A mayor ganancia, mayores despidos

Sesenta despedidos en la planta aceitera de Bunge en Ramallo

 

A dos años y tres meses de aquella recorrida de la gobernadora María Eugenia Vidal con su respectivo casco al igual que el presidente Macri por la planta de Bunge en Ramallo se conoció que 60 trabajadores aceiteros fueron despedidos. La voracidad del sector indica que a mayor ganancia mayores despidos.

“La patronal de Bunge comunicó a nuestra organización gremial su decisión de despedir, sin causa alguna, a 60 compañeros trabajadores aceiteros en el Complejo Industrial de Bunge Ramallo”, expresó el comunicado que difundió la Comisión Directiva de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina en el que afirman que “Bunge es una de las empresas más grandes del sector agroexportador de Argentina, y ha pasado de facturar 23.530 millones de pesos en el año 2014 a 46.033 en el año 2017, prácticamente el doble en tres años”.

Desde el gremio sostienen que “la patronal intenta justificar su accionar ilegal en una supuesta crisis que estaría atravesando la empresa, sin embargo Bunge no ha realizado el correspondiente Procedimiento Preventivo de Crisis”. En el comunicado no olvidan señalar que “este sector económico ha sido el que más se ha beneficiado con la política económica del Poder Ejecutivo nacional, tanto con la quita de retenciones como con la reciente y anteriores devaluaciones”.

Los aceiteros además señalan que “no hay justificación para las medidas que ha tomado Bunge al margen de la ley y hacemos responsable de forma exclusiva a la patronal de cualquier daño, perjuicio o consecuencia que su irresponsable accionar pueda provocar en la salud y vida de los trabajadores y las instalaciones de la planta”, al mismo tiempo dejan planteada tipos de acciones que llevarán adelante como la denuncia ante el Ministerio de Trabajo de la Nación y la decisión de “iniciar todas las medidas de acción sindical necesarias para la defensa de las fuentes de trabajo”.

Rodrigo Kerbel cuenta para El Cohete a la Luna que “hoy a la mañana nos acercamos para cumplir horario normal como siempre y nos encontramos con el rebote de las tarjetas de varios compañeros, siendo entre cincuenta y cincuenta y cinco compañeros, ya que algunos están de vacaciones y todavía no vinieron. Es la incertidumbre de que no te dicen nada”, expresa sin poder encontrar palabras al mal trato de la empresa. “Nos encontramos todos acá a las cinco de la mañana porque ya sabíamos que estaba hablado de que nos iban a llegar los telegramas”, dice.

“Se trabaja en cuatro turnos. Hay personal para mantenimiento mecánico, eléctrico, operadores de secadoras, producción, chicos de servicios”, cuenta Kerbel que realiza mantenimiento mecánico y que trabajan en Bunge desde el 2009. Los delegados están en una audiencia en el Ministerio de Trabajo para ver que se resuelve. Los trabajadores despedidos junto a otros solidarios que se sumaron, esperan en la improvisada carpa.

 

 

No hubo una comunicación previa para con los trabajadores que se enteraron de su situación cuando su tarjeta de ingreso rebotó. Otros eran alertados por sus familias que mediante Whatsapp les enviaban foto del telegrama de despido que recién llegaba a sus domicilios.”No hay causa justificada, cesamiento de trabajo dice, nada más”, expresa Rodrigo Kerbel que analiza que “esta es una decisión de achique para debilitar a los gremios fuertes como son Aceiteros, Camioneros, quieren debilitar a la clase trabajadora”.

Miguel Ángel Raffaelli dialogó con El Cohete a la Luna. “Ayer a la tarde ya se corrían rumores de que iba a ver despidos y cuando los compañeros del turno de 13 a 21 se fueron ya la fichada no les salió y nos convocaron a todos a las cinco de la mañana para que vengamos por el tema de los despidos, cuando quisimos fichar con nuestras tarjetas estaban bloqueadas”.

 

Raffaelli.

 

Miguel trabaja desde hace casi nueve años en todo lo que es el mantenimiento de limpieza. “Somos sesenta compañeros, son sesenta familias que quedan sin trabajo y sin la comida en la mesa”, dice Raffaelli esforzándose para hablar ya que solamente siente bronca. “Una categoría A, inicial, está en 25.500 pesos y de ahí varía según la categoría”, cuenta sobre el salario que perciben.

“Notificamos la extinción de su contrato de trabajo a partir del día de la fecha (Art 245 LCT) haberes indemnizaciones y certificación de servicios a su disposición”, reza el telegrama que recibió Miguel Ángel Raffaelli que fue a buscar a su domicilio en Ramallo. Los empleados despedidos son de Ramallo y San Nicolás. Los trabajadores despedidos coinciden en que la maniobra es llevar a la práctica la reforma laboral donde los derechos de los trabajadores sean pulverizados.

 

La palabra extinción utilizada en el telegrama para los despidos no parece ser casual. Bunge construyó su planta en Ramallo a través de empresas contratistas que pagaban en negro a sus trabajadores que tenían una extensa jornada laboral de más de doce horas donde le descontaban la hora del almuerzo. Una persona de 51 años de Ramallo, que en 2005 trabajaba para la contratista Copersa en la planta de Bunge como peón en la construcción de una de las torres, falleció. Cuando el médico le comunicó el deceso a su mujer hizo hincapié en el delicado cuadro de deshidratación que presentaba el cuerpo. La multinacional se instaló en una zona que era rural. No había tiempo para respetar normativas: el progreso había llegado.

 

 

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