A contramano de la historia

Milei intenta incursionar en la etapa neoliberal de la globalización sin registrar su agotamiento

 

El Presidente Javier Milei, acérrimo defensor del liberalismo y del libre mercado como el único asignador eficiente de recursos de la economía y del bienestar social, eligió como sus aliados estratégicos a Estados Unidos e Israel, dos países que precisamente tienen políticas y prácticas que van a contramano de los principios liberales que él pregona.

En las últimas dos décadas, en particular a raíz de la crisis financiera mundial que estalló con la quiebra del banco Lehman Brothers en 2008, un número creciente de gobiernos han empezado a considerar que la globalización liberal presenta demasiados riesgos. Muchos de ellos se han volcado a la recuperación de sus industrias al impulsar medidas de promoción, e inclusive de protección, y abrazan el concepto de nearshoring e independencia económica en lugar del libre comercio que prevaleció durante la segunda mitad del siglo XX.

 

El aliado mayor

Desde inicios del gobierno de Donald Trump, Estados Unidos lidera la corriente proteccionista mundial en contra del libre comercio y del orden multilateral que el propio país del Norte diseñó después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El ex Presidente Trump, a quien Milei admira con fervor, se encargó de desmantelar las estructuras de las organizaciones que, desde entonces, garantizaban la globalización neoliberal y que Joe Biden rescató parcialmente. Así, desde 2017 bloqueó la nominación de varios miembros del cuerpo de apelaciones de la Organización Mundial del Comercio, con lo cual desactivó el órgano que arbitra las disputas comerciales entre países, se retiró del Acuerdo de París referido al cambio climático, de la UNESCO, de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) y, en julio de 2020, en plena pandemia, abandonó la Organización Mundial de la Salud. Lo primero que hizo al asumir su mandato, en enero de 2017, fue desactivar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), una suerte de Tratado de Libre Comercio entre doce países, incluidos tres latinoamericanos (Chile, México y Perú), lanzado por Barack Obama en 2010 y suscrito por todos los países en 2015. Sólo faltaba la ratificación por los respectivos Congresos.

En América Latina, el agotamiento de esta etapa liberal de la globalización se ha expresado en el triunfo de gobiernos de izquierda en Chile, Colombia, Perú y México. Los dos primeros fueron precedidos por grandes protestas sociales que reclamaban un Estado presente. Estos países firmaron Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón y otras regiones del mundo, que no cumplieron en absoluto con las expectativas y las promesas ofrecidas y, si bien se modernizaron algunos sectores concentrados, destruyeron su incipiente aparato industrial, se acentuó su condición de exportadores de productos primarios, y se revirtió el superávit comercial que mantenían, en el caso de Estados Unidos, en una relación deficitaria. Crédulos de la eficiencia del libre mercado, se olvidaron de producir y compraron desde servilletas de papel y escarbadientes hasta aire embotellado, lo que llevó a un incremento del desempleo y la informalidad. Tampoco Trump estaba satisfecho con estos TLC pues, aun siendo favorables para su país, dijo que afectaban a su industria. Anunció que haría una evaluación de sus efectos y que los renegociaría si el balance comercial era desfavorable para su país. Desde entonces, Estados Unidos no ha vuelto a firmar un TLC. Para proteger su industria nacional, Trump impuso desde 2018 aranceles a las importaciones procedentes mayoritariamente de China, pero también de la Unión Europea. Sin embargo, no logró revertir su balanza comercial. El Presidente Biden tampoco es un liberal. En agosto de 2022 le aplicó sanciones a China para evitar que adquiera semiconductores de alta gama y estableció que las empresas que tuvieran chips con diseño o tecnología estadounidense no podrán comerciar con China. Hace tres semanas se aprobó una ley que le otorga a la matriz china de TikTok, ByteDance, nueve meses para vender la empresa de redes sociales a capitales estadounidenses ante la preocupación de que China pueda acceder a los datos de sus ciudadanos vía la aplicación.

La agencia de calificación crediticia estadounidense Fitch Ratings ha señalado el jueves que un posible triunfo de Trump en las elecciones de noviembre –si logra superar los juicios que afronta por su presunta participación en pagos para silenciar a sus supuestas amantes, interferencia electoral, conspiración y mal manejo de documentos clasificados después de dejar la Casa Blanca– incrementaría el proteccionismo en Estados Unidos y el país “podría liderar una nueva guerra comercial como resultado de sus políticas proteccionistas”. Fitch Ratings señala que, si Trump ganara las elecciones, establecería un arancel general del 10% sobre todas las importaciones estadounidenses. El magnate republicano ha hecho de los nuevos aranceles una pieza central de su regreso a la Casa Blanca. ¿Será que Milei piensa que Donald –a quien en un acto de torpeza diplomática le expresó públicamente sus deseos de triunfo– exceptuará a la Argentina por haberle expresado su apoyo incondicional? ¿En serio cree Javier Milei que un eventual gobierno de Trump, el más proteccionista de los proteccionistas, sería liberal? ¿No ve Milei que la guerra comercial anunciada por Trump contra China (promete un arancel a los productos chinos de más del 60%) y las posibles retaliaciones generarán presiones inflacionarias, pérdida de competitividad de la propia economía norteamericana, con serios impactos en la economía mundial, incluida la Argentina?

Trump ha prometido un arancel del 100% sobre los automóviles fabricados fuera de Estados Unidos. Le preocupa la transición a los vehículos eléctricos, sector en el que China posee una alta competitividad, y también los autos fabricados en plantas automotrices chinas instaladas en México. Por eso dice que si no lo eligen habrá un baño de sangre para todo el sector y para el país pues “el corrupto Biden al permitir las importaciones está matando la industria automotriz”. ¿No era que el mercado es el asignador óptimo de los recursos? No. Los mercados no son perfectos, predominan las estructuras oligopólicas y sólo la ingenuidad o la perversidad pueden permitirse retirar la presencia del Estado en las políticas económicas, sociales y culturales de una nación.

 

El aliado menor

El ejercicio de poder del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, es la antítesis del que podría ser considerado un gobierno liberal, atributo que para Javier Milei es el punto de partida para analizar cualquier evento que involucre al ser humano y su acción. Su mentor, Alberto Benegas Lynch, a quien considera el máximo referente del liberalismo argentino de todos los tiempos, define el liberalismo como el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada. ¿Puede haber un gobierno más alejado de estos principios que el de Netanyahu?

Probablemente Benegas Lynch se desmayaría si supiera que un discípulo suyo apoya a un personaje como el Primer Ministro israelí, acusado de prácticas corruptas, malversación de fondos y abuso de confianza, así como de haber atentado contra la democracia al debilitar la división de poderes mediante la aprobación, en julio de 2023, de una reforma que debilita el sistema judicial al impedir mantener bajo control el poder del gobierno. Y que Netanyahu cerró el martes el canal de noticias qatarí Al Yassira, con transmisión directa desde Gaza, en un claro atentado contra la libertad de expresión. Al mentor de Milei le hubiera sorprendido aún más el voto ejercido el viernes por el gobierno argentino en la Asamblea General de las Naciones Unidas, junto a Estados Unidos, Israel, República Checa, Hungría y cuatro pequeñas islas (Micronesia, Nauru, Palau, Papúa Nueva Guinea) en contra de la aprobación de un proyecto de resolución que vuelve a solicitar la incorporación de Palestina con un estatus mayor al de observador que ostenta desde 2012 para que el Consejo de Seguridad reconsidere su incorporación, aunque con menores derechos (participaría de los foros de la organización, pero sin derecho a voto) que los que ostentan el rango de miembros plenos.

Como se recordará, el 18 de abril Estados Unidos fue el único país que vetó en el Consejo de Seguridad el ingreso de Palestina como miembro pleno a la ONU e impidió su incorporación. Por ello se volvió a presentar una resolución liderada por los Emiratos Árabes Unidos, que recibió el respaldo de 143 países, la abstención de 25 y el rechazo de nueve. Este abrumador respaldo, que supera los dos tercios de votos requeridos para su consideración en el Consejo de Seguridad, dará lugar a que se vuelva a debatir en su seno la incorporación de Palestina como miembro de las ONU. La Argentina es el único país de nuestra región que ha votado en contra de la Resolución y ha avalado con ello la política genocida de Israel, apoyada por el gobierno estadounidense, en momentos en que las fuerzas militares israelíes han anunciado que incursionarán en Rafah con o sin aval de Estados Unidos.

En una actitud contraria al liberal Milei, y acorde con el sentir de la comunidad internacional, el Presidente de Colombia, Gustavo Petro, exigió el viernes que la Corte Penal Internacional emita una orden de detención contra Netanyahu para frenar la agresión israelí contra la Franja de Gaza, pues considera que éste no la detendrá. Asimismo, señaló que el Consejo de Seguridad de la ONU debe considerar el establecimiento de una fuerza de paz en el territorio de Gaza, precisamente porque Netanyahu, en el marco de su política deliberada de limpieza étnica y de exterminio de los palestinos, ha dicho que incursionará en Rafah, ciudad en el sur de Gaza donde hay 1.200.000 ciudadanos palestinos hacinados que vienen huyendo de los bombardeos e incursiones terrestres israelíes. El lunes el ejército israelí cercó el pase de la frontera de Gaza con Egipto, por lo que también tienen las llaves del control de la ayuda humanitaria.

Entre tanto, el Departamento de Estado envío el viernes al Congreso un desconcertante informe en el que señala haber llegado a la conclusión de que Israel ha usado armas estadounidenses en Gaza de manera “inconsistente” con el derecho internacional humanitario, pero no ha encontrado información suficiente que justifique frenar el envío de asistencia militar a Israel puesto que no se concluye que Israel haya violado el derecho internacional y las reglas que Washington establece para la venta de armamento a cualquier nación. Dice también que tampoco se encontraron suficientes indicios para concluir que Israel haya obstruido de manera intencional la entrada de ayuda humanitaria en Gaza. El informe se dio a conocer días después de que Biden frenara temporalmente el envío a Israel de algunas armas de gran potencia por temor al efecto que podrían tener en Rafah, en un escenario de protestas en los campus universitarios del país.

El surgimiento de movimientos políticos proteccionistas, nacionalistas y xenófobos en varios lugares del planeta, en particular en Europa, así como la posibilidad del triunfo de Trump en las elecciones de noviembre, expresan, entre otros, el alto grado de agotamiento de la etapa neoliberal de la globalización, en la que el Presidente argentino intenta incursionar cuando ese tren ya pasó. 

 

 

 

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