ha conseguido el repliegue chino ni ha redundado en una apertura de negociaciones de la cual Trump pudiera sacar  alguna ventaja. Para colmo al Reino Unido, su socio menor, se le han quemado los papeles. Sus últimas joyas navales, dos nuevos y poderosos portaviones, tienen problemas que les impiden navegar. Probablemente a causa de defectos en los tendidos de tuberías, que habrían propiciado la inundación de las salas de máquinas y de los armarios eléctricos, entre otras averías. Ambos están hoy fuera de servicio, en reparaciones que serán costosas y largas. Uno de ellos debía sumarse al despliegue norteamericano en el Mar del Sur de China, pero obviamente no pudo hacerlo. De manera que el aporte británico a la campaña de su socio mayor se ha debilitado mucho.

Por otra parte, el Mar Negro se está convirtiendo en una nueva zona de tensión en este caso con Rusia, no obstante los cuidados que Trump le dispensa a Moscú. En julio pasado se realizaron las maniobras “Sea Breeze 2020” desarrolladas por la OTAN, en la que participaron Estados Unidos, Ucrania, Bulgaria, Georgia, Noruega, Rumania, España y Turquía con barcos, aviones de guerra y efectivos militares.

Es evidente que Trump ha procurado reforzar la presencia norteamericana y de aliados en esas aguas. Se trata, al igual de lo que está ocurriendo en el Mar del Sur de China, de una puesta en escena peligrosa y probablemente improductiva. Algo así como un exagerado alarde de matón de barrio. Sencillamente porque, en primer lugar, las potencias nucleares no pueden ir a un conflicto bélico convencional entre sí. ¿Quién puede garantizar que se tratará de una guerra limitada y que la potencia que llevara las de perder no apelaría a sus recursos atómicos? En segundo lugar, porque si se empeñaran también los países de la OTAN mencionados inmediatamente más arriba, correrían mucho riesgo. Por lo menos Ucrania, Georgia, Bulgaria, Turquía y Rumania quedarían, por su proximidad, a tiro directo de las defensas rusas y podrían pagar muy caro su atrevimiento bélico.

 

 

Trumpismo

Trump y sus seguidores parecen haberse lanzado a la construcción de un agrupamiento político. Sería arriesgado, en este momento, discernir si será una formación autónoma, una corriente interna dentro del Partido Republicano o una mariposa de un solo verano.

La actividad del aún Presidente es incesante a pesar de que debe abandonar la Casa Blanca el próximo 20 de enero. Se ha propuesto agregar 80 kilómetros al muro fronterizo que separa a su país de México. Despidió en noviembre a su entonces Secretario de Defensa, por haberse negado a comprometer fuerzas militares para controlar las protestas sociales ocurridas en Estados Unidos durante el verano. Y nombró a un secretario interino al que le ordenó materializar el retiro de la mitad del contingente norteamericano —5.000 efectivos— establecido en Afganistán, entre otras decisiones. Pompeo, por su parte, a su pedido, anunció recientemente que continuarán aplicando sanciones económicas a Irán. Es decir que Trump mantiene una fuerte actividad más propia de alguien dispuesto a quedarse en la arena política, que la de un Presidente que, en rigor, se está yendo.

Tiene ascendiente sobre una gran cantidad de norteamericanos; ejemplo de ello es que su cuenta de Twitter registra más de un millón de seguidores y que tiene la intención de crear una cadena de televisión para competir con Fox News. Da toda la impresión de que no piensa retirarse de la escena política. Y no tiene impedimento para presentarse como candidato en 2024. Guste o no, hoy por hoy se mantiene como referente político.

 

 

Final

Lo hasta aquí consignado exhibe, en parte, la gravosa coyuntura de tránsito por la que atraviesa Estados Unidos. Hay sin embargo algunas buenas nuevas en el horizonte político de este país. Una de ellas es que Biden anunció de un modo cauteloso y prudente que podría regresar al Acuerdo de 5+1 establecido con Irán sobre el control del programa nuclear de éste, llamado también Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), del que Trump se había retirado. En una entrevista concedida al periodista Thomas Friedman del New York Times, realizada el 2 de diciembre pasado, Biden declaró que está “listo para volver al acuerdo nuclear con Irán, si Irán también lo hace, y para poner fin a las sanciones del Presidente Trump”.

No será fácil. Los cuatro años precedentes causaron mucho daño en las relaciones entre Estados Unidos e Irán debido a las sanciones y presiones ejercidas por el aún Presidente. Incluso el asesinato del destacado científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, el 27 de noviembre pasado, no esclarecido hasta ahora ni reivindicado por nadie, fue interpretado por diversos analistas como una acción destinada a complicar el eventual restablecimiento de relaciones entre ambos países. Sin embargo, algo ha comenzado ya a moverse.

A mediados de diciembre los representantes de los países que permanecieron en el PAIC –Alemania, China, Francia, Reino Unido, Rusia e Irán— se reunieron para comenzar a discutir las condiciones y alternativas para la recuperación del acuerdo. Esto es auspicioso para Biden, que eventualmente podría servirse de este primer impulso.

Tiene ante sí dos importantes oportunidades:

  1. Trabajar para alcanzar una normalización de las relaciones bilaterales con Irán, plagadas hoy de dificultades sembradas por Trump no solamente en el plano nuclear sino también en el de las sanciones comerciales y financieras que afectaron, incluso, a varios de los países del PAIC, además de a Irán.
  2. Abrir un espacio de diálogo entre Estados que, como se ha visto más arriba, se ven envueltos en delicadas y peligrosas pujas de poder. Probablemente un nuevo entendimiento entre aquellos seis influyentes países que firmaron inicialmente el acuerdo con Teherán –cinco de los cuales son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— podría servir de pivote para abrir la posibilidad de aminorar sus disputas en otros planos.

En fin, ante la cuestión iraní Biden podría dar pasos significativos para su gestión si decidiera desechar el tránsito pesado trumpista y devolverle a su país un poco de cordura.

 

 

 

 

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